Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

PĂĄgina 30 de 198

Comodidad de lectura

ECR 42.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

María, siempre, en las horas mås graves de su vida, se había abrazado a Dios. Así lo hizo en el Templo, cuando recibió la llamada al matrimonio; como en Nazaret, cuando fue llamada a la Maternidad, o llorando al verse viuda, o, en Nazaret también, cuando tuvo que pasar por el suplicio de verse separada de su Hijo; como en el Calvario, bajo la tortura que le supuso el verme morir.

Palabras clave

ECR 42.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Aprended, vosotros, que morĂ­s, a merecer que JesĂșs estĂ© a vuestro lado para confortaros. Mas, aunque no lo hubierais merecido, tened la osadĂ­a, de todas formas, de llamarme para que vaya a vuestro lado. Yo irĂ©, llenas mis manos de gracias y consuelo, lleno mi corazĂłn de perdĂłn y de amor, llenos mis labios de palabras de absoluciĂłn y de palabras de aliento.

Palabras clave

ECR 43

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

MarĂ­a da una lecciĂłn a MarĂ­a y vuelve al Evangelio de la Infancia. Se detiene en los discretos milagros que jalonaron su vida oculta. La Virgen vuelve tambiĂ©n sobre el desarrollo espiritual de su esposo, luego declara que las visiones se habĂ­an dado segĂșn las necesidades de MarĂ­a, porque no soportaba ver ciertas cosas, y el Cielo no es cruel: actĂșa para consolarnos, no para aterrorizarnos.

MarĂ­a se detiene en los regalos de los Magos, que se esfumaron como la nieve en Egipto, y que apenas les permitieron restablecer la casa y el taller en Nazaret. La Sagrada Familia no obtuvo bienes materiales gracias a JesĂșs, pero lo Ășnico que les importaba a JosĂ© y MarĂ­a era conservar su tesoro, Cristo.

La Virgen siguió animando a María porque estaba pasando por grandes sufrimientos, y declaró que el martirio "no está en la forma del suplicio, sino en la constancia con que el mártir lo soporta". Debemos vivirlo en Dios y pedir su ayuda, porque lo que nosotros no podemos hacer, Él lo hará en nosotros...

Palabras clave

ECR 43.1-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

43.1 Dice MarĂ­a:

«Antes de que entregues estos cuadernos, uno a ellos mi bendición.

Ahora — tan sĂłlo se necesita que querĂĄis hacerlo con un poco de paciencia — podĂ©is tener una colecciĂłn completa de los hechos de la vida Ă­ntima de mi JesĂșs. TenĂ©is, desde la AnunciaciĂłn hasta el momento en que sale de Nazaret para predicar, no sĂłlo los dictados, sino tambiĂ©n la ilustraciĂłn de los hechos que acompañaron la vida familiar de JesĂșs.

Los Evangelios, al describir el vasto cuadro de la vida de mi Hijo, engloban, en breves referencias, sus primeros años, su niñez, su adolescencia y su juventud. En los Evangelios, Él es el Maestro. AquĂ­, es el Hombre, el Dios que se humilla por amor al hombre.

43.2 Mas también obra milagros aquí, en el anonadamiento de una vida corriente; los obra en mí, sintiendo mi alma llevada a la perfección al vivir en contacto con este Hijo mío que estaba formåndose en mi seno; los obra en casa de Zacarías, santificando al Bautista, ayudando a Isabel en el momento del parto, devolviéndole la palabra, y la fe, a Zacarías; los obra en José, abriéndole el espíritu a la luz de una verdad tan excelsa que no hubiera podido comprenderla por sí solo, a pesar de ser justo.

43.3 José, después de mí, fue el mås consolado de esta lluvia de divinos beneficios.

Observa cuĂĄnto camino recorre, espiritual camino, desde que viene a mi casa hasta el momento de la huida a Egipto. Al principio era solamente un hombre justo segĂșn los cĂĄnones de su tiempo; luego, por fases, deviene el justo del tiempo cristiano. Se enriquece de la fe en Cristo y, tanto se abandona a esta fe segura, que de la frase pronunciada al principio del viaje de Nazaret hacia BelĂ©n — “¿CĂłmo nos las arreglaremos?” —, frase en que estaba comprendido todo el hombre, todo ese hombre que se revela con sus temores humanos, con sus humanas preocupaciones, pasa a la esperanza. AsĂ­, en la gruta, antes del nacimiento, dice: “Mañana irĂĄ mejor”. JesĂșs, ya cercano, le fortifica con esta esperanza, que entre los dones de Dios es uno de los mĂĄs bellos. Y luego, cuando el contacto con JesĂșs le santifica, pasa de esta esperanza a la intrepidez. Siempre se habĂ­a dejado dirigir por mĂ­, llevado del respeto de altĂ­sima veneracĂ­on que hacia mĂ­ abrigaba. Ahora, por el contrario, dirige Ă©l, tanto las cosas de orden material como las de otro orden superior, y, en calidad de cabeza de la Familia, decide todo Ă©l. Es mĂĄs, cuando, tras los meses de uniĂłn con el Hijo divino que le saturaron de santidad, llega la penosa hora de la huida, es Ă©l quien alivia mi pena, y me dice: “Aun en el caso de perderlo todo, teniĂ©ndole a Él tenemos todo”.

43.4 Y tambiĂ©n en los pastores mi JesĂșs obra milagros de gracia. AsĂ­, el Ángel se dirige al pastor ya predispuesto a la Gracia por su fugaz encuentro conmigo, y le conduce a la Gracia, para que sea de ella salvado para siempre.

Obra milagros por doquiera que pasa, ya en exilio, ya de nuevo en su pequeña patria de Nazaret. Dondequiera que estuviese, en efecto, la santidad se expandía como el aceite sobre un lienzo, o la fragancia de las flores por el aire, y todo aquel que recibía su toque, a menos que no fuera un demonio, salía ansioso de santidad. Tal anhelo es ya raíz de vida eterna, pues quien quiere ser bueno consigue la bondad, que lleva al Reino de Dios.

43.5 Ahora ya tenĂ©is, en escenas que reflejan momentos diversos, la santa Humanidad de mi Hijo, desde el alba al ocaso. Si el padre M. lo considera oportuno, puede componer una secuencia ordenada, de forma que quede un todo sin lagunas. Si es que lo estima Ăștil.

PodrĂ­amos haber dado todo junto, pero la Providencia juzgĂł que asĂ­ estaba bien; por ti, alma mĂ­a. En cada uno de los dictados te hemos dado la medicina para aquellas heridas que te serĂ­an infligidas. Te la hemos ido dando con antelaciĂłn, para prepararte. Mientras estĂĄ granizando, nada parece protegernos, mas no es asĂ­. Si bien es cierto que la tempestad reaviva la humanidad que duerme sepultada bajo las aguas espirituales, no lo es menos que tambiĂ©n saca a la superficie las gemas de una doctrina sobrenatural que, habiendo sido depositadas en vuestro corazĂłn, esperaban precisamente esa hora de tempestad para emerger y deciros: “Acordaos de que tambiĂ©n existimos nosotros”.

Y no es sĂłlo una razĂłn de Providencia, alma mĂ­a, sino que tambiĂ©n hay en ello una razĂłn de bondad. En efecto, ÂżcĂłmo te hubiera sido posible, en el actual estado de postraciĂłn en que te encuentras, ver u oĂ­r ciertas visiones o ciertos dictados? Te habrĂ­an lesionado en modo tal, que te habrĂ­an incapacitado para tu misiĂłn de “portavoz”. Por eso, los hemos dado antes, evitando asĂ­ quebrarte el corazĂłn — pues somos buenos — con visiones y palabras demasiado acordes con tu sufrir, que te lo habrĂ­an agudizado hasta portarlo al espasmo. No somos crueles, MarĂ­a. Siempre actuamos de forma que recibĂĄis de Nosotros consuelo, y no temor o aumento de vuestro dolor. Nos es suficiente que os fiĂ©is de Nosotros. Nos es suficiente que, con JosĂ©, digĂĄis: “Si me queda JesĂșs, todo me queda”, para que vayamos con dones celestes a consolar vuestro espĂ­ritu.

43.6 No te prometo dones y consolaciones humanas; sĂ­, las mismas consolaciones que tuvo JosĂ©: sobrenaturales. Todos han de saber, efectivamente, que, bajo la presiĂłn de la usura, que sofoca a todo pobre fugitivo, los dones de los Magos se disiparon, con la rapidez del relĂĄmpago, en conseguir un techo y ese mĂ­nimo de enseres o del necesario alimento, proveniente de aquella Ășnica fuente mientras no pudimos encontrar trabajo.

En la comunidad hebrea ha habido siempre mucha ayuda mutua, pero la de Egipto en concreto estaba formada en su mayor parte por gente perseguida que habĂ­a tenido que expatriarse; gente pobre, por tanto, como nosotros, que nos añadĂ­amos a su nĂșmero. Y una pequeña parte de aquella riqueza, que querĂ­amos reservarla para JesĂșs, para cuando fuera adulto, (la que se habĂ­a salvado de los gastos de asentarnos en Egipto) nos sirviĂł para cubrir las necesidades del regreso a la patria, y fue apenas suficiente para organizar de nuevo en Nazaret casa y taller. Los tiempos cambian, pero la avidez humana es siempre la misma, y siempre aprovecha la necesidad ajena para, abusivamente, succionar su parte.

No. El tener con nosotros a JesĂșs no nos procurĂł bienes materiales. Muchos de vosotros es esto lo que pretendĂ©is en cuanto os sentĂ­s un poquito unidos a JesĂșs. Os olvidĂĄis de que Él dijo: “Buscad las cosas del espĂ­ritu”. Todo lo demĂĄs es añadidura. Es verdad que Dios proporciona tambiĂ©n el alimento a los hombres, como a las aves, pues sabe que, mientras la carne sea armadura de vuestra alma, lo necesitĂĄis. Cierto; pero, pedid primero su Gracia, pedid primero por vuestro espĂ­ritu. El resto se os darĂĄ por añadidura.

A JosĂ©, humanamente hablando, la uniĂłn con JesĂșs no le procurĂł sino trabajos, esfuerzos, persecuciones, hambre. Pero, dado que tendĂ­a sĂłlo hacia JesĂșs, todo esto se transformĂł en paz espiritual, en alegrĂ­a sobrenatural. Yo quisiera conduciros al punto en que estaba mi esposo cuando decĂ­a: “Aunque nos quedĂĄramos sin nada, tendremos siempre todo, porque tenemos a JesĂșs”.

43.7 SĂ© que el corazĂłn se rompe, sĂ© que la mente se nubla, sĂ© que la vida se consume. SĂ­, MarĂ­a, pero... ÂżEres de JesĂșs? ÂżQuieres serlo? ÂżDĂłnde, cĂłmo muriĂł JesĂșs? Niña querida mĂ­a, llora, pero persevera en la fortaleza. El martirio no estĂĄ en la forma del tormento, estĂĄ en la constancia con que el mĂĄrtir lo soporta. Por tanto, tan martirio es una pena moral cuanto lo es un arma, cuando aquĂ©lla se soporta con la misma finalidad. TĂș soportas por amor a mi Hijo. Todo lo que haces por los hermanos es siempre amor a JesĂșs, el cual los quiere salvos. Por tanto, lo que vives es martirio; persevera en Ă©l. No quieras actuar por ti sola. Es suficiente — puesto que estĂĄs sometida a presiĂłn demasiado fuerte como para poder tener todavĂ­a el vigor de guiarte por ti sola y de dominar incluso tu humanidad, impidiĂ©ndole llorar —, es suficiente con que dejes que el dolor te torture sin rebelarte. Basta que le digas a JesĂșs: “¡AyĂșdame!”. Lo que tĂș no puedes hacer, Él lo harĂĄ en ti. Permanece en Él. Siempre en Él. No quieras salir de Él; y no saldrĂĄs si tĂș no lo quieres. Y aunque de hecho, como ahora, la intensidad del dolor te impida ver dĂłnde estĂĄs, tĂș estarĂĄs siempre en JesĂșs.

Te bendigo. Di conmigo: “Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto”. Que Ă©ste sea siempre tu grito. Hasta que lo digas en el Cielo. La gracia del Señor estĂ© siempre en ti».

Palabras clave

ECR 43.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Mientras estĂĄ granizando, nada parece protegernos, mas no es asĂ­. Si bien es cierto que la tempestad reaviva la humanidad que duerme sepultada bajo las aguas espirituales, no lo es menos que tambiĂ©n saca a la superficie las gemas de una doctrina sobrenatural que, habiendo sido depositadas en vuestro corazĂłn, esperaban precisamente esa hora de tempestad para emerger y deciros: “Acordaos de que tambiĂ©n existimos nosotros”.

Palabras clave

ECR 43.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Siempre actuamos de forma que recibĂĄis de Nosotros consuelo, y no temor o aumento de vuestro dolor. Nos es suficiente que os fiĂ©is de Nosotros. Nos es suficiente que, con JosĂ©, digĂĄis: “Si me queda JesĂșs, todo me queda”, para que vayamos con dones celestes a consolar vuestro espĂ­ritu.

Detalle

Marie dice:

Palabras clave

ECR 43.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

43.6 No te prometo dones y consolaciones humanas; sĂ­, las mismas consolaciones que tuvo JosĂ©: sobrenaturales. Todos han de saber, efectivamente, que, bajo la presiĂłn de la usura, que sofoca a todo pobre fugitivo, los dones de los Magos se disiparon, con la rapidez del relĂĄmpago, en conseguir un techo y ese mĂ­nimo de enseres o del necesario alimento, proveniente de aquella Ășnica fuente mientras no pudimos encontrar trabajo.

En la comunidad hebrea ha habido siempre mucha ayuda mutua, pero la de Egipto en concreto estaba formada en su mayor parte por gente perseguida que habĂ­a tenido que expatriarse; gente pobre, por tanto, como nosotros, que nos añadĂ­amos a su nĂșmero. Y una pequeña parte de aquella riqueza, que querĂ­amos reservarla para JesĂșs, para cuando fuera adulto, (la que se habĂ­a salvado de los gastos de asentarnos en Egipto) nos sirviĂł para cubrir las necesidades del regreso a la patria, y fue apenas suficiente para organizar de nuevo en Nazaret casa y taller. Los tiempos cambian, pero la avidez humana es siempre la misma, y siempre aprovecha la necesidad ajena para, abusivamente, succionar su parte.

No. El tener con nosotros a JesĂșs no nos procurĂł bienes materiales. Muchos de vosotros es esto lo que pretendĂ©is en cuanto os sentĂ­s un poquito unidos a JesĂșs. Os olvidĂĄis de que Él dijo: “Buscad las cosas del espĂ­ritu”. Todo lo demĂĄs es añadidura. Es verdad que Dios proporciona tambiĂ©n el alimento a los hombres, como a las aves, pues sabe que, mientras la carne sea armadura de vuestra alma, lo necesitĂĄis. Cierto; pero, pedid primero su Gracia, pedid primero por vuestro espĂ­ritu. El resto se os darĂĄ por añadidura.

Palabras clave

ECR 43.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Los tiempos cambian, pero la avidez humana es siempre la misma, y siempre aprovecha la necesidad ajena para, abusivamente, succionar su parte.

Palabras clave