Jesús acude a un banquete ofrecido por José de Arimatea. Estaban presentes Lázaro, Gamaliel, Félix, Juan, Simón y Cornelio (fariseos). Jesús, por su parte, lleva consigo a Tomás y Nicodemo. Los invitados hablan de Juan el Bautista, cuya santidad es indiscutible, y de que los milagros no prueban necesariamente la santidad. Se desvían hacia Aarón y Moisés, hablando en particular del pontificado y del sumo sacerdote Caifás. Jesús da una definición de lo que es un pontífice, pero Félix se enfada y se marcha. Jesús pregunta entonces a Gamaliel si él también quiere un milagro, y Gamaliel sólo quiere la señal que el Niño le había prometido.
«¿Habéis comprendido? ¿Tenéis algo más que preguntar? ¿No? Pues entonces podemos retirarnos a descansar para salir mañana para Cafarnaúm. Tengo que visitar todavía un lugar antes de emprender el viaje hacia Jerusalén para la Pascua».
«¿Vamos a pasar otra vez por Arimatea?» pregunta Judas Iscariote.
«No es seguro. Según que los...».
Llaman enérgicamente a la puerta.
Detalle
Jesús acaba de explicar a los discípulos la parábola del sembrador.