Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

PĂĄgina 8 de 198

Comodidad de lectura

ECR 15.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Inmediatamente después dice María:

«A María el regalo de Mamå por su fiesta. Una cadena de regalos. Y si hay alguna espina entre ellos, no te quejes al Señor, que te ha amado como a bien pocos ama.

Te dije al principio: “Escribe acerca de mĂ­. De todo lo que sufras recibirĂĄs consuelo”. ÂżVes como ha sido verdad? Te estaba reservado este regalo para este tiempo de agitaciĂłn, porque no sĂłlo cuidamos el espĂ­ritu, sino que sabemos tambiĂ©n cuidar la materia, que no es reina, sino sierva Ăștil al espĂ­ritu en el cumplimiento de su misiĂłn.

Sé agradecida al Altísimo, que, incluso en el sentido afectuosamente humano, es verdaderamente Padre tuyo, que te acuna con éxtasis suaves para ocultarte lo que te asustaría.

Ámame cada vez mås. Te he conducido conmigo al secreto de mis primeros años. Ahora ya sabes todo acerca de Mamå. Ámame como hija y como hermana en el destino victimal. Y ama a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, con perfección de amor.

La bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu pasa por mis manos; recibe el perfume de mi materno amor hacia ti, a ti desciende y en ti se deposita. Sé sobrenaturalmente beata».

Detalle

JesĂșs acaba de darle un dictado a MarĂ­a.

Palabras clave

ECR 16

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

TĂ­tulo del capĂ­tulo : La AnunciaciĂłn

Fecha de la visión: Miércoles 8 de marzo de 1944

Calendario: miércoles 21 de febrero 5 d.C. (15 Adar I 3756).

Lugar (mapa) : Nazaret

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesucristo

Resumen: Este capĂ­tulo narra la AnunciaciĂłn. MarĂ­a estĂĄ orando en Nazaret: ruega a Dios por la venida de su MesĂ­as. Mientras lo hace, llega el arcĂĄngel Gabriel. Todo sucede como nos cuentan los Evangelios.

Contenido del capĂ­tulo: 16.1: MarĂ­a sale corriendo con una sonrisa en la cara. 16.2: Canta y reza por la venida del MesĂ­as. 16.3: Aparece el arcĂĄngel Gabriel. 16.4: DiĂĄlogo entre Gabriel y MarĂ­a.

Palabras clave

ECR 16.1-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Lo que veo. MarĂ­a, muchacha jovencĂ­sima (al mĂĄximo quince años a juzgar por su aspecto), estĂĄ en una pequeña habitaciĂłn rectangular; verdaderamente, una habitaciĂłn de jovencita. Contra una de las dos paredes mĂĄs largas, estĂĄ el lecho: una cama baja, sin cuja, cubierta por gruesas esteras o tapetes — dirĂ­ase que Ă©stos estĂĄn extendidos sobre una tabla o sobre un entramado de cañas porque estĂĄn muy rĂ­gidos y sin pliegues como los de nuestras camas —. Contra la otra pared, un estante con una lĂĄmpara de aceite, unos rollos de pergamino y una labor de costura — parece un bordado — cuidadosamente doblada.

A uno de los lados del estante, hacia la puerta, que da al huerto, abierta ahora, aunque tapada por una cortina que palpita movida por un ligero vientecillo, en un taburete bajo estĂĄ sentada la Virgen. EstĂĄ hilando un lino candidĂ­simo y suave como la seda. Sus manitas, sĂłlo un poco mĂĄs oscuras que el lino, hacen girar rĂĄpidamente el huso. Su carita juvenil, preciosa, estĂĄ ligeramente inclinada y ligeramente sonriente, como si estuviera acariciando o siguiendo algĂșn dulce pensamiento.

Hay un gran silencio en la casita y en el huerto. Y mucha paz, tanto en la cara de María como en el espacio que la rodea. Paz y orden. Todo estå limpio y ordenado. La habitación, de humildísimo aspecto y mobiliario, casi desnuda como una celda, tiene un aire austero y regio, debido a su gran limpieza y a la cuidadosa colocación de la cobertura del lecho, de los rollos, de la låmpara y del jarroncito de cobre que estå cerca de ésta con un haz de ramitas floridas dentro, ramitas de melocotonero o de peral, no lo sé; lo que sí estå claro es que son de årboles frutales, de un blanco ligeramente rosado.

16.2 MarĂ­a comienza a cantar en voz baja. Luego alza ligeramente la voz. No llega al pleno canto, pero su voz ya vibra en la habitaciĂłn, sintiĂ©ndose en aquĂ©lla una vibraciĂłn del alma. No entiendo la letra, que sin duda es en hebreo, pero, dado que, de vez en cuando repite “Yeohvah”, intuyo que se trata de algĂșn canto sagrado, acaso un salmo. QuizĂĄs MarĂ­a recuerda los cantos del Templo. Debe tratarse de un dulce recuerdo. Efectivamente, deja sobre su regazo sus manos, y con ellas el hilo y el huso, y levanta la cabeza para apoyarla en la pared, hacia atrĂĄs. Su rostro estĂĄ encendido de un lindo rubor; los ojos, perdidos tras algĂșn dulce pensamiento, brillantes por un golpe de llanto, que no los rebosa pero sĂ­ los agranda. Y, a pesar de todo, los ojos rĂ­en, sonrĂ­en ante ese pensamiento que ven y que los abstrae de lo sensible. Resaltando de su vestido blanco sencillĂ­simo, circundado por las trenzas, que lleva recogidas como corona en torno a la cabeza, el rostro rosado de MarĂ­a parece una linda flor.

El canto pasa a ser oración: «Señor Dios Altísimo, no te demores mås en mandar a tu Siervo para traer la paz a la tierra. Suscita el tiempo propicio y la virgen pura y fecunda para la venida de tu Cristo. Padre, Padre santo, concédele a tu sierva ofrecer su vida para esto. Concédeme morir tras haber visto tu Luz y tu Justicia en la Tierra, sabiendo que la Redención se ha cumplido. ¥Oh, Padre Santo, manda a la Tierra el Suspiro de los Profetas! Envía el Redentor a tu sierva. Que cuando cese mi día se me abra tu Casa por haber sido abiertas sus puertas por tu Cristo para todos aquellos que en ti hayan esperado. Ven, ven, Espíritu del Señor. Ven a los fieles tuyos que te esperan. ¥Ven, Príncipe de la Paz!...». María se queda así ensimismada...

16.3 La cortina late mĂĄs fuerte, como si alguien la estuviera aventando con algo o quisiera descorrerla. Y una luz blanca de perla fundida con plata pura hace mĂĄs claras las paredes tenuemente amarillentas, hace mĂĄs vivos los colores de las telas, mĂĄs espiritual el rostro alzado de MarĂ­a. En la luz se prosterna el ArcĂĄngel. La cortina no ha sido descorrida ante el misterio que se estĂĄ verificando; es mĂĄs, ya no late: pende, rĂ­gida, pegada a las jambas, separando, como una pared, el interior del exterior.

El Arcångel necesariamente debe adquirir un aspecto humano; pero es un aspecto ultra-humano. ¿De qué carne estå compuesta esta figura bellísima y fulgurante? ¿Con qué substancia la ha materializado Dios para hacerla sensible a los sentidos de la Virgen? Sólo Dios puede poseer estas substancias y usarlas de esa manera perfecta. Es un rostro, es un cuerpo, son ojos, boca, cabellos y manos como los nuestras; pero no se trata de nuestra opaca materia: es una luz que ha tomado color de carne, de ojos, de cabellera, de labios, una luz que se mueve y sonríe y mira y habla.

16.4 «¥Salve, María, llena de Gracia, salve!». La voz es un dulce arpegio como de perlas chocadas contra un metal precioso.

MarĂ­a se estremece y baja la mirada. Su estremecimiento aumenta cuando ve a la fĂșlgida criatura arrodillada aproximadamente a un metro de distancia de Ella, con las manos cruzadas sobre el pecho, mirĂĄndola con una veneraciĂłn infinita.

María, repentinamente, se pone en pie y aprieta su cuerpo contra la pared. Palidece y se ruboriza alternativamente. Su rostro expresa estupor y turbación. Inconscientemente aprieta sus manos contra el pecho escondiéndolas en las anchas mangas. Se recoge sobre sí misma como queriendo esconder lo mås posible su cuerpo: un acto de delicado pudor.

«No. No temas. ÂĄEl Señor estĂĄ contigo! ÂĄBendita tĂș entre todas las mujeres!».

A pesar de estas palabras, María sigue temiendo. ¿De dónde viene ese ser extraordinario? ¿Es un enviado de Dios, o del Engañador?

«¥No temas, MarĂ­a!» insiste el ArcĂĄngel. «Yo soy Gabriel, el Ángel de Dios. Mi Señor me ha enviado a ti. No temas, porque has hallado gracia ante Dios. TĂș concebirĂĄs en tu seno y darĂĄs a luz un Hijo, y le pondrĂĄs por nombre “JesĂșs”. SerĂĄ grande, serĂĄ llamado Hijo del AltĂ­simo, y verdaderamente lo serĂĄ. El Señor Dios le darĂĄ el trono de David, su padre, y reinarĂĄ para siempre en la casa de Jacob, y su Reino no tendrĂĄ fin nunca. Comprende, santa Virgen amada del Señor, Hija bendita suya, llamada a ser Madre de su Hijo, comprende quĂ© Hijo vas a engendrar».

«¿CĂłmo puede suceder esto si yo no conozco hombre? ÂżAcaso el Señor ya no acoge el ofrecimiento de su sierva? ÂżEs que ya no quiere que sea virgen por amor a Él?».

«No vas a ser madre por obra de varĂłn, MarĂ­a. TĂș eres la eterna Virgen, la Santa de Dios. El EspĂ­ritu Santo descenderĂĄ sobre ti y la potencia del AltĂ­simo te cubrirĂĄ con su sombra. Por eso, Santo se llamarĂĄ el que nacerĂĄ de ti, e Hijo de Dios. Todo lo puede el Señor, Dios nuestro. Isabel, la estĂ©ril, en su vejez ha concebido un hijo que serĂĄ el Profeta de tu Hijo, el que prepararĂĄ sus caminos. El Señor la ha liberado de su oprobio y su memoria quedarĂĄ en las gentes unida a tu nombre, como el nombre de su hijo al de tu Hijo Santo, y hasta el final de los siglos las gentes os llamarĂĄn bienaventuradas por la gracia del Señor que habĂ©is recibido, y a ti especialmente, MarĂ­a, porque habrĂĄn recibido la Gracia por medio de ti. Isabel estĂĄ ya en su sexto mes, y su peso, paradĂłjicamente, la regocija, y mĂĄs aĂșn la regocijarĂĄ cuando conozca el motivo de tu gozo. Para Dios nada es imposible, MarĂ­a, llena de Gracia. ÂżQuĂ© debo responderle a mi Señor? No te turbe ningun tipo de pensamiento. Él tutelarĂĄ tus intereses si te pones en sus manos. ÂĄEl mundo, el Cielo, Dios eterno esperan tu respuesta!».

MarĂ­a, cruzando a su vez sus manos sobre el pecho e inclinĂĄndose con gesto reverente dice: «He aquĂ­ la esclava de Dios. HĂĄgase de mĂ­ segĂșn su palabra».

El Ángel resplandece de alegría y se pone en actitud adorante, puesto que, sin duda, ve al Espíritu de Dios descender sobre la Virgen, inclinada en gesto de adhesión; luego desaparece sin mover la cortina, dejåndola cerrada cubriendo el Misterio santo.

AnotaciĂłn

Lucas 1,26-38

En el sexto mes, el ångel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una joven virgen que había sido dada en matrimonio a un hombre de la casa de David llamado José; y el nombre de la joven era María. El ångel se le acercó y le dijo: "Dios te salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo". Al oír esto, se quedó muy sorprendida y se preguntaba qué podía significar aquel saludo.

Entonces el ĂĄngel le dijo: "No temas, MarĂ­a, porque has hallado gracia ante Dios. ConcebirĂĄs y darĂĄs a luz un hijo, y le pondrĂĄs por nombre JesĂșs. El Señor Dios le darĂĄ el trono de David, su padre, y reinarĂĄ sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrĂĄ fin. MarĂ­a dijo al ĂĄngel: "ÂżCĂłmo puede ser esto, si no conozco a nadie? El ĂĄngel le respondiĂł: "El EspĂ­ritu Santo vendrĂĄ sobre ti y el poder del AltĂ­simo te cubrirĂĄ con su sombra; por eso el que va a nacer serĂĄ santo y serĂĄ llamado Hijo de Dios. Isabel, tu pariente, ya anciana, tambiĂ©n ha concebido un hijo y estĂĄ ahora en su sexto mes, aunque la llamaban la mujer estĂ©ril. Porque nada hay imposible para Dios. Entonces MarĂ­a dijo: "He aquĂ­ la esclava del Señor; hĂĄgase en mĂ­ segĂșn tu palabra". Entonces el ĂĄngel la dejĂł.

Palabras clave

ECR 17

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

TĂ­tulo del capĂ­tulo : La desobediencia de Eva y la obediencia de MarĂ­a

Fecha de los dictados : Domingo 5 de marzo de 1944 (EMV 17.1 a 17.7) y miércoles 8 de marzo de 1944 (EMV 17.8 a 17.21)

Ciclo: Nacimiento e infancia de JesĂșs

Resumen: JesĂșs pronuncia su primer dictado. Parte del GĂ©nesis y explica cuĂĄl debĂ­a ser el dominio del hombre: debĂ­a dominar la carne, pero tambiĂ©n el carĂĄcter moral y espiritual. A continuaciĂłn, Cristo habla del alma y de las discusiones que podrĂ­amos tener con ella, y luego vuelve especĂ­ficamente a la CaĂ­da de AdĂĄn y Eva. TambiĂ©n habla de Lucifer y del origen del Mal.

En un segundo dictado, MarĂ­a habla de sus diversas alegrĂ­as en el momento de la AnunciaciĂłn. La alegrĂ­a de ser madre. La alegrĂ­a de ser aquella por la que la paz reconciliĂł el cielo y la tierra. La alegrĂ­a de haber hecho feliz a Dios. AlegrĂ­a como creyente en un Dios lleno de alegrĂ­a. La Madre de Cristo hablĂł entonces de la desobediencia de Eva y de la obediencia que la Inmaculada practicĂł en cada ocasiĂłn. Ella pronunciĂł su Fiat en cada ocasiĂłn e invitĂł a MarĂ­a a ser un trampolĂ­n para que otras almas se elevaran hacia Dios.

Finalmente, JesĂșs dio un Ășltimo dictado. Tras dirigirse a los que no acogen la Obra o se muestran escĂ©pticos ante ella, vuelve sobre el ĂĄrbol de la ciencia del bien y del mal y le da una connotaciĂłn simbĂłlica. El Maestro tambiĂ©n se detiene en la condena de AdĂĄn y Eva, que puede parecer demasiado severa. El Salvador se detiene en el fruto prohibido, asĂ­ como en la Plenitud de la Gracia.

Contenido del capĂ­tulo: 17.1: Pregunta a tu alma por las verdades celestiales. 17.2 : El hombre fue llamado a dominarlo todo. 17.3 : El nacimiento del mal en Lucifer. 17.4 : La procreaciĂłn querida por Dios. 17.5 : SatanĂĄs despierta la carne en Eva que no se vuelve al Padre. 17.6 : Una condena mayor pesa sobre la mujer. 17.7 : La gracia contra las tres concupiscencias. 17.8 : Mi espĂ­ritu se alegra. 17.9 : No sabĂ­a que estaba sin mancha. 17.10 : La alegrĂ­a de ser madre de un hombre y de Dios. 17.11 : La alegrĂ­a de haber hecho feliz a Dios. 17.12 : La desobediencia de Eva y sus consecuencias. 17.13: ObedecĂ­ con alegrĂ­a y con dolor. 17.14: Mi "sĂ­" borrĂł el "no" de Eva al mandato de Dios. 17.15: Ser trampolĂ­n para que otros logren caminar hacia la Cruz. 17.16: El ĂĄrbol metafĂłrico o simbĂłlico. 17.17: La gravedad del primer pecado. 17.18: El amor de los hombres debĂ­a ser sin lujuria. 17.19: Eva creyĂł a SatanĂĄs y deseĂł lo que no era bueno sin remordimiento. 17.20: Recibe la Luz. 17.21 : Las bestias salvajes te superan en la honestidad de sus amores.

Palabras clave

ECR 17.1-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

17.1 Dice JesĂșs:

«¿No se lee en el GĂ©nesis que Dios hizo al hombre dominador de todo lo que habĂ­a sobre la tierra, es decir, de todo excepto de Dios y de sus ĂĄngeles ministros? ÂżNo se lee que hizo a la mujer como compañera del hombre en la alegrĂ­a y en el dominio sobre todos los seres vivos? ÂżNo se lee que de todo podĂ­an comer excepto del ĂĄrbol de la ciencia del Bien y del Mal? ÂżPor quĂ©? ÂżCuĂĄl es el sentido que subyace en las palabras “para que domine”; cuĂĄl, en el ĂĄrbol de la ciencia del Bien y del Mal? ÂżOs habĂ©is preguntado alguna vez esto, vosotros, que os hacĂ©is tantas preguntas inĂștiles y que no sabĂ©is preguntarle nunca a vuestra alma acerca de las celestes verdades?

Vuestra alma, si estuviera viva, os las manifestarĂ­a. Esa alma que, cuando estĂĄ en gracia, es como una flor entre las manos de vuestro ĂĄngel; esa alma que, cuando estĂĄ en gracia, es como una flor besada por el sol y asperjada por el rocĂ­o, besada y asperjada por el EspĂ­ritu Santo, que le da calor y la ilumina, que la riega y la adorna de celestes luces. ÂĄCuĂĄntas verdades os manifestarĂ­a vuestra alma, si supierais conversar con ella, si la amarais como a quien os proporciona la semejanza con Dios, que es EspĂ­ritu, como espĂ­ritu es vuestra alma! ÂĄQuĂ© gran amiga tendrĂ­ais, si amarais a vuestra alma en vez de odiarla hasta matarla; quĂ© grande, sublime amiga con quien hablar de cosas celestes; vosotros que tenĂ©is tanta avidez de hablar y os destruĂ­s los unos a los otros con amistades que, aun no siendo indignas (alguna vez lo son), sĂ­ son casi siempre inĂștiles, y se os transforman en un bullicio vano o nocivo de palabras y sĂłlo palabras, todas terrenas!

ÂżNo dije Yo: “Quien me ama observarĂĄ mi palabra y el Padre mĂ­o le amarĂĄ e iremos a Ă©l y haremos morada en Ă©l”? El alma que estĂĄ en gracia posee el amor y, poseyĂ©ndolo, posee a Dios, o sea, al Padre que la conserva, al Hijo que la instruye, al EspĂ­ritu que la ilumina. Posee, por tanto, el Conocimiento, la Ciencia, la SabidurĂ­a. Posee la Luz. Imaginaos, pues, quĂ© conversaciones mĂĄs sublimes podrĂ­a establecer con vosotros vuestra alma, que son las conversaciones que han llenado los silencios de las cĂĄrceles, los silencios de las celdas, los silencios del yermo, los silencios de las habitaciones de los enfermos santos; las que han confortado a los presos que en la cĂĄrcel esperaban el martirio, a los cenobitas, que habĂ­an elegido el claustro en pos de la Verdad, a los eremitas, que anhelaban conocer anticipadamente a Dios, a los enfermos, para que soportaran o, mejor dicho, amaran su cruz.

17.2 Si supierais preguntar a vuestra alma, ella os dirĂ­a que el significado verdadero, exacto, vasto cuanto la creaciĂłn, de la palabra “domine” es Ă©ste: “Para que el hombre domine todo: sus tres estratos (el inferior, animal; el estrato intermedio, moral; el estrato superior, espiritual), y oriente los tres hacia un Ășnico fin: poseer a Dios”. Poseerlo mereciĂ©ndolo con este fĂ©rreo dominio que tiene sujetas todas las fuerzas del yo haciĂ©ndolas esclavas de esta Ășnica finalidad: merecer poseer a Dios. Vuestra alma os dirĂ­a que Dios habĂ­a prohibido el conocimiento del Bien y del Mal, porque el Bien lo habĂ­a donado con generosidad y gratuitamente a sus criaturas, y el Mal no querĂ­a que lo conocierais, porque es un fruto dulce al paladar, pero que, una vez que baja con su jugo a la sangre, ocasiona una fiebre que mata y produce ardiente sequedad en la garganta, por lo cual, cuanto mĂĄs se bebe de su jugo traidor, mĂĄs sed de Ă©l se tiene.

17.3 Vuestra objeciĂłn serĂĄ: “¿Y por quĂ© lo ha puesto?”. ÂżPor quĂ©! El Mal es una fuerza que ha nacido sola, como ciertos males monstruosos en el mĂĄs sano de los cuerpos.

Lucifer era un ĂĄngel, el mĂĄs hermoso de los ĂĄngeles. EspĂ­ritu perfecto. SĂłlo Dios era superior a Ă©l. Pues bien, con todo, en su ser luminoso naciĂł un vapor de soberbia, y Lucifer no lo dispersĂł, sino que, por el contrario, lo condensĂł dĂĄndole vida en su interior. De esta incubaciĂłn naciĂł el Mal. Éste ya existĂ­a antes del hombre. Dios habĂ­a arrojado fuera del ParaĂ­so al Incubador maldito del Mal, al que ensuciaba el ParaĂ­so. Pero ha seguido siendo y es el eterno Incubador del Mal, y, no pudiendo seguir ensuciando el ParaĂ­so, ha ensuciado la Tierra.

17.4 Ese metafórico árbol pone en evidencia esta verdad. Dios había dicho al hombre y a la mujer: “Conoced todas las leyes y los misterios de la creación. Pero no pretendáis usurparme el derecho de ser el Creador del hombre. Para propagar la estirpe humana bastará el amor mío que circulará por vosotros, y, sin libídine sensual, sólo por latido de caridad, dará vida a los nuevos hombres como Adán de la estirpe. Todo os lo doy; sólo me reservo este misterio de la formación del hombre”.

17.5 SatanĂĄs quiso quitarle al hombre esta virginidad intelectual y, con su lengua serpentina, hechizĂł y halagĂł miembros y ojos de Eva, suscitando en ellos reflejos y sutilezas que antes no tenĂ­an porque no estaban intoxicados de Malicia.

Ella “vio”, y, viendo, quiso probar. HabĂ­a sido despertada la carne. ÂĄAh, si hubiera llamado a DiosÂĄ Si hubiera corrido a decirle: “¡Padre, estoy enferma; la serpiente me ha halagado y me siento turbada!”. El Padre la habrĂ­a purificado, la habrĂ­a curado con su aliento, pues lo mismo que le habĂ­a infundido la vida podĂ­a infundirle de nuevo la inocencia, quitĂĄndole el recuerdo del tĂłxico serpentino, es mĂĄs, introduciendo en ella una repugnancia hacia la Serpiente (como les sucede a los que han sufrido una enfermedad, que, una vez curados, sienten hacia ella una instintiva repugnancia). Pero no, Eva no va al Padre, Eva vuelve donde la Serpiente. Esa sensaciĂłn le es dulce. “Viendo que el fruto del ĂĄrbol se podĂ­a comer y que era bonito y de aspecto agradable, lo cogiĂł y comiĂł de Ă©l”.

Y “comprendió”. Ya la malicia habĂ­a penetrado y le mordĂ­a las entrañas. Vio con ojos nuevos y oyĂł con oĂ­dos nuevos los usos y la voz de las bestias; y los deseĂł febrilmente.

17.6 IniciĂł sola el pecado. Lo consumĂł con su compañero. Por eso sobre la mujer pesa una condena mayor. Por ella el hombre se hizo rebelde a Dios, y por ella conociĂł la lujuria y la muerte. Por ella perdiĂł el dominio sobre sus tres reinos: el del espĂ­ritu, porque permitiĂł que el espĂ­ritu desobedeciera a Dios; el de lo moral, porque permitiĂł que las pasiones le sometieran a su señorĂ­o; el de la carne, porque la rebajĂł a las leyes instintivas de las bestias. “La Serpiente me ha seducido” dice Eva. “La mujer me ha ofrecido el fruto y yo he comido de Ă©l” dice AdĂĄn. Y el triple, desenfrenado apetito, desde entonces, tiene entre sus garras los tres reinos del hombre.

17.7 SĂłlo la Gracia logra aflojar la presa de este monstruo despiadado; y, si vive, si estĂĄ vivĂ­sima, si la voluntad del hijo fiel la mantiene cada vez mĂĄs viva, llega incluso a estrangular al monstruo. Ya no habrĂĄ nada que temer: ni a los tiranos internos (o sea, la carne y las pasiones), ni a los tiranos externos (el mundo y los que en el mundo tienen poder), ni a las persecuciones, ni a la muerte. Es como dice el apĂłstol Pablo: “Nada de esto yo temo, y no considero ya mĂ­a mi vida, con tal de cumplir mi misiĂłn y llevar a cabo el ministerio recibido del Señor JesĂșs para dar testimonio del Evangelio de la Gracia de Dios”».

Palabras clave

ECR 17.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Esa alma que, cuando estĂĄ en gracia, es como una flor entre las manos de vuestro ĂĄngel; esa alma que, cuando estĂĄ en gracia, es como una flor besada por el sol y asperjada por el rocĂ­o, besada y asperjada por el EspĂ­ritu Santo, que le da calor y la ilumina, que la riega y la adorna de celestes luces.

Palabras clave

ECR 17.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El alma que estå en gracia posee el amor y, poseyéndolo, posee a Dios, o sea, al Padre que la conserva, al Hijo que la instruye, al Espíritu que la ilumina. Posee, por tanto, el Conocimiento, la Ciencia, la Sabiduría. Posee la Luz.

Palabras clave

ECR 17.8-15

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

17.8 Dice MarĂ­a:

«Gozoso — pues, efectivamente, cuando comprendĂ­ la misiĂłn a que Dios me llamaba, mi corazĂłn se llenĂł de gozo —, mi corazĂłn se abriĂł como una azucena en capullo y vertiĂł la sangre que habrĂ­a de ser terreno para la Semilla del Señor.

17.9 AlegrĂ­a de ser madre.

Me había consagrado a Dios desde mi mås tierna edad, porque la luz del Altísimo me había iluminado acerca de la causa del mal del mundo; yo deseé, por lo que de mí dependía, borrar de mí la huella de Satanås.

No sabĂ­a que no tenĂ­a mancha. No podĂ­a pensarlo. El solo hecho de pensarlo habrĂ­a sido presunciĂłn y soberbia porque, habiendo nacido de padre y madre humanos, no me era lĂ­cito pensar que justamente yo era la Elegida para ser la Sin Mancha.

El EspĂ­ritu de Dios me habĂ­a instruido acerca del dolor del Padre ante la corrupciĂłn de Eva, que habĂ­a aceptado degradarse — siendo una criatura de gracia — a un nivel de criatura inferior. Yo tenĂ­a la intenciĂłn de suavizar ese dolor, poniendo de nuevo mi carne en la situaciĂłn de pureza angĂ©lica, conservĂĄndome intacta de pensamientos, deseos y contactos humanos. SĂłlo para Él serĂ­a mi latido de amor; sĂłlo para Él, mi ser. No habĂ­a en mĂ­ sed carnal, pero sĂ­ sentĂ­a el sacrificio de no ser madre.

La maternidad, exenta de lo que ahora la humilla, le habĂ­a sido concedida por el Padre creador tambiĂ©n a Eva. ÂĄDulce y pura maternidad sin el peso del sentido! ÂĄYo la experimentĂ©! ÂĄCuĂĄn grande la pĂ©rdida de Eva, renunciando a esta riqueza! Mayor que la pĂ©rdida de la inmortalidad. No, no creĂĄis que es una exageraciĂłn. Mi JesĂșs, y con Él yo, su Madre, conocimos el languor de la muerte. Yo, el dulce languidecer de quien, cansado, se duerme; Él, ese languidecer atroz de quien muere por haber sido condenado. A nosotros, pues, tambiĂ©n nos vino la muerte. Sin embargo, la maternidad exenta de cualquier tipo de violaciĂłn me vino solamente a mĂ­, la nueva Eva, para que yo pudiera manifestarle al mundo cuĂĄn dulce era el destino de la mujer, llamada a ser madre sin el dolor de la carne. El deseo de esta pura maternidad, siendo, como es, la gloria de la mujer, podĂ­a estar, y estaba, en la Virgen toda de Dios. Añadid a vuestra consideraciĂłn el honor en que era tenida la mujer madre en el pueblo israelita, y comprenderĂ©is mejor la naturaleza del sacrificio cumplido al consagrarme a esta privaciĂłn.

Ahora a su sierva el eterno Bueno le ofrecĂ­a este don, sin privarme del candor de que yo me habĂ­a vestido para ser flor en su trono. Por ello exultaba, con el doble gozo de ser madre de un hombre y de ser Madre de Dios.

17.10 Alegría porque a través de mí se restablecía la paz entre el Cielo y la Tierra.

ÂĄOh..., haber deseado esta paz por amor a Dios y por amor al prĂłjimo, y saber que por medio de mĂ­, pobre esclava del Poderoso, aquĂ©lla venĂ­a al mundo! ÂĄDecir: “Hombres, no llorĂ©is mĂĄs. Yo traigo conmigo el secreto que os harĂĄ felices. No os lo puedo manifestar, porque estĂĄ sellado en mĂ­, en mi corazĂłn, de la misma forma que el Hijo dentro del intacto seno. Ya os lo traigo, ya cada hora que pasa estĂĄ mĂĄs cercano el momento en que le verĂ©is y sabrĂ©is su Nombre santo”!

17.11 AlegrĂ­a de haber hecho feliz a Dios: alegrĂ­a del creyente que ve feliz a su Dios.

ÂĄOh..., haber quitado del corazĂłn de Dios la amargura de la desobediencia de Eva, de la soberbia de Eva, de su incredulidad!

17.12 Mi JesĂșs ha explicado con quĂ© culpa se manchĂł la Pareja primera. Yo he anulado esa culpa recorriendo en sentido inverso, para ascender, las etapas de su descenso.

El principio de la culpa estuvo en la desobediencia: “No comĂĄis y no toquĂ©is de ese ĂĄrbol”, habĂ­a dicho Dios. Pero el hombre y la mujer, los reyes de la creaciĂłn, que podĂ­an tocar todo y comer todo excepto aquello — porque Dios querĂ­a hacerlos sĂłlo inferiores a los ĂĄngeles — no tomaron en consideraciĂłn ese veto.

El ĂĄrbol: el medio para probar la obediencia de los hijos.

¿Qué es la obediencia al mandato divino? Es un bien porque Dios no ordena sino el bien. ¿Qué es la desobediencia? Es un mal porque pone al corazón en las disposiciones de rebelión sobre las cuales Satanås puede obrar.

Eva va al ĂĄrbol, a ese ĂĄrbol del que vendrĂ­a: alejĂĄndose, su bien; acercĂĄndose, su mal. La arrastra a Ă©l la curiosidad ingenua de ver quĂ© es lo que podĂ­a tener en sĂ­ de especial; la arrastra la imprudencia, que hace que le parezca inĂștil el mandato divino, dado que ella es fuerte y pura, reina del EdĂ©n, donde todo le presta obediencia, donde nada podrĂĄ causarle mal alguno. Su presunciĂłn la pierde. La presunciĂłn es ya levadura de soberbia.

En el ĂĄrbol encuentra al Seductor, el cual, a su inexperiencia, a su tan hermosa y virgen inexperiencia, a esa inexperiencia que no supo tutelar, le canta la canciĂłn de la mentira: “¿TĂș crees que aquĂ­ hay mal? No. Dios te lo ha dicho porque quiere teneros bajo la esclavitud de su poder. ÂżCreĂ©is que sois reyes? No tenĂ©is ni siquiera la libertad de las fieras. Ellas tienen concedido el amarse con amor verdadero, vosotros no. A las fieras se les ha concedido el ser creadoras como Dios. Ellas engendrarĂĄn hijos y verĂĄn a su gusto crecer la familia, vosotros no. A vosotros os ha sido negado este contento. ÂżEn razĂłn de quĂ©, pues, que seĂĄis hombre y mujer, para tener que vivir de ese modo? Sed dioses. ÂżNo sabĂ©is quĂ© alegrĂ­a supone el ser dos en una sola carne creadora de una tercera, de muchas otras terceras! No creĂĄis en las promesas de Dios acerca del gozo de una descendencia viendo a vuestros hijos crearse nuevas familias, dejando por ellas padre y madre. Os ha dado un simulacro de vida. La verdadera vida estĂĄ en conocer las leyes de la vida. Entonces serĂ©is como dioses y podrĂ©is decirle a Dios: ‘Somos tus iguales’ ”.

Y la seducciĂłn continuĂł, porque no hubo voluntad de interrumpirla, sino, mĂĄs bien, de continuarla, y de conocer aquello que no le pertenecĂ­a al hombre. He aquĂ­ pues que el ĂĄrbol prohibido vino a ser, para la raza, realmente mortal, porque de sus ramos pendĂ­a el fruto del amargo saber que venĂ­a de SatanĂĄs; y la mujer vino a ser hembra, y, con la levadura del conocimiento satĂĄnico en el corazĂłn, fue a AdĂĄn a corromperle. Humillada asĂ­ la carne, corrompida la parte moral, degradado el espĂ­ritu, conocieron el dolor y la muerte: del espĂ­ritu privado de la Gracia; de la carne privada de la inmortalidad. Y la herida de Eva engendrĂł el sufrimiento, que no se calmarĂĄ hasta la extinciĂłn de la Ășltima pareja de la tierra.

17.13 Yo recorrĂ­ en sentido inverso el camino de los dos pecadores. ObedecĂ­. ObedecĂ­ en todos los modos. Dios me habĂ­a pedido ser virgen. ObedecĂ­. Habiendo amado la virginidad, que me hacĂ­a pura como la primera de las mujeres antes de conocer a SatanĂĄs, Dios me pidiĂł ser esposa. ObedecĂ­, llevando al matrimonio a la pureza que tuvo, a ese grado de pureza que Dios tenĂ­a en su pensamiento cuando creĂł a los dos Primeros. Convencida de mi destino de soledad en el matrimonio y de desprecio del prĂłjimo por mi esterilidad santa, ahora Dios me pedĂ­a ser Madre. ObedecĂ­. CreĂ­ que ello era posible y que esa palabra venĂ­a de Dios, porque la paz iba entrando en mĂ­ al oĂ­rla. No pensĂ©: “Lo he merecido”. No me dije a mĂ­ misma: “Ahora el mundo me admirarĂĄ, porque soy semejante a Dios dando ser a la carne de Dios”. No. Me anonadĂ© en la humildad.

La alegría brotó de mi corazón como un tallo de rosa florecida. Pero en seguida se adornó de punzantes espinas y quedó abrazada por la maraña del dolor, como esas ramas envueltas en campanillas de enredadera. El dolor del dolor de mi esposo: ésta era la angustia dentro de mi gozo. El dolor del dolor de mi Hijo: éstas eran las espinas de mi gozo.

Eva quiso el disfrute, el triunfo, la libertad: yo aceptĂ© el dolor, el anonadamiento, la esclavitud. RenunciĂ© a mi vida tranquila, a la estima de mi esposo, a la propia libertad. No me quedĂ© con nada. Me hice la Esclava de Dios en la carne, en la parte moral, en el espĂ­ritu, confiĂĄndome a Él, no sĂłlo respecto a la concepciĂłn virginal, sino tambiĂ©n a la defensa de mi honor, a la consolaciĂłn de mi esposo, al medio con que conducirle a Ă©l tambiĂ©n a la sublimaciĂłn del matrimonio, de manera que los dos fuĂ©ramos quienes devolvieran al hombre y a la mujer la dignidad perdida.

17.14 AbracĂ© la voluntad del Señor por mĂ­, por mi esposo, por mi Hijo. Dije “sí” por los tres, segura como estaba de que Dios no faltarĂ­a a su promesa de socorrerme en mi dolor de esposa que se ve juzgada culpable, en mi dolor de madre que ve que engendra para entregar a su Hijo al dolor.

“Sí” dije. SĂ­, y basta. Ese “sí” ha anulado el “no” que Eva opuso al mandato divino. “SĂ­, Señor, como TĂș quieras. ConocerĂ© lo que TĂș quieras. VivirĂ© como TĂș quieras. EstarĂ© gozosa si TĂș lo quieres. SufrirĂ© por lo que TĂș quieras. SĂ­, siempre sĂ­, mi Señor, desde el momento en que tu rayo me hizo Madre hasta el momento en que me llamaste a ti. SĂ­, siempre sĂ­. Todas las voces de la carne, todas las pasiones de lo moral, bajo el peso de este sĂ­ mĂ­o perpetuo. Y encima, como encima de un pedestal de diamante, mi espĂ­ritu, al cual le faltan las alas para volar a ti, pero es señor de todo el yo, domado y siervo tuyo, siervo en la alegrĂ­a, siervo en el dolor. ÂĄSonrĂ­e, oh Dios! ÂĄAlĂ©grate! La culpa ha sido vencida, cancelada, destruida; yace bajo mi talĂłn, ha sido lavada en mi llanto, destruida por mi obediencia. De mi seno nacerĂĄ el Árbol nuevo que darĂĄ el Fruto que conocerĂĄ todo el Mal por haberlo padecido en sĂ­ y darĂĄ todo el Bien. A Ă©ste sĂ­ podrĂĄn acercarse los hombres, y yo me sentirĂ© feliz de que cojan de Ă©l, aunque no piensen que de mĂ­ nace. Con tal de que el hombre se salve y Dios sea amado, hĂĄgase de su esclava lo mismo que de la base de terreno en que un ĂĄrbol crece: escalĂłn para subir”.

17.15 MarĂ­a, hay que saber ser siempre escalĂłn para que los demĂĄs suban a Dios. Si nos pisan, no importa, con tal de que logren ir a la Cruz. Es el nuevo ĂĄrbol que posee el fruto del conocimiento del Bien y del Mal, porque le dice al hombre lo que estĂĄ mal y lo que estĂĄ bien, para que sepa elegir y vivir; y sabe, al mismo tiempo, hacer de sĂ­ elixir para curar a los que se han intoxicado con el mal que quisieron gustar. Nuestro corazĂłn bajo los pies de los hombres, con tal de que el nĂșmero de los redimidos crezca y que la Sangre de mi JesĂșs no sea derramada sin fruto. Éste es el destino de las esclavas de Dios. Mas luego mereceremos recibir en nuestro seno la Hostia santa, y, a los pies de la Cruz, embebida en su Sangre y en nuestro llanto, decir: “He aquĂ­, oh Padre, la Hostia inmaculada que te ofrecemos para salud del mundo. MĂ­ranos, oh Padre, fundidas con Ella, y por sus mĂ©ritos infinitos danos tu bendiciĂłn”.

Y yo te doy una caricia. Descansa, hija. El Señor estå contigo».

Detalle

María dio este dictado después del capítulo sobre la Anunciación.

Palabras clave

ECR 17.8-11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

17.8 Dice MarĂ­a:

«Gozoso — pues, efectivamente, cuando comprendĂ­ la misiĂłn a que Dios me llamaba, mi corazĂłn se llenĂł de gozo —, mi corazĂłn se abriĂł como una azucena en capullo y vertiĂł la sangre que habrĂ­a de ser terreno para la Semilla del Señor.

17.9 AlegrĂ­a de ser madre.

Me había consagrado a Dios desde mi mås tierna edad, porque la luz del Altísimo me había iluminado acerca de la causa del mal del mundo; yo deseé, por lo que de mí dependía, borrar de mí la huella de Satanås.

No sabĂ­a que no tenĂ­a mancha. No podĂ­a pensarlo. El solo hecho de pensarlo habrĂ­a sido presunciĂłn y soberbia porque, habiendo nacido de padre y madre humanos, no me era lĂ­cito pensar que justamente yo era la Elegida para ser la Sin Mancha.

El EspĂ­ritu de Dios me habĂ­a instruido acerca del dolor del Padre ante la corrupciĂłn de Eva, que habĂ­a aceptado degradarse — siendo una criatura de gracia — a un nivel de criatura inferior. Yo tenĂ­a la intenciĂłn de suavizar ese dolor, poniendo de nuevo mi carne en la situaciĂłn de pureza angĂ©lica, conservĂĄndome intacta de pensamientos, deseos y contactos humanos. SĂłlo para Él serĂ­a mi latido de amor; sĂłlo para Él, mi ser. No habĂ­a en mĂ­ sed carnal, pero sĂ­ sentĂ­a el sacrificio de no ser madre.

La maternidad, exenta de lo que ahora la humilla, le habĂ­a sido concedida por el Padre creador tambiĂ©n a Eva. ÂĄDulce y pura maternidad sin el peso del sentido! ÂĄYo la experimentĂ©! ÂĄCuĂĄn grande la pĂ©rdida de Eva, renunciando a esta riqueza! Mayor que la pĂ©rdida de la inmortalidad. No, no creĂĄis que es una exageraciĂłn. Mi JesĂșs, y con Él yo, su Madre, conocimos el languor de la muerte. Yo, el dulce languidecer de quien, cansado, se duerme; Él, ese languidecer atroz de quien muere por haber sido condenado. A nosotros, pues, tambiĂ©n nos vino la muerte. Sin embargo, la maternidad exenta de cualquier tipo de violaciĂłn me vino solamente a mĂ­, la nueva Eva, para que yo pudiera manifestarle al mundo cuĂĄn dulce era el destino de la mujer, llamada a ser madre sin el dolor de la carne. El deseo de esta pura maternidad, siendo, como es, la gloria de la mujer, podĂ­a estar, y estaba, en la Virgen toda de Dios. Añadid a vuestra consideraciĂłn el honor en que era tenida la mujer madre en el pueblo israelita, y comprenderĂ©is mejor la naturaleza del sacrificio cumplido al consagrarme a esta privaciĂłn.

Ahora a su sierva el eterno Bueno le ofrecĂ­a este don, sin privarme del candor de que yo me habĂ­a vestido para ser flor en su trono. Por ello exultaba, con el doble gozo de ser madre de un hombre y de ser Madre de Dios.

17.10 Alegría porque a través de mí se restablecía la paz entre el Cielo y la Tierra.

ÂĄOh..., haber deseado esta paz por amor a Dios y por amor al prĂłjimo, y saber que por medio de mĂ­, pobre esclava del Poderoso, aquĂ©lla venĂ­a al mundo! ÂĄDecir: “Hombres, no llorĂ©is mĂĄs. Yo traigo conmigo el secreto que os harĂĄ felices. No os lo puedo manifestar, porque estĂĄ sellado en mĂ­, en mi corazĂłn, de la misma forma que el Hijo dentro del intacto seno. Ya os lo traigo, ya cada hora que pasa estĂĄ mĂĄs cercano el momento en que le verĂ©is y sabrĂ©is su Nombre santo”!

17.11 AlegrĂ­a de haber hecho feliz a Dios: alegrĂ­a del creyente que ve feliz a su Dios.

ÂĄOh..., haber quitado del corazĂłn de Dios la amargura de la desobediencia de Eva, de la soberbia de Eva, de su incredulidad!

Palabras clave