ECR 5.8-9.11-12
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
5.8 ÂVen y lee sus glorias en el Libro del Antepasado: âDios me poseyĂł al inicio de sus obras, desde el principio, antes de la creaciĂłn. Ab aeterno fui erigida, al principio, antes de que la tierra fuera hecha; aĂșn no existĂan los abismos, y yo ya habĂa sido concebida. AĂșn no manaba agua de los manantiales, aĂșn no se elevaban con su pesada mole los montes, aĂșn las colinas no eran para el Sol collares... y yo ya habĂa nacido. Dios no habĂa hecho todavĂa la tierra ni los rĂos ni las columnas del mundo, y yo ya existĂa. Cuando preparaba los cielos, yo estaba presente, cuando con ley inmutable clausurĂł el abismo bajo la bĂłveda, cuando fijĂł arriba la bĂłveda celeste y colgĂł de ella las fuentes de las aguas, cuando al mar le establecĂa sus confines y daba leyes a las aguas, cuando daba leyes a las aguas de no sobrepasar su lĂmite, cuando echaba los fundamentos de la tierra, yo estaba con Ăl ordenando todas las cosas. Siempre alegre jugueteaba ante Ăl continuamente, jugueteaba en el universo...â. Las habĂ©is aplicado a la SabidurĂa, pero hablan de Ella: la hermosa Madre, la santa Madre, la Virgen Madre de la SabidurĂa, que soy Yo, el que te habla.
5.9 ÂHe querido que escribieras, como encabezamiento del libro que habla de Ella, el primer verso de este himno, para que fuera confesado y conocido el consuelo y la alegrĂa de Dios; la razĂłn de la constante, perfecta, Ăntima alegrĂa de este Dios Uno y Trino que os sostiene y ama y que del hombre recibiĂł tantos motivos de tristeza; la razĂłn de que perpetuara la raza aun cuando Ă©sta, con la primera prueba, habĂa merecido la destrucciĂłn; la razĂłn del perdĂłn que habĂ©is recibido.
Que MarĂa le amara... ÂĄOh, bien merecĂa la pena crear al hombre y dejarle vivir y decretar perdonarle, para tener a la Virgen bella, a la Virgen santa, a la Virgen inmaculada, a la Virgen enamorada, a la Hija dilecta, a la Madre purĂsima, a la Esposa amorosa! Mucho os ha dado, y mĂĄs aĂșn os habrĂa dado, Dios, con tal de poseer a la Criatura de sus delicias, al Sol de su sol y Flor de su jardĂn. Y mucho os sigue dando por Ella, a peticiĂłn de Ella, para alegrĂa de Ella, porque su alegrĂa se vierte en la alegrĂa de Dios y la aumenta con destellos que llenan de resplandores la luz, la gran luz del ParaĂso, y cada resplandor es una gracia para el universo, para la raza del hombre, para los mismos bienaventurados, que responden con un esplendoroso grito de aleluya a cada milagro que sale de Dios, creado por el deseo del Dios Trino de ver la esplendorosa sonrisa de alegrĂa de la Virgen.
(...) 5.11 ÂLa Mente suprema, que nada ignora, antes de que el hombre fuese, sabĂa que serĂa ladrĂłn y homicida de sĂ mismo. Y, dado que la Bondad eterna no conoce lĂmites en su ser buena, antes de que la Culpa fuera, pensĂł el medio para anular la Culpa. El medio, Yo; el instrumento para hacer del medio un instrumento operante, MarĂa. Y la Virgen fue creada en el pensamiento sublime de Dios.
5.12 ÂTodas las cosas han sido creadas para mĂ, Hijo dilecto del Padre. Yo-Rey habrĂa debido tener bajo mi pie de Rey divino alfombras y joyas como palacio alguno jamĂĄs tuviera, y cantos y voces, y tantos siervos y ministros en torno a mĂ como soberano alguno jamĂĄs tuviera, y flores y gemas, y todo lo sublime, lo grandioso, lo fino, lo delicado que es posible extraer del pensamiento de todo un Dios.
Mas Yo debĂa ser Carne ademĂĄs de EspĂritu. Carne para salvar a la carne. Carne para sublimar la carne, llevĂĄndola al Cielo muchos siglos antes de la hora. Porque la carne habitada por el espĂritu es la obra maestra de Dios, y para ella habĂa sido hecho el Cielo. Para ser Carne tenĂa necesidad de una Madre. Para ser Dios tenĂa necesidad de que el Padre fuese Dios.
He aquĂ que entonces Dios se crea a su Esposa y le dice: âVen conmigo. Junto a mĂ ve cuanto Yo hago para el Hijo nuestro. Mira y regocĂjate, eterna Virgen, Doncella eterna, y tu risa llene este empĂreo y dĂ© a los ĂĄngeles la nota inicial y al ParaĂso le enseñe la armonĂa celeste. Yo te miro, y te veo como serĂĄs, ÂĄoh, Mujer inmaculada que ahora eres sĂłlo espĂritu: el espĂritu en que Yo me deleito! Yo te miro y doy al mar y al firmamento el azul de tu mirada; el color de tus cabellos, al trigo santo; el candor, a la azucena; el color rosa como tu epidermis de seda, a la rosa; de tus dientes delicados copio las perlas; hago las dulces fresas mirando tu boca; a los ruiseñores les pongo en la garganta tus notas y a las tĂłrtolas tu llanto. Leyendo tus futuros pensamientos, oyendo los latidos de tu corazĂłn, tengo el motivo guĂa para crear. Ven, AlegrĂa mĂa, sĂ©ante los mundos juguete hasta que me seas luz danzarina en el pensamiento, sean los mundos para reĂr tuyo. Tente las guirnaldas de estrellas y los collares de astros, ponte la luna bajo tus nobles pies, adĂłrnate con el chal estelar de Galatea. Son para ti las estrellas y los planetas. Ven y goza viendo las flores que le servirĂĄn a tu Niño como juego y de almohada al Hijo de tu vientre. Ven y ve crear las ovejas y los corderos, las ĂĄguilas y las palomas. EstĂĄte a mi lado mientras hago las cuencas de los mares y de los rĂos, y alzo las montañas y las pinto de nieve y de bosques; mientras siembro los cereales y los ĂĄrboles y las vides, y hago el olivo para ti, PacĂfica mĂa, y la vid para ti, Sarmiento mĂo que llevarĂĄs el Racimo eucarĂstico. Camina, vuela, regocĂjate, ÂĄoh, Hermosa mĂa!, y que el mundo universo, que en diversas fases voy creando, aprenda de ti a amarme, Amorosa, y que tu risa le haga mĂĄs bello, Madre de mi Hijo, Reina de mi ParaĂso, Amor de tu Diosâ. Y, viendo a quien es el Error y mirando a la Sin Error, dice: âVen a mĂ, tĂș que cancelas la amargura de la desobediencia humana, de la fornicaciĂłn humana con SatanĂĄs y de la humana ingratitud. Contigo me tomarĂ© la revancha contra SatanĂĄsâ.
AnotaciĂłn
Libro de los Proverbios, 8, 22-31
Pr 8, 22-31: El Señor me hizo para sĂ, el principio de su obra, la primera de sus obras, desde siempre.
Antes de los siglos fui formado, desde el principio, antes de que se formara la tierra. Cuando aĂșn no existĂan las profundidades, fui dado a luz, cuando no habĂa manantiales. Antes de que se fijaran las montañas, antes de las colinas, nacĂ yo, antes de que el Señor hubiera hecho la tierra y el espacio, los elementos primitivos del mundo.
Cuando estableciĂł los cielos, yo estaba allĂ, cuando trazĂł el horizonte en la superficie del abismo, cuando reuniĂł las nubes en las alturas y controlĂł los manantiales de las profundidades, cuando impuso sus lĂmites al mar para que las aguas no pudieran violar su mandato, cuando puso los cimientos de la tierra. Y yo crecĂ a su lado. Yo era su delicia dĂa tras dĂa, jugando ante Ă©l en todo momento, jugando en el universo, en su tierra, y encontrando mi deleite con los hijos de los hombres.
Lee las glorias de MarĂa en el libro del Antepasado. En la Septuaginta, la Biblia de la Ă©poca de JesĂșs, el libro de los Proverbios se llama "Proverbios de SalomĂłn". Ăste era hijo de David y antepasado de JesĂșs (cf. Mateo 1,6: "David, de su uniĂłn con la mujer de UrĂas, engendrĂł a SalomĂłn").
Este texto, aplicado a MarĂa, se comenta en el Libro de las AzarĂas, el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada ConcepciĂłn (vĂ©ase la nota 13). De hecho, ha sido conservado por la liturgia como aplicado a la Inmaculada ConcepciĂłn. Esta relaciĂłn -desde toda la eternidad- entre Cristo y la Virgen MarĂa, en la que se encarna, estĂĄ desarrollada y documentada por el P. G.M. Roschini en La Virgen MarĂa en las obras de MarĂa Valtorta, sĂntesis de la teologĂa mariana de Valtorta, Parte 1, MarĂa en la eternidad, pp. 66-71. TambiĂ©n se refiere al EclesiĂĄstico, 24:3ss.
Muchos teĂłlogos creen que las palabras de Proverbios 8:22-31 se refieren tanto a JesĂșs como a MarĂa. La liturgia del 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada ConcepciĂłn, utilizĂł este texto , que no puede aplicarse sĂłlo a JesĂșs (el Verbo de Dios por medio del cual se hicieron todas las cosas). De hecho, el texto describe a otra persona femenina (especialmente los versĂculos 27 a 31) junto al Creador. Algunos han visto en esta atribuciĂłn a la Virgen MarĂa una herejĂa, pero Âżpuede ser herĂ©tica la Liturgia? Podemos ver en este texto la presciencia de Dios en quien todo existe (cf. por ejemplo Efesios 1,4 : "Nos eligiĂł en Cristo antes de la fundaciĂłn del mundo, para que fuĂ©semos santos e irreprochables ante Ăl en el amor". La presciencia de la PasiĂłn tambiĂ©n existe en la Biblia, mucho antes de su realizaciĂłn en el tiempo señalado, por no hablar del fin de los tiempos. Lo mismo ocurre con la creaciĂłn inmaculada del alma de MarĂa infundida en un pĂșlpito humano en el momento señalado.
JesĂșs vuelve a hablar de ello en EMV 196.7.
San Alberto Magno (1200-1280), dice: "Dios tuvo sumo cuidado en preservar de toda mancha a la mujer que habĂa predestinado desde toda la eternidad para ser su madre en el tiempo" (Sermones de sanctis 38).