ECR 186.4 · Volume 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Comer exageradamente fomenta vicios y tendencias que rebajan al ser humano.
Notas del tema
ECR 186.4 · Volume 3
Comer exageradamente fomenta vicios y tendencias que rebajan al ser humano.
ECR 186.4 · Volumen 3
El hijo del pueblo de Dios debe saber contenerse, y, en obediencia y prudencia, perfeccionarse a sĂ mismo, teniendo presentes su origen y su fin: Dios y el Cielo.
ECR 186.4 · Volumen 3
La razĂłn natural es el no estimular la sangre con alimentos que conducen a ardores indignos del hombre, al cual no se le niega el amor carnal, pero debe templarlo siempre con el frescor del alma orientada al Cielo; hacer, por tanto, amor â no sensualidad â de ese sentimiento que une al hombre a su compañera, en quien debe ver la congĂ©nere y no la hembra.
ECR 186.8 · Volumen 3
Enciende la llama de la fe en señal de agradecimiento al Señor.
ECR 187
TĂtulo del capĂtulo: De Tariquea a JerusalĂ©n para la Pascua. Juan atrapado en el amor del mar.
Fecha de la visiĂłn: Martes 12 de junio de 1945
Calendario: jueves 16 marzo 28 (3 Nissan 3788).
Lugar (mapa): Cerca de Tarichaea. Hacia el monte Tabor
Ciclo: Apostolado en Galilea
Resumen: El grupo apostĂłlico se detiene en la orilla opuesta a Gamala. Se encuentran en un ambiente mĂĄs salvaje. JesĂșs estĂĄ encantado de estar en el desierto, donde los apĂłstoles estĂĄn mucho mĂĄs inquietos. SĂłlo Santiago de Alfeo, Juan y SimĂłn el Zelote se interesan por lo que agrada a JesĂșs. Entonces se hace un comentario que hace refunfuñar a Pedro, y Cristo les hace saber que estĂĄ angustiado por tanto odio. Necesita consuelo y los discĂpulos se conmueven ante su tristeza. El Señor les promete, sin embargo, que encontrarĂĄn un terreno mejor, y les dice que van a llevar la Pascua al pueblo que sufre. IrĂĄn al monte Tabor, a En-Dor, a Naim y a la llanura de EsdrelĂłn, sin pasar por Nazaret. Por una parte, obedecĂa a su madre y, por otra, no querĂa herir los sentimientos del fariseo SimĂłn, que le habĂa hecho algunas recomendaciones.
Juan revelĂł que querĂa ver el gran mar, que se divisaba desde el monte Tabor. JesĂșs le preguntĂł al respecto, y el apĂłstol revelĂł su afecto por aquella vasta extensiĂłn de agua, porque le recordaba a Dios. QuerĂa ir a evangelizar a Roma y Grecia, "a los lugares oscuros para llevarles la luz". Los apĂłstoles escuchan respetuosamente sus palabras, y JesĂșs les promete que irĂĄn a ver el mar para hacerle soñar de nuevo con el futuro de su Reino en el mundo. Judas pide entonces ir tambiĂ©n a En-dor, porque sigue amargado por el juicio del pequeño BenjamĂn, en EMV 184. Desde entonces, el Iscariote se siente disminuido a los ojos del Maestro. El Señor le tranquiliza, diciĂ©ndole que lo Ășnico que debe temer es su conducta y el juicio de Dios, pero acepta ir a esa ciudad para persuadirle de que le sigue siendo tan querido como antes. SĂłlo le advierte que no sufra despuĂ©s por esta visita, pues su apĂłstol tiene un deseo en el corazĂłn que no es necesariamente sano.
Contenido del capĂtulo: x
EdiciĂłn anterior: Volumen 3, capĂtulo 47
ECR 187.2 · Volume 3
¥Amigos! ¥amigos! Estoy muy apenado; nauseado... ¥No aumentéis mi dolor con vuestras pequeñeces! Dejad que busque un poco de alivio en las cosas que no saben odiar...
ECR 187.3 · Volumen 3
«¿A dónde vamos exactamente?» pregunta Pedro.
«A llevar la Pascua a algunos que sufren. HacĂa tiempo que querĂa hacerlo, pero no he podido. Lo habrĂa hecho al regreso a Galilea. Ahora, que nos obligan a andar por caminos que no hemos elegido nosotros, irĂ© a bendecir a los pobres amigos de JonĂĄs».
«¥Perderemos tiempo! ¥La Pascua estå ya cercana! Por distintos motivos, pero siempre hay retardos». Es otro coro de quejas que se eleva al cielo.
Y yo no sĂ© cĂłmo JesĂșs puede tener tanta paciencia... Dice, sin regañar a ninguno: «No me pongĂĄis obstĂĄculos, os lo ruego; comprended que preciso amar y ser amado. El Ășnico consuelo que tengo en la tierra es el amor y hacer la voluntad de Dios».
«¿Y vamos por aqu� ¿No hubiera sido mås bonito ir por Nazaret?».
«Si os lo hubiera propuesto, os habrĂais rebelado. Ninguno imaginarĂĄ que estoy en esta zona... Y lo hago por vosotros, porque... tenĂ©is miedo».
«¥Miedo? ¥No, no! ¥Estamos prontos para combatir por ti!».
«Rogad al Señor que no os ponga a prueba. SĂ© que sois rencillosos, rencorosos; conozco vuestro vehemente deseo de dañar a quien me daña, de humillar al prĂłjimo. Todo esto lo conozco. Lo que no conozco es vuestro coraje. Si por mĂ fuera, habrĂa ido solo y por el camino normal, y no me habrĂa sucedido nada, porque no ha llegado la hora. Pero siento compasiĂłn de vosotros. AdemĂĄs, presto obediencia a mi Madre, y... sĂ, tambiĂ©n esto, no quiero que se sienta molesto el fariseo SimĂłn: Yo no les darĂ© motivo, pero ellos sĂ mostrarĂĄn animosidad conmigo».
«¿Y aquà por dónde se pasa? No conozco bien esta zona» dice Tomås.
«Llegaremos al Tabor. Lo bordearemos en parte. Luego pasaremos cerca de Endor para ir a NaĂm, y de allĂ a la llanura de EsdrelĂłn. ÂĄNo temĂĄis!... Doras, hijo de Doras, y JocanĂĄn estĂĄn ya en JerusalĂ©n».
ECR 187.3 · Volumen 3
Comprended que preciso amar y ser amado. El Ășnico consuelo que tengo en la tierra es el amor y hacer la voluntad de Dios.
JesĂșs dijo a los apĂłstoles:
ECR 187.5 · Volumen 3
No es a esta palabra [la palabra de los demĂĄs] a lo que debes temer; antes bien, a tus acciones y al juicio de Dios.
ECR 188
TĂtulo del capĂtulo: En En-Dor, despuĂ©s de subir al monte Tabor. La cueva del mago y el encuentro con FĂ©lix, que recibe el nombre de Juan.
Fecha de la visión: Miércoles 13 de junio de 1945.
Calendario: viernes 17 marzo 28 (4 Nissan 3788)
Lugar (mapa): En-Dor
Ciclo: El segundo viaje pascual
Resumen: Los apĂłstoles ya han pasado el monte Tabor y han llegado a En-Dor. Judas revela que quiere oĂr a JesĂșs hablar del rey SaĂșl, en el lugar donde conociĂł a la hechicera. El grupo hizo averiguaciones y se les aconsejĂł que fueran a ver a un anciano tuerto, que decidiĂł guiarles hasta allĂ. Mientras tanto, les cuenta su historia. En el pasado, este antiguo judĂo se peleĂł con un romano y lo matĂł por una mujer. En la pelea, perdiĂł un ojo y fue condenado a galeras. Pero consiguiĂł escapar. Ahora vive odiando incluso a Dios. JesĂșs le anima a abandonar ese sentimiento de odio y a dejar atrĂĄs esos recuerdos dolorosos, para poder darle algo nuevo: el amor. FĂ©lix se rĂe, pero la mirada de JesĂșs acaba por alcanzarle. Entonces se entera de que es el MesĂas, y Cristo vuelve a decirle que ha tenido momentos de bondad, preocupĂĄndose por los demĂĄs y arrepintiĂ©ndose del mal que habĂa hecho a su tutor en las galeras. Cada vez mĂĄs conmovido, FĂ©lix señala una casucha donde ocurrieron los hechos con Saulo y les espera allĂ.
No es un lugar muy glorioso, como señala Pedro, y JesĂșs acaba hablando del pecado de Saulo. El pecado de ingratitud, desobediencia, escĂĄndalo, celos y el crimen de matar su alma aquĂ mismo. El Maestro le pregunta entonces al Iscariote por quĂ© querĂa venir aquĂ, y Ă©ste confiesa que esperaba absorber un poco de la magia de este lugar para poder hacer obras imponentes en bien de Cristo y de su misiĂłn.
JesĂșs le dijo de manera muy paternal que debĂa evitar el ocultismo y las cosas que no se pueden explicar. No debes tratar de hacer prodigios oscuros, sino asombrar a la gente con tu santidad. AdemĂĄs, no debemos perturbar a los muertos, y el Señor ha prohibido el ocultismo, la nigromancia y el satanismo "en todas sus formas". En cambio, debemos ir hacia la Luz, hacia Dios. Para consolarlo, JesĂșs le dijo que, despuĂ©s de Pascua, irĂan a casa de su madre.
FĂ©lix, por su parte, quiere hablar con JesĂșs cuando se pongan de nuevo en camino. Le pide que salga de su tumba espiritual. El viejo tuerto comprendiĂł que aĂșn podĂa amar y ser amado, y le pidiĂł un nuevo nombre. Cristo le dio el nombre de Juan y lo aceptĂł como uno de sus discĂpulos. A los apĂłstoles no les hizo ninguna gracia, pero pusieron buena cara.
Juan se fue a buscar sus cosas y JesĂșs aprovechĂł que estaba solo con los Doce para ordenarles que no hablaran de su pasado con nadie. Luego se reĂșnen con Ă©l y, aunque al hombre no le cuesta dejar su casa, le cuesta mĂĄs dejar atrĂĄs a sus gallinas, que le han querido y a las que Ă©l ha querido. JesĂșs lo comprende y le dice que le darĂĄ todo el amor que el mundo le ha negado durante treinta y cinco años. El Maestro pide entonces testimonio a Mateo y a SimĂłn el Zelote, y SimĂłn confirma que todo el pasado desaparece si uno se pone al servicio del Señor. Mateo, por su parte, declara que la paz y la nueva juventud han sustituido a la vieja Ă©poca de "vicio y odio".
Los aldeanos comprenden por fin que se trata del MesĂas y desean la bendiciĂłn de Cristo. Mientras el grupo se marcha, Pierre se hace amigo de Jean d'En-Dor y le ayuda a llevar sus libros, que se ha llevado consigo.
Contenido del capĂtulo: 188.1: ÂżPor quĂ© ir a En-Dor? 188.2: En busca de la cueva de la Pitonisa, que todos menos uno han olvidado. 188.3: El guĂa cascarrabias le cuenta a JesĂșs su vida y su odio. 188.4: Sin amor, el mundo es un infierno y aĂșn queda bondad en ti. 188.5: Llegada a la cueva donde Saulo cometiĂł uno de sus pecados. 188.6: A Judas le gustarĂa ser un poco nigromante para ayudarle en su apostolado. 188.7: FĂ©lix se convierte en Juan, lo deja todo y se apega a JesĂșs. 188.8: Se desprende de todos sus bienes y pasa la pĂĄgina de su pasado. 188.9: Entrega su casa al vecino que, al reconocer a JesĂșs, agita a una multitud, algunos de los cuales siguen a JesĂșs. 188.10: SimpatĂa de Pedro por Juan de En-Dor, a quien ayuda a llevar su bolsa de libros.
EdiciĂłn anterior: Tomo 3, capĂtulo 49