JesĂșs llega por una calle, mira a su alrededor, no ve todavĂa a nadie. Pacientemente se apoya en un tronco y espera, encontrando la manera de hablar a los gamberros, sobre la caridad que comienza en Dios y desciende del Creador a todas las criaturas.
«No seĂĄis crueles. ÂżPor quĂ© querĂ©is disturbar a los pĂĄjaros del aire? Tienen nidos ahĂ arriba, tienen a sus pequeñas crĂas, no hacen daño a nadie, nos proporcionan cantos y limpieza, comiĂ©ndose los desperdicios que el hombre deja y los insectos que perjudican las cosechas y la fruta. ÂżPor quĂ© herirlos y matarlos, privando a los pequeñuelos de sus padres y de sus madres, o a Ă©stos de sus pequeñuelos? ÂżOs agradarĂa que un malvado entrase en vuestra casa y os la destruyera, o que os matara a vuestros padres o que os llevara lejos de ellos? No, claro que no os agradarĂa. Entonces, Âżpor quĂ© hacer a estos inocentes lo que no querrĂais que os hicieran a vosotros? ÂżCĂłmo podrĂ©is el dĂa de mañana no hacer mal al hombre, si, de niños, os endurecĂ©is el corazĂłn con criaturitas inermes y delicadas como los pajaritos? Y Âżno sabĂ©is que la Ley dice: âAma a tu prĂłjimo como a ti mismoâ? Quien no ama al prĂłjimo tampoco puede amar a Dios. Y quien no ama a Dios, ÂżcĂłmo puede ir a su Casa a pedirle algo? Dios podrĂa decirle, y lo dice en los Cielos: âVete, no te conozco. ÂżHijo, tĂș? No. No amas a tus hermanos, no respetas en ellos al Padre que los creĂł; por tanto, no eres ni hermano ni hijo, sino un bastardo: hijastro para Dios, hermanastro para los hermanosâ. ÂżVeis cĂłmo ama Ăl, el Señor eterno? En los meses mĂĄs frĂos hace que sus pajaritos puedan encontrar llenos los heniles, para que aniden en ellos. En los meses calurosos les da las sombras de las hojas para protegerlos del sol. Durante el invierno, en los campos, apenas estĂĄ el trigo cubierto de tierra y es fĂĄcil sacar la semilla y comerla. En verano, alivian la sed con las frutas jugosas, y pueden hacer los nidos bien sĂłlidos y calientes con las pajitas de heno y con la lana que las ovejas dejan en las zarzas. Y es el Señor. Vosotros, pequeños hombres, creados por Ăl como los pĂĄjaros, por tanto hermanos suyos de creaciĂłn, Âżpor quĂ© querĂ©is ser distintos de Ăl, creyendo que os es lĂcito comportaros cruelmente con estos pequeños animales? Sed misericordiosos con todos y no privĂ©is de lo justo a ninguno; para con los hombres hermanos y para con los animales, vuestros siervos y amigos; y DiosâŠÂ».
«¿Maestro?» dice Simón. «Judas estå llegando».
«... y Dios serå misericordioso con vosotros, dåndoos todo cuanto os hace falta, como se lo da a estos inocentes. Marchaos y llevad con vosotros la paz de Dios».