ECR 206.5 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Es muy fåcil empañar la pureza del corazón. Quien no tiene corazón limpio no puede ver a Dios
Notas del tema
ECR 206.5 · Volumen 3
Es muy fåcil empañar la pureza del corazón. Quien no tiene corazón limpio no puede ver a Dios
ECR 206.5 · Volumen 3
La humildad es como agua que lava.
ECR 206.5 · Volumen 3
Ah, la lozanĂa del corazĂłn!: los niños la tienen por don de Dios; los justos, por don de Dios y por su propia voluntad; los santos, por don de Dios y por la voluntad llevada al heroĂsmo...
ECR 206.5 · Volumen 3
ÂĄEs la humildad! Tengo dicho: âCuando orĂ©is o hagĂĄis penitencia, que el mundo no se percate de elloâ. En los libros sapienciales estĂĄ escrito: âNo se debe revelar el secreto del Reyâ. La humildad es ese velo cĂĄndido y protector que recubre el bien que hacemos y el bien que Dios nos concede. No se glorĂe â necia gloria humana â el corazĂłn por el amor de privilegio concedido por Dios: inmediatamente le serĂa arrebatado el don; cante, mĂĄs bien, internamente a su Dios: âMi alma te ensalza, Señor... porque has vuelto tu mirada a la pequeñez de tu siervaâ
ECR 206.5 · Volumen 3
El alma debe trenzarse diariamente su propia guirnalda de actos virtuosos, porque en presencia del AltĂsimo no debe haber nada ajado, ni se puede tener aspecto desaliñado. Diariamente, he dicho. El alma, efectivamente, no sabe cuĂĄndo Dios-Esposo puede aparecer para decir: âVenâ. AsĂ que no puede uno cansarse jamĂĄs de renovar la corona. No tengĂĄis miedo. Las flores marchitan, pero las de las coronas de virtudes no marchitan. El ĂĄngel de Dios que todo hombre tiene a su lado recoge a diario estas guirnaldas y las lleva al Cielo: allĂ harĂĄn de trono al nuevo beato cuando, como esposa en la casa nupcial, entre.
ECR 206.5 · Volumen 3
«¥(...) la humildad! Tengo dicho: âCuando orĂ©is o hagĂĄis penitencia, que el mundo no se percate de elloâ. En los libros sapienciales estĂĄ escrito: âNo se debe revelar el secreto del Reyâ. La humildad es ese velo cĂĄndido y protector que recubre el bien que hacemos y el bien que Dios nos concede. No se glorĂe â necia gloria humana â el corazĂłn por el amor de privilegio concedido por Dios: inmediatamente le serĂa arrebatado el don; cante, mĂĄs bien, internamente a su Dios: âMi alma te ensalza, Señor... porque has vuelto tu mirada a la pequeñez de tu siervaâ».
JesĂșs interrumpe brevemente su discurso y fija su mirada en su Madre, que, muy ruborizada bajo su velo, se inclina mucho como si quisiera ordenar los cabellos del niño, que estĂĄ sentado a sus pies; en realidad lo que quiere es celar la emociĂłn que siente a causa de su recuerdoâŠ
Dije, en EMV 172.5 y en EMV 172.8.
Libro de TobĂas 12, 7
Tb 12, 7 : Es bueno mantener oculto el secreto del rey, pero es honroso revelar y publicar las obras de Dios.
El Libro de TobĂas se clasifica como libro sapiencial o, mĂĄs a menudo, como libro histĂłrico. Es uno de los siete libros deuterocanĂłnicos conservados por la tradiciĂłn catĂłlica/ortodoxa, pero considerado apĂłcrifo por la tradiciĂłn protestante/anglicana.
"Mi alma te glorifica, Señor... porque has vuelto tus ojos a la humildad de tu sierva. " El Magnificat. Cf. Lucas 1,46, que se inspira en el cåntico de Ana, la madre de Samuel(1 Samuel 2,1-10).
ECR 206.6 · Volumen 3
ÂĄQuĂ© fĂșlgida es la fe, quĂ© dulce amiga! Su llama es radiante como una estrella, risueña por la seguridad que le da su certidumbre; hace luminoso incluso al instrumento que la sujeta. La carne del hombre alimentado de fe, incluso la carne, parece, ya en este mundo, hacerse mĂĄs luminosa y espiritual, inmune a una depauperaciĂłn precoz; porque quien cree se apoya en las palabras y los mandamientos de Dios, que es su fin, para alcanzarle, siendo asĂ que se mantiene lejos de todo tipo de corrupciĂłn, y no sufre turbaciones, miedos, remordimientos, ni se ve obligado a recordar sus mentiras o a esconder sus malas acciones, y se conserva en la lozanĂa y juventud de la hermosa incorrupciĂłn del santo. Su carne, su sangre, su mente, su corazĂłn estĂĄn limpios de toda lujuria, para contener asĂ el aceite de la fe, para lucir sin producir humo. La voluntad constante nutrirĂĄ siempre esta luz. La vida de cada dĂa, con sus desilusiones, constataciones, contactos, tentaciones, roces, tiende a reducir la fe. ÂĄEsto no debe suceder! Id cada dĂa a la fuente del Ăłleo suave, sapiencial, de Dios. Mas la lĂĄmpara escasamente alimentada puede apagarse con el mĂĄs ligero viento o por el relente denso de la noche. La noche... la hora de las tinieblas, del pecado, de la tentaciĂłn, les llega a todos: es la noche, para el alma. Pero, si Ă©sta estĂĄ henchida de fe, la llama no podrĂĄ ser apagada por el viento del mundo o por la calina de las sensualidades.
ECR 206.6 · Volume 3
Quien cree se apoya en las palabras y los mandamientos de Dios, que es su fin, para alcanzarle, siendo asĂ que se mantiene lejos de todo tipo de corrupciĂłn, y no sufre turbaciones, miedos, remordimientos, ni se ve obligado a recordar sus mentiras o a esconder sus malas acciones, y se conserva en la lozanĂa y juventud de la hermosa incorrupciĂłn del santo.
ECR 206.6 · Volumen 3
La vida de cada dĂa, con sus desilusiones, constataciones, contactos, tentaciones, roces, tiende a reducir la fe. ÂĄEsto no debe suceder! Id cada dĂa a la fuente del Ăłleo suave, sapiencial, de Dios. Mas la lĂĄmpara escasamente alimentada puede apagarse con el mĂĄs ligero viento o por el relente denso de la noche. La noche... la hora de las tinieblas, del pecado, de la tentaciĂłn, les llega a todos: es la noche, para el alma. Pero, si Ă©sta estĂĄ henchida de fe, la llama no podrĂĄ ser apagada por el viento del mundo o por la calina de las sensualidades.
ECR 206.7 · Volumen 3
No quiero induciros a temblar ante Dios; antes bien, quiero promover en vosotros la fe en su bondad.