Notas del tema

El séquito de Jesús

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Comodidad de lectura

ECR 79.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.2 «Hemos perdido algunos días con ese estúpido contratiempo. Ha echado todo a perder... y mi madre, que tanto había hecho, se ha quedado desilusionada. Además, no sé por qué Tú has querido retirarte hasta la purificación».

«Judas, ¿por qué llamas estúpido a un hecho que ha significado gracia para un verdadero fiel? ¿No desearías una muerte similar para ti? Había esperado durante toda la vida al Mesías, había ido, siendo ya anciano, por caminos incómodos, a adorarle cuando le dijeron: “Ha venido”; había guardado en el corazón durante treinta años la palabra de mi Madre. El amor y la fe le han cubierto con su fuego en la última hora que Dios le reservaba. Se le ha quebrantado el corazón en la alegría, reducido a cenizas, como grato holocausto, por el fuego de Dios. ¿Qué suerte mejor que ésta? ¿Ha echado a perder la fiesta que habías preparado? Ve en esto una respuesta de Dios. No se mezcle lo que es del hombre con lo que es de Dios... Tu madre todavía me verá. Ese anciano ya no me habría vuelto a ver. Toda Keriot puede venir al Cristo, el anciano ya no tenía fuerzas para hacerlo. Me he sentido feliz de recibir en mi corazón al viejo padre moribundo y de recomendarle el espíritu. Y, por lo demás... ¿Por qué escandalizar mostrando desprecio hacia la Ley? Para decir “seguidme”, hace falta caminar. Para conducir por un camino santo, hay que recorrer el mismo camino. ¿Cómo habría podido, o cómo podría, decir “sed fieles”, si Yo fuera infiel?».

Detalle

Saulo de Kerioth murió en el corazón de Jesús, por lo que era impuro según la Ley. Tuvo que purificarse, lo que obviamente retrasó su viaje. Judas declara entonces:

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ECR 79.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.3 Ya están al otro lado del collado. A la sombra del bosque, en la otra vertiente, están las ovejas de Elías; los pastores, sentados a la sombra, las vigilan. Ven a Jesús y se echan a correr hacia Él.

«Paz a vosotros. ¿Aquí estáis?».

«Estábamos preocupados por ti... y por el retardo... dudando si ir hacia ti u obedecer... hemos decidido venir hasta aquí... para obedecerte a ti y al mismo tiempo a nuestro amor. Pero deberías haber llegado hace muchos días».

«Hemos tenido que detenernos…».

«Pero... ¿nada malo?».

«No, nada, amigo. Sólo la muerte de un fiel en mi pecho».

«¿Qué querías que sucediera, pastor? Cuando las cosas están bien preparadas... Claro, hay que saber prepararlas, y preparar a los corazones para recibirlas. Mi ciudad ha rendido al Cristo toda suerte de honores. ¿No es verdad, Maestro?».

«Es verdad.»

Detalle

Orgullo y vanidad de Judas

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ECR 79.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.4 «Maestro — dice Elías — esa mujer... esa mujer que está en la casa de Juan... tres días después de tu partida, mientras pastoreábamos las ovejas en los prados de Hebrón — que son de todos y no nos podían echar —, nos mandó a una criada con esta bolsa, diciendo que quería hablarnos... No sé si he hecho bien... pero por primera vez devolví la bolsa y dije: “No tengo nada que escuchar”... Después, ella me envió este mensaje: “Ven en nombre de Jesús”, y fui... Esperó a que no estuviera su... en definitiva, el hombre que la tiene... ¡Cuántas cosas quiso..., o mejor, quería saber! Yo, sin embargo... dije poco... por prudencia... Es una meretriz. Temía que fuera una trampa para ti. Me preguntó quién eres, dónde estás, qué haces, si eras una persona importante... Yo le dije: “Es Jesús de Nazaret, está por todas partes porque es un maestro y va enseñando por Palestina”. Le dije que eres un hombre pobre, sencillo, un obrero a quien la Sabiduría le ha hecho sabio... Nada más».

«Has hecho bien» dice Jesús, y, contemporáneamente, Judas exclama: «¡Has hecho mal! ¿Por qué no dijiste que es el Mesías, que es el Rey del mundo? ¡Aplastar la soberbia romana bajo el fulgor de Dios!».

«No me habría entendido... Y, además, ¿estaba seguro de si era sincera? Tú mismo dijiste lo que era ella, cuando la viste. ¿Podía ofrecer las cosas santas — todo lo que es Jesús es santo — a su boca? ¿Podía poner en peligro a Jesús dando demasiadas noticias? ¡Lejos de mí acarrearle un mal, aunque todos lo hicieran!».

«Vamos nosotros, Juan, a decirle quién es el Maestro, a explicarle la verdad santa».

«Yo no, a menos que Jesús me lo ordene».

«¿Tienes miedo? ¿Qué puede hacerte? ¿Sientes asco? ¡El Maestro no lo ha sentido!».

«Ni miedo ni asco. Tengo piedad de ella. Pero pienso que si Jesús hubiera querido hubiera podido detenerse a instruirla. No lo hizo... no es necesario que lo hagamos nosotros».

«Entonces no había signos de conversión... Ahora...»

Detalle

Elías fue llamado por Aglaia en Hebrón. Ella le dio sus joyas. Judas reacciona... muy espontáneamente y sugiere a Juan que vuelva atrás, pero Juan se niega a hacerlo a menos que Jesús se lo ordene.

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ECR 79.4-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro — dice Elías — esa mujer... esa mujer que está en la casa de Juan... tres días después de tu partida, mientras pastoreábamos las ovejas en los prados de Hebrón — que son de todos y no nos podían echar —, nos mandó a una criada con esta bolsa, diciendo que quería hablarnos... No sé si he hecho bien... pero por primera vez devolví la bolsa y dije: “No tengo nada que escuchar”... Después, ella me envió este mensaje: “Ven en nombre de Jesús”, y fui... Esperó a que no estuviera su... en definitiva, el hombre que la tiene... ¡Cuántas cosas quiso..., o mejor, quería saber! Yo, sin embargo... dije poco... por prudencia... Es una meretriz. Temía que fuera una trampa para ti. Me preguntó quién eres, dónde estás, qué haces, si eras una persona importante... Yo le dije: “Es Jesús de Nazaret, está por todas partes porque es un maestro y va enseñando por Palestina”. Le dije que eres un hombre pobre, sencillo, un obrero a quien la Sabiduría le ha hecho sabio... Nada más».

«Has hecho bien» dice Jesús, y, contemporáneamente, Judas exclama: «¡Has hecho mal! ¿Por qué no dijiste que es el Mesías, que es el Rey del mundo? ¡Aplastar la soberbia romana bajo el fulgor de Dios!».

«No me habría entendido... Y, además, ¿estaba seguro de si era sincera? Tú mismo dijiste lo que era ella, cuando la viste. ¿Podía ofrecer las cosas santas — todo lo que es Jesús es santo — a su boca? ¿Podía poner en peligro a Jesús dando demasiadas noticias? ¡Lejos de mí acarrearle un mal, aunque todos lo hicieran!».

«Vamos nosotros, Juan, a decirle quién es el Maestro, a explicarle la verdad santa».

«Yo no, a menos que Jesús me lo ordene».

«¿Tienes miedo? ¿Qué puede hacerte? ¿Sientes asco? ¡El Maestro no lo ha sentido!».

«Ni miedo ni asco. Tengo piedad de ella. Pero pienso que si Jesús hubiera querido hubiera podido detenerse a instruirla. No lo hizo... no es necesario que lo hagamos nosotros».

«Entonces no había signos de conversión... Ahora...

79.5

A ver, Elías, la bolsa». Y Judas vuelca en un extremo del manto — puesto que se ha sentado en la hierba — el contenido de la bolsa. Anillos, brazaletes, pulseras, un collar... ruedan: amarillo oro sobre el amarillo opaco de la vestidura de Judas. «¡Todas joyas!... ¿Qué hacemos con esto?».

«Se pueden vender» dice Simón.

«Son siempre pejigueras» objeta Judas mostrando, no obstante, admiración por las joyas.

«Se lo he dicho yo también, al cogerlas. También le he dicho que su señor la pegaría. Me ha respondido: “No es suyo, es mío, y hago con ello lo que quiero. Sé que es oro de pecado... pero se transformará en oro bueno si se usa para quien es pobre y santo. Para que se acuerde de mí”, y lloraba».

«Ve, Maestro».

«No».

«Manda a Simón».

«No».

«Entonces voy yo».

«No».

Los noes de Jesús son secos e imperiosos.

«¿He hecho mal, Maestro, al hablar con ella, al tomar ese oro?» pregunta Elías, que ve a Jesús serio.

«No has hecho mal, pero ya no hay nada más que hacer».

79.6

«Pero quizás esa mujer quiere redimirse y tiene necesidad de ser instruida…» objeta una vez más Judas.

«Hay en ella ya muchas chispas capaces de suscitar el incendio en que puede quemarse su vicio para quedar el alma virginizada de nuevo por el arrepentimiento. Hace poco os he hablado de levadura que esparciéndose entre la harina convierte a ésta en santo pan. Escuchad una breve parábola. Esa mujer es harina, una harina en la cual el Maligno ha mezclado sus polvos de infierno; Yo soy la levadura, o sea, mi palabra es la levadura. Pero, ¿puede hacerse el pan, aún en el caso de que la levadura sea buena, si en la harina hay mucho cascabillo, o si mezclado hay piedras y arena y ceniza? No puede hacerse. Hace falta quitar de la harina, con paciencia, las cascarillas, la ceniza, las piedras y la arena. La Misericordia pasa y ofrece la criba... La primera: hecha con breves verdades fundamentales, necesarias para ser comprendidas por uno que está en la red de la completa ignorancia, del vicio, del paganismo. Si el alma lo acoge, comienza la primera purificación. La segunda es la criba del alma en sí, que confronta su ser con el Ser que se ha revelado, y se horroriza. Y comienza su obra. Por medio de una operación cada vez más minuciosa, después de las piedras, de la arena y de la ceniza, llega incluso a quitar lo que ya es harina pero con granitos todavía grandes, demasiado grandes para producir un óptimo pan. Cuando ya está completamente dispuesta, vuelve a pasar la Misericordia y se introduce en esa harina preparada — también ésta es una preparación, Judas — y la hace fermentar y la hace pan. Pero es una operación larga y de “voluntad” del alma. Esa mujer... esa mujer tiene ya en sí esa mínima cosa que era justo darle y que le puede servir para llevar a cabo su trabajo. Dejemos que lo lleve a cabo, si quiere hacerlo, sin disturbarla. Todo disturba a un alma que se está labrando: la curiosidad, el celo imprudente, las intransigencias y la excesiva compasión».

79.7

«¿Entonces, no vamos?».

«No. Y, para que a ninguno de vosotros le venga la tentación, nos vamos en seguida. Hay sombra en el bosque. Nos detendremos en las faldas del Valle del Terebinto y allí nos separaremos. Elías volverá a sus pastos con Leví. José vendrá conmigo hasta el vado de Jericó. Luego... nos volveremos a reunir. Tú, Isaac, continúa lo que hiciste en Yuttá, yendo desde aquí, por Arimatea y Lida, hasta llegar a Doco. Allí nos volveremos a ver. Judea debe ser preparada, y tú sabes cómo hacerlo; como has hecho en Yuttá».

«¿Y nosotros?».

«¿Vosotros? He dicho que vendréis para ver mi preparación. Yo también me he preparado para la misión».

«¿Yendo a un rabí?».

«No».

«¿Con Juan?».

«De él tomé sólo el bautismo».

«¿Entonces?».

«Belén ha hablado con las piedras y los corazones. También en ese lugar, donde te llevo, Judas, las piedras y un corazón, el mío, hablarán y te responderán».

Detalle

Elías fue llamado por Aglaia en Hebrón. Ella le dio sus joyas. Judas reacciona... muy espontáneamente y se ofrece a volver atrás, pero Jesús se niega y les cuenta una parábola sobre el pecador.

Palabras clave

ECR 79.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.6 «Pero quizás esa mujer quiere redimirse y tiene necesidad de ser instruida…» objeta una vez más Judas.

«Hay en ella ya muchas chispas capaces de suscitar el incendio en que puede quemarse su vicio para quedar el alma virginizada de nuevo por el arrepentimiento. Hace poco os he hablado de levadura que esparciéndose entre la harina convierte a ésta en santo pan. Escuchad una breve parábola. Esa mujer es harina, una harina en la cual el Maligno ha mezclado sus polvos de infierno; Yo soy la levadura, o sea, mi palabra es la levadura. Pero, ¿puede hacerse el pan, aún en el caso de que la levadura sea buena, si en la harina hay mucho cascabillo, o si mezclado hay piedras y arena y ceniza? No puede hacerse. Hace falta quitar de la harina, con paciencia, las cascarillas, la ceniza, las piedras y la arena. La Misericordia pasa y ofrece la criba... La primera: hecha con breves verdades fundamentales, necesarias para ser comprendidas por uno que está en la red de la completa ignorancia, del vicio, del paganismo. Si el alma lo acoge, comienza la primera purificación. La segunda es la criba del alma en sí, que confronta su ser con el Ser que se ha revelado, y se horroriza. Y comienza su obra. Por medio de una operación cada vez más minuciosa, después de las piedras, de la arena y de la ceniza, llega incluso a quitar lo que ya es harina pero con granitos todavía grandes, demasiado grandes para producir un óptimo pan. Cuando ya está completamente dispuesta, vuelve a pasar la Misericordia y se introduce en esa harina preparada — también ésta es una preparación, Judas — y la hace fermentar y la hace pan. Pero es una operación larga y de “voluntad” del alma. Esa mujer... esa mujer tiene ya en sí esa mínima cosa que era justo darle y que le puede servir para llevar a cabo su trabajo. Dejemos que lo lleve a cabo, si quiere hacerlo, sin disturbarla. Todo disturba a un alma que se está labrando: la curiosidad, el celo imprudente, las intransigencias y la excesiva compasión».

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Jesús cuenta una parábola sobre Aglaia.

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ECR 79.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Nos detendremos en las faldas del Valle del Terebinto y allí nos separaremos. Elías volverá a sus pastos con Leví. José vendrá conmigo hasta el vado de Jericó. Luego... nos volveremos a reunir. Tú, Isaac, continúa lo que hiciste en Yuttá, yendo desde aquí, por Arimatea y Lida, hasta llegar a Doco. Allí nos volveremos a ver. Judea debe ser preparada, y tú sabes cómo hacerlo; como has hecho en Yuttá.

Detalle

Jesús da sus instrucciones después de encontrar a Elías y a Isaac.

Palabras clave

ECR 79.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Y nosotros?».

«¿Vosotros? He dicho que vendréis para ver mi preparación. Yo también me he preparado para la misión».

«¿Yendo a un rabí?».

«No».

«¿Con Juan?».

«De él tomé sólo el bautismo».

«¿Entonces?».

«Belén ha hablado con las piedras y los corazones. También en ese lugar, donde te llevo, Judas, las piedras y un corazón, el mío, hablarán y te responderán».

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Jesús da sus instrucciones a los pastores Elías, Leví, José e Isaac después de encontrarlos. En ese momento, Judas interviene y pregunta qué va a hacer el grupo apostólico.

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ECR 79.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.8 Elías — que ha traído leche y pan oscuro — dice: «He tratado, mientras esperaba, y conmigo también Isaac, de persuadir a los de Hebrón... Pero... sólo creen en Juan, no juran más que por Juan, no quieren más que a Juan; es su “santo” y sólo le quieren a él».

«Pecado común a muchos pueblos y a muchos creyentes actuales y futuros: miran al obrero y no al patrón que ha enviado al obrero; se dirigen al obrero, sin ni siquiera decirle: “Dile a tu patrón esto”. Se olvidan de que el obrero existe porque existe el patrón y de que es el patrón el que instruye al obrero y le habilita para su trabajo. Olvidan que el obrero puede interceder, pero uno sólo puede conceder: el patrón; en este caso Dios, y su Verbo con Él. No importa. El Verbo siente dolor por ello, pero no rencor. Vamos».

La visión termina.

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ECR 80.2-3.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Me saca de este estado la voz de mi Jesús: «Hemos llegado a donde quería». Me vuelvo, le veo a mis espaldas, entre Juan, Simón y Judas, en la pendiente rocosa del monte, en el punto a que llega un sendero... sería mejor decir: en el punto en donde un largo trabajo de aguas, en los meses de lluvia, ha arañado la caliza excavando a lo largo de los siglos un canal apenas dibujado, para desagüe de las aguas de las cimas, que ahora es camino para cabras monteses más que para hombres.

Jesús mira a su alrededor y repite: «Sí, aquí os quería traer. Aquí el Cristo se preparó para su misión».

«¡Pero si aquí no hay nada!».

«No hay nada, tú lo has dicho».

«¿Con quién estabas?».

«Con mi espíritu y con el Padre».

«¡Ah! ¡Estuviste aquí unas pocas horas!».

«No, Judas, no unas pocas horas, sino muchos días…».

«Pero, ¿quién te servía? ¿Dónde dormiste?».

«Tenía por siervos a los onagros, que por la noche venían a dormir a su guarida... a ésta, en donde yo también me había guarecido... Tenía como siervas a las águilas, que me decían “es de día” con su áspero grito, saliendo a buscar la presa. Tenía como amigos las liebrecillas que venían a roer las yerbas silvestres casi a mis pies... Alimento y bebida para mí eran lo que es alimento y bebida de la flor silvestre: el rocío nocturno, la luz del Sol, no otra cosa».

«Pero, ¿por qué?».

«Para prepararme bien, como tú dices, para mi misión. Las cosas bien preparadas salen bien, tú lo has dicho. Y mi cosa no era la pequeña, inútil cosa de hacer que brillara Yo, Siervo del Señor, sino de hacer comprender a los hombres lo que es el Señor y, a través de esta comprensión, hacer que le amaran en espíritu y verdad. ¡Mísero aquel siervo del Señor que piensa en su triunfo y no en el de Dios; que trata de sacar partido, que sueña con ponerse en alto en un trono hecho... ¡oh!, hecho con los intereses de Dios rebajados hasta el suelo (éstos, que son celestes)! Ya no es siervo, éste, aunque externamente lo parezca; es un mercader, un traficante, un falso que se engaña a sí mismo, que engaña a los hombres y que querría engañar a Dios... un desalmado que se cree píncipe y es esclavo...; es del Demonio, su rey de embuste. Aquí, en esta guarida, el Cristo, durante muchos días, vivió de maceraciones y oración para prepararse a su misión.

80.3 ¿A dónde querrías que hubiera ido a prepararme, Judas?».

Judas está perplejo, desorientado. Al final responde: «No sé... Pensaba... con algún rabí... con los esenios... no sé».

«¿Y podía Yo encontrar un rabí que me dijera más que lo que me decía la Potencia y la Sabiduría de Dios? ¿Y podía Yo — Yo, Verbo Eterno del Padre, Yo, que era cuando el Padre creó al hombre, y que sé de qué espíritu inmortal y animado, y de qué poder de juicio libre y capaz ha dotado el Creador al hombre — podía ir a procurarme ciencia y capacidad a donde aquellos que niegan la inmortalidad del alma negando la resurrección final y niegan la libertad de acción del hombre imputando virtudes y vicios, acciones santas y malvadas, al destino, que consideran fatal e invencible? ¡No! ¡No! (...)

80.5 Aquí vine. Cogí mi alma de Hijo del hombre y me la labré con los últimos retoques, terminando el trabajo de treinta años de anonadamiento y de preparación para ir perfecto a mi ministerio. Ahora os pido que estéis conmigo unos días en esta guarida. En cualquier caso será una estancia menos desolada, porque seremos cuatro amigos que luchan contra las tristezas, los miedos, las tentaciones, las necesidades de la carne; Yo, sin embargo, estaba solo. En cualquier caso, será menos penosa, porque ahora es verano y aquí arriba el viento de las cimas templa el calor; Yo, sin embargo, vine al terminar la luna de Tebet, y el viento que descendía de las nieves de la cúspide era muy frío. En cualquier caso será menos angustiosa, porque será más breve, y porque ahora disponemos de esa mínima cantidad de alimento que puede proporcionar alivio a nuestra hambre, y en los pequeños odres de piel que dije a los pastores que os dieran hay agua suficiente para estos días de estancia. Yo... Yo necesito arrancar dos almas a Satanás. Sólo la penitencia lo puede. Os pido ayuda. Supondrá una formación también para vosotros. Aprenderéis cómo se arrebatan las presas a Satanás: no tanto con las palabras cuanto con el sacrificio... ¡Las palabras!... El estrépito satánico impide oírlas... Toda alma en manos del Enemigo se encuentra envuelta en torbellinos de voces infernales... ¿Queréis quedaros conmigo? Si no queréis, idos. Yo me quedo. Nos volveremos a ver en Tecua, junto al mercado».

«No, Maestro, yo no te dejo» dice Juan, mientras Simón contemporáneamente exclama: «Tú nos dignificas queriéndonos contigo en esta redención». Judas... no me parece muy entusiasta, pero pone buena cara al... destino y dice: «Yo me quedo».

«Tomad entonces los odres y las sacas y llevadlas adentro y, antes de que el sol queme, partid leña y acumuladla junto a la grieta. La noche aquí es rigurosa incluso en verano, y no todos los animales son buenos. Vamos a encender en seguida una rama... ¡Allí!, de aquella planta de acacia gomosa; quema bien. Y vamos a mirar entre las fisuras para echar afuera áspides y escorpiones.  ¡Venga, comenzad!»...

Detalle

Cristo se preparó para su misión.

Tebet: mes que abarca diciembre y enero.

Palabras clave

ECR 80.2-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

80.2 Mientras estoy mirando esta desolación, me saca de este estado la voz de mi Jesús: «Hemos llegado a donde quería». Me vuelvo, le veo a mis espaldas, entre Juan, Simón y Judas, en la pendiente rocosa del monte, en el punto a que llega un sendero... sería mejor decir: en el punto en donde un largo trabajo de aguas, en los meses de lluvia, ha arañado la caliza excavando a lo largo de los siglos un canal apenas dibujado, para desagüe de las aguas de las cimas, que ahora es camino para cabras monteses más que para hombres.

Jesús mira a su alrededor y repite: «Sí, aquí os quería traer. Aquí el Cristo se preparó para su misión».

«¡Pero si aquí no hay nada!».

«No hay nada, tú lo has dicho».

«¿Con quién estabas?».

«Con mi espíritu y con el Padre».

«¡Ah! ¡Estuviste aquí unas pocas horas!».

«No, Judas, no unas pocas horas, sino muchos días…».

«Pero, ¿quién te servía? ¿Dónde dormiste?».

«Tenía por siervos a los onagros, que por la noche venían a dormir a su guarida... a ésta, en donde yo también me había guarecido... Tenía como siervas a las águilas, que me decían “es de día” con su áspero grito, saliendo a buscar la presa. Tenía como amigos las liebrecillas que venían a roer las yerbas silvestres casi a mis pies... Alimento y bebida para mí eran lo que es alimento y bebida de la flor silvestre: el rocío nocturno, la luz del Sol, no otra cosa».

«Pero, ¿por qué?».

«Para prepararme bien, como tú dices, para mi misión. Las cosas bien preparadas salen bien, tú lo has dicho. Y mi cosa no era la pequeña, inútil cosa de hacer que brillara Yo, Siervo del Señor, sino de hacer comprender a los hombres lo que es el Señor y, a través de esta comprensión, hacer que le amaran en espíritu y verdad. ¡Mísero aquel siervo del Señor que piensa en su triunfo y no en el de Dios; que trata de sacar partido, que sueña con ponerse en alto en un trono hecho... ¡oh!, hecho con los intereses de Dios rebajados hasta el suelo (éstos, que son celestes)! Ya no es siervo, éste, aunque externamente lo parezca; es un mercader, un traficante, un falso que se engaña a sí mismo, que engaña a los hombres y que querría engañar a Dios... un desalmado que se cree píncipe y es esclavo...; es del Demonio, su rey de embuste. Aquí, en esta guarida, el Cristo, durante muchos días, vivió de maceraciones y oración para prepararse a su misión.

80.3 ¿A dónde querrías que hubiera ido a prepararme, Judas?».

Judas está perplejo, desorientado. Al final responde: «No sé... Pensaba... con algún rabí... con los esenios... no sé».

«¿Y podía Yo encontrar un rabí que me dijera más que lo que me decía la Potencia y la Sabiduría de Dios? ¿Y podía Yo — Yo, Verbo Eterno del Padre, Yo, que era cuando el Padre creó al hombre, y que sé de qué espíritu inmortal y animado, y de qué poder de juicio libre y capaz ha dotado el Creador al hombre — podía ir a procurarme ciencia y capacidad a donde aquellos que niegan la inmortalidad del alma negando la resurrección final y niegan la libertad de acción del hombre imputando virtudes y vicios, acciones santas y malvadas, al destino, que consideran fatal e invencible? ¡No! ¡No!

Tenéis un destino, sí, lo tenéis; en la mente de Dios, que os crea, hay un destino para vosotros. Os lo desea el Padre y es destino de amor, de paz, de gloria: “la santidad de ser sus hijos”. Éste es el destino que, presente en la mente divina desde el momento en que con el barro fue hecho Adán, estará presente hasta la última creación de alma de hombre. Pero el Padre no os violenta en cuanto se refiere a vuestra condición regia. El rey, si está prisionero, ya no es rey: es un ser abyecto. Vosotros sois reyes porque sois libres en vuestro pequeño reino individual, en el yo; en él podéis hacer lo que queráis, como queráis.

80.4 Frente a vuestro pequeño reino y en sus fronteras tenéis a un Rey amigo y dos potencias enemigas. El Amigo os muestra las reglas dadas por Él para hacer felices a los suyos. Os las muestra. Os dice: “Aquí están; con estas reglas es segura la eterna victoria”. Os las muestra — Él, el Sabio y Santo — para que podáis, si queréis hacerlo, practicarlas y obtener gloria eterna. Las dos potencias enemigas son Satanás y la carne. En la carne incluyo la vuestra y la del mundo, o sea, las pompas y seducciones del mundo, o sea, la riqueza, las fiestas, los honores, el poder que del mundo y en el mundo se tienen, y que no siempre se tienen honradamente, y menos aún se saben usar honradamente si por un complejo de causas el hombre llega a esas cosas.

Satanás, maestro de la carne y del mundo, también habla a través de éste y de la carne; también él tiene sus reglas... ¡Oh, que si las tiene!... Y — dado que el yo está envuelto en carne y la carne tiende a la carne como las limaduras de hierro tienden hacia el imán, y, dado que el canto del Seductor es más dulce que el gorgorito del ruiseñor en celo entre rayos de luna y perfume de rosales — es más fácil ir hacia estas reglas, volverse hacia estas potencias, decirles: “Os considero amigas, entrad”. Entrad... ¿habéis visto alguna vez a un aliado que permanezca siempre honesto, sin pedir el ciento por uno a cambio de la ayuda prestada? Así hacen esas potencias. Entran... Y se hacen las dueñas. ¿Dueñas? No: cómitres. Os atan, ¡oh hombres!, a su banco de galera, os encadenan ahí, no os dejan alzar ya el cuello de su yugo, y su látigo os llena de surcos de sangre, si tratáis de huir de ellas: o dejarse herir hasta llegar a ser un amasijo de carne hecha pedazos (tan inútil, como carne, que hasta su cruel pie la desprecia), o morir bajo ellas.

Si sabéis proporcionaros ese martirio, proporcionaros ese martirio, entonces pasa la Misericordia, la Única que todavía puede tener piedad de esa repugnante miseria de la cual el mundo — uno de sus dueños — siente ahora asco y contra la cual el otro dueño, Satanás, envía sus flechas de venganza. Y la Misericordia, la Única que pasa, se agacha, la recoge, la atiende, la vuelve a sanar y le dice: “Ven, no temas, no te mires porque tus llagas, a pesar de haber cicatrizado ya, son tan innumerables que te causarían horror por lo mucho que te afean. Yo no te las miro, miro tu voluntad; por esa voluntad buena estás marcada así. Por eso Yo te digo: Te amo, ven conmigo”... Y la lleva a su Estado. Entonces podéis entender que Misericordia y Rey amigo son una misma persona. Halláis de nuevo las reglas que Él os había mostrado y que vosotros no habías querido seguir. Ahora lo deseáis... y llegáis a la paz: de la conciencia, primero; a la paz de Dios, después.

Decidme, entonces, ¿este destino lo impuso Uno Solo para todos, o cada uno, individualmente, lo deseó para sí?».

«Cada uno lo deseó».

«Juzgas bien, Simón. ¿Podía ir Yo a formarme con aquellos que niegan la beata resurrección y el don de Dios?»

Detalle

Las reacciones de Judas cuando se encuentran en el macizo de la Tentación. Jesús le enseña entonces que debía prepararse, no con el fin de destacar, él, que es el Siervo del Señor, sino con el fin de hacer «comprender a los hombres quién es el Señor». Insiste en lo miserable que es el siervo que piensa en su triunfo humano en lugar de en el de Dios. Por último, cuando Judas supone que Cristo se ha formado entre los esenios, Jesús refuta su hipótesis e insiste en la libertad del hombre y en su destino como hijo de Dios.

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