Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

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Comodidad de lectura

ECR 31.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.4 «¿Nazaret? Pero si debĂ©is quedaros aquĂ­. El MesĂ­as debe crecer en BelĂ©n. Es la ciudad de David. El AltĂ­simo le ha traĂ­do, a travĂ©s de la voluntad de CĂ©sar, a nacer en la tierra de David, la tierra santa de Judea. ÂżPor quĂ© llevarle a Nazaret? Ya sabĂ©is quĂ© es lo que piensan los judĂ­os de los nazarenos. El dĂ­a de mañana este Niño deberĂĄ ser el Salvador de su pueblo. La capital no debe despreciar a su Rey por el hecho de despreciar a su ciudad de proveniencia. Vosotros sabĂ©is como yo lo insidioso que es en sus razonamientos el SanedrĂ­n y lo desdeñosas que son las tres castas principales... AdemĂĄs aquĂ­, no lejos de mĂ­, podrĂ© ayudaros bastante, y podrĂ© poner todo lo que tengo — no tanto de cosas materiales cuanto de dones morales — al servicio de este ReciĂ©n Nacido. Y cuando estĂ© en edad de entender me sentirĂ© dichoso de ser maestro suyo, como de mi hijo, para que asĂ­, incluso, cuando sea mayor, me bendiga. Tenemos que pensar en el gran destino suyo, y que, por tanto, debe poderse presentar al mundo con todas las cartas para poder ganar fĂĄcilmente su partida. EstĂĄ claro que Él poseerĂĄ la SabidurĂ­a, pero el solo hecho de que haya tenido a un sacerdote por maestro le harĂĄ mĂĄs acepto a los difĂ­ciles fariseos y a los escribas, y le facilitarĂĄ la misiĂłn».

31.5 María mira a José, José mira a María. Por encima de la cabeza inocente del Niño, que duerme rosado y ajeno a lo que le rodea, se entreteje un mudo intercambio de preguntas. Son preguntas veladas de tristeza. María piensa en su casita; José, en su trabajo. Aquí habría que partir de cero, en un lugar en que, apenas unos días antes, nadie los conocía. En este lugar no hay ninguna de esas cosas amadas dejadas allí, y que habían sido preparadas para el Niño con gran amor.

Y MarĂ­a lo dice: «¿CĂłmo hacemos? AllĂ­ hemos dejado todo. JosĂ© ha trabajado para mi JesĂșs sin ahorrar esfuerzo ni dinero. Ha trabajado de noche, para trabajar durante el dĂ­a para los demĂĄs y ganar asĂ­ lo necesario para poder comprar las maderas mĂĄs bonitas, la lana mĂĄs esponjosa, el lino mĂĄs cĂĄndido, para preparar todo para JesĂșs. Ha hecho colmenas, ha trabajado hasta de albañil para darle otra distribuciĂłn a la casa, de forma que la cuna pudiera estar en mi habitaciĂłn hasta que JesĂșs fuese mĂĄs grande, y que luego pudiese dar espacio a la cama; porque JesĂșs estarĂĄ conmigo hasta que sea un jovencito».

«José puede ir a recoger lo que habéis dejado».

«¿Y dĂłnde lo metemos? Como tĂș sabes, ZacarĂ­as, nosotros somos pobres. No tenemos mĂĄs que el trabajo y la casa. Y ambos nos dan para tirar adelante sin pasar hambre. Pero aquĂ­... trabajo encontraremos, quizĂĄs, pero tendremos que pensar de todas formas en una casa. Esta buena mujer no nos puede hospedar permanentemente, y yo no puedo sacrificar a JosĂ© mĂĄs de lo que ya lo estĂĄ por mí».

«¥Oh, yo! ¥Por mí no es nada! Me preocupa el dolor de María, el dolor de no vivir en su casa...».

Le brotan a MarĂ­a dos lagrimones.

«Yo creo que debe amar esa casa como el ParaĂ­so, por el prodigio que allĂ­ tuvo lugar en Ella... Hablo poco, pero entiendo mucho. Si no fuera por este motivo, no me sentirĂ­a afligido. A fin de cuentas, lo Ășnico es que trabajarĂ© el doble, pero soy fuerte y joven como para trabajar el doble de lo acostumbrado y cubrir todas las necesidades. Si MarĂ­a no sufre demasiado... si tĂș dices que se debe hacer asĂ­... por mĂ­... aquĂ­ estoy. HarĂ© lo que estimĂ©is mĂĄs justo. Basta con que le sea Ăștil a JesĂșs».

«Ciertamente serĂĄ Ăștil. Pensad en ello y verĂ©is los motivos».

«Se dice también que el Mesías serå llamado Nazareno...». objeta María.

«Cierto. Pero, al menos hasta que se haga adulto, haced que crezca en Judea. Dice el Profeta: “Y tĂș, BelĂ©n EfratĂĄ, serĂĄs la mĂĄs grande, porque de ti saldrĂĄ el Salvador”. No habla de Nazaret. QuizĂĄs ese apelativo se le darĂĄ por un motivo que desconocemos. Pero su tierra es Ă©sta».

«TĂș lo dices, sacerdote, y nosotros... y nosotros con dolor te escuchamos... y seguimos tu consejo. ÂĄY quĂ© dolor!... ÂżCuĂĄndo verĂ© aquella casa donde fui Madre?». MarĂ­a llora quedo. Y yo entiendo este llanto suyo... ÂĄVaya que si lo entiendo!

La visiĂłn me termina con este llanto de MarĂ­a.

Detalle

Después de la Natividad, Zacarías fue a visitar a José y María. Se opuso a que la Sagrada Familia regresara a Nazaret.

Palabras clave

ECR 31.6-10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.6 Dice luego MarĂ­a:

«Sé que comprendes mi llanto. De todas formas, me verås llorar mås intensamente.

Por el momento voy a aliviar tu espĂ­ritu mostrĂĄndote la santidad de JosĂ©, que era hombre, o sea, que no tenĂ­a mĂĄs ayuda de su espĂ­ritu que su santidad. Yo, en mi condiciĂłn de Inmaculada, tenĂ­a todos los dones de Dios; no sabĂ­a que lo era, pero en mi alma Ă©stos eran acti­vos y me daban fuerza espiritual. Él, sin embargo, no era in­macu­lado. La humanidad estaba en Ă©l con todo su peso gravoso, y debĂ­a elevarse hacia la perfecciĂłn con todo ese peso, a costa del esfuerzo continuo de todas sus facultades por querer alcanzar la perfecciĂłn y ser agradable a Dios.

ÂĄOh, sĂ­, verdaderamente santo era mi esposo! Santo en todo, incluso en las cosas mĂĄs humildes de la vida: santo por su castidad de ĂĄngel, santo por su honestidad de hombre, santo por su paciencia, por su laboriosidad, por su serenidad siempre igual, por su modestia, por todo.

Esa santidad brilla tambiĂ©n en este hecho acaecido. Un sacerdote le dice: “Conviene que te establezcas aquí”; y Ă©l, aun sabiendo que su decisiĂłn le acarrearĂĄ el tener que trabajar mucho mĂĄs, dice: “Por mĂ­ no es nada. Lo que me preocupa es el sufrimiento de MarĂ­a. Si no fuera por esto, yo, por mĂ­, no me afligirĂ­a; es suficiente con que le sea Ăștil a JesĂșs”. JesĂșs, MarĂ­a: sus angĂ©licos amores. Mi santo esposo no tuvo otro amor en este mundo... y se hizo a sĂ­ mismo siervo de este amor.

Le han hecho protector de las familias cristianas, de los trabajadores, de muchas otras categorías (moribundos, esposos...); pues bien, a mayor razón, debería hacérsele protector de los consagrados. Entre los consagrados de este mundo al servicio de Dios, quienquiera que sea, ¿habrå alguno que se haya ofrecido como él al servicio de su Dios, aceptando todo, renunciando a todo, soportåndolo todo, llevando todo a cabo con prontitud, con espíritu gozoso, con constancia de ånimo como él? No, no lo hay.

31.7 Y observa otra cosa; o, mejor, dos.

ZacarĂ­as es un sacerdote; JosĂ©, no. Y, sin embargo, observa cĂłmo Ă©l, que no lo es, tiene su espĂ­ritu en el Cielo mĂĄs que quien lo es. ZacarĂ­as piensa humanamente, y humanamente interpreta las Escrituras, porque — no es la primera vez que lo hace — se deja guiar demasiado por su buen sentido humano. Ya fue castigado por ello, pero vuelve a caer en lo mismo, aunque menos gravemente. Ya respecto al nacimiento de Juan habĂ­a dicho: “¿CĂłmo podrĂĄ ser esto, si yo soy viejo y mi mujer estĂ©ril?”. Ahora dice: “Para allanarse el camino, el Cristo debe crecer aquí”; y piensa — con esa pequeña raĂ­z de orgullo que persiste incluso en los mejores — que Ă©l le puede ser Ăștil a JesĂșs — no Ăștil como quiere serlo JosĂ© (sirviĂ©ndole), sino Ăștil siendo maestro suyo (!) —. Dios le perdonĂł de todas formas por la buena intenciĂłn; pero, Âżnecesitaba, acaso, maestros el “Maestro”?

TratĂ© de hacerle ver la luz en las profecĂ­as, mas Ă©l se sentĂ­a mĂĄs docto que yo y usaba a su modo esta impresiĂłn suya. Yo habrĂ­a podido insistir y vencer, pero — y Ă©sta es la segunda observaciĂłn que te presento — respetĂ© al sacerdote; por su dignidad, no por su saber.

31.8 Por lo general, Dios ilumina siempre al sacerdote. Digo “por lo general”. Es iluminado cuando es un verdadero sacerdote. No es el hĂĄbito el que consagra; consagra el alma. Para juzgar si uno es un verdadero sacerdote, debe juzgarse lo que sale de su alma. Como dijo mi JesĂșs: del alma salen las cosas que santifican o que contaminan, las que informan todo el modo de actuar de un individuo. Pues bien, cuando uno es un verdadero sacerdote, generalmente siempre Dios le inspira. ÂżY los otros, que no son tales?: tener con ellos caridad sobrenatural, orar por ellos.

Y mi Hijo te ha puesto ya al servicio de esta redención, y no digo mås. Alégrate de sufrir porque aumenten los verdaderos sacerdotes. Descansa en la palabra de aquel que te guía. Cree y presta obediencia a su consejo.

31.9 Obedecer salva siempre. Aunque no sea en todo perfecto el consejo que se recibe.

TĂș has visto que nosotros obedecimos, y el fruto fue bueno. Verdad es que Herodes se limitĂł a ordenar el exterminio de los niños de BelĂ©n y de los alrededores. Pero, Âżno habrĂ­a podido, acaso, SatanĂĄs llevar estas ondas de odio, propagarlas, mucho mĂĄs allĂĄ de BelĂ©n, y persuadir a un simil delito a todos los poderosos de Palestina para lograr matar al futuro Rey de los judĂ­os? SĂ­, habrĂ­a podido. Y esto habrĂ­a sucedido en los primeros tiempos del Cristo, cuando el repetirse de los prodigios ya habĂ­a despertado la atenciĂłn de las muchedumbres y el ojo de los poderosos. Y, si ello hubiera sucedido, ÂżcĂłmo habrĂ­amos podido atravesar toda Palestina para ir, desde la lejana Nazaret, a Egipto, tierra que daba asilo a los hebreos perseguidos, y, ademĂĄs, con un niño pequeño y en plena persecuciĂłn? MĂĄs sencilla la fuga de BelĂ©n, aunque — eso sĂ­ — igualmente dolorosa.

La obediencia salva siempre, recuérdalo;

31.10 y el respeto al sacerdote es siempre señal de formaciĂłn cristiana. ÂĄAy — y JesĂșs lo ha dicho — ay de los sacerdotes que pierden su llama apostĂłlica! Pero tambiĂ©n ÂĄay de quien se cree autorizado a despreciarlos!, porque ellos consagran y distribuyen el Pan verdadero que del Cielo baja. Este contacto los hace santos cual cĂĄliz sagrado, aunque no lo sean. De ello deberĂĄn responder a Dios. Vosotros consideradlos tales y no os preocupĂ©is de mĂĄs. No seĂĄis mĂĄs intransigentes que vuestro Señor Jesucristo, el cual, ante su imperativo, deja el Cielo y desciende para ser elevado por sus manos. Aprended de Él. Y, si estĂĄn ciegos, o sordos, o si su alma estĂĄ paralĂ­tica y su pensamiento enfermo, o si tienen la lepra de unas culpas que contrastan demasiado con su misiĂłn, si son LĂĄzaros en un sepulcro, llamad a JesĂșs para que les devuelva la salud, para que los resucite.

Lamadle, almas vĂ­ctimas, con vuestro orar y vuestro sufrir. Salvar un alma es predestinar al Cielo la propia. Pero salvar un alma sacerdotal es salvar un nĂșmero grande de almas, porque todo sacerdote santo es una red que arrastra almas hacia Dios, y salvar a un sacerdote, o sea, santificar, santificar de nuevo, es crear esta mĂ­stica red. Cada una de sus capturas es una luz que se añade a vuestra eterna corona.

Vete en paz».

Detalle

María acaba de ver el encuentro entre Zacarías, José y María. El sacerdote les aconseja que se queden en Belén y ellos obedecen. La visión termina con las lågrimas de María, que le dicta después.

Palabras clave

ECR 31.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

ZacarĂ­as es un sacerdote; JosĂ©, no. Y, sin embargo, observa cĂłmo Ă©l, que no lo es, tiene su espĂ­ritu en el Cielo mĂĄs que quien lo es. ZacarĂ­as piensa humanamente, y humanamente interpreta las Escrituras, porque — no es la primera vez que lo hace — se deja guiar demasiado por su buen sentido humano. Ya fue castigado por ello, pero vuelve a caer en lo mismo, aunque menos gravemente. Ya respecto al nacimiento de Juan habĂ­a dicho: “¿CĂłmo podrĂĄ ser esto, si yo soy viejo y mi mujer estĂ©ril?”. Ahora dice: “Para allanarse el camino, el Cristo debe crecer aquí”; y piensa — con esa pequeña raĂ­z de orgullo que persiste incluso en los mejores — que Ă©l le puede ser Ăștil a JesĂșs — no Ăștil como quiere serlo JosĂ© (sirviĂ©ndole), sino Ăștil siendo maestro suyo (!) —. Dios le perdonĂł de todas formas por la buena intenciĂłn; pero, Âżnecesitaba, acaso, maestros el “Maestro”?

TratĂ© de hacerle ver la luz en las profecĂ­as, mas Ă©l se sentĂ­a mĂĄs docto que yo y usaba a su modo esta impresiĂłn suya. Yo habrĂ­a podido insistir y vencer, pero — y Ă©sta es la segunda observaciĂłn que te presento — respetĂ© al sacerdote; por su dignidad, no por su saber.

Detalle

MarĂ­a se refiere a la visiĂłn dada en EMV 31.1-5.

Palabras clave

ECR 31.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Salvar un alma es predestinar al Cielo la propia. Pero salvar un alma sacerdotal es salvar un nĂșmero grande de almas, porque todo sacerdote santo es una red que arrastra almas hacia Dios, y salvar a un sacerdote, o sea, santificar, santificar de nuevo, es crear esta mĂ­stica red. Cada una de sus capturas es una luz que se añade a vuestra eterna corona.

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