ECR 51.4
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Yo os digo que por encima de la Tierra estå el Cielo, por encima de los intereses del mundo estå la causa de Dios. Necesitåis cambiar de modo de pensar. Cuando sepåis hacerlo seréis perfectos.
Notas del tema
ECR 51.4
Yo os digo que por encima de la Tierra estå el Cielo, por encima de los intereses del mundo estå la causa de Dios. Necesitåis cambiar de modo de pensar. Cuando sepåis hacerlo seréis perfectos.
ECR 51.4
Yo estoy en mi Madre y Ella en mĂ, y Nosotros en Dios. Esto querrĂa que comprendierais vosotros todos, (...) amigos e hijos segĂșn lo sobrenatural. TĂș, y contigo los otros, no sabĂ©is quiĂ©n es mi Madre. Si lo supierais, (...) la venerarĂais como a la Amiga mĂĄs Ăntima de Dios, la Poderosa que todo lo puede en orden al corazĂłn del Eterno Padre, que todo lo puede en orden al Hijo de su corazĂłn.
ECR 51.4
No guardo rencor a quien no me conoce. Ni siquiera a quien me odia. Pero me duele por el mal que a sĂ mismo se hace.
ECR 51.5
51.5 ¿Qué tienes en esa bolsa?».
«La tĂșnica que tu Madre te manda. Mañana serĂĄ una gran fiesta. Ella piensa que su JesĂșs la necesita para no causar mala impresiĂłn entre los invitados. Ha estado hilando incansable desde las primeras luces hasta las Ășltimas, diariamente, para prepararte esta tĂșnica. Pero no ha ultimado el manto. TodavĂa le faltan las orlas. Se siente desolada por ello».
«No hace falta. Iré con éste, y aquél lo reservaré para Jerusalén. El Templo es mås que una boda».
«Ella se alegrarå».
«Si querĂ©is estar para el alba en el camino que lleva a CanĂĄ, os conviene levar anclas en seguida. La Luna sale, la travesĂa serĂĄ buena» dice Pedro.
«Vamos entonces. Ven, Juan. Te llevo conmigo. SimĂłn Pedro, Santiago, AndrĂ©s, ÂĄadiĂłs! Os espero el sĂĄbado por la noche en CafarnaĂșm. ÂĄAdiĂłs!, mujer. Paz a ti y a tu casa».
Salen JesĂșs con Judas y Juan. Pedro los sigue hasta la orilla y colabora en la operaciĂłn de partida de la barca.
Y la visiĂłn termina.
Judas se acercĂł a JesĂșs en las bodas de CanĂĄ y le preguntĂł:
ECR 52
MarĂa ve la casa de bodas de CanĂĄ y ve llegar a MarĂa al lugar. Ella estĂĄ ayudando a preparar el lugar para la fiesta. La novia llega por fin, y se produce un cambio en la visiĂłn: la mĂstica ve a JesĂșs, que se dirige a CanĂĄ. Sale para complacer a su Madre y llega a la casa. Saluda a los novios y a los invitados, y se sienta con Juan y Judas de Alfeo. Ăl y MarĂa comieron y hablaron poco. Entonces la Virgen se dio cuenta de que se les habĂa acabado el vino, y todo sucediĂł como en el Evangelio. JesĂșs realiza su primer milagro, y luego, cuando la atenciĂłn se vuelve hacia Ă©l, dice a todos que den gracias a MarĂa.
A continuaciĂłn, se nos dan dos dictados. Uno se refiere a la famosa frase: "Madre, ÂżquĂ© hay ahora entre tĂș y yo?" y el otro al hecho de que fue MarĂa quien obtuvo el primer milagro de Cristo. El Señor nos pide que le demos gracias por todas las gracias que nos obtiene. En cuanto al famoso "desde ahora", JesĂșs explica que antes era todo de MarĂa, pero ahora es todo del Padre, como Siervo de Dios. Los lazos entre Madre e Hijo se rompen para estrecharse aĂșn mĂĄs y, despuĂ©s de su misiĂłn, el Salvador volverĂĄ a serlo todo para su Madre.
ECR 52.2
DespuĂ©s veo a dos mujeres, con largos vestidos y un manto que hace tambiĂ©n de velo. Vienen por el camino y luego por el sendero. Una es mĂĄs anciana: cincuenta años aproximadamente, y viste de oscuro: un color pardo-marrĂłn como de lana natural. La otra estĂĄ vestida de un color mĂĄs claro: un vestido amarillo pĂĄlido y manto azul, y aparenta unos treinta y cinco años. Es muy hermosa, esbelta, y tiene un porte lleno de dignidad, a pesar de ser toda gentileza y humildad. Cuando estĂĄ mĂĄs cerca, noto el color pĂĄlido del rostro, los ojos azules y los cabellos rubios que pueden verse sobre la frente bajo el velo. Reconozco a MarĂa SantĂsima. QuiĂ©n pueda ser la otra, que es morena y mĂĄs anciana, no lo sĂ©. Hablan entre ellas. La Virgen sonrĂe. Cerca ya de la casa, alguien, encargado de ver quiĂ©nes iban llegando, lo comunica, y salen a su encuentro hombres y mujeres â todos vestidos de fiesta â que las acogen con gran alegrĂa, especialmente a MarĂa SantĂsima.
MarĂa Valtorta describe una casa, y luego ve la llegada de la Virgen a esta casita. De hecho, MarĂa ha ido a ayudar en los preparativos de las bodas de CanĂĄ.
ECR 52.3
52.3 MarĂa, agasajada por un anciano que la acompaña â parece el dueño de la casa â, sube la escalera exterior y entra en una amplia sala que parece ocupar toda o buena parte de la planta alta. (...)
MarĂa escucha benignamente a todos; despuĂ©s, se quita el manto y ayuda, bondadosa, a terminar los preparativos del banquete. La veo ir y venir, poniendo en orden los divanes, derechas las guirnaldas de flores, mejorando el aspecto de los fruteros, comprobando si en las lĂĄmparas hay aceite. SonrĂe y habla poquĂsimo y en voz muy baja, pero escucha mucho y con mucha paciencia.
Un gran rumor de instrumentos musicales viene del camino (realÂmente poco armĂłnicos). Todos, menos MarĂa, corren afuera. Veo entrar a la novia, toda emperifollada y feliz, rodeada de parientes y amigos, al lado del novio, que ha sido el primero en salir presuroso a su encuentro.
MarĂa ha ido a ayudar en los preparativos de las bodas de CanĂĄ.
ECR 52.5
El banquete comienza. Le aseguro que no falta el apetito, ni tampoco la sed. Los que comen y beben poco son JesĂșs y su Madre, la cual, ademĂĄs, habla poquĂsimo. JesĂșs habla un poco mĂĄs. Pero, a pesar de ser parco de palabras, no se manifiesta ni enfadado ni desdeñoso. Es un hombre afable, pero no hablador. Si le consultan algo, responde; si le hablan, se interesa, expone su parecer, pero despuĂ©s se recoge en sĂ como quien estĂĄ habituado a meditar. SonrĂe, nunca rĂe. Y, si oye alguna broma demasiado irreflexiva, hace como si no escuchara. MarĂa se alimenta de la contemplaciĂłn de su JesĂșs, como Juan, que estĂĄ hacia el fondo de la mesa y atentĂsimo a los labios de su Maestro.
Comportamiento y carĂĄcter de JesĂșs y MarĂa en las bodas de CanĂĄ.
ECR 52.5-8
JesĂșs toma asiento en la mesa del centro, con el novio, la novia, los parientes de los novios y los amigos mĂĄs notables. A los dos discĂpulos, por respeto al Maestro, se los coloca en la misma mesa.
JesĂșs estĂĄ de espaldas a la pared en que estĂĄn las tinajas y los aparadores. Por ello, no lo ve, como tampoco ve el afĂĄn del mayordomo con los platos de asado que van siendo introducidos por una puertecita que estĂĄ junto a los aparadores.
Observo una cosa: menos las respectivas madres de los novios y menos MarĂa, ninguna mujer estĂĄ sentada en esa mesa. Todas las mujeres estĂĄn â y meten bulla como si fueran cien â en la otra mesa que estĂĄ pegando a la pared, y se las sirve despuĂ©s de que se ha servido a los novios y a los invitados importantes. JesĂșs estĂĄ al lado del dueño de la casa. Tiene enfrente a MarĂa, que estĂĄ sentada al lado de la novia.
El banquete comienza. Le aseguro que no falta el apetito, ni tampoco la sed. Los que comen y beben poco son JesĂșs y su Madre, la cual, ademĂĄs, habla poquĂsimo. JesĂșs habla un poco mĂĄs. Pero, a pesar de ser parco de palabras, no se manifiesta ni enfadado ni desdeñoso. Es un hombre afable, pero no hablador. Si le consultan algo, responde; si le hablan, se interesa, expone su parecer, pero despuĂ©s se recoge en sĂ como quien estĂĄ habituado a meditar. SonrĂe, nunca rĂe. Y, si oye alguna broma demasiado irreflexiva, hace como si no escuchara. MarĂa se alimenta de la contemplaciĂłn de su JesĂșs, como Juan, que estĂĄ hacia el fondo de la mesa y atentĂsimo a los labios de su Maestro.
52.6 MarĂa se da cuenta de que los criados cuchichean con el mayordomo y de que Ă©ste estĂĄ turbado, y comprende lo que de desagradable sucede. «Hijo» dice bajo, llamando la atenciĂłn de JesĂșs con esa palabra. «Hijo, no tienen mĂĄs vino».
«Mujer, ÂżquĂ© hay ya entre tĂș y Yo?». JesĂșs, al decir esta frase, sonrĂe aĂșn mĂĄs dulcemente, y sonrĂe MarĂa, como dos que saben una verdad, que es su gozoso secreto y que ignoran todos los demĂĄs.
52.7 JesĂșs me explica el significado de la frase.
«Ese âyaâ, que muchos traductores omiten, es la clave de la frase y explica su verdadero significado.
Yo era el Hijo sujeto a la Madre hasta el momento en que la voluntad del Padre me indicĂł que habĂa llegado la hora de ser el Maestro. Desde el momento en que mi misiĂłn comenzĂł, ya no era el Hijo sujeto a la Madre, sino el Siervo de Dios. Rotas las ligaduras morales hacia la que me habĂa engendrado, se transformaron en otras mĂĄs altas, se refugiaron todas en el espĂritu, el cual llamaba siempre âMamĂĄâ a MarĂa, mi Santa. El amor no conociĂł detenciones, ni enfriamiento, mĂĄs bien habrĂa que decir que jamĂĄs fue tan perfecto como cuando, separado de Ella como por una segunda filiaciĂłn, Ella me dio al mundo para el mundo, como MesĂas, como Evangelizador. Su tercera, sublime, mĂstica maternidad, tuvo lugar cuando, en el suplicio del GĂłlgota, me diĂł a luz a la Cruz, haciendo de mĂ el Redentor del mundo.
âÂżQuĂ© hay ya entre tĂș y Yo?â. Antes era tuyo, Ășnicamente tuyo. TĂș me mandabas, yo te obedecĂa. Te estaba âsujetoâ. Ahora soy de mi misiĂłn.
ÂżAcaso no lo he dicho?: âQuien, una vez puesta la mano en el arado, se vuelve hacia atrĂĄs a saludar a quien se queda, no es apto para el Reino de Diosâ. Yo habĂa puesto la mano en el arado para abrir con la reja no la tierra sino los corazones, y sembrar en ellos la palabra de Dios. SĂłlo levantarĂa esa mano una vez arrancada de allĂ para ser clavada en la Cruz y abrir con mi torturante clavo el corazĂłn del Padre mĂo, haciendo salir de Ă©l el perdĂłn para la humanidad.
Ese âyaâ, olvidado por la mayorĂa, querĂa decir esto: âHas sido todo para mĂ, Madre, mientras fui Ășnicamente el JesĂșs de MarĂa de Nazaret, y me eres todo en mi espĂritu; pero, desde que soy el MesĂas esperado, soy del Padre mĂo. Espera un poco todavĂa y, acabada la misiĂłn, volverĂ© a ser todo tuyo; me volverĂĄs a tener entre los brazos como cuando era niño y nadie te disputarĂĄ ya este Hijo tuyo, considerado un oprobio de la humanidad, la cual te arrojarĂĄ sus despojos para cubrirte incluso a ti del oprobio de ser madre de un reo. Y despuĂ©s me tendrĂĄs de nuevo, triunfante, y despuĂ©s me tendrĂĄs para siempre, tĂș tambien triunfante, en el Cielo. Pero ahora soy de todos estos hombres. Y soy del Padre que me ha mandado a ellosâ.
Esto es lo que quiere decir ese pequeño, y tan denso de significado, âyaâ».
52.8 MarĂa ordena a los criados: «Haced lo que Ăl os diga». MarĂa ha leĂdo en los ojos sonrientes del Hijo el asentimiento, revestido de una gran enseñanza para todos los âllamadosâ. Y JesĂșs ordena a los criados: «Llenad de agua los cĂĄntaros».
Veo a los criados llenar las tinajas de agua traĂda del pozo (oigo rechinar la polea subiendo y bajando el cubo que gotea). Veo al mayordomo echarse en la copa un poco de ese lĂquido con ojos de estupor, probarlo con gestos de aĂșn mĂĄs vivo asombro, degustarlo y hablarles al dueño de la casa y al novio (estaban cercanos).
MarĂa mira una vez mĂĄs al Hijo y sonrĂe; luego, tras una nueva sonrisa de JesĂșs, inclina la cabeza, ruborizĂĄndose tenuemente: se siente muy dichosa.
Un murmullo recorre la sala, las cabezas se vuelven todas hacia JesĂșs y MarĂa; hay quien se levanta para ver mejor, quien va a las tinajas... Silencio, y, despuĂ©s, un coro de alabanzas a JesĂșs.
Pero Ăl se levanta y dice una frase: «AgradecĂ©dselo a MarĂa» y se retira del banquete. Los discĂpulos le siguen. En el umbral de la puerta vuelve a decir: «La paz sea en esta casa y la bendiciĂłn de Dios descienda sobre vosotros» y añade: «AdiĂłs, Madre».
La visiĂłn cesa.
JesĂșs estĂĄ en las bodas de CanĂĄ.
ECR 52.7
52.7 JesĂșs me explica el significado de la frase.
«Ese âyaâ, que muchos traductores omiten, es la clave de la frase y explica su verdadero significado.
Yo era el Hijo sujeto a la Madre hasta el momento en que la voluntad del Padre me indicĂł que habĂa llegado la hora de ser el Maestro. Desde el momento en que mi misiĂłn comenzĂł, ya no era el Hijo sujeto a la Madre, sino el Siervo de Dios. Rotas las ligaduras morales hacia la que me habĂa engendrado, se transformaron en otras mĂĄs altas, se refugiaron todas en el espĂritu, el cual llamaba siempre âMamĂĄâ a MarĂa, mi Santa. El amor no conociĂł detenciones, ni enfriamiento, mĂĄs bien habrĂa que decir que jamĂĄs fue tan perfecto como cuando, separado de Ella como por una segunda filiaciĂłn, Ella me dio al mundo para el mundo, como MesĂas, como Evangelizador. Su tercera, sublime, mĂstica maternidad, tuvo lugar cuando, en el suplicio del GĂłlgota, me diĂł a luz a la Cruz, haciendo de mĂ el Redentor del mundo.
âÂżQuĂ© hay ya entre tĂș y Yo?â. Antes era tuyo, Ășnicamente tuyo. TĂș me mandabas, yo te obedecĂa. Te estaba âsujetoâ. Ahora soy de mi misiĂłn.
ÂżAcaso no lo he dicho?: âQuien, una vez puesta la mano en el arado, se vuelve hacia atrĂĄs a saludar a quien se queda, no es apto para el Reino de Diosâ. Yo habĂa puesto la mano en el arado para abrir con la reja no la tierra sino los corazones, y sembrar en ellos la palabra de Dios. SĂłlo levantarĂa esa mano una vez arrancada de allĂ para ser clavada en la Cruz y abrir con mi torturante clavo el corazĂłn del Padre mĂo, haciendo salir de Ă©l el perdĂłn para la humanidad.
Ese âyaâ, olvidado por la mayorĂa, querĂa decir esto: âHas sido todo para mĂ, Madre, mientras fui Ășnicamente el JesĂșs de MarĂa de Nazaret, y me eres todo en mi espĂritu; pero, desde que soy el MesĂas esperado, soy del Padre mĂo. Espera un poco todavĂa y, acabada la misiĂłn, volverĂ© a ser todo tuyo; me volverĂĄs a tener entre los brazos como cuando era niño y nadie te disputarĂĄ ya este Hijo tuyo, considerado un oprobio de la humanidad, la cual te arrojarĂĄ sus despojos para cubrirte incluso a ti del oprobio de ser madre de un reo. Y despuĂ©s me tendrĂĄs de nuevo, triunfante, y despuĂ©s me tendrĂĄs para siempre, tĂș tambien triunfante, en el Cielo. Pero ahora soy de todos estos hombres. Y soy del Padre que me ha mandado a ellosâ.
Esto es lo que quiere decir ese pequeño, y tan denso de significado, âyaâ».
ObjeciĂłn planteada: El "desde ahora" no se encuentra en el Evangelio.
Notas de la segunda ediciĂłn sobre el pasaje *Este desde ahora que muchos traductores pasan en silencio: al traducir las palabras que pueden leerse en Jn 2,4.