Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

PĂĄgina 36 de 198

Comodidad de lectura

ECR 49.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

ÂżConoces un poco la Escritura? ÂżSĂ­? Pues bien, piensa en el profeta Miqueas. Dios quiere de ti lo que dice Miqueas. No te pide que te arranques el corazĂłn, ni que sacrifiques los afectos mĂĄs santos. Por ahora no te lo pide. Un dĂ­a tĂș le darĂĄs a Dios, sin que te lo demande, incluso a ti mismo. Pero Él espera a que un sol y un rocĂ­o, de ti, sutil tallo de hierba, hagan palma robusta y gloriosa. Por ahora te pide esto: practicar la justicia, amar la misericordia, poner toda la atenciĂłn en seguir a tu Dios. EsfuĂ©rzate en hacer esto (...) y tĂș serĂĄs el hombre nuevo, el amigo de Dios y de su Cristo.

Detalle

Contexto: JesĂșs habla a Pedro, que no sabe seguir sus palabras y enseñanzas.

AnotaciĂłn

Libro de Miqueas 6, 8

Mi 6, 8 : "- Hombre, has sido hecho para saber lo que es bueno, lo que el Señor exige de ti: nada mås que respetes lo que es justo, ames lo que es fiel y te apliques a caminar con tu Dios."

Palabras clave

ECR 49.9-11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

49.9 Respecto a esta visiĂłn, me dice esta mañana (14 de octubre) JesĂșs:

«Quiero que tĂș y todos os fijĂ©is en la actitud de Juan, en un aspecto que siempre pasa desapercibido. Le admirĂĄis porque es puro, amoroso, fiel. Pero no os dais cuenta de que fue grande tambiĂ©n en humildad. Él, primer artĂ­fice de que Pedro viniera a mĂ­, modestamente, calla este detalle.

El apĂłstol de Pedro y, por tanto, el primero de mis apĂłstoles, fue Juan; primero en reconocerme, primero en dirigirme la palabra, primero en seguirme, primero en predicarme. Y, sin embargo, Âżveis lo que dice?: “AndrĂ©s, hermano de SimĂłn, era uno de los dos que habĂ­an oĂ­do las palabras de Juan [el Bautista] y habĂ­an seguido a JesĂșs. El primero con quien se encontrĂł fue su hermano SimĂłn, al cual le dijo: ‘Hemos encontrado al MesĂ­as’, y le condujo adonde estaba JesĂșs”.

Justo, ademås de bueno, sabe que Andrés se angustia por tener un caråcter cerrado y tímido, sabe que querría hacer muchas cosas pero que no logra hacerlas, y desea para él, en la posteridad, el reconocimiento de su buena voluntad. Quiere que aparezca Andrés como el primer apóstol de Cristo respecto a Simón, a pesar de que la timidez y la dependencia respecto a su hermano le hubieran creado un sentimiento de derrota en el apostolado.

49.10 ¿Quiénes, entre los que hacen algo por mí, saben imitar a Juan y no se autoproclaman insuperables apóstoles, pensando que su éxito proviene de un complejo de cosas, que no son sólo santidad, sino también audacia humana, fortuna, y la circunstancia de estar junto a otros menos audaces y afortunados, pero quizås mås santos que ellos?

Cuando tengĂĄis algĂșn Ă©xito en el campo del bien, no os gloriĂ©is de ello como si fuera mĂ©rito sĂłlo vuestro. Alabad a Dios, señor de los apostĂłlicos obreros, y tened ojo limpio y corazĂłn sincero para ver y dar a cada uno la alabanza que le corresponde. Ojo lĂ­mpido para discernir a los apĂłstoles que cumplen holocausto, y que son las primeras, verdaderas palancas en el trabajo de los demĂĄs. SĂłlo Dios los ve a Ă©stos que, tĂ­midos, parece que no hacen nada, y son, sin embargo, los que le roban al Cielo el fuego de que estĂĄn investidos los audaces. CorazĂłn sincero en cuanto a decir: “Yo actĂșo, pero Ă©ste ama mĂĄs que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sĂ© hacer y como JesĂșs ha dicho: ‘... dentro de la propia habitaciĂłn con la puerta cerrada para orar en secreto’. Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir: ‘Yo soy instrumento activo; Ă©ste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como estĂĄ en Dios, me es canal de celeste fuerza’ ”.

Y la bendición del Padre, que desciende para recompensar al humilde que en silencio se inmola para dar fuerza a los apóstoles, descenderå también sobre el apóstol que sinceramente reconoce la sobrenatural y silenciosa ayuda que le viene a él del humilde, y el mérito de éste, que la superficialidad de los hombres no nota.

Aprended todos.

49.11 ÂżEs mi predilecto? SĂ­. Pero, Âżno tiene tambiĂ©n esta semejanza conmigo? Puro, amoroso, obediente, mas tambiĂ©n humilde. Yo me miraba en Ă©l y en Ă©l veĂ­a mis virtudes. Le amaba, por ello, como un segundo Yo. VeĂ­a la mirada del Padre depositada en Ă©l, reconociĂ©ndole como un pequeño Cristo. Y mi Madre me decĂ­a: “Siento en Ă©l un segundo hijo. Me parece verte a ti, reproducido en un hombre”.

ÂĄOh..., la Llena de SabidurĂ­a cĂłmo te conociĂł dilecto mĂ­o! Los dos azules de vuestros corazones de pureza se fundieron en un Ășnico velo para protegerme amorosamente, y vinieron a ser un solo amor, antes incluso de que Yo diera a la Madre a Juan y a Juan a la Madre. Se habĂ­an amado porque habĂ­an reconocido su mutua similitud: hijos y hermanos del Padre y del Hijo».

AnotaciĂłn

Juan 1:39-42:

AndrĂ©s, hermano de SimĂłn Pedro, era uno de los dos discĂ­pulos que habĂ­an oĂ­do la palabra de Juan y seguĂ­an a JesĂșs. Primero encontrĂł a SimĂłn, su propio hermano, y le dijo: "Hemos encontrado al MesĂ­as", que significa Cristo. AndrĂ©s llevĂł a su hermano a JesĂșs. JesĂșs lo mirĂł y le dijo: "TĂș eres SimĂłn, hijo de Juan; te llamarĂĄs Cefas", que significa Pedro.

Palabras clave

ECR 49.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cuando tengĂĄis algĂșn Ă©xito en el campo del bien, no os gloriĂ©is de ello como si fuera mĂ©rito sĂłlo vuestro. Alabad a Dios, señor de los apostĂłlicos obreros, y tened ojo limpio y corazĂłn sincero para ver y dar a cada uno la alabanza que le corresponde. Ojo lĂ­mpido para discernir a los apĂłstoles que cumplen holocausto, y que son las primeras, verdaderas palancas en el trabajo de los demĂĄs. SĂłlo Dios los ve a Ă©stos que, tĂ­midos, parece que no hacen nada, y son, sin embargo, los que le roban al Cielo el fuego de que estĂĄn investidos los audaces. CorazĂłn sincero en cuanto a decir: “Yo actĂșo, pero Ă©ste ama mĂĄs que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sĂ© hacer y como JesĂșs ha dicho: ‘... dentro de la propia habitaciĂłn con la puerta cerrada para orar en secreto’. Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir: ‘Yo soy instrumento activo; Ă©ste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como estĂĄ en Dios, me es canal de celeste fuerza’ ”.

Y la bendición del Padre, que desciende para recompensar al humilde que en silencio se inmola para dar fuerza a los apóstoles, descenderå también sobre el apóstol que sinceramente reconoce la sobrenatural y silenciosa ayuda que le viene a él del humilde, y el mérito de éste, que la superficialidad de los hombres no nota.

Aprended todos.

Detalle

JesĂșs nos dice:

Palabras clave

ECR 49.11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

49.11 ÂżEs mi predilecto? SĂ­. Pero, Âżno tiene tambiĂ©n esta semejanza conmigo? Puro, amoroso, obediente, mas tambiĂ©n humilde. Yo me miraba en Ă©l y en Ă©l veĂ­a mis virtudes. Le amaba, por ello, como un segundo Yo. VeĂ­a la mirada del Padre depositada en Ă©l, reconociĂ©ndole como un pequeño Cristo. Y mi Madre me decĂ­a: “Siento en Ă©l un segundo hijo. Me parece verte a ti, reproducido en un hombre”.

ÂĄOh..., la Llena de SabidurĂ­a cĂłmo te conociĂł dilecto mĂ­o! Los dos azules de vuestros corazones de pureza se fundieron en un Ășnico velo para protegerme amorosamente, y vinieron a ser un solo amor, antes incluso de que Yo diera a la Madre a Juan y a Juan a la Madre. Se habĂ­an amado porque habĂ­an reconocido su mutua similitud: hijos y hermanos del Padre y del Hijo.

Palabras clave

ECR 50

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

JesĂșs saliĂł de CafarnaĂșn y fue a Betsaida. Pedro le dio la bienvenida y le ofreciĂł quedarse en su casa. Cristo aceptĂł, y SimĂłn de JonĂĄs quedĂł encantado. JesĂșs se retirĂł a orar, y mĂĄs tarde saliĂł fuera. AllĂ­ se encontrĂł con unos niños, entre ellos uno que no querĂ­a jugar a la guerra. JesĂșs apoya su punto de vista, explicando que la guerra es un castigo de Dios. Cuando los niños señalan que el niño se niega porque siempre pierde, JesĂșs sonrĂ­e y declara que no debemos negarnos a algo cuando nos perjudica: eso es egoĂ­smo. Debes rechazar algo cuando perjudica a todos, aunque estĂ©s seguro de que vas a ganar. La conversaciĂłn continĂșa y JesĂșs les habla un momento del Juicio Final y de la RedenciĂłn que se acerca, basĂĄndose en el libro de NehemĂ­as. Los niños reconocen que es el MesĂ­as y les promete llevarlos con Ă©l si son buenos y obedientes a sus padres.

Felipe se acerca a Ă©l y JesĂșs le invita a seguirle. El apĂłstol acepta, y JesĂșs le habla de Natanael. El anciano fue a buscar a BartolomĂ©, y todo transcurriĂł segĂșn el Evangelio.

JesĂșs fue entonces a Betsaida a predicar. El Salvador viene a recordar la ley del DecĂĄlogo, que era sencilla al principio. No hace falta nada mĂĄs, y el MesĂ­as nos exhorta sobre todo a amar. Incluso nos anima a amar a nuestros enemigos.

Cuando terminĂł el sermĂłn, JesĂșs dijo que se iba a JerusalĂ©n. Pedro estaba indeciso, pero decidiĂł seguir al Maestro. Santiago de Zebedeo, AndrĂ©s, Felipe y Natanael le acompañan. JesĂșs los acepta y el grupo reza junto. A continuaciĂłn, Cristo los despide y les explica que seguirĂĄ rezando durante este tiempo. El Hijo del Hombre necesita la oraciĂłn para seguir siendo el Redentor.

Palabras clave

ECR 50.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El hombre, criatura de Dios, debĂ­a ser amor, como Amor es Dios. Si el hombre hubiera permanecido como tal criatura, habrĂ­a permanecido en el amor, y la familia humana no habrĂ­a conocido guerra ni muerte.

Palabras clave

ECR 50.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

50.3 DespuĂ©s JesĂșs se levanta, da alguna vuelta por la terraza, mira al lago, mira y sonrĂ­e a unos niños que juegan en la calle y que le sonrĂ­en, mira a la calle, hacia la placita que estĂĄ a unos cien metros de la casa. Luego baja. Se asoma a la cocina: «Mujer, voy a pasear por la orilla».

Sale y, efectivamente, va a la orilla, con los niños. Les pregunta: «¿Qué hacéis?».

«Queríamos jugar a la guerra. Pero él no quiere y entonces se juega a la pesca».

El â€œĂ©l” que no quiere es un niño — ya un hombrecito — de constituciĂłn menuda, pero de rostro luminosĂ­simo. QuizĂĄs sabe que, siendo grĂĄcil como es, se llevarĂ­a palos de los demĂĄs haciendo “la guerra” y por ello sostiene la paz.

Pero JesĂșs aprovecha la ocasiĂłn para hablarles a esos niños: «Él tiene razĂłn. La guerra es pena impuesta por Dios para castigo de los hombres, y signo de que el hombre ha venido a menos en su condiciĂłn de verdadero hijo de Dios. Cuando el AltĂ­simo creĂł el mundo, hizo todas las cosas: el Sol, el mar, las estrellas, los rĂ­os, las plantas, los animales, pero no hizo las armas. CreĂł al hombre y le dio ojos para que tuviera miradas de amor, bocas para pronunciar palabras de amor, oĂ­do para oĂ­rlas, manos para socorrer y acariciar, pies para correr con rapidez hacia el hermano necesitado, y corazĂłn capaz de amar. Dio al hombre inteligencia, palabra, afectos, gustos. Pero no le dio el odio. ÂżPor quĂ©? Porque el hombre, criatura de Dios, debĂ­a ser amor, como Amor es Dios. Si el hombre hubiera permanecido como tal criatura, habrĂ­a permanecido en el amor, y la familia humana no habrĂ­a conocido guerra ni muerte».

«Pero él no quiere hacer la guerra porque pierde siempre» (efectivamente, yo había adivinado).

JesĂșs sonrĂ­e y dice: «No se debe no querer lo que a nosotros nos lesiona porque nos lesione. Se debe no querer una cosa cuando lesiona a todos. Si uno dice: “No quiero esto porque me produce una pĂ©rdida”, es egoĂ­sta. Sin embargo, el buen hijo de Dios dice: “Hermanos, yo sĂ© que vencerĂ­a, pero os digo: no hagamos esto porque significarĂ­a un daño para vosotros”. ÂĄCĂłmo ha comprendido Ă©ste el precepto principal! ÂżQuiĂ©n me lo sabe decir?».

En coro, las once bocas dicen: «“AmarĂĄs a tu Dios con todo tu ser y a tu prĂłjimo como a ti mismo”».

«¥Sois unos niños excelentes!

50.4 ¿Vais todos al colegio?».

«Sí».

«¿Quién es el mås listo?».

«Él» (es el niño grĂĄcil que no quiere jugar a la guerra).

«¿Cómo te llamas?».

«Joel».

«¥Gran nombre! Joel habla asĂ­: “... el dĂ©bil diga: ‘¡Soy fuerte!’ ”. Pero Âżfuerte en quĂ©? En la ley del Dios verdadero, para estar entre los que Él en el valle de la DecisiĂłn juzgarĂĄ como santos suyos. Mas el juicio estĂĄ prĂłximo; no en el valle de la DecisiĂłn, sino en el monte de la RedenciĂłn. AllĂ­, entre Sol y Luna oscurecidos de horror, y estrellas temblando llanto de piedad, serĂĄn discernidos los hijos de la Luz de los hijos de las Tinieblas. Y todo Israel sabrĂĄ que su Dios ha venido. Dichosos los que lo hayan reconocido: recibirĂĄn en su corazĂłn miel, leche y aguas claras y las espinas se les transformarĂĄn en eternas rosas. ÂżQuiĂ©n de vosotros quiere estar entre aquĂ©llos a los que Dios juzgue santos?».

«¥Yo! ¥Yo! ¥Yo!».

«¿Amaréis entonces al Mesías?».

«¥Sí! ¥Sí! ¥A ti! ¥A ti! ¥Te amamos a ti! ¥Sabemos quién eres! Lo han dicho Simón y Santiago y también nuestras madres. ¥Llévanos contigo!».

«En verdad os tomaré conmigo si sois buenos. Nunca mås, palabras feas; nunca mås, abusos; nunca mås, riñas; nunca mås, malas respuestas a los padres. Oración, estudio, trabajo, obediencia; y Yo os amaré y os acompañaré en vuestro camino».

Los niños estĂĄn todos en cĂ­rculo alrededor de JesĂșs. Parece una corola polĂ­croma ceñida en torno a un largo pistilo azul oscuro.

Palabras clave

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Deseabais oírme. La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega. Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.

Vosotros queréis saber qué se requiere para ser discípulos de la Palabra de Dios, del Mesías, Verbo del Padre, que viene a reunir a Israel para que oiga una vez mås las palabras del Decålogo santo e inmutable y se santifique en ellas para estar limpio, en la medida en que el hombre puede hacerlo de por sí, para la hora de la Redención y del Reino.

Mirad. Yo digo a los sordos, a los ciegos, a los mudos, a los leprosos, a los paralíticos, a los muertos: “Levantaos, sanad, resucitad, caminad, ábranse en vosotros los ríos de la luz, de la palabra, del sonido, para que podáis ver, oír, hablar de mí”. Pero, más que a los cuerpos, esto se lo digo a vuestros espíritus. Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor. Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, le curo; si muerto, le resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.

¿Es difícil esto que os pido? No. No os impongo los cientos de preceptos de los rabinos. Os digo: seguid el Decålogo. La Ley es una e inmutable. Muchos siglos han pasado desde la hora en que fue promulgada, hermosa, pura, fresca, como criatura recién nacida, como rosa recién abierta en el tallo. Simple, sin mancha, ligera de seguir. Durante los siglos, las culpas y las inclinaciones la han complicado con leyes y mås leyes menores, pesos y restricciones, demasiadas clåusulas penosas. Yo os conduzco de nuevo a la Ley como ésta era cuando el Altísimo la dio. Pero, os lo ruego por vuestro bien, recibidla con el corazón sincero de los verdaderos israelitas de entonces.

Vosotros susurrĂĄis — mĂĄs en vuestro corazĂłn que con los labios — que la culpa estĂĄ arriba, mĂĄs que en vosotros, gente humilde. Lo sĂ©. En el Deuteronomio estĂĄ dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario mĂĄs. Pero no juzguĂ©is a quien actuĂł no para sĂ­, sino para los demĂĄs. Vosotros haced lo que Dios dice. Y, sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales. Si amĂĄis a Dios con todo vuestro ser, no pecarĂ©is, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amĂĄis al prĂłjimo como a vosotros mismos, sĂłlo podrĂ©is ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prĂłjimo. No queriendo hacer a los demĂĄs lo que no querrĂ­ais que se os hiciera a vosotros, no robarĂ©is, no matarĂ©is, no calumniarĂ©is, no entrarĂ©is como los cucos en el nido de los demĂĄs.

Pero incluso os digo: “Portad a perfecciĂłn vuestra obediencia a los dos preceptos de amor: amad tambiĂ©n a vuestros enemigos”.

ÂĄOh, si sabĂ©is amar como Él, cĂłmo os amarĂĄ el AltĂ­simo, que ama al hombre — transformado en enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales — hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os estĂĄ hablando, el MesĂ­as, prometido para redimiros de toda culpa!

Amad. El amor sea para vosotros escalera por la cual, hechos ĂĄngeles, subĂĄis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno: “Yo serĂ© tu protector dondequiera que vayas, y te traerĂ© de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

La paz esté con vosotros.

Palabras clave