Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

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Comodidad de lectura

ECR 45.6-10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

45.6 Dice JesĂșs:

«Juan no tenía necesidad del signo para sí mismo. Su espíritu, presantificado desde el vientre de su madre, poseía esa vista de inteligencia sobrenatural que habrían poseído todos los hombres sin la culpa de Adån.

Si el hombre hubiera permanecido en gracia, en inocencia, en fidelidad para con su Creador, habría visto a Dios a través de las apariencias externas. En el Génesis se lee que el Señor Dios hablaba familiarmente con el hombre inocente y que éste no desfallecía ante aquella voz y no se equivocaba al discernirla. Era destino del hombre ver y entender a Dios, justamente como un hijo con su padre. Después vino la culpa, y el hombre ya no se ha atrevido a mirar a Dios, ya no ha sabido ni ver ni comprender a Dios. Y cada vez lo sabe menos.

Pero Juan, mi primo Juan, quedĂł limpio de la culpa cuando la Llena de Gracia se inclinĂł amorosa a abrazar a Isabel, un tiempo estĂ©ril, entonces fecunda. El pequeñuelo saltĂł de jĂșbilo en su seno, sintiendo caĂ©rsele de su alma la escama de la culpa, como costra que cae de una llaga que sana. El EspĂ­ritu Santo, que habĂ­a hecho de MarĂ­a la Madre del Salvador, comenzĂł su obra de salvaciĂłn, a travĂ©s de MarĂ­a, vivo Sagrario de la SalvaciĂłn encarnada, sobre este niño que habĂ­a de nacer destinado a unirse a mĂ­, no tanto por la sangre, cuanto por la misiĂłn que hizo de nosotros como los labios que forman la palabra. Juan los labios, Yo la Palabra. Él el Precursor en el Evangelio y en la suerte del martirio; Yo, quien perfeccionaba, con mi divina perfecciĂłn, el Evangelio comenzado por Juan y el martirio por la defensa de la Ley de Dios.

Juan no tenĂ­a necesidad de ningĂșn signo. Pero la cerrazĂłn de los demĂĄs lo requerĂ­a. ÂżEn quĂ© habrĂ­a fundado Juan su aserciĂłn, sino sobre una prueba innegable que los ojos y oĂ­dos de los tardos hubieran percibido?

45.7 Tampoco Yo tenĂ­a necesidad de bautismo. Pero la sabidurĂ­a del Señor habĂ­a juzgado que Ă©se era el momento y el modo del encuentro. E induciendo a Juan a salir de su cueva del desierto y a mĂ­ a salir de mi casa, nos uniĂł en esa hora para abrir sobre mĂ­ los Cielos de donde habrĂ­a de descender Él mismo, Paloma divina, sobre aquel que bautizarĂ­a a los hombres con tal Paloma, y el anuncio, mĂĄs potente que el angĂ©lico, porque provenĂ­a del Padre mĂ­o: “Éste es mi Hijo muy amado con quien me he complacido”. Para que los hombres no tuvieran disculpas o dudas en seguirme o en no seguirme.

45.8 Las manifestaciones del Cristo han sido muchas. La primera, despuĂ©s del Nacimiento, fue la de los Magos; la segunda, en el Templo; la tercera, en las orillas del JordĂĄn. DespuĂ©s vinieron las infinitas otras que te darĂ© a conocer (porque mis milagros son manifestaciones de mi naturaleza divina) hasta las Ășltimas de la ResurrecciĂłn y AscensiĂłn al Cielo.

Mi patria quedĂł llena de mis manifestaciones. Como semilla esparcida a los cuatro puntos cardinales, llegaron a todo estrato y lugar de la vida: a los pastores, a los poderosos, a los doctos, a los incrĂ©dulos, a los pecadores, a los sacerdotes, a los dominadores, a los niños, a los soldados, a los hebreos, a los gentiles. TambiĂ©n al presente se repiten. Pero — como entonces — el mundo no las acoge. No sĂłlo esto, sino que no acoge las actuales y olvida las pasadas. Pues bien, Yo no desisto. Yo me repito para salvaros, para conduciros a la fe en mĂ­.

45.9 ÂżSabes, MarĂ­a, lo que haces; es mĂĄs, lo que hago mostrĂĄndote el Evangelio? Es un intento mĂĄs fuerte de atraer a los hombres hacia mĂ­. TĂș has deseado esto con ardientes oraciones. Ya no me limito a la palabra. Los cansa y los separa. Es un pecado, pero es asĂ­. Recurro a la visiĂłn, y ademĂĄs de mi Evangelio, y la explico para hacerla mĂĄs clara y atrayente.

A ti te doy el consuelo de ver. A todos doy el modo de desear conocerme. Y, si no sirviera aĂșn, y cuales crueles niños arrojasen el don sin comprender su valor, a ti te quedarĂĄ mi don y a ellos mi enojo. PodrĂ©, una vez mĂĄs, pronunciar la antigua recriminaciĂłn: “Hemos tocado y no habĂ©is bailado, hemos entonado lamentos y no habĂ©is llorado”.

Pero no importa, dejemos que los inconvertibles acumulen sobre su cabeza los tizones ardientes y volvĂĄmonos hacia las ovejas que tratan de conocer al Pastor, que soy Yo; y tĂș el cayado que las conduce a mí».

45.10 Como ve, me he apresurado a escribir estos detalles que usted quería tener y que por su pequeñez me habían pasado desapercibidos.

Palabras clave

ECR 45.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

45.8 Las manifestaciones del Cristo han sido muchas. La primera, despuĂ©s del Nacimiento, fue la de los Magos; la segunda, en el Templo; la tercera, en las orillas del JordĂĄn. DespuĂ©s vinieron las infinitas otras que te darĂ© a conocer (porque mis milagros son manifestaciones de mi naturaleza divina) hasta las Ășltimas de la ResurrecciĂłn y AscensiĂłn al Cielo.

Mi patria quedĂł llena de mis manifestaciones. Como semilla esparcida a los cuatro puntos cardinales, llegaron a todo estrato y lugar de la vida: a los pastores, a los poderosos, a los doctos, a los incrĂ©dulos, a los pecadores, a los sacerdotes, a los dominadores, a los niños, a los soldados, a los hebreos, a los gentiles. TambiĂ©n al presente se repiten. Pero — como entonces — el mundo no las acoge. No sĂłlo esto, sino que no acoge las actuales y olvida las pasadas. Pues bien, Yo no desisto. Yo me repito para salvaros, para conduciros a la fe en mĂ­.

Palabras clave

ECR 46

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

JesĂșs estĂĄ en el desierto y es tentado por SatanĂĄs. Primero, el Diablo le habla de la mujer, pero ve que sus palabras no surten efecto e intenta doblegar a JesĂșs hablĂĄndole de pan. JesĂșs le responde como en el Evangelio, luego viene la tentaciĂłn de ir al Templo y la tentaciĂłn de adorar a SatanĂĄs, para obtener poder. El Salvador responde que es al Señor Dios a quien se adorarĂĄ, y el Diablo desaparece con un rugido de rabia. Los ĂĄngeles aparecen entonces para servir al MesĂ­as.

JesĂșs da entonces un dictado, y vuelve al aspecto simpĂĄtico de SatanĂĄs. Si el alma no tiene cuidado, puede caer en sus trampas. Cristo explica que primero utiliza la atracciĂłn carnal y la codicia para tentar a los hijos de Dios; despuĂ©s trabaja contra el lado moral (orgullo) y el espĂ­ritu, quitando el amor y el temor de Dios.

El Maestro muestra cĂłmo se comportĂł: con el silencio y la oraciĂłn. Es inĂștil discutir con SatanĂĄs, porque es mĂĄs fuerte que nosotros en la dialĂ©ctica. "SĂłlo Dios puede vencerlo", asĂ­ que podemos usar la Palabra de Dios para defendernos, porque Ă©l no puede soportarlo.

Después de la tentación viene la victoria, porque los ångeles nos sirven, colmåndonos de gracia y bendiciones. Debemos tener la voluntad de vencer a Satanås y tener fe en la ayuda de Dios y en la oración.

Palabras clave

ECR 46.11-15

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

46.11 Dice JesĂșs:

«Ayer estabas sin tu fuerza, que es mi voluntad; eras, por tanto, un ser semivivo. He permitido reposar a tus miembros, te he sometido al Ășnico ayuno que te pesa: el de mi palabra. ÂĄPobre MarĂ­a! Has pasado el MiĂ©rcoles de Ceniza. En todo sentĂ­as el sabor de la ceniza, porque estabas sin tu Maestro. No se me sentĂ­a, pero estaba.

Esta mañana, puesto que el ansia es recĂ­proca, te he susurrado en tu duermevela: “Agnus Dei qui tollis peccata mundi, dona nobis pacem”, y te lo he hecho repetir muchas veces y muchas te lo he repetido. Has creĂ­do que iba a hablar sobre esto. No. Primero estaba el punto que te he mostrado y que te voy a comentar. Luego, esta noche, te ilustro este otro.

46.12 Has visto que SatanĂĄs se presenta siempre con apariencia benĂ©vola, con aspecto comĂșn. Si las almas estĂĄn atentas y, sobre todo, en contacto espiritual con Dios, advierten ese aviso que las hace cautelosas y las dispone a combatir las insidias demonĂ­acas. Pero si las almas no estĂĄn atentas a lo divino, separadas por una carnalidad oprimente y ensordecedora, sin la ayuda de la oraciĂłn que une a Dios y vierte su fuerza como por un canal en el corazĂłn del hombre, entonces difĂ­cilmente se dan cuenta de la celada, y caen en ella, y luego es muy difĂ­cil liberarse.

46.13 Las dos vĂ­as mĂĄs comunes que SatanĂĄs toma para llegar a las almas son la sensualidad y la gula. Empieza siempre por la materia; una vez que la ha desmantelado y subyugado, pasa a atacar a la parte superior: primero, lo moral (el pensamiento con sus soberbias y deseos desenfrenados); despuĂ©s, el espĂ­ritu, quitĂĄndole no sĂłlo el amor — que ya no existe cuando el hombre ha substituido el amor divino por otros amores humanos — sino tambiĂ©n el temor de Dios. Es entonces cuando el hombre se abandona en cuerpo y alma a SatanĂĄs, con tal de llegar a gozar de lo que desea, de gozar cada vez mĂĄs.

46.14 Has visto cĂłmo me he comportado Yo. Silencio y oraciĂłn. Silencio. Efectivamente, si SatanĂĄs lleva a cabo su obra de seductor y se nos acerca, se le debe soportar sin impaciencias necias ni miedos mezquinos. Pero reaccionar: ante su presencia, con entereza; ante su seducciĂłn, con la oraciĂłn.

Es inĂștil discutir con SatanĂĄs. VencerĂ­a Ă©l, porque es fuerte en su dialĂ©ctica. SĂłlo Dios puede vencerle. Entonces, recurrir a Dios, que hable por nosotros, a travĂ©s de nosotros. Mostrar a SatanĂĄs ese Nombre y ese Signo, no tanto escritos en un papel o grabados en un trozo de madera, cuanto escritos y grabados en el corazĂłn. Mi Nombre, mi Signo. Rebatir a SatanĂĄs Ășnicamente cuando insinĂșa que es como Dios, rebatirle usando la palabra de Dios; no la soporta.

46.15 Luego, después de la lucha, viene la victoria, y los ångeles sirven y defienden del odio de Satanås al vencedor; le confortan con los rocíos celestes, con la gracia que vierten a manos llenas en el corazón del hijo fiel, con la bendición que acaricia al espíritu.

Hace falta tener la voluntad de vencer a SatanĂĄs, y fe en Dios y en su ayuda; fe en la fuerza de la oraciĂłn y en la bondad del Señor. En ese caso SatanĂĄs no puede causar ningĂșn daño.

Ve en paz. Esta noche te llenaré de alegría con lo demås».

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ECR 46.14

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Es inĂștil discutir con SatanĂĄs. VencerĂ­a Ă©l, porque es fuerte en su dialĂ©ctica. SĂłlo Dios puede vencerle. Entonces, recurrir a Dios, que hable por nosotros, a travĂ©s de nosotros. Mostrar a SatanĂĄs ese Nombre y ese Signo, no tanto escritos en un papel o grabados en un trozo de madera, cuanto escritos y grabados en el corazĂłn. Mi Nombre, mi Signo. Rebatir a SatanĂĄs Ășnicamente cuando insinĂșa que es como Dios, rebatirle usando la palabra de Dios; no la soporta.

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ECR 47

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

JesĂșs camina cerca del vado del JordĂĄn. Pasaba un grupo, entre ellos Juan y Santiago de Zebedeo. Fue Juan quien se fijĂł en el Maestro y se dirigiĂł naturalmente hacia Ă©l, mientras su hermano le seguĂ­a detrĂĄs. Le saluda llamĂĄndole Cordero de Dios. JesĂșs le pregunta a quiĂ©n busca y el Amado le responde que busca al Maestro. Lo sabe porque se lo dijo Juan el Bautista, y le llama Cordero porque oyĂł al Precursor llamarle asĂ­. Juan el Bautista estĂĄ ahora encarcelado y ya no tienen a su guĂ­a. Sin embargo, Juan se presenta a sĂ­ mismo y a Santiago. Pregunta dĂłnde vive JesĂșs y JesĂșs les dice que quien le siga tendrĂĄ que dejarlo todo: "casa, padres, forma de pensar e incluso la vida". No es un hombre rico y hay que renacer espiritualmente en Dios para seguirle. No obstante, los dos hombres quieren seguirle y JesĂșs acepta su peticiĂłn.

A continuación, Cristo da dos dictados. El primero trata de la pureza y la virginidad, incluida la virginidad consagrada. Explicó que "hay varias maneras de ser virgen" y retomó el tema de los que hacen voto al Señor. Si las almas hacen un voto, pero ceden a la sensualidad (incluso la del pensamiento), sólo son vírgenes a medias.

El Maestro vuelve entonces a su propia tentaciĂłn en el desierto y a la sensualidad que le propuso el Diablo. Luego se detiene en los puros, que ven a Dios. Por Ășltimo, se centra en Juan, que es el Puro entre los discĂ­pulos, y que fue su primer discĂ­pulo.

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ECR 47.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«[Soy] Juan de Zebedeo, y Ă©ste es Santiago, mi hermano. Somos de Galilea, pescadores. Somos, ademĂĄs, discĂ­pulos de Juan. Él nos decĂ­a palabras de vida y nosotros le escuchĂĄbamos, porque queremos seguir a Dios y, con la penitencia, merecer el perdĂłn, preparando los caminos del corazĂłn a la venida del MesĂ­as. TĂș lo eres. Juan lo dijo, porque vio el signo de la Paloma posarse sobre ti. A nosotros nos lo dijo: “He ahĂ­ el Cordero de Dios”. Yo te digo: Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, danos la paz (...)».

Detalle

Juan de Zebedeo hablĂł con JesĂșs y le dijo:

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