ECR 185.5-6 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
JesĂșs dice luego:
«No te voy a comentar el Evangelio en el sentido en que lo hacen todos. Voy a ilustrarte los preliminares del pasaje evangélico.
ÂżPor quĂ© dormĂa Yo? ÂżNo sabĂa, acaso, que la borrasca estaba llegando? SĂ, Yo lo sabĂa, Yo sĂłlo lo sabĂa. Y entonces, Âżpor quĂ© dormĂa?
Los apĂłstoles eran hombres, MarĂa; animados, sĂ, de buena voluntad, pero todavĂa muy âhombresâ. El hombre se cree siempre capaz de todo. Y si se da el caso de que realmente sea hĂĄbil en algo, se envanece y se llena de apego a su âhabilidadâ.
Pedro, AndrĂ©s, Santiago y Juan eran buenos pescadores y, por tanto, se creĂan insuperables en las maniobras marineras. Yo, para ellos, era un gran ârabĂâ, pero no valĂa nada como marinero. Por ello, me juzgaban incapaz de ayudarlos, y, cuando subĂan a la barca para atravesar el Mar de Galilea, me rogaban que estuviera sentado porque no era capaz de nada mĂĄs. TambiĂ©n lo hacĂan por afecto, porque no querĂan darme trabajos fĂsicos, si bien el apego a sus capacidades era el elemento mĂĄs importante.
MarĂa, Yo sĂłlo me impongo en casos excepcionales. Generalmente os dejo libres y espero. Aquel dĂa, cansado como estaba y habiĂ©ndome solicitado que descansara, o sea, que les dejase actuar a ellos â a ellos que tan duchos eran â me puse a dormir... y a constatar cĂłmo el hombre âes hombreâ y quiere actuar por sĂ solo, y no percibe que Dios no pide sino ayudarle. VeĂa en esos âsordos espiritualesâ, âciegos espiritualesâ, a todos los sordos y ciegos del espĂritu que durante siglos y siglos acarrearĂan su propia ruina por querer âactuar por sĂ solosâ, teniĂ©ndome a mĂ, abierto a sus necesidades, en espera de su llamada pidiendo ayuda.
Cuando Pedro gritĂł: âÂĄSĂĄlvanos!â, mi amargura descendiĂł como una piedra por su propio peso.
Yo no soy âhombreâ, soy el Dios-Hombre. No actĂșo como vosotros, que, cuando uno ha rechazado vuestro consejo o ayuda y luego le veis en problemas, aunque no seĂĄis tan malos que os alegrĂ©is de ello, sĂ lo sois siempre en cuanto que os le quedĂĄis mirando desdeñosamente y con indiferencia â y no os conmovĂ©is ante su grito que pide ayuda â con grave ademĂĄn que significa: âÂżNo me has aceptado cuando te querĂa ayudar? Pues ahora arrĂ©glatelas soloâ. No, Yo soy JesĂșs, soy Salvador, y salvo, MarĂa; salvo siempre, en cuanto se me invoca.
185.6
Mas vosotros, bienquistos hombres, podrĂais objetar: âÂżY por quĂ© permites que se formen tempestades en el individuo o en la colectividad?â.
Si con mi poder destruyese el Mal (del tipo que fuera), acabarĂais creyĂ©ndoos autores del Bien â que en realidad es un don mĂo â y no os volverĂais a acordar jamĂĄs de mĂ, jamĂĄs.
TenĂ©is necesidad, bienquistos hijos, del dolor para acordaros de que tenĂ©is un Padre; como el hijo prĂłdigo, que se acordĂł de que lo tenĂa cuando sintiĂł hambre. Las desventuras sirven para convenceros de vuestra nada, de vuestra insipiencia â causa de tantos errores â y de vuestra maldad â causa de tantos lutos y dolores â, de vuestras culpas â causa de castigo que vosotros mismos os proporcionĂĄis â y de mi existencia, potencia y bondad.
Esto es lo que os dice el Evangelio de hoy, âvuestroâ evangelio de la hora presente, pobres hijos mĂos. Llamadme. JesĂșs duerme sĂłlo porque estĂĄ angustiado de ver vuestro desamor hacia Ăl. Llamadme y acudiré».
Detalle
MarĂa acaba de ver amainar la tormenta.
AnotaciĂłn
Evangelio de Mateo 8, 23-27
Mt 8, 23-27 : Mientras JesĂșs subĂa a la barca, sus discĂpulos le seguĂan. Y he aquĂ que el mar se embraveciĂł tanto que la barca quedĂł cubierta por las olas. Pero Ă©l estaba dormido. Los discĂpulos se acercaron a Ă©l y le despertaron, diciendo: "ÂĄSeñor, sĂĄlvanos! Estamos perdidos. Pero Ă©l les dijo: "ÂżPor quĂ© tenĂ©is tanto miedo, hombres de poca fe? JesĂșs se levantĂł, reprendiĂł a los vientos y al mar, y se produjo una gran calma. La gente, asombrada, decĂa: "ÂżQuiĂ©n es Ă©ste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?
Evangelio de Marcos 4, 37-41
Mc 4, 37-41 : HabĂa una violenta tempestad. Las olas chocaban contra la barca, que ya se estaba llenando. Ăl dormĂa sobre el cojĂn de popa. Los discĂpulos le despertaron y le dijeron: "Maestro, estamos perdidos; Âżno te importa? Despertado, amenazĂł al viento y dijo al mar: "ÂĄSilencio, calla!". El viento se calmĂł y reinĂł una gran calma. JesĂșs les dijo: "ÂżPor quĂ© tenĂ©is tanto miedo? ÂżAĂșn no tenĂ©is fe? Ellos, muy asustados, se decĂan unos a otros: "ÂżQuiĂ©n es Ă©ste, que hasta el viento y el mar le obedecen?
Evangelio de Lucas 8, 23-25
Lc 8, 23-25 : Mientras navegaban, JesĂșs se durmiĂł. Se levantĂł una tempestad en el lago. Estaban sumergidos y en grave peligro. Los discĂpulos fueron a verle y le despertaron, diciendo: "ÂĄMaestro, maestro! ÂĄEstamos perdidos! Y Ă©l se despertĂł y reprendiĂł al viento y a las turbulentas olas. Se calmaron y reinĂł la paz. Entonces JesĂșs les dijo: "ÂżDĂłnde estĂĄ vuestra fe? Llenos de miedo, se asombraron y se decĂan unos a otros: "ÂżQuiĂ©n es Ă©ste que manda hasta a los vientos y a las olas, y le obedecen?