Notas del tema

Zona de Jerusalén

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Comodidad de lectura

ECR 70.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

70.2 Han llegado ya a la casa. Entran en la cocina baja y humosa. El dueño los saluda: «La paz sea contigo».

Responde Jesús: «Paz a esta casa y a ti, y a quien vive contigo. Vie­ne conmigo un discípulo».

«Habrá pan y aceite también para él».

«He traído pescado seco que me han dado Santiago y Pedro. Al pasar por Nazaret, tu Madre me ha dado pan y miel para ti. He caminado sin detenerme, pero de todas formas estará duro».

«No importa, Juan. Tendrá el sabor de las manos de mi Madre».

Juan extrae sus tesoros de la bolsa que había dejado en un rincón, y veo preparar de una manera extraña el pescado seco: lo mojan unos instantes en agua caliente, después le untan y le asan directamente sobre el fuego.

Jesús bendice el alimento y se sienta con el discípulo a la mesa. También están sentados el dueño de la casa — oigo que le llaman Jonás — y su hijo. La madre va y viene con el pescado, aceitunas negras y verduras hervidas y condimentadas con aceite. Jesús ofrece miel. La extiende en el pan y se la ofrece a la madre. «Es de mi colmena» dice. «Mi Madre cuida las abejas. Cómela. Es buena. Tú eres tan buena conmigo, María, que mereces esto y más» añade, porque la mujer no querría privarle de esta dulce miel.

La cena termina rápidamente en medio de una breve conversación. Nada más acabar, después de dar las gracias por el alimento recibido, Jesús dice a Juan: «Ven. Salgamos un poco al olivar. La noche está templada y clara. Será agradable estar un poco afuera».

El dueño de la casa dice: «Maestro, yo me despido de ti. Estoy cansado, y también mi hijo. Vamos a descansar. Dejo la puerta entornada y el candil encima de la mesa. Ya sabes cómo se hace».

«Sí, claro, Jonás, vete a descansar. Y apaga también el candil. Hay una luz de luna tan clara, que veremos incluso sin él».

«Y tu discípulo, ¿dónde va a dormir?».

«Conmigo. En mi estera hay sitio también para él. ¿Verdad, Juan?».

Juan, ante la idea de dormir al lado de Jesús, entra en éxtasis.

Detalle

Jesús está con Juan y van a una casa amiga, el olivar de Getsemaní, propiedad de Jonás y Marcos, su hijo.

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ECR 83

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en el campo. Está hablando con un campesino que le confiesa el bien que le hace escuchar a Jesús (es exactamente lo mismo para nosotros que leemos la Obra). Jesús habla de la bendición de Dios y del sufrimiento, de que es expiación y de que es gracia. Luego Juan se va y Judas le pide ir a Jerusalén para encontrarse con un amigo. Jesús se deprime por Judas y llora en silencio en un matorral. Reza. Finalmente, se le une Simón el Zelote, que percibe su dolor. Hablan de Judas... Y Simón le expresa también su deseo de que conozca a Lázaro.

Palabras clave

ECR 83.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

83.1 Jesús está en el campo, en una zona de tierras opimas: magníficas parcelas de árboles frutales, viñedos espléndidos con racimos cargados de uvas, que tienden ya a teñirse de oro y de rubí... Está sentado entre frutales comiendo algo de fruta que le ha ofrecido un campesino.

Palabras clave

ECR 84

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús llega a Betania. Es su primer encuentro con Lázaro. Lázaro le confirma rápidamente que tiene fe en Cristo: cree que es el Mesías. Poco después, los tres hombres estaban comiendo: Lázaro le dice a Simón que su casa ha sido comprada por alguien anónimo (Mateo). El zelote sólo quería que su viejo criado pudiera quedarse en su casa, y el comprador accedió. Lázaro pregunta entonces al Maestro si utiliza palabras duras o palabras de misericordia, y Jesús responde que utiliza el amor. Menciona brevemente el Olimpo y las arenas movedizas que atrapan a los culpables, pero una palabra de amor puede ayudarles a salir. Lázaro habla entonces de sus lecturas, pues lee obras griegas y romanas para compararlas con sus libros judíos y ver en ellos la Doctrina de Dios. Jesús dice que no hay mal en leer sus libros, mientras no se altere en él la idea de Dios. Nos recuerda que toda acción no es pecado si actuamos santamente.

Palabras clave

ECR 84.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

84.1 Una clarísima aurora estiva. Más que aurora, ya infancia de día, porque el Sol ya ha dejado todo límite de horizonte y sube cada vez más, sonriéndole a la tierra sonriente. No hay tallito que no ría con destellos de rocío. Parece como si los astros nocturnos se hubieran pulverizado, para ser oro y gemas en todos los tallos, en todas las frondas, y hasta incluso sobre las piedras esparcidas en el suelo, con sus escamitas silíceas, humedecidas por el rocío, que parecen polvos de tocador hechos de diamante, o polvo de oro.

Jesús y Simón andan por un camino que se aleja de la calzada principal haciendo una V. Se dirigen hacia unos magníficos huertos de árboles frutales, y espléndidos campos de lino tan alto como un hombre, ya cercano a la siega; otros campos, más lejanos, muestran sólo un gran rojear de amapolas entre la amarillez de los rastrojos.

«Estamos ya en la propiedad de mi amigo. Como puedes ver, Maestro, la distancia estaba dentro de la prescripción de la Ley. Jamás me habría permitido un engaño contigo. Detrás de aquel pomar está el muro que circunda el jardín; dentro está la casa. Te he traído por este atajo precisamente para no salirnos de la milla prescrita».

«¡Es muy rico tu amigo!».

«Mucho. Pero no es feliz. Su casa tiene propiedades en otros lugares».

«¿Es fariseo?».

«Su padre no lo era. Él... es muy observante. Ya te lo he dicho: un verdadero israelita».

Andan un poco más. Se ve un alto muro. Luego, al otro lado, árboles y más árboles, entre los cuales apenas si se ve la casa. El terreno aquí se eleva un poco, pero no tanto como para permitirle a la vista penetrar en el jardín, tan vasto que podríamos llamarle “parque”.

Dan la vuelta a la esquina. El muro prosigue igual, dejando descender desde su parte alta ramas despeinadas de rosas y jazmines llenas de fragancia y esplendor en sus corolas bañadas de rocío.

84.2 Llegan a la sólida puerta de hierro forjado. Simón golpea con el pesado aldabón de bronce.

Palabras clave

ECR 84.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús y Simón andan por un camino que se aleja de la calzada principal haciendo una V. Se dirigen hacia unos magníficos huertos de árboles frutales, y espléndidos campos de lino tan alto como un hombre, ya cercano a la siega; otros campos, más lejanos, muestran sólo un gran rojear de amapolas entre la amarillez de los rastrojos.

«Estamos ya en la propiedad de mi amigo. Como puedes ver, Maestro, la distancia estaba dentro de la prescripción de la Ley. Jamás me habría permitido un engaño contigo.»

Palabras clave

ECR 84.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Traducción en curso

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ECR 113

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús regresa a Betania después de la fiesta de los Tabernáculos. Habla con Lázaro, que le habla de José de Arimatea y Nicodemo. El primero quería verle y decía que quien hace milagros tiene a Dios con él. El segundo criticó la presencia de Judas en el grupo apostólico, porque era un camaleón. Los dos amigos discutieron sobre Iscariote, y entonces terminó la visión.

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ECR 114

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús acude a un banquete ofrecido por José de Arimatea. Estaban presentes Lázaro, Gamaliel, Félix, Juan, Simón y Cornelio (fariseos). Jesús, por su parte, lleva consigo a Tomás y Nicodemo. Los invitados hablan de Juan el Bautista, cuya santidad es indiscutible, y de que los milagros no prueban necesariamente la santidad. Se desvían hacia Aarón y Moisés, hablando en particular del pontificado y del sumo sacerdote Caifás. Jesús da una definición de lo que es un pontífice, pero Félix se enfada y se marcha. Jesús pregunta entonces a Gamaliel si él también quiere un milagro, y Gamaliel sólo quiere la señal que el Niño le había prometido.

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