Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

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Comodidad de lectura

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Paz a los hombres de buena voluntad. Paz y bendición a sus casas, mujeres y niños. La gracia y la luz de Dios reine en ellas y en los corazones que las habitan.

Deseabais oírme. La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega. Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.

Vosotros queréis saber qué se requiere para ser discípulos de la Palabra de Dios, del Mesías, Verbo del Padre, que viene a reunir a Israel para que oiga una vez mås las palabras del Decålogo santo e inmutable y se santifique en ellas para estar limpio, en la medida en que el hombre puede hacerlo de por sí, para la hora de la Redención y del Reino.

Mirad. Yo digo a los sordos, a los ciegos, a los mudos, a los leprosos, a los paralíticos, a los muertos: “Levantaos, sanad, resucitad, caminad, ábranse en vosotros los ríos de la luz, de la palabra, del sonido, para que podáis ver, oír, hablar de mí”. Pero, más que a los cuerpos, esto se lo digo a vuestros espíritus. Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor. Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, le curo; si muerto, le resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.

¿Es difícil esto que os pido? No. No os impongo los cientos de preceptos de los rabinos. Os digo: seguid el Decålogo. La Ley es una e inmutable. Muchos siglos han pasado desde la hora en que fue promulgada, hermosa, pura, fresca, como criatura recién nacida, como rosa recién abierta en el tallo. Simple, sin mancha, ligera de seguir. Durante los siglos, las culpas y las inclinaciones la han complicado con leyes y mås leyes menores, pesos y restricciones, demasiadas clåusulas penosas. Yo os conduzco de nuevo a la Ley como ésta era cuando el Altísimo la dio. Pero, os lo ruego por vuestro bien, recibidla con el corazón sincero de los verdaderos israelitas de entonces.

Vosotros susurrĂĄis — mĂĄs en vuestro corazĂłn que con los labios — que la culpa estĂĄ arriba, mĂĄs que en vosotros, gente humilde. Lo sĂ©. En el Deuteronomio estĂĄ dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario mĂĄs. Pero no juzguĂ©is a quien actuĂł no para sĂ­, sino para los demĂĄs. Vosotros haced lo que Dios dice. Y, sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales. Si amĂĄis a Dios con todo vuestro ser, no pecarĂ©is, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amĂĄis al prĂłjimo como a vosotros mismos, sĂłlo podrĂ©is ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prĂłjimo. No queriendo hacer a los demĂĄs lo que no querrĂ­ais que se os hiciera a vosotros, no robarĂ©is, no matarĂ©is, no calumniarĂ©is, no entrarĂ©is como los cucos en el nido de los demĂĄs.

Pero incluso os digo: “Portad a perfecciĂłn vuestra obediencia a los dos preceptos de amor: amad tambiĂ©n a vuestros enemigos”.

ÂĄOh, si sabĂ©is amar como Él, cĂłmo os amarĂĄ el AltĂ­simo, que ama al hombre — transformado en enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales — hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os estĂĄ hablando, el MesĂ­as, prometido para redimiros de toda culpa!

Amad. El amor sea para vosotros escalera por la cual, hechos ĂĄngeles, subĂĄis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno: “Yo serĂ© tu protector dondequiera que vayas, y te traerĂ© de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

La paz esté con vosotros».

Detalle

JesĂșs dijo:

Palabras clave

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega. Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.

Palabras clave

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Si amåis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amåis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demås lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demås.

Palabras clave

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Quien ama no quiere causar dolor.

Palabras clave

ECR 51

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

JesĂșs estĂĄ en casa de Pedro con SimĂłn de JonĂĄs, Santiago, Juan y Porfirio. Llega AndrĂ©s, indicando que Judas estĂĄ allĂ­ por Ă©l, y su primo entra en la casa. MarĂ­a invitĂł a su Hijo a las bodas de CanĂĄ, y sus parientes tambiĂ©n querĂ­an que fuera. JesĂșs accede a la peticiĂłn de su Madre y entonces adivina que a Jude le pasa algo. Le interrogĂł y Judas dijo a medias que JesĂșs tenĂ­a que tener cuidado, a causa de las castas poderosas a las que podrĂ­a molestar su enseñanza. Menciona al Bautista, pero tambiĂ©n intuimos que lo hace de boquilla. AdemĂĄs, JesĂșs supone que fueron sus parientes quienes le dijeron que dijera eso, lo que confirma Judas. Pero JesĂșs afirma que por encima de la tierra estĂĄ el Cielo y los intereses de Dios. En cuanto a su Madre, sĂłlo ella podrĂ­a recordarle sus deberes de Hijo, pero no lo hace. Ella renunciĂł desde el principio a su condiciĂłn de criatura, y JesĂșs recuerda su vida en el Templo, alabando su desprendimiento y su entrega a Dios. El Señor predice tambiĂ©n que llegarĂĄ un dĂ­a en que todos le abandonarĂĄn, pero no ella, y es gracias a MarĂ­a que los apĂłstoles volverĂĄn a JesĂșs. Quiere que comprendamos lo poderosa que es MarĂ­a en el corazĂłn de Dios.

A continuaciĂłn, Judas le pide que la acompañe a las bodas de CanĂĄ. Le entrega un vestido diseñado por el Todo Santo, que JesĂșs se pondrĂĄ en JerusalĂ©n, en el Templo.

Palabras clave

ECR 51.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Vengo de CafarnaĂșm. He ido allĂ­ en barca, y he venido tambiĂ©n en barca para llegar antes. Me envĂ­a tu Madre. Dice: “Susana se casa mañana. Te ruego, Hijo, que estĂ©s presente en esta boda”. MarĂ­a participa en la ceremonia y con Ella mi madre y los hermanos. Todos los parientes estĂĄn invitados. SĂłlo TĂș estarĂ­as ausente. Los parientes te piden que complazcas en esto a los novios».

51.2 JesĂșs se inclina ligeramente abriendo un poco los brazos y dice: «Un deseo de mi Madre es ley para mĂ­. Pero irĂ© tambiĂ©n por Susana y por los parientes. SĂłlo... lo siento por vosotros...». y mira a Pedro y a los otros. «Son mis amigos» explica a su primo. Y los nombra comenzando por Pedro. Por Ășltimo dice: «Y Ă©ste es Juan», y lo dice de una forma muy especial, que mueve a Judas Tadeo a mirar mĂĄs atentamente, y que hace ruborizarse al predilecto. JesĂșs termina la presentaciĂłn diciendo: «Amigos, Ă©ste es Judas, hijo de Alfeo, mi primo hermano, segĂșn dice la usanza, porque es hijo del hermano del esposo de mi Madre; un buen amigo mĂ­o en el trabajo y en la vida».

«Mi casa estĂĄ abierta para ti como para el Maestro. SiĂ©ntate». Luego, dirigiĂ©ndose a JesĂșs, Pedro dice: «¿Entonces? ÂżYa no vamos contigo a JerusalĂ©n?».

«Claro que vendrĂ©is. IrĂ© despuĂ©s de la fiesta. Únicamente que ya no me detendrĂ© en Nazaret».

«Haces bien, JesĂșs, porque tu Madre serĂĄ mi huĂ©sped durante algunos dĂ­as. AsĂ­ hemos quedado, y volverĂĄ a mi casa tambiĂ©n despuĂ©s de la boda»: esto dice el hombre de CafarnaĂșm.

«Entonces lo haremos asĂ­. Ahora, con la barca de Judas, Yo irĂ© a TiberĂ­ades y de allĂ­ a CanĂĄ, y con la misma barca volverĂ© a CafarnaĂșm con mi Madre y contigo. El dĂ­a siguiente despuĂ©s del prĂłximo sĂĄbado te acercas, SimĂłn, si todavĂ­a quieres, e iremos a JerusalĂ©n para la Pascua».

«¥Sí que querré! Incluso iré el såbado para oírte en la sinagoga».

Detalle

Judas vino a JesĂșs para invitarle a las bodas de CanĂĄ. Le dijo:

Palabras clave

ECR 51.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Ya predicas, JesĂșs?» pregunta Judas.

«Sí, primo».

«¥Y qué palabras! ¥No se oyen en boca de otros!».

Judas suspira. Con la cabeza apoyada en la mano y el codo sobre la rodilla, mira a JesĂșs y suspira. Parece como si quisiera hablar y no se atreviera.

JesĂșs le provoca para que hable: «¿QuĂ© te pasa, Judas? ÂżPor quĂ© me miras y suspiras?».

«Nada».

«No. Nada no. ÂżYa no soy el JesĂșs que tĂș estimabas? ÂżAquel para quien no tenĂ­as secretos?».

«¥Sí que lo eres! Y cómo te echo de menos, a ti, maestro de tu primo mås mayor...».

«¿Entonces? Habla».

«QuerĂ­a decirte... JesĂșs... sĂ© prudente... tienes una Madre... que aparte de ti no tiene nada... TĂș quieres ser un “rabí” distinto de los demĂĄs y sabes, mejor que yo, que... las castas poderosas no permiten cosas distintas de las usuales, establecidas por ellos. Conozco tu modo de pensar... es santo... Pero el mundo no es santo... y oprime a los santos... JesĂșs... ya sabes cuĂĄl ha sido la suerte de tu primo Juan... Le han apresado y si todavĂ­a no ha muerto es porque ese repugnante Tetrarca tiene miedo del pueblo y del rayo divino. Asqueroso y supersticioso, como cruel y lascivo. ÂżQuĂ© serĂĄ de ti? ÂżQuĂ© final te quieres buscar?».

«Judas, Âżme preguntas esto tĂș, que conoces tanto acerca de mi pensamiento? ÂżHablas por propia iniciativa? No. ÂĄNo mientas! Te han mandado — no mi Madre, por supuesto — a decirme esto...».

Judas baja la cabeza y calla.

«Habla, primo».

«Mi padre... y con Ă©l JosĂ© y SimĂłn... sabes... por tu bien... por afecto hacia ti y MarĂ­a... no ven con buenos ojos lo que te propones hacer... y... y querrĂ­an que TĂș pensaras en tu Madre...».

51.4

«¿Y tĂș quĂ© piensas?».

«Yo... yo».

«TĂș te debates entre las voces de arriba y de la Tierra. No digo de abajo, digo de la Tierra. TambiĂ©n vacila Santiago, aĂșn mĂĄs que tĂș. Pero Yo os digo que por encima de la Tierra estĂĄ el Cielo, por encima de los intereses del mundo estĂĄ la causa de Dios. NecesitĂĄis cambiar de modo de pensar. Cuando sepĂĄis hacerlo serĂ©is perfectos».

«Pero... ¿y tu Madre?».

«Judas, sĂłlo Ella tendrĂ­a derecho a recordarme mis deberes de hijo, segĂșn la luz de la Tierra, o sea, mi deber de trabajar para Ella, para hacer frente a sus necesidades materiales, mi deber de asistencia y consolaciĂłn estando cerca de mi Madre. Y Ella no me pide nada de esto. Desde que me tuvo, Ella sabĂ­a que habrĂ­a de perderme, para encontrarme de nuevo con mĂĄs amplitud que la del pequeño cĂ­rculo de la familia. Y desde entonces se ha preparado para esto. No es nueva en su sangre esta absoluta voluntad de donaciĂłn a Dios. Su madre la ofreciĂł al Templo antes de que Ella sonriera a la luz. Y Ella — me lo ha dicho las innumerables veces que me ha hablado de su infancia santa teniĂ©ndome contra su corazĂłn en las largas noches de invierno, o en las claras de verano llenas de estrellas — y Ella se ofreciĂł a Dios ya desde aquellas primeras luces de su alba en el mundo. Y mĂĄs aĂșn se ofreciĂł cuando me tuvo, para estar donde Yo estoy, en la vĂ­a de la misiĂłn que me viene de Dios. LlegarĂĄ un momento en que todos me abandonen. QuizĂĄs durante pocos minutos, pero la vileza se adueñarĂĄ de todos, y pensarĂ©is que hubiera sido mejor, por cuanto se refiere a vuestra seguridad, no haberme conocido nunca. Pero Ella, que ha comprendido y que sabe, Ella estarĂĄ siempre conmigo. Y vosotros volverĂ©is a ser mĂ­os por Ella. Con la fuerza de su amorosa, segura fe, Ella os aspirarĂĄ hacia sĂ­, y, por tanto hacia mĂ­, porque Yo estoy en mi Madre y Ella en mĂ­, y Nosotros en Dios. Esto querrĂ­a que comprendierais vosotros todos, parientes segĂșn el mundo, amigos e hijos segĂșn lo sobrenatural. TĂș, y contigo los otros, no sabĂ©is quiĂ©n es mi Madre. Si lo supierais, no la criticarĂ­ais en vuestro corazĂłn por no saberme tener sujeto a Ella, sino que la venerarĂ­ais como a la Amiga mĂĄs Ă­ntima de Dios, la Poderosa que todo lo puede en orden al corazĂłn del Eterno Padre, que todo lo puede en orden al Hijo de su corazĂłn. Ciertamente irĂ© a CanĂĄ. Quiero hacerla feliz. ComprenderĂ©is mejor despuĂ©s de esta hora».

Se le ve a JesĂșs majestuoso y persuasivo.

Judas le mira atentamente. Piensa. Dice: «Yo también, sin duda, iré contigo, con estos, si me aceptas... porque siento que dices cosas justas. Perdona mi ceguera y la de mis hermanos. ¥Eres mucho mås santo que nosotros!...».

«No guardo rencor a quien no me conoce. Ni siquiera a quien me odia. Pero me duele por el mal que a sí mismo se hace.»

Detalle

Santiago de Alfeo se menciona muy brevemente en 51.4. En este extracto, Judas expresa las aprensiones de su familia sobre el comportamiento de JesĂșs en nombre de todos los parientes de JesĂșs.

Palabras clave