Como dice JeremĂas, verĂĄn por la prueba cuĂĄn doloroso y amargo es haber abandonado al Señor. JeremĂas 2:19. El capĂtulo 2 trata de la apostasĂa de Israel.
El rey y los prĂncipes, los sacerdotes y los escribas serĂĄn avergonzados, porque han dicho y siguen diciendo: "TĂș eres mi padre. ÂĄTĂș me has engendrado! En referencia al Salmo 2:7.
En verdad, en verdad os digo que MoisĂ©s rompiĂł las Tablas de la Ley con ira a la vista del pueblo idĂłlatra, luego volviĂł a la montaña, orĂł, adorĂł y obtuvo misericordia. Eso fue hace siglos. VĂ©ase el libro del Ăxodo, capĂtulos 32 a 34.
JeremĂas pregunta: "ÂżPuede una virgen olvidar sus galas y una esposa su ceñidor? " JeremĂas 2:32.
"ÂżPor quĂ© tratĂĄis de alardear de la honradez de vuestro comportamiento para buscar el amor, cuando enseñåis la perversiĂłn y vuestros caminos, y la sangre de los pobres y de los inocentes estĂĄ en las faldas de vuestros vestidos? " JeremĂas 2:34.
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Libro de JeremĂas 2, 19.32.34
Jer 2, 19: ÂĄVuestra impiedad os castiga y vuestras rebeliones os castigan! Sabed, pues, y ved cuĂĄn impĂo y amargo es que hayĂĄis abandonado a YahvĂ©, vuestro Dios, y no tengĂĄis temor de mĂ, - dice el Señor YahvĂ© de los ejĂ©rcitos.
Jer 2,32: ÂżAcaso olvida la virgen su adorno, la novia su ceñidor? Y mi pueblo se ha olvidado de mĂ durante dĂas sin nĂșmero.
Jer 2,34: Hasta en las faldas de tus vestidos estĂĄ la sangre de los pobres inocentes; no los sorprendiste allanando sus moradas, sino que los mataste por todas estas cosas.
Libro de los Salmos 2, 7
Sal 2, 7 : PublicarĂ© el decreto: YahvĂ© me ha dicho: TĂș eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.
Libro del Ăxodo 32-34
Ăxodo 32-34 : Cuando el pueblo vio que MoisĂ©s tardaba en bajar de la montaña, se reunieron en torno a AarĂłn y le dijeron: "Vamos, haznos un dios que vaya delante de nosotros. Pues en cuanto a este MoisĂ©s, el hombre que nos sacĂł de la tierra de Egipto, no sabemos quĂ© ha sido de Ă©l". AarĂłn les dijo: "Quitaos los aros de oro de las orejas de vuestras mujeres, hijos e hijas, y traĂ©dmelos". Todos se quitaron los aros de oro de las orejas y se los trajeron a AarĂłn. Ăl se los quitĂł de las manos, trabajĂł el oro con un cincel e hizo con Ă©l un becerro de fundiciĂłn. Y dijeron: "Este es tu Dios, Israel, que te sacĂł de la tierra de Egipto". Cuando AarĂłn lo vio, construyĂł un altar ante la imagen, y exclamĂł: "Mañana habrĂĄ fiesta en honor de YahvĂ©". Al dĂa siguiente, habiĂ©ndose levantado temprano por la mañana, ofrecieron holocaustos y presentaron ofrendas de paz; y el pueblo se sentĂł a comer y a beber, y luego se levantaron a divertirse.
Entonces YahvĂ© dijo a MoisĂ©s: "Baja, porque tu pueblo, al que sacaste de la tierra de Egipto, se ha portado muy mal. Pronto se apartaron del camino que yo les habĂa mandado, y se hicieron un becerro de fundiciĂłn, lo adoraron y le ofrecieron sacrificios, y dijeron: Este es vuestro Dios, Israel, que os sacĂł del paĂs de Egipto." YavĂ© dijo a MoisĂ©s: "Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. 10Ahora dĂ©jamelos a mĂ: ÂĄque arda mi ira contra ellos y los consuma! Pero yo harĂ© de ti una gran naciĂłn.
MoisĂ©s suplicĂł a YahvĂ©, su Dios, y le dijo: "ÂżPor quĂ©, YahvĂ©, ha de encenderse tu ira contra tu pueblo, al que sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y mano fuerte? ÂżPor quĂ© han de decir los egipcios: 'Ăl los sacĂł para su propio mal, para destruirlos en las montañas y borrarlos de la faz de la tierra'? Vuelve del ardor de tu ira y arrepiĂ©ntete del mal que quieres hacer a tu pueblo. AcuĂ©rdate de Abraham, Isaac e Israel, tus siervos, a quienes juraste: 'MultiplicarĂ© vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de la que he hablado la darĂ© a vuestros descendientes, y la poseerĂĄn para siempre'.
Y YahvĂ© se arrepintiĂł del mal que habĂa hablado de hacer a su pueblo. MoisĂ©s volviĂł y bajĂł de la montaña con las dos tablas del testimonio en la mano, escritas por ambos lados. Las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada en las tablas. JosuĂ© oyĂł el ruido de los gritos del pueblo, y dijo a MoisĂ©s: "ÂĄHay un grito de guerra en el campamento!". MoisĂ©s respondiĂł: "No es ni el sonido de gritos de victoria ni el sonido de gritos de derrota; oigo la voz del pueblo cantando". Cuando estuvo cerca del campamento, vio el becerro y las danzas. La ira de MoisĂ©s se encendiĂł, arrojĂł las tablas con las manos y las rompiĂł al pie de la montaña. Luego tomĂł el becerro que habĂan hecho, lo quemĂł con fuego, lo moliĂł hasta hacerlo polvo, echĂł el polvo en el agua y se la dio a beber a los hijos de Israel.
MoisĂ©s dijo a AarĂłn: "ÂżQuĂ© te ha hecho este pueblo para que hayas traĂdo sobre ellos un pecado tan grande?". AarĂłn respondiĂł: "ÂĄQue no se encienda la ira de mi señor! TĂș mismo sabes que este pueblo es inclinado al mal. 23Ellos me dijeron: 'Haznos un dios que vaya delante de nosotros; pues en cuanto a este MoisĂ©s, el hombre que nos sacĂł de la tierra de Egipto, no sabemos quĂ© ha sido de Ă©l'. Yo les dije: "ÂĄQue se despojen del oro los que lo tengan! Me lo dieron, lo arrojĂ© al fuego y de Ă©l saliĂł este becerro.
MoisĂ©s vio que el pueblo no tenĂa freno, porque AarĂłn les habĂa quitado todo freno, exponiĂ©ndolos a convertirse en el hazmerreĂr de sus enemigos. Entonces MoisĂ©s se parĂł a la puerta del campamento y dijo: "ÂĄA mĂ me pertenecen los que estĂĄn por YahvĂ©!". Y todos los hijos de LevĂ se reunieron a su alrededor. Y les dijo: "AsĂ ha dicho YahvĂ©, el Dios de Israel: 'Que cada uno de vosotros ponga su espada al cinto y recorra el campamento de puerta en puerta, matando cada uno a su hermano, cada uno a su amigo, cada uno a su pariente'". Los hijos de LevĂ hicieron lo que MoisĂ©s les mandĂł, y aquel dĂa perecieron unos tres mil hombres. MoisĂ©s dijo: "Consagraos hoy a YahvĂ©, ya que cada uno de vosotros ha estado en contra de su hijo y de su padre, para que os dĂ© hoy una bendiciĂłn."
Al dĂa siguiente, MoisĂ©s dijo al pueblo: "HabĂ©is cometido un gran pecado. Ahora subirĂ© a YahvĂ©: tal vez obtenga el perdĂłn de vuestro pecado". MoisĂ©s volviĂł a YahvĂ© y dijo: "ÂĄAh, este pueblo ha cometido un gran pecado! Se han hecho un dios de oro. Perdona ahora su pecado; si no, bĂłrrame de tu libro que has escrito". YahvĂ© dijo a MoisĂ©s: "Al que ha pecado contra mĂ lo borrarĂ© de mi libro. Ve ahora y conduce al pueblo adonde te he dicho. He aquĂ que mi ĂĄngel irĂĄ delante de ti, pero el dĂa de mi visitaciĂłn los castigarĂ© por su pecado." AsĂ golpeĂł YahvĂ© al pueblo, porque habĂan hecho el becerro que habĂa hecho AarĂłn.
(CapĂtulo 33) YahvĂ© dijo a MoisĂ©s: "Vete de aquĂ, tĂș y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto; sube a la tierra que prometĂ con juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: La darĂ© a tus descendientes. EnviarĂ© un ĂĄngel delante de ti y expulsarĂ© al cananeo, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Subid a una tierra que mana leche y miel; pero yo no subirĂ© entre vosotros, porque sois un pueblo de dura cerviz, para que no os destruya por el camino."
Cuando el pueblo oyĂł estas duras palabras, se lamentĂł, y nadie se puso sus ornamentos. Entonces YahvĂ© dijo a MoisĂ©s: "Di a los hijos de Israel: 'Sois un pueblo de dura cerviz; si subiera entre vosotros un momento, os destruirĂa. Y ahora, quitaos los ornamentos de encima, y sabrĂ© lo que tengo que haceros". 6Los hijos de Israel se despojaron de sus ornamentos en el monte Horeb.
Moisés tomó la tienda y la levantó fuera del campamento, a cierta distancia; la llamó la tienda del encuentro; y todos los que buscaban a Yavé iban a la tienda del encuentro, que estaba fuera del campamento. Cuando Moisés fue a la tienda, todo el pueblo se puso en pie, cada uno a la puerta de la tienda, y siguieron a Moisés con la mirada hasta que entró en la tienda. En cuanto Moisés entró en la tienda, la columna de nube descendió y se detuvo a la entrada de la tienda, y Yahvé habló con Moisés. Y todo el pueblo vio la columna de nube que estaba a la entrada de la Tienda; y todo el pueblo se levantó, y cada uno se postró a la entrada de su Tienda. Y Yahvé habló a Moisés cara a cara, como habla un hombre a su amigo. Entonces Moisés regresó al campamento, pero su criado Josué hijo de Nun, un joven, no se apartó de en medio de la Tienda.
MoisĂ©s dijo a YahvĂ©: "TĂș me dices: Haz subir a este pueblo, pero no me dices a quiĂ©n enviarĂĄs conmigo. Sin embargo, dijiste: 'Te conozco por tu nombre y has hallado gracia ante mis ojos. Y ahora, si he hallado gracia ante tus ojos, hazme conocer tus caminos, para que te conozca y halle gracia ante tus ojos. Considera que esta naciĂłn es tu pueblo. YahvĂ© respondiĂł: "Mi rostro irĂĄ contigo y te darĂ© descanso". MoisĂ©s dijo: "Si tu rostro no viene, no nos despidas de aquĂ. ÂżCĂłmo se sabrĂĄ que yo y tu pueblo hemos hallado gracia a tus ojos, si no caminas con nosotros? Esto es lo que nos distinguirĂĄ a mĂ y a tu pueblo de todos los pueblos sobre la faz de la tierra. YahvĂ© respondiĂł a MoisĂ©s: "Aun asĂ harĂ© lo que me pides, pues has hallado gracia ante mis ojos y te conozco por tu nombre".
MoisĂ©s dijo: "DĂ©jame ver tu gloria". YahvĂ© respondiĂł: "HarĂ© pasar toda mi bondad delante de ti, y pronunciarĂ© el nombre de YahvĂ© delante de ti; porque serĂ© clemente con quien quiera ser clemente, y misericordioso con quien quiera ser misericordioso." Dijo YahvĂ©: "No podrĂĄs ver mi rostro, porque el hombre no puede verme y vivir." Dijo YahvĂ©: "AquĂ hay un lugar cerca de mĂ; tĂș estarĂĄs sobre la roca. Cuando pase mi gloria, te pondrĂ© en el hueco de la roca y te cubrirĂ© con mi mano hasta que haya pasado. Entonces retirarĂ© mi mano y me verĂĄs por detrĂĄs; pero mi rostro no se verĂĄ".
(CapĂtulo 34) YahvĂ© dijo a MoisĂ©s: "Corta dos tablas de piedra como las primeras, y escribirĂ© en ellas las palabras que estaban en las primeras tablas que rompiste. PrepĂĄrate para subir mañana por la mañana al monte SinaĂ y presĂ©ntate ante mĂ en la cima del monte. Que nadie suba contigo, y que no se vea a nadie en ninguna parte del monte, y que ni ovejas ni bueyes pasten en la ladera de este monte. Entonces MoisĂ©s cortĂł dos tablas de piedra como las primeras y, levantĂĄndose temprano, subiĂł al monte SinaĂ, como YahvĂ© le habĂa ordenado, y tomĂł las dos tablas de piedra en la mano.
El Señor descendiĂł en la nube, se detuvo junto a Ă©l y pronunciĂł el nombre del Señor. Y YahvĂ© pasĂł por delante de Ă©l y gritĂł: "ÂĄYahvĂ©! ÂĄYahvĂ©! Dios misericordioso y compasivo, lento a la cĂłlera, rico en bondad y fidelidad, que conserva su gracia hasta mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebeliĂłn y el pecado; ÂĄpero no los deja sin castigo, visitando la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y hasta la cuarta generaciĂłn!". Inmediatamente MoisĂ©s se postrĂł en tierra y adorĂł, 9diciendo: "Si he hallado gracia ante tus ojos, Señor, dĂgnate YahvĂ© caminar entre nosotros, pues son un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras iniquidades y nuestros pecados, y tĂłmanos como herencia."
YavĂ© dijo: "He aquĂ, yo hago un pacto: en presencia de todo tu pueblo harĂ© maravillas que no se han hecho en ninguna tierra ni entre ninguna naciĂłn; y todos los pueblos que te rodean verĂĄn la obra de YavĂ©, porque terribles son las cosas que harĂ© contigo.
Presta atención a lo que te ordeno hoy. He aquà que yo expulso delante de vosotros al amorreo, al cananeo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo. Guardaos de pactar con los habitantes de la tierra contra la que marchåis, no sea que se conviertan en una trampa en medio de vosotros. 13Pero derribaréis sus altares, quebraréis sus columnas y derribaréis sus bosques. No adoraréis a otros dioses, porque Yavé se llama Celoso, un Dios celoso. Por tanto, no hagåis alianza con los habitantes de la tierra, no sea que cuando ellos se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, os inviten a entrar y comåis de sus sacrificios; no sea que toméis de sus hijas para vuestros hijos, y sus hijas, prostituyéndose con sus dioses, hagan que también vuestros hijos se prostituyan con sus dioses.
No haréis dioses de metal fundido.
La Fiesta de los Panes sin Levadura: siete dĂas comerĂ©is panes sin levadura, como yo os he mandado, a la hora señalada en el mes de Abib, porque en el mes de Abib salisteis de Egipto.
Todo primogĂ©nito macho de vuestros rebaños, sea buey u oveja, es mĂo. RedimirĂĄs al primogĂ©nito del asno con un cordero; y si no lo redimieres, le romperĂĄs el pescuezo. RedimirĂĄs a todo primogĂ©nito de tus hijos, y no vendrĂĄn ante mĂ con las manos vacĂas.
TrabajarĂ©is seis dĂas, pero descansarĂ©is el sĂ©ptimo, incluso en la labranza y la siega.
Celebraréis la fiesta de las Semanas, de la primera cosecha de trigo, y la fiesta de la Siega al final del año.
Tres veces al año comparecerån todos los varones ante el Señor Yahvé, Dios Israel. Porque echaré a las naciones de delante de ti y extenderé tus fronteras; y nadie codiciarå tu tierra mientras subas a presentarte ante Yahvé, tu Dios, tres veces al año.
No ofrecerĂĄs la sangre de mi vĂctima con pan leudado, y el sacrificio de la fiesta pascual no se guardarĂĄ hasta la mañana.
Traerås las primicias de los primeros frutos de tu tierra a la casa del Señor, tu Dios.
No cocerĂĄs el cabrito en la leche de su madre.
YahvĂ© dijo a MoisĂ©s: "Escribe tĂș estas palabras, porque conforme a ellas hago alianza contigo y con Israel."
MoisĂ©s estuvo allĂ con YahvĂ© cuarenta dĂas y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y YahvĂ© escribiĂł en las tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.
MoisĂ©s bajĂł del monte SinaĂ; MoisĂ©s tenĂa las dos tablas del testimonio en la mano cuando bajĂł del monte; y MoisĂ©s no sabĂa que la piel de su rostro se habĂa vuelto radiante mientras hablaba con YahvĂ©. AarĂłn y todos los hijos de Israel vieron a MoisĂ©s, y he aquĂ que la piel de su rostro resplandecĂa; y tuvieron miedo de acercarse a Ă©l. MoisĂ©s los llamĂł, y AarĂłn y todos los jefes de la congregaciĂłn se acercaron a Ă©l, y Ă©l les hablĂł. Entonces se acercaron todos los hijos de Israel, y Ă©l les dio todas las Ăłrdenes que habĂa recibido de YahvĂ© en el monte SinaĂ.
Cuando MoisĂ©s terminĂł de hablarles, se puso un velo sobre el rostro. Cuando MoisĂ©s se presentĂł ante YavĂ© para hablar con Ă©l, se quitĂł el velo hasta que saliĂł; entonces saliĂł y contĂł a los hijos de Israel lo que se le habĂa ordenado. 35Y cuando los hijos de Israel vieron el rostro de MoisĂ©s, vieron que la piel del rostro de MoisĂ©s estaba radiante; y MoisĂ©s volviĂł a ponerse el velo sobre el rostro, hasta que entrĂł a hablar con YavĂ©.