ÂĄOĂd, vosotros de Israel! En el Deuteronomio estĂĄ escrito: âConstituirĂĄs jueces y magistrados en todas las puertas... y ellos juzgarĂĄn al pueblo con justicia, sin propender a parte alguna. No tendrĂĄs acepciĂłn de personas, no aceptarĂĄs donativos, porque los donativos ciegan los ojos de los sabios y alteran las palabras de los justos. Con justicia seguirĂĄs lo que es justo para vivir y poseer la tierra que el Señor tu Dios te dĂ©â.
ÂĄOĂd, oh vosotros de Israel! Dice el Deuteronomio: âLos sacerdotes y los levitas y todos los de la tribu de LevĂ no tendrĂĄn parte ni herencia con el resto de Israel, porque deben vivir con los sacrificios del Señor y con las ofrendas hechas a Ăl; nada tendrĂĄn entre las posesiones de sus hermanos, porque el Señor es su herenciaâ.
ÂĄOĂd, oh vosotros de Israel! Dice el Deuteronomio: âNo prestarĂĄs con interĂ©s a tu hermano ni dinero ni trigo ni cualquier otra cosa. PodrĂĄs prestar con interĂ©s al extranjero; mas a tu hermano le prestarĂĄs, sin interĂ©s, aquello de que tenga necesidadâ.
Esto ha dicho el Señor.
Ahora bien, vosotros mismos veis que sin justicia hacia el pobre se juzga en Israel. No hacia el justo, sino hacia el fuerte se propende, y ser pobre, ser pueblo, quiere decir ser oprimido. ÂżCĂłmo puede el pueblo decir: âQuien nos juzga es justoâ si ve que sĂłlo a los poderosos se los respeta y escucha, mientras que el pobre no tiene quien le escuche? ÂżCĂłmo puede el pueblo respetar al Señor si ve que no le respetan los que mĂĄs deberĂan hacerlo? ÂżEs respeto al Señor la violaciĂłn de su mandamiento? ÂżY por quĂ© entonces los sacerdotes en Israel tienen posesiones y aceptan donativos de publicanos y pecadores, los cuales actĂșan asĂ para que les sean benignos los sacerdotes, de la misma forma que Ă©stos actĂșan asĂ para tener ricas arcas?
Dios es la herencia de sus sacerdotes. Para ellos, Ăl, el Padre de Israel, es, como en ningĂșn caso, Padre, y pone los medios para que reciban el alimento como es justo; pero no mĂĄs de lo que sea justo. No ha prometido a sus siervos del Santuario bolsa y posesiones. En la eternidad, por su justicia, tendrĂĄn el Cielo, como lo tendrĂĄn MoisĂ©s y ElĂas y Jacob y Abraham, pero en esta tierra no deben tener mĂĄs que vestido de lino y diadema de oro incorruptible: pureza y caridad, y que el cuerpo sea siervo del espĂritu que es siervo del Dios verdadero, y no sea el cuerpo señor del espĂritu, y contra Dios.
Se me ha preguntado con quĂ© autoridad hago esto. ÂżY ellos?, Âżcon quĂ© autoridad profanan el mandamiento de Dios, y a la sombra de los sagrados muros permiten usura contra los hermanos de Israel, que han venido para cumplir el mandato divino? Se me ha preguntado de quĂ© escuela provengo, y he respondido: âDe la escuela de Diosâ. SĂ, Israel. Yo vengo y te llevo de nuevo a esta escuela santa e inmutable.
53.7
Quien quiera conocer la Luz, la Verdad, la Vida, quien quiera volver a oĂr la Voz de Dios que habla a su pueblo, venga a mĂ. Seguisteis a MoisĂ©s a travĂ©s de los desiertos, ÂĄoh, vosotros de Israel! Seguidme; que Yo os conduzco, a travĂ©s de un desierto, sin duda, mĂĄs dificultoso, hacia la verdadera Tierra beata. Por mar abierto al mandato de Dios, a ella os llevo. Alzando mi Signo, os curo de todo mal.
Ha llegado la hora de la Gracia. La esperaron los Patriarcas, murieron esperåndola. La predijeron los Profetas y murieron con esta esperanza. La soñaron los justos y murieron confortados por este sueño. Ha surgido ahora.
Venid. âEl Señor va a juzgar de un momento a otro a su pueblo y serĂĄ misericordioso para con sus siervosâ, como prometiĂł por boca de MoisĂ©s.