Notas de la palabra clave

Dolor y sufrimiento

Tema: Palabras clave principales y transversales 🌟. · PĂĄgina 3 de 12

Comodidad de lectura

ECR 43.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El martirio no estĂĄ en la forma del tormento, estĂĄ en la constancia con que el mĂĄrtir lo soporta. Por tanto, tan martirio es una pena moral cuanto lo es un arma, cuando aquĂ©lla se soporta con la misma finalidad. TĂș soportas por amor a mi Hijo. Todo lo que haces por los hermanos es siempre amor a JesĂșs, el cual los quiere salvos. Por tanto, lo que vives es martirio; persevera en Ă©l. No quieras actuar por ti sola. Es suficiente — puesto que estĂĄs sometida a presiĂłn demasiado fuerte como para poder tener todavĂ­a el vigor de guiarte por ti sola y de dominar incluso tu humanidad, impidiĂ©ndole llorar —, es suficiente con que dejes que el dolor te torture sin rebelarte. Basta que le digas a JesĂșs: “¡AyĂșdame!”. Lo que tĂș no puedes hacer, Él lo harĂĄ en ti. Permanece en Él. Siempre en Él. No quieras salir de Él; y no saldrĂĄs si tĂș no lo quieres. Y aunque de hecho, como ahora, la intensidad del dolor te impida ver dĂłnde estĂĄs, tĂș estarĂĄs siempre en JesĂșs.

Detalle

MarĂ­a se vuelve hacia MarĂ­a y le dice:

Palabras clave

ECR 44.9-12

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

44.9 La enseñanza que proviene de la contemplaciĂłn de mi separaciĂłn se dirige especialmente a los padres e hijos a quienes la voluntad de Dios llama a la recĂ­proca renuncia por un amor mĂĄs alto; en segundo lugar estĂĄ dirigida a todos aquellos que se encuentran frente a una renuncia penosa (ÂĄy cuĂĄntas encontrĂĄis en la vida!). Son espinas en la Tierra que traspasan el corazĂłn; lo sĂ©. Pero para quien las acoge con resignaciĂłn — mirad, no digo: “para quien las desea y las acoge con alegrĂ­a” (esto ya es perfecciĂłn), digo “con resignaciĂłn” — se transforman en eternas rosas. Pero pocos las acogen con resignaciĂłn. Como burritos tozudos, os resistĂ­s obstinadamente a la voluntad del Padre, aunque no tratĂ©is de herir con patadas y mordiscos espirituales, o sea, con rebeliĂłn y blasfemias contra el buen Dios.

44.10 Y no digĂĄis: “Pero si yo sĂłlo tenĂ­a este bien y Dios me lo ha quitado; sĂłlo este afecto, y Dios me lo ha arrancado”. TambiĂ©n MarĂ­a, mujer noble, amorosa hasta la perfecciĂłn (porque en la Toda Gracia tambiĂ©n las formas afectivas y sensitivas eran perfectas), sĂłlo tenĂ­a un bien y un amor en la tierra: su Hijo. No le quedaba mĂĄs que Él: los padres, muertos desde hacĂ­a tiempo; JosĂ©, muerto desde hacĂ­a algunos años. SĂłlo quedaba Yo para amarla y hacerle sentir que no estaba sola. Los parientes, por causa mĂ­a, desconociendo mi origen divino, le eran un poco hostiles, como hacia una madre que no sabe imponerse a su hijo que se aparta del comĂșn buen juicio o que rechaza un matrimonio propuesto que podrĂ­a honrar a la familia e incluso ayudarla.

Los parientes, voz del sentido comĂșn, del sentido humano — vosotros lo llamĂĄis sensatez, pero no es mĂĄs que sentido humano, o sea, egoĂ­smo — habrĂ­an querido que yo hubiera vivido estas cosas. En el fondo era siempre el miedo de tener un dĂ­a que soportar molestias por mi causa; que ya osaba expresar ideas — segĂșn ellos demasiado idealistas — que podĂ­an poner en contra a la sinagoga. La historia hebrea estaba llena de enseñanzas sobre la suerte de los profetas. No era una misiĂłn fĂĄcil la del profeta, y frecuentemente le ocasionaba la muerte a Ă©l mismo y disgustos a la parentela. En el fondo, siempre el pensamiento de tener que hacerse cargo un dĂ­a de mi Madre.

Por ello, el ver que Ella no me ponĂ­a ningĂșn obstĂĄculo y parecĂ­a en continua adoraciĂłn ante su Hijo, los ofendĂ­a. Este contraste habrĂ­a de crecer durante los tres años de ministerio, hasta culminar en abiertos reproches cuando, estando yo entre las multitudes, se llegaban hasta mĂ­, y se avergonzaban de mi manĂ­a — segĂșn ellos — de herir a las castas poderosas. ReprensiĂłn a mĂ­ y a Ella; ÂĄpobre MamĂĄ!

44.11 Y, no obstante, MarĂ­a, que conocĂ­a el estado de ĂĄnimo de sus parientes — no todos fueron como Santiago, Judas o SimĂłn, ni como la madre de estos, MarĂ­a de CleofĂĄs — y que preveĂ­a el estado de ĂĄnimo futuro; MarĂ­a, que conocĂ­a su suerte durante esos tres años, y la que la esperaba al final de los mismos y la suerte mĂ­a, no opuso resistencia como hacĂ©is vosotros. LlorĂł. Y ÂżquiĂ©n no habrĂ­a llorado ante una separaciĂłn de un hijo que la amaba como Yo la amaba; ante la perspectiva de los largos dĂ­as, vacĂ­os de mi presencia, en la casa solitaria; ante el futuro del Hijo destinado a chocar contra la malevolencia de quien era culpable y se vengaba de serlo agrediendo al Inculpable hasta matarle?

Lloró porque era la Corredentora y la Madre del género humano renacido a Dios, y debía llorar por todas las madres que no saben hacer de su dolor de madres una corona de gloria eterna.

ÂĄCuĂĄntas madres en el mundo a quienes la muerte arranca de los brazos una criatura! ÂĄCuĂĄntas madres a quienes un querer sobrenatural arrebata de su lado a un hijo! Por todas sus hijas, como Madre de los cristianos, por todas sus hermanas, en el dolor de madre despojada, ha llorado MarĂ­a. Y por todos los hijos que, nacidos de mujer, estĂĄn destinados a ser apĂłstoles de Dios o mĂĄrtires por amor a Dios, por fidelidad a Dios, o por crueldad humana.

44.12 Mi Sangre y el llanto de mi Madre son la mixtura que fortalece a estos signados para heroica suerte; la que anula en ellos las imperfecciones, o tambiĂ©n las culpas cometidas por su debilidad, dando, ademĂĄs del martirio — en cualquier caso, en seguida — la paz de Dios y, si sufrido por Dios, la gloria del Cielo.

Las lĂĄgrimas de MarĂ­a las encuentran los misioneros como llama que calienta en las regiones donde la nieve impera, las encuentran como rocĂ­o allĂ­ donde el sol arde. La caridad de MarĂ­a las exprime. Éstas han brotado de un corazĂłn de lirio. Tienen, por ello: de la caridad virginal desposada con el Amor, el fuego; de la virginal pureza, la perfumada frescura, semejante a la del agua recogida en el cĂĄliz de un lirio despuĂ©s de una noche de rocĂ­o.

Las encuentran los consagrados en ese desierto que es la vida monĂĄstica bien entendida: desierto, porque no vive mĂĄs que la uniĂłn con Dios, y cualquier otro afecto cae, transformĂĄndose Ășnicamente en caridad sobrenatural hacia los parientes, los amigos, los superiores, los inferiores.

Las encuentran los consagrados a Dios en el mundo, en el mundo que no los entiende y no los ama, desierto también para ellos, en el que viven como si estuvieran solos: ¥muy grande es, en efecto, la incomprensión que sufren, y las burlas, por mi amor!

Las encuentran mis queridas “vĂ­ctimas”, porque MarĂ­a es la primera de las vĂ­ctimas por amor a JesĂșs. A sus discĂ­pulas Ella les da, con mano de Madre y de MĂ©dico, sus lĂĄgrimas, que confortan y embriagan para mĂĄs alto sacrificio.

ÂĄSanto llanto de mi Madre!

Detalle

JesĂșs deja Nazaret para iniciar su vida pĂșblica.

Palabras clave

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Quien ama no quiere causar dolor.

Palabras clave

ECR 77.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

[Judas habla de los pastores de la Natividad.]

Hace unos días que me quema los labios una pregunta. Son amigos tuyos y de Dios éstos, ¿no es verdad? Los ångeles los han bendecido con la paz del Cielo, ¿no es verdad? Ellos no han dejado de ser justos ante ninguna tentación, ¿no es verdad? ¿Me explicas entonces por qué han sido infelices? ¿Y Ana?... La mataron por haberte amado...».

«Tu conclusión sería, entonces, que mi amor y el amarme acarrea desventura».

«No... pero...».

«Pero es asĂ­. (...) Ven aquĂ­, Judas. Escucha. Partes de un juicio comĂșn a muchos hombres presentes y futuros. Digo “juicio”, deberĂ­a decir “yerro”; pero, si supongo que lo hacĂ©is sin malicia, por ignorancia de la verdad, entonces no es yerro, es sĂłlo juicio imperfecto, como lo puede ser el de un niño. Y sois niños, vosotros, pobres hombres. Y Yo estoy aquĂ­ como Maestro para hacer de vosotros adultos capaces de discernir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo mejor de lo bueno. Escuchad, pues. ÂżQuĂ© es la vida? Es un tiempo de pausa; Yo dirĂ­a el limbo del Limbo, que Dios Padre os da para probar vuestra naturaleza de hijos buenos o de bastardos, y para asignaros, sobre la base de vuestras obras, un futuro en el que ya no habrĂĄ ni pausas ni pruebas. Ahora, decidme: ÂżserĂ­a justo que uno, por el hecho de haber recibido el raro bien de disponer del modo de servir a Dios de manera especial, gozara ademĂĄs de un bien continuo durante toda la vida? ÂżNo os parece que ya ha tenido mucho y que, por tanto, puede considerarse dichoso, aunque en lo humano no lo sea? ÂżNo serĂ­a injusto que aquel que tiene ya en el corazĂłn luz de divina manifestaciĂłn y la sonrisa de una conciencia que aprueba, tuviera ademĂĄs honores y bienes terrenos? ÂżY no serĂ­a incluso imprudente?».

77.3 «Maestro, yo digo que serĂ­a incluso profanador. ÂżPor quĂ© poner alegrĂ­as humanas donde estĂĄs TĂș? Cuando uno te tiene — y Ă©stos te han tenido; ellos, los Ășnicos ricos en Israel por haber gozado de ti desde hace treinta años — no debe poseer nada mĂĄs. No se pone el objeto humano en el Propiciatorio... El vaso consagrado no sirve mĂĄs que para usos sagrados. Éstos estĂĄn consagrados desde el dĂ­a en que vieron tu sonrisa... y nada, no, nada que no seas TĂș debe entrar en su corazĂłn, que te tiene a ti. ÂĄOjalĂĄ fuera yo como ellos!» dice SimĂłn.

«Sin embargo, te has dado prisa, después de haber visto al Maestro y después de ser curado, en volver a tomar posesión de tus bienes» responde irónicamente Judas.

«Es verdad. Lo he dicho y lo he hecho. Pero ÂżtĂș sabes por quĂ©? ÂżCĂłmo puedes juzgar si no conoces todo? Mi agente recibiĂł Ăłrdenes precisas. Ahora que SimĂłn el Zelote estĂĄ curado — y sus enemigos ya no pueden perjudicarle segregĂĄndole; ni perseguirle porque ya no es mĂĄs que de Cristo y no tiene ninguna secta: tiene a JesĂșs y basta —, SimĂłn puede disponer de los haberes suyos, que un hombre honesto, fiel, le ha conservado. Y yo, dueño todavĂ­a durante una hora, prescribĂ­ su reorganizaciĂłn para obtener mĂĄs dinero en la venta y poder decir... No, esto no lo digo».

«Lo dicen los ĂĄngeles por ti, SimĂłn, y lo escriben en el libro eterno» dice JesĂșs.

SimĂłn mira a JesĂșs. SimĂłn mira a JesĂșs. Las dos miradas se anudan: una, asombrada; la otra, bendiciendo.

Detalle

Judas recuerda a los pastores en la Natividad y la muerte de Ana de BelĂ©n. Entonces dice que el amor a JesĂșs trae la desgracia, y Cristo responde.

Palabras clave

ECR 77.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Cómo salvas? ¿A quién?».

«A quien tiene buena voluntad de salvación. Salvo enseñando a ser puros, a preferir el dolor a la pérdida del honor, a querer el bien a toda costa».

Palabras clave