Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

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Comodidad de lectura

ECR 51.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo estoy en mi Madre y Ella en mĂ­, y Nosotros en Dios. Esto querrĂ­a que comprendierais vosotros todos, (...) amigos e hijos segĂșn lo sobrenatural. TĂș, y contigo los otros, no sabĂ©is quiĂ©n es mi Madre. Si lo supierais, (...) la venerarĂ­ais como a la Amiga mĂĄs Ă­ntima de Dios, la Poderosa que todo lo puede en orden al corazĂłn del Eterno Padre, que todo lo puede en orden al Hijo de su corazĂłn.

Palabras clave

ECR 51.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

51.5 ¿Qué tienes en esa bolsa?».

«La tĂșnica que tu Madre te manda. Mañana serĂĄ una gran fiesta. Ella piensa que su JesĂșs la necesita para no causar mala impresiĂłn entre los invitados. Ha estado hilando incansable desde las primeras luces hasta las Ășltimas, diariamente, para prepararte esta tĂșnica. Pero no ha ultimado el manto. TodavĂ­a le faltan las orlas. Se siente desolada por ello».

«No hace falta. Iré con éste, y aquél lo reservaré para Jerusalén. El Templo es mås que una boda».

«Ella se alegrarå».

«Si queréis estar para el alba en el camino que lleva a Canå, os conviene levar anclas en seguida. La Luna sale, la travesía serå buena» dice Pedro.

«Vamos entonces. Ven, Juan. Te llevo conmigo. SimĂłn Pedro, Santiago, AndrĂ©s, ÂĄadiĂłs! Os espero el sĂĄbado por la noche en CafarnaĂșm. ÂĄAdiĂłs!, mujer. Paz a ti y a tu casa».

Salen JesĂșs con Judas y Juan. Pedro los sigue hasta la orilla y colabora en la operaciĂłn de partida de la barca.

Y la visiĂłn termina.

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Judas se acercĂł a JesĂșs en las bodas de CanĂĄ y le preguntĂł:

Palabras clave

ECR 52

El Evangelio como me ha sido revelado

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MarĂ­a ve la casa de bodas de CanĂĄ y ve llegar a MarĂ­a al lugar. Ella estĂĄ ayudando a preparar el lugar para la fiesta. La novia llega por fin, y se produce un cambio en la visiĂłn: la mĂ­stica ve a JesĂșs, que se dirige a CanĂĄ. Sale para complacer a su Madre y llega a la casa. Saluda a los novios y a los invitados, y se sienta con Juan y Judas de Alfeo. Él y MarĂ­a comieron y hablaron poco. Entonces la Virgen se dio cuenta de que se les habĂ­a acabado el vino, y todo sucediĂł como en el Evangelio. JesĂșs realiza su primer milagro, y luego, cuando la atenciĂłn se vuelve hacia Ă©l, dice a todos que den gracias a MarĂ­a.

A continuaciĂłn, se nos dan dos dictados. Uno se refiere a la famosa frase: "Madre, ÂżquĂ© hay ahora entre tĂș y yo?" y el otro al hecho de que fue MarĂ­a quien obtuvo el primer milagro de Cristo. El Señor nos pide que le demos gracias por todas las gracias que nos obtiene. En cuanto al famoso "desde ahora", JesĂșs explica que antes era todo de MarĂ­a, pero ahora es todo del Padre, como Siervo de Dios. Los lazos entre Madre e Hijo se rompen para estrecharse aĂșn mĂĄs y, despuĂ©s de su misiĂłn, el Salvador volverĂĄ a serlo todo para su Madre.

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ECR 52.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

DespuĂ©s veo a dos mujeres, con largos vestidos y un manto que hace tambiĂ©n de velo. Vienen por el camino y luego por el sendero. Una es mĂĄs anciana: cincuenta años aproximadamente, y viste de oscuro: un color pardo-marrĂłn como de lana natural. La otra estĂĄ vestida de un color mĂĄs claro: un vestido amarillo pĂĄlido y manto azul, y aparenta unos treinta y cinco años. Es muy hermosa, esbelta, y tiene un porte lleno de dignidad, a pesar de ser toda gentileza y humildad. Cuando estĂĄ mĂĄs cerca, noto el color pĂĄlido del rostro, los ojos azules y los cabellos rubios que pueden verse sobre la frente bajo el velo. Reconozco a MarĂ­a SantĂ­sima. QuiĂ©n pueda ser la otra, que es morena y mĂĄs anciana, no lo sĂ©. Hablan entre ellas. La Virgen sonrĂ­e. Cerca ya de la casa, alguien, encargado de ver quiĂ©nes iban llegando, lo comunica, y salen a su encuentro hombres y mujeres — todos vestidos de fiesta — que las acogen con gran alegrĂ­a, especialmente a MarĂ­a SantĂ­sima.

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MarĂ­a Valtorta describe una casa, y luego ve la llegada de la Virgen a esta casita. De hecho, MarĂ­a ha ido a ayudar en los preparativos de las bodas de CanĂĄ.

Palabras clave

ECR 52.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

52.3 MarĂ­a, agasajada por un anciano que la acompaña — parece el dueño de la casa —, sube la escalera exterior y entra en una amplia sala que parece ocupar toda o buena parte de la planta alta. (...)

María escucha benignamente a todos; después, se quita el manto y ayuda, bondadosa, a terminar los preparativos del banquete. La veo ir y venir, poniendo en orden los divanes, derechas las guirnaldas de flores, mejorando el aspecto de los fruteros, comprobando si en las låmparas hay aceite. Sonríe y habla poquísimo y en voz muy baja, pero escucha mucho y con mucha paciencia.

Un gran rumor de instrumentos musicales viene del camino (real­mente poco armónicos). Todos, menos María, corren afuera. Veo entrar a la novia, toda emperifollada y feliz, rodeada de parientes y amigos, al lado del novio, que ha sido el primero en salir presuroso a su encuentro.

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MarĂ­a ha ido a ayudar en los preparativos de las bodas de CanĂĄ.

Palabras clave

ECR 52.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El banquete comienza. Le aseguro que no falta el apetito, ni tampoco la sed. Los que comen y beben poco son JesĂșs y su Madre, la cual, ademĂĄs, habla poquĂ­simo. JesĂșs habla un poco mĂĄs. Pero, a pesar de ser parco de palabras, no se manifiesta ni enfadado ni desdeñoso. Es un hombre afable, pero no hablador. Si le consultan algo, responde; si le hablan, se interesa, expone su parecer, pero despuĂ©s se recoge en sĂ­ como quien estĂĄ habituado a meditar. SonrĂ­e, nunca rĂ­e. Y, si oye alguna broma demasiado irreflexiva, hace como si no escuchara. MarĂ­a se alimenta de la contemplaciĂłn de su JesĂșs, como Juan, que estĂĄ hacia el fondo de la mesa y atentĂ­simo a los labios de su Maestro.

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Comportamiento y carĂĄcter de JesĂșs y MarĂ­a en las bodas de CanĂĄ.

Palabras clave

ECR 52.5-8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

JesĂșs toma asiento en la mesa del centro, con el novio, la novia, los parientes de los novios y los amigos mĂĄs notables. A los dos discĂ­pulos, por respeto al Maestro, se los coloca en la misma mesa.

JesĂșs estĂĄ de espaldas a la pared en que estĂĄn las tinajas y los aparadores. Por ello, no lo ve, como tampoco ve el afĂĄn del mayordomo con los platos de asado que van siendo introducidos por una puertecita que estĂĄ junto a los aparadores.

Observo una cosa: menos las respectivas madres de los novios y menos MarĂ­a, ninguna mujer estĂĄ sentada en esa mesa. Todas las mujeres estĂĄn — y meten bulla como si fueran cien — en la otra mesa que estĂĄ pegando a la pared, y se las sirve despuĂ©s de que se ha servido a los novios y a los invitados importantes. JesĂșs estĂĄ al lado del dueño de la casa. Tiene enfrente a MarĂ­a, que estĂĄ sentada al lado de la novia.

El banquete comienza. Le aseguro que no falta el apetito, ni tampoco la sed. Los que comen y beben poco son JesĂșs y su Madre, la cual, ademĂĄs, habla poquĂ­simo. JesĂșs habla un poco mĂĄs. Pero, a pesar de ser parco de palabras, no se manifiesta ni enfadado ni desdeñoso. Es un hombre afable, pero no hablador. Si le consultan algo, responde; si le hablan, se interesa, expone su parecer, pero despuĂ©s se recoge en sĂ­ como quien estĂĄ habituado a meditar. SonrĂ­e, nunca rĂ­e. Y, si oye alguna broma demasiado irreflexiva, hace como si no escuchara. MarĂ­a se alimenta de la contemplaciĂłn de su JesĂșs, como Juan, que estĂĄ hacia el fondo de la mesa y atentĂ­simo a los labios de su Maestro.

52.6 MarĂ­a se da cuenta de que los criados cuchichean con el mayordomo y de que Ă©ste estĂĄ turbado, y comprende lo que de desagradable sucede. «Hijo» dice bajo, llamando la atenciĂłn de JesĂșs con esa palabra. «Hijo, no tienen mĂĄs vino».

«Mujer, ÂżquĂ© hay ya entre tĂș y Yo?». JesĂșs, al decir esta frase, sonrĂ­e aĂșn mĂĄs dulcemente, y sonrĂ­e MarĂ­a, como dos que saben una verdad, que es su gozoso secreto y que ignoran todos los demĂĄs.

52.7 JesĂșs me explica el significado de la frase.

«Ese “ya”, que muchos traductores omiten, es la clave de la frase y explica su verdadero significado.

Yo era el Hijo sujeto a la Madre hasta el momento en que la voluntad del Padre me indicó que había llegado la hora de ser el Maestro. Desde el momento en que mi misión comenzó, ya no era el Hijo sujeto a la Madre, sino el Siervo de Dios. Rotas las ligaduras morales hacia la que me había engendrado, se transformaron en otras más altas, se refugiaron todas en el espíritu, el cual llamaba siempre “Mamá” a María, mi Santa. El amor no conoció detenciones, ni enfriamiento, más bien habría que decir que jamás fue tan perfecto como cuando, separado de Ella como por una segunda filiación, Ella me dio al mundo para el mundo, como Mesías, como Evangelizador. Su tercera, sublime, mística maternidad, tuvo lugar cuando, en el suplicio del Gólgota, me dió a luz a la Cruz, haciendo de mí el Redentor del mundo.

“¿QuĂ© hay ya entre tĂș y Yo?”. Antes era tuyo, Ășnicamente tuyo. TĂș me mandabas, yo te obedecĂ­a. Te estaba “sujeto”. Ahora soy de mi misiĂłn.

ÂżAcaso no lo he dicho?: “Quien, una vez puesta la mano en el arado, se vuelve hacia atrĂĄs a saludar a quien se queda, no es apto para el Reino de Dios”. Yo habĂ­a puesto la mano en el arado para abrir con la reja no la tierra sino los corazones, y sembrar en ellos la palabra de Dios. SĂłlo levantarĂ­a esa mano una vez arrancada de allĂ­ para ser clavada en la Cruz y abrir con mi torturante clavo el corazĂłn del Padre mĂ­o, haciendo salir de Ă©l el perdĂłn para la humanidad.

Ese “ya”, olvidado por la mayorĂ­a, querĂ­a decir esto: “Has sido todo para mĂ­, Madre, mientras fui Ășnicamente el JesĂșs de MarĂ­a de Nazaret, y me eres todo en mi espĂ­ritu; pero, desde que soy el MesĂ­as esperado, soy del Padre mĂ­o. Espera un poco todavĂ­a y, acabada la misiĂłn, volverĂ© a ser todo tuyo; me volverĂĄs a tener entre los brazos como cuando era niño y nadie te disputarĂĄ ya este Hijo tuyo, considerado un oprobio de la humanidad, la cual te arrojarĂĄ sus despojos para cubrirte incluso a ti del oprobio de ser madre de un reo. Y despuĂ©s me tendrĂĄs de nuevo, triunfante, y despuĂ©s me tendrĂĄs para siempre, tĂș tambien triunfante, en el Cielo. Pero ahora soy de todos estos hombres. Y soy del Padre que me ha mandado a ellos”.

Esto es lo que quiere decir ese pequeño, y tan denso de significado, “ya”».

52.8 MarĂ­a ordena a los criados: «Haced lo que Él os diga». MarĂ­a ha leĂ­do en los ojos sonrientes del Hijo el asentimiento, revestido de una gran enseñanza para todos los “llamados”. Y JesĂșs ordena a los criados: «Llenad de agua los cĂĄntaros».

Veo a los criados llenar las tinajas de agua traĂ­da del pozo (oigo rechinar la polea subiendo y bajando el cubo que gotea). Veo al mayordomo echarse en la copa un poco de ese lĂ­quido con ojos de estupor, probarlo con gestos de aĂșn mĂĄs vivo asombro, degustarlo y hablarles al dueño de la casa y al novio (estaban cercanos).

MarĂ­a mira una vez mĂĄs al Hijo y sonrĂ­e; luego, tras una nueva sonrisa de JesĂșs, inclina la cabeza, ruborizĂĄndose tenuemente: se siente muy dichosa.

Un murmullo recorre la sala, las cabezas se vuelven todas hacia JesĂșs y MarĂ­a; hay quien se levanta para ver mejor, quien va a las tinajas... Silencio, y, despuĂ©s, un coro de alabanzas a JesĂșs.

Pero Él se levanta y dice una frase: «AgradecĂ©dselo a MarĂ­a» y se retira del banquete. Los discĂ­pulos le siguen. En el umbral de la puerta vuelve a decir: «La paz sea en esta casa y la bendiciĂłn de Dios descienda sobre vosotros» y añade: «AdiĂłs, Madre».

La visiĂłn cesa.

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JesĂșs estĂĄ en las bodas de CanĂĄ.

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ECR 52.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

52.7 JesĂșs me explica el significado de la frase.

«Ese “ya”, que muchos traductores omiten, es la clave de la frase y explica su verdadero significado.

Yo era el Hijo sujeto a la Madre hasta el momento en que la voluntad del Padre me indicó que había llegado la hora de ser el Maestro. Desde el momento en que mi misión comenzó, ya no era el Hijo sujeto a la Madre, sino el Siervo de Dios. Rotas las ligaduras morales hacia la que me había engendrado, se transformaron en otras más altas, se refugiaron todas en el espíritu, el cual llamaba siempre “Mamá” a María, mi Santa. El amor no conoció detenciones, ni enfriamiento, más bien habría que decir que jamás fue tan perfecto como cuando, separado de Ella como por una segunda filiación, Ella me dio al mundo para el mundo, como Mesías, como Evangelizador. Su tercera, sublime, mística maternidad, tuvo lugar cuando, en el suplicio del Gólgota, me dió a luz a la Cruz, haciendo de mí el Redentor del mundo.

“¿QuĂ© hay ya entre tĂș y Yo?”. Antes era tuyo, Ășnicamente tuyo. TĂș me mandabas, yo te obedecĂ­a. Te estaba “sujeto”. Ahora soy de mi misiĂłn.

ÂżAcaso no lo he dicho?: “Quien, una vez puesta la mano en el arado, se vuelve hacia atrĂĄs a saludar a quien se queda, no es apto para el Reino de Dios”. Yo habĂ­a puesto la mano en el arado para abrir con la reja no la tierra sino los corazones, y sembrar en ellos la palabra de Dios. SĂłlo levantarĂ­a esa mano una vez arrancada de allĂ­ para ser clavada en la Cruz y abrir con mi torturante clavo el corazĂłn del Padre mĂ­o, haciendo salir de Ă©l el perdĂłn para la humanidad.

Ese “ya”, olvidado por la mayorĂ­a, querĂ­a decir esto: “Has sido todo para mĂ­, Madre, mientras fui Ășnicamente el JesĂșs de MarĂ­a de Nazaret, y me eres todo en mi espĂ­ritu; pero, desde que soy el MesĂ­as esperado, soy del Padre mĂ­o. Espera un poco todavĂ­a y, acabada la misiĂłn, volverĂ© a ser todo tuyo; me volverĂĄs a tener entre los brazos como cuando era niño y nadie te disputarĂĄ ya este Hijo tuyo, considerado un oprobio de la humanidad, la cual te arrojarĂĄ sus despojos para cubrirte incluso a ti del oprobio de ser madre de un reo. Y despuĂ©s me tendrĂĄs de nuevo, triunfante, y despuĂ©s me tendrĂĄs para siempre, tĂș tambien triunfante, en el Cielo. Pero ahora soy de todos estos hombres. Y soy del Padre que me ha mandado a ellos”.

Esto es lo que quiere decir ese pequeño, y tan denso de significado, “ya”».

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ObjeciĂłn planteada: El "desde ahora" no se encuentra en el Evangelio.

Notas de la segunda ediciĂłn sobre el pasaje *Este desde ahora que muchos traductores pasan en silencio: al traducir las palabras que pueden leerse en Jn 2,4.

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