Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

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Comodidad de lectura

ECR 56.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Es Aquella que te ha engendrado y que ha sido para mĂ­ maestra suave quien, con su mirada de paloma, me dice, sin usar palabras: “¡SĂ© de JesĂșs!”. ÂżPuedo no tener en cuenta esa voz excelsa que me traspasa el corazĂłn? ÂżEsa oraciĂłn de santa que ciertamente me suplica para mi bien? ÂżSĂłlo porque soy primo por parte de JosĂ©, no debo conocerte por lo que eres, mientras que el Bautista te ha conocido — y no te habĂ­a visto jamĂĄs — aquĂ­, en las orillas de este rĂ­o y te ha proclamado “Cordero de Dios”? Y yo, yo que he crecido contigo, yo que me he hecho bueno siguiĂ©ndote a ti, yo que he venido a ser hijo de la Ley por mĂ©rito de tu Madre y que de Ella he aspirado no los seiscientos trece preceptos de los rabĂ­es, ademĂĄs de la Escritura y las oraciones, sino el espĂ­ritu de Ă©stas... ÂżEs que no voy a ser capaz de nada?».

«¿Y tu padre?».

«¿Mi padre? No le falta pan ni asistencia, y ademĂĄs... TĂș me das ejemplo. TĂș has pensado en el bien del pueblo mĂĄs que en el pequeño bien de MarĂ­a. Y Ella estĂĄ sola. Dime TĂș, Maestro mĂ­o, Âżno es lĂ­cito, acaso, sin faltarle al respeto, decirle a un padre: “Padre, yo te quiero. Pero, por encima de ti estĂĄ Dios, y a Él le sigo”?».

«Judas, pariente y amigo mío, Yo te lo digo: vas muy adelante en el camino de la Luz. Ven. Sí, es lícito hablarle al padre así cuando es Dios quien llama. Nada estå por encima de Dios. Incluso las leyes de la sangre cesan, o sea, se subliman, porque con nuestras lågrimas los ayudamos mås a los padres, a las madres, y por algo mås eterno que no lo cotidiano del mundo. Los llevamos con nosotros al Cielo y, por la misma vía del sacrificio de los afectos, a Dios. Quédate pues, Judas. Te he esperado y me siento contento de volverte a tener, amigo de mi vida nazarena».

Detalle

Judas hablĂł con JesĂșs y le dijo:

Palabras clave

ECR 56.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

A mi lado, siguiĂ©ndome, encontrarĂĄs Padre e hijos. Levanta la mirada, SimĂłn. AllĂ­ el verdadero Padre te sonrĂ­e. Observa los espacios de la tierra, los continentes, las regiones. Hay hijos e hijos; hijos del alma para los que no tienen hijos. Te esperan a ti, y muchos como tĂș esperan. Bajo mi signo ya nadie serĂĄ abandonado. En mi signo ya no hay soledades ni diferencias. Es signo de amor y da amor.

Palabras clave

ECR 56.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Bajo mi signo ya nadie serĂĄ abandonado. En mi signo ya no hay soledades ni diferencias. Es signo de amor y da amor.

Palabras clave

ECR 57

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

JesĂșs llega a Nazaret con sus apĂłstoles. Invita a sus discĂ­pulos a que le acompañen a casa para encontrarse con su Madre. A su llegada, Cristo es recibido por un rebaño de niños. Responde a sus preguntas y llega a su casa. Naturalmente, su Madre se alegra de verle, pero tambiĂ©n se angustia, porque sus parientes le han contado lo que ha hecho en el Templo. Tras el reencuentro, los discĂ­pulos le conocen (excepto Juan, que ya la habĂ­a conocido) y se sientan todos a la mesa. MarĂ­a de Alfeo estĂĄ en la casa y Judas le cuenta su decisiĂłn de seguir a JesĂșs. Ella se alegra y el grupo comparte anĂ©cdotas sobre la vida de JesĂșs. La visiĂłn termina ahĂ­.

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ECR 57.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.1 JesĂșs llega con su primo y los seis discĂ­pulos a las proximidades de Nazaret. Desde lo alto del alcor en que se encuentran se ve — blanca entre el verde — la pequeña, linda ciudad subir y bajar por las laderas en que estĂĄ construida (un dulce ondular de laderas: en unos lugares apenas perceptible; en otros, mĂĄs marcado).

«Hemos llegado, amigos. Ved allĂ­ mi casa. Sale humo de ella. Mi Madre estĂĄ dentro. QuizĂĄs estĂ© haciendo el pan. No os digo que os quedĂ©is, porque pienso que estarĂ©is deseando llegar a casa. Pero si querĂ©is partir conmigo el pan, y conocer a Aquella que Juan conoce, os digo: “¡Venid!”».

Los seis, que ya estaban tristes por la separaciĂłn inminente, se ponen de nuevo del todo contentos y aceptan de corazĂłn.

«Vamos, entonces».

Bajan a buen paso la pequeña colina y toman la calzada principal. Anochece. Todavía hace calor, pero ya las sombras descienden sobre los labrantíos, donde las mieses comienzan a madurar.

Entran en el pueblo. Mujeres que van y vienen de la fuente, hombres a la puerta de los minĂșsculos talleres o en los huertos saludan a JesĂșs y a Judas.

Detalle

JesĂșs invita a los discĂ­pulos a conocer a su Madre por primera vez (excepto Juan, que ya la conoce).

Palabras clave

ECR 57.3.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.3 Luego dice: «Bueno, ¿ves? Estoy aquí y no estoy solo. Me he traído a mis primeros discípulos, y otros estån en Judea. También el primo Judas estå conmigo y me sigue...».

«¿Judas?».

«SĂ­, Judas. SĂ© por quĂ© te asombras. Claro, entre los que han referido el hecho estaban Alfeo y sus hijos... y no yerro diciendo que me han criticado. Pero no tengas miedo. Hoy asĂ­, mañana de otra forma. Al hombre se le debe cultivar como a la tierra, y donde hay espinos salen rosas. Judas, a quien tĂș amas, estĂĄ ya conmigo».

«¿Dónde estå ahora?».

«Ahí afuera con los otros. ¿Tienes pan para todos?».

«Sí, Hijo. María de Alfeo estå sacåndolo del horno. María es muy buena conmigo, especialmente ahora».

«Dios la glorificarå». Sale a la puerta y llama: «¥Judas! ¥Aquí estå tu madre! ¥Amigos, venid!».

(...) Acude MarĂ­a de Alfeo, roja y llena de harina, y saluda a JesĂșs, el cual la bendice; luego conduce a los seis al huerto, a la pila, y vuelve feliz. «¥Oh, MarĂ­a!» le dice a la Virgen. «Judas me lo ha dicho. ÂĄQuĂ© contenta estoy! Por Judas y por ti, cuñada mĂ­a. SĂ© que los otros me reprobarĂĄn. Pero no me importa. SerĂ© feliz el dĂ­a en que sepa que todos son de JesĂșs. Nosotras, madres, sabemos... sentimos lo que es bueno para los hijos. Y yo siento que el bien de los mĂ­os eres TĂș, JesĂșs».

JesĂșs le acaricia la cabeza sonriĂ©ndole.

Detalle

JesĂșs ha vuelto a encontrar a su Madre. Escucha y luego le toca hablar.

Palabras clave

ECR 57.3-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¥Amigos, venid!».

Entran y saludan. Judas besa a MarĂ­a y luego corre a buscar a su madre.

JesĂșs nombra a los cinco: Pedro, AndrĂ©s, Santiago, Natanael, Felipe; porque Juan, a quien MarĂ­a ya conocĂ­a, la ha saludado inmediatamente despuĂ©s de Judas, inclinĂĄndose y recibiendo su bendiciĂłn.

57.4 MarĂ­a los saluda y los invita a sentarse. Es la señora de la casa y, aun adorando con la mirada a su JesĂșs — parece que el alma continĂșe hablando, por los ojos, con el Hijo — se ocupa de los huĂ©spedes. QuerrĂ­a llevar agua para que repusieran fuerzas. Pero Pedro salta: «No, Mujer. No puedo permitirlo. TĂș siĂ©ntate junto a tu Hijo, Madre santa. Voy yo. Ahora vamos al huerto, a refrescarnos».

Acude MarĂ­a de Alfeo, roja y llena de harina, y saluda a JesĂșs, el cual la bendice; luego conduce a los seis al huerto, a la pila, y vuelve feliz. «¥Oh, MarĂ­a!» le dice a la Virgen. «Judas me lo ha dicho. ÂĄQuĂ© contenta estoy! Por Judas y por ti, cuñada mĂ­a. SĂ© que los otros me reprobarĂĄn. Pero no me importa. SerĂ© feliz el dĂ­a en que sepa que todos son de JesĂșs. Nosotras, madres, sabemos... sentimos lo que es bueno para los hijos. Y yo siento que el bien de los mĂ­os eres TĂș, JesĂșs».

JesĂșs le acaricia la cabeza sonriĂ©ndole.

Vuelven los discĂ­pulos y MarĂ­a de Alfeo sirve pan fragante, aceitunas y queso. Trae una pequeña ĂĄnfora de vino tinto. JesĂșs llena los vasos de sus amigos. Es siempre JesĂșs quien ofrece, y luego distribuye.

57.5 Un poco azorados al principio, los discĂ­pulos se sienten mĂĄs seguros y hablan de sus casas, del viaje a JerusalĂ©n, de los milagros acaecidos. Se sienten llenos de celo y de afecto, y Pedro trata de hacer de MarĂ­a una aliada para obtener que JesĂșs los tome en seguida sin previa espera en Betsaida.

Ella, con una suave sonrisa los exhorta: «Haced todo lo que Él dice. Esta espera os granjearĂĄ mĂĄs beneficios que una uniĂłn inmediata. Mi JesĂșs todo lo que hace lo hace bien».

La esperanza de Pedro muere. Pero se resigna con elegancia. Sólo pregunta: «¿Durarå mucho la espera?».

JesĂșs le mira sonriĂ©ndole, pero no dice nada mĂĄs.

MarĂ­a interpreta esa sonrisa como un signo benĂ©volo, y dice: «SimĂłn de JonĂĄs, Él sonrĂ­e... por eso yo te digo: ligero como vuelo de golondrina serĂĄ el tiempo de tu espera obediente».

«Gracias, Mujer».

57.6 «¿No hablas, Judas? ÂżY tĂș, Juan?».

«Te miro, María».

«Yo también».

«También yo os miro y... ¿Sabéis?... me viene a la mente una hora lejana. También entonces tenía siempre tres pares de ojos fijos en mi rostro con amor. ¿Te acuerdas, María, de mis tres discípulos?».

«¥Ah, que si me acuerdo!... ÂĄEs cierto! TambiĂ©n ahora tres, de la misma edad mĂĄs o menos, te miran con todo su amor. Y Ă©ste, Juan, creo, me parece el JesĂșs de entonces, tan rubio y rosado, y el mĂĄs joven».

Los otros se muestran deseosos de saber. Recuerdos y anécdotas fluyen con el tiempo en las palabras. Cae la noche.

«Amigos, Yo no tengo habitaciones. Pero allí estå el taller donde trabajaba. Si queréis cobijaros allí... Sólo estån los bancos».

«Cama cómoda para pescadores habituados a dormir en estrechos tablones. Gracias, Maestro. Dormir bajo tu techo es honor y santificación».

Se retiran despidiéndose efusivamente. También Judas se retira con su madre; van a su casa.

En esta habitaciĂłn quedan JesĂșs y MarĂ­a, sentados sobre el arca, a la luz de la lamparita, un brazo en el hombro del otro, y JesĂșs cuenta, y MarĂ­a escucha, dichosa, trĂ©mula, contenta...

La visiĂłn termina asĂ­.

Detalle

María tiene una discusión con Pedro y le da un consejo parecido al de Canå: "Haced lo que él os diga".

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