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Lugares en El Evangelio como me fue revelado

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Comodidad de lectura

ECR 78

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús, Juan, Judas y Simón el Zelote llegan a Keriot. Los pastores ya no están allí. Judas está muy agitado y no puede aguantar más. Le pide al Maestro que se lo diga, y Simón le señala que ese hombre no le entiende. Jesús suspira, pero no dice nada.

Llegaron a Kerioth y fueron recibidos por la madre de Judas. Ella lo saluda con gran respeto, le ofrece algo para refrescarse y le da sandalias y un manto. Jesús no dijo nada al principio, pero no le dio importancia; luego, cuando María declaró que no conocía los caminos de los reyes, pidió hablar a solas con su apóstol. Allí le reprendió severamente, diciéndole que ponía obstáculos a su misión, porque Israel estaba sometido a Roma, y Cristo no era en modo alguno Rey de la tierra.

Realmente anima a Judas a retirarse, a dejar el grupo. Luego describe su realeza y cuándo será coronado rey: en el madero de la cruz, con un signo infame y bajo los abucheos de su pueblo. Entonces Jesús predice su muerte atroz.

Judas se mortifica, pero implora al Maestro que lo conserve, que se hará bueno. Pide perdón y Jesús, cansado, le perdona. Sin embargo, el Iscariote le pide que se quede y se vaya a su pueblo, porque Judas ha dicho a todo el mundo que viene el Señor. Así que Jesús decide hacer lo que Judas ha planeado, no por él, sino por su madre.

Así que Jesús se dirigió a Queriot en un carro y el jefe de la sinagoga le dio la bienvenida y le pidió que fuera a su lugar de oración. Jesús aceptó y predicó al pueblo. Declaró que él era la Palabra de Dios, pero les recordó que su realeza era ante todo espiritual. Luego lo confirmó a los notables de Keriot.

El viejo Saulo intervino entonces y habló de la Natividad de Cristo, a quien había venido a adorar. Jesús confirmó que era él, y el anciano tuvo entonces una visión de la realeza del Señor. Lo vio transfigurado y luego con sus Llagas y su Sangre. Muere tras dar testimonio del corazón de Jesús, por lo que el grupo debe purificarse para respetar lo que dice la Ley.

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ECR 78.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

78.1 Tengo la impresión de que la parte más escabrosa, o sea, el nudo más angosto de las montañas de Judea, se encuentra entre Hebrón y Yuttá; pero podría equivocarme y ser éste un valle más amplio y abierto que se despliega ante vastos horizontes en los que emergen montes aislados que ya no forman una cadena. Quizás es una cuenca entre dos cadenas, no lo sé. Es la primera vez que la veo y no es que me centre mucho. Diversas cultivaciones de cereales distribuidas en terrenos no vastos, pero sí bien cuidados: cebada, centeno sobre todo, y también bonitos viñedos en las partes más soleadas. Más arriba, lindos bosques de pinos y abetos, y otras plantas selvosas. Un camino... discreto introduce en un pequeño poblado.

«Éste es el arrabal de Keriot. Te ruego que vengas a mi casa de campo. Mi madre te espera allí. Después iremos a Keriot» dice Judas, tan agitado, que, en realidad, está fuera de sí.

No he dicho que ahora están solos Jesús, Judas, Simón y Juan. Faltan los pastores; quizás se hayan quedado en los pastos de Hebrón o hayan vuelto hacia Belén.

«Como quieras, Judas; pero también podíamos habernos quedado aquí para conocer a tu madre».

«¡Oh, no! Es una casuca. Mi madre viene en tiempo de cosecha, pero después vuelve a Keriot. ¿No quieres que mi ciudad te vea? ¿No quieres traer aquí tu luz?».

«Si que quiero, Judas, pero ya sabes que no me detengo a considerar la humildad del lugar que me hospeda».

«Pero hoy eres mi invitado... y Judas sabe ser hospitalario».

Andan todavía unos metros entre casas pequeñas esparcidas por el campo. Mujeres y hombres, avisados por los niños, se asoman. Está muy claro que se ha despertado la curiosidad. Debe ser que Judas ha lanzado un grito de reclamo.

«He aquí mi pobre casa. Perdona su pobreza».

La casa no es ninguna chabola: es un cubo de un solo piso pero amplio y bien cuidado, dentro de un terreno tupido y floreciente de árboles frutales. Un camino propio, muy limpio, va desde la calzada a la casa.

«¿Me permites que me adelante, Maestro?».

«Ve, si quieres».

Judas se adelanta.

«Maestro, Judas ha hecho las cosas a lo grande» dice Simón. «Antes lo sospechaba, ahora estoy seguro de ello. Tu dices, Maestro, y con razón: espíritu, espíritu...; pero él... él no piensa así. No te entenderá nunca... o muy tarde» — corrige para no apenar a Jesús —.

Jesús suspira y calla.

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ECR 78.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

78.5 El trayecto es breve, poco más de unos cuatrocientos metros, luego se ven las primeras casas de Keriot, que me parece una discreta ciudadita. Un niño pequeño mira en la calle llena de sol y sale disparado. Cuando el carro llega a las primeras casas, personalidades y gente del pueblo están esperando para recibirle con bandas de tela y ramos, y ramos y bandas, por las calles y de casa a casa. Gritos de júbilo, profundas reverencias... Jesús — ya no puede evitarlo —, desde lo alto de su trono tambaleante, saluda y bendice.

El carro prosigue y luego gira, después de una plaza, por una calle, y llega a la altura de una casa cuyo portón está ya abierto de par en par; en él hay dos o tres mujeres. Se detiene el carro y bajan.

«Mi casa es tuya, Maestro».

«Paz a ella, Judas. Paz y santidad».

Entran. Pasado el vestíbulo hay una amplia sala con divanes bajos y muebles con incrustaciones. Con Jesús y los demás, entran las personalidades del lugar. Reverencias, curiosidad, júbilo pomposo...

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ECR 79

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús camina con sus discípulos hacia Hebrón. Juan, Judas y Simón el Zelote están presentes. Su objetivo es llegar a los pastores, en particular a Leví e Isaac. Judas refunfuña sobre el incidente de Queriot, donde Saulo murió contra el corazón de Jesús, pero el Señor le reprende. También dice que debemos ser fieles a la Ley y dar ejemplo. El grupo apostólico se reúne de nuevo con los pastores, y Elías les cuenta que Aglaia le dio sus joyas en Hebrón. Discuten qué hacer con ellas, pero Cristo no da ninguna orden por el momento. Les cuenta una breve parábola sobre Aglaia y las almas que se arrepienten como ella. A los apóstoles les gustaría dar media vuelta y volver a verla, pero Jesús no quiere y decide que partan enseguida hacia el Monte de las Tentaciones.

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ECR 79.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.1 Jesús va caminando entre sus discípulos por una vereda que sigue el curso del torrente. Bueno, digo “sigue el curso del torrente” por decirlo de alguna forma. En realidad, el torrente está abajo, mientras que la vereda (una vereda serpenteada, como es fácil encontrar en lugares montañosos) va por arriba, cortando la pendiente.

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ECR 79.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Dónde vamos a encontrar a los pastores?».

«A cinco millas de Hebrón, en las orillas del río que decías».

«Al otro lado de aquel collado, entonces».

«Al otro lado».

«Hace mucho calor. El verano… ¿A dónde vamos después, Maestro?».

«A un lugar aún más caliente. Pero os ruego que vengáis. Viajaremos de noche. Las estrellas son tan claras, que no hay oscuridad. Os quiero mostrar un lugar…».

«¿Una ciudad?».

«No... Un lugar... que os hará comprender al Maestro... quizás mejor que sus palabras».

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ECR 79.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Y nosotros?».

«¿Vosotros? He dicho que vendréis para ver mi preparación. Yo también me he preparado para la misión».

«¿Yendo a un rabí?».

«No».

«¿Con Juan?».

«De él tomé sólo el bautismo».

«¿Entonces?».

«Belén ha hablado con las piedras y los corazones. También en ese lugar, donde te llevo, Judas, las piedras y un corazón, el mío, hablarán y te responderán».

Detalle

Jesús da sus instrucciones a los pastores Elías, Leví, José e Isaac después de encontrarlos. En ese momento, Judas interviene y pregunta qué va a hacer el grupo apostólico.

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ECR 80

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús llega al Lugar de la Tentación, acompañado de Juan, Judas y Simón el Zelote. Es un lugar desolado. Judas pensaba que sólo había estado allí unas horas, pero el Señor le demostró que estaba equivocado. Le explicó que había ido allí para preparar su Misión. El Iscariote pensó que había estado con algunos maestros y rabinos, pero ¿quién podía enseñar algo a la Palabra de Dios?

Jesús explicó entonces que los hombres tienen un destino y que deben elegir entre el Amigo o Satanás. Por último, sugirió a los apóstoles que se quedaran aquí unos días para enseñarles el poder de la penitencia. Juan y Simón el Zelote aceptaron de buen grado. Judas se mostró menos entusiasta, pero no se atrevió a marcharse.

Al cabo de unos días, la visión de María continuó. Jesús explicó que su estancia en el desierto había durado cuarenta días y había tenido lugar durante el invierno. Explicó su bautismo, dado por Juan, y luego la Tentación del Diablo. En particular, habla de su naturaleza de Dios-Hombre y responde también a la pregunta de Judas sobre si pudo o no ser tentado. Al final de su discurso, pide a los discípulos que no hablen a María de la hostilidad del mundo hacia Jesús. Ella sufriría demasiado...

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ECR 80.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Un’alba bellissima in un luogo selvaggio. Un’alba dall’alto di una costa di monte. Appena un principio di giorno. In cielo ancora le superstiti stelle e un arco sottile di luna calante che persiste, virgola d’argento, sul velluto ancora azzurro scuro del cielo.

Il monte pare a sé, non congiunto ad altre catene. Ma è un vero monte, non un colle. La cima è molto più su, eppure da mezza costa già si domina un largo raggio d’orizzonte, segno che si è elevati di molto sul livello del suolo. Nell’aria fresca del mattino, in cui si fa strada la luce incerta, bianco-verdastra, dell’alba che sempre più si fa chiara, si svelano i contorni ed i particolari, che prima erano in quella caligine che precede il giorno, sempre più cupa di una notte perché pare che la luce degli astri, nel trapasso da notte a giorno, diminuisca e, direi, si annulli. Vedo così che il monte è roccioso e nudo, spaccato da anfratti che formano grotte, antri e seni nel monte. Un luogo proprio selvaggio su cui – e solo nei luoghi dove un poco di terra si è deposta in modo da poter raccogliere anche l’acqua del cielo e conservarla – sono ciuffetti di verde, per lo più piante rigide, spinose, dalla poca fronda, e bassi e duri cespugli di quelle erbe che paiono bastoncini verdi di cui non so il nome.

In basso vi è una distesa più arida ancora, piatta, sassosa e che sempre più diviene arida quanto più si avvicina ad un punto scuro, molto più lungo che largo, almeno cinque volte più lungo che largo, che penso sia un’oasi folta, nata in tanto squallore per acque sotterranee. Però, quando la luce si fa più viva, vedo che non è che acqua. Un’acqua ferma, cupa, morta. Un lago di una tristezza infinita. In questa luce ancora incerta mi fa ricordare la visione[1] del mondo morto. Pare che aspiri tutto il cupo del cielo, tutto il triste del suolo circostante, e stemperi nelle sue acque ferme il verde cupo delle piante spinose e delle rigide erbe – che per chilometri e chilometri, in piatto e in altezza, sono l’unica decorazione del suolo – e, fattosene un filtro di cupezza, la emani poi e spanda tutto intorno. Come è diverso dal solare, ridente lago di Genezaret! In alto, guardando il cielo di un assoluto sereno che si fa sempre più chiaro, guardando la luce che avanza da oriente a fiotti sempre più vasti, lo spirito si rallegra. Ma guardando quel grandissimo lago morto si stringe il cuore. Non un uccello trasvola sulle sue acque. Non un animale è sulle sue rive. Nulla.

80.2

Mentre guardo questa desolazione, mi scuote la voce del mio Gesù: «Ed eccoci giunti dove volevo». Mi volgo. Lo vedo alle mie spalle, fra Giovanni, Simone e Giuda, presso la costa rocciosa del monte, là dove giunge un sentiero… sarebbe meglio dire: là dove un lungo lavoro di acque, nei mesi di pioggia, ha graffiato il calcare scavando nei secoli un canale appena disegnato, che sarà scolo alle acque delle cime e che ora è via per le capre selvatiche più che per gli uomini.

Gesù si guarda intorno e ripete: «Sì, qui vi volevo portare.

Qui il Cristo si è preparato alla sua missione».

«Ma qui non c’è nulla!».

«Non c’è nulla, l’hai detto».

«Con chi eri?».

«Col mio spirito e col Padre».

«Ah! fu sosta di poche ore!».

«No, Giuda. Non di poche ore. Di molti giorni…».

«Ma chi ti serviva? Dove dormisti?».

«Avevo a servi gli onagri che nella notte venivano a dormire nella loro tana… in questa, dove Io pure m’ero intanato… Avevo a serve le aquile che mi dicevano: “È giorno” col loro grido aspro, partendo per la preda. Avevo ad amici le piccole lepri che venivano a rodere le erbe selvagge quasi ai miei piedi… Mi era cibo e bevanda ciò che è cibo e bevanda del fiore selvaggio: la rugiada notturna, la luce del sole. Non altro».

«Ma perché?».

«Per prepararmi bene, come tu dici, alla mia missione. Le cose ben preparate riescono bene. Tu lo hai detto. E la mia cosa non era la piccola, inutile cosa di far brillare Me, Servo del Signore, ma di far comprendere agli uomini ciò che è il Signore e, attraverso questa comprensione, farlo amare in spirito di verità. Misero quel servo del Signore che pensa al suo trionfo e non a quello di Dio! Che cerca averne utile, che sogna mettersi in alto su un trono fatto… oh! fatto degli interessi di Dio, avviliti sino a toccare il suolo, essi che sono celesti interessi. Non è più servo, costui, anche se ne ha l’aspetto esterno. È un mercante, un trafficante, un falso che inganna sé, gli uomini e vorrebbe ingannare Dio… uno sciagurato che si crede principe ed è schiavo… È del Demonio, il suo re di menzogna. Qui, in questa tana, il Cristo per molti giorni visse di macerazioni e preghiera per prepararsi alla sua missione.»

Detalle

Cuando María habla del lago y afirma que le recuerda la visión del mundo muerto, se refiere a la visión del 29 de enero de 1944, recogida en los Cuadernos de 1944.

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ECR 80.2-3.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Me saca de este estado la voz de mi Jesús: «Hemos llegado a donde quería». Me vuelvo, le veo a mis espaldas, entre Juan, Simón y Judas, en la pendiente rocosa del monte, en el punto a que llega un sendero... sería mejor decir: en el punto en donde un largo trabajo de aguas, en los meses de lluvia, ha arañado la caliza excavando a lo largo de los siglos un canal apenas dibujado, para desagüe de las aguas de las cimas, que ahora es camino para cabras monteses más que para hombres.

Jesús mira a su alrededor y repite: «Sí, aquí os quería traer. Aquí el Cristo se preparó para su misión».

«¡Pero si aquí no hay nada!».

«No hay nada, tú lo has dicho».

«¿Con quién estabas?».

«Con mi espíritu y con el Padre».

«¡Ah! ¡Estuviste aquí unas pocas horas!».

«No, Judas, no unas pocas horas, sino muchos días…».

«Pero, ¿quién te servía? ¿Dónde dormiste?».

«Tenía por siervos a los onagros, que por la noche venían a dormir a su guarida... a ésta, en donde yo también me había guarecido... Tenía como siervas a las águilas, que me decían “es de día” con su áspero grito, saliendo a buscar la presa. Tenía como amigos las liebrecillas que venían a roer las yerbas silvestres casi a mis pies... Alimento y bebida para mí eran lo que es alimento y bebida de la flor silvestre: el rocío nocturno, la luz del Sol, no otra cosa».

«Pero, ¿por qué?».

«Para prepararme bien, como tú dices, para mi misión. Las cosas bien preparadas salen bien, tú lo has dicho. Y mi cosa no era la pequeña, inútil cosa de hacer que brillara Yo, Siervo del Señor, sino de hacer comprender a los hombres lo que es el Señor y, a través de esta comprensión, hacer que le amaran en espíritu y verdad. ¡Mísero aquel siervo del Señor que piensa en su triunfo y no en el de Dios; que trata de sacar partido, que sueña con ponerse en alto en un trono hecho... ¡oh!, hecho con los intereses de Dios rebajados hasta el suelo (éstos, que son celestes)! Ya no es siervo, éste, aunque externamente lo parezca; es un mercader, un traficante, un falso que se engaña a sí mismo, que engaña a los hombres y que querría engañar a Dios... un desalmado que se cree píncipe y es esclavo...; es del Demonio, su rey de embuste. Aquí, en esta guarida, el Cristo, durante muchos días, vivió de maceraciones y oración para prepararse a su misión.

80.3 ¿A dónde querrías que hubiera ido a prepararme, Judas?».

Judas está perplejo, desorientado. Al final responde: «No sé... Pensaba... con algún rabí... con los esenios... no sé».

«¿Y podía Yo encontrar un rabí que me dijera más que lo que me decía la Potencia y la Sabiduría de Dios? ¿Y podía Yo — Yo, Verbo Eterno del Padre, Yo, que era cuando el Padre creó al hombre, y que sé de qué espíritu inmortal y animado, y de qué poder de juicio libre y capaz ha dotado el Creador al hombre — podía ir a procurarme ciencia y capacidad a donde aquellos que niegan la inmortalidad del alma negando la resurrección final y niegan la libertad de acción del hombre imputando virtudes y vicios, acciones santas y malvadas, al destino, que consideran fatal e invencible? ¡No! ¡No! (...)

80.5 Aquí vine. Cogí mi alma de Hijo del hombre y me la labré con los últimos retoques, terminando el trabajo de treinta años de anonadamiento y de preparación para ir perfecto a mi ministerio. Ahora os pido que estéis conmigo unos días en esta guarida. En cualquier caso será una estancia menos desolada, porque seremos cuatro amigos que luchan contra las tristezas, los miedos, las tentaciones, las necesidades de la carne; Yo, sin embargo, estaba solo. En cualquier caso, será menos penosa, porque ahora es verano y aquí arriba el viento de las cimas templa el calor; Yo, sin embargo, vine al terminar la luna de Tebet, y el viento que descendía de las nieves de la cúspide era muy frío. En cualquier caso será menos angustiosa, porque será más breve, y porque ahora disponemos de esa mínima cantidad de alimento que puede proporcionar alivio a nuestra hambre, y en los pequeños odres de piel que dije a los pastores que os dieran hay agua suficiente para estos días de estancia. Yo... Yo necesito arrancar dos almas a Satanás. Sólo la penitencia lo puede. Os pido ayuda. Supondrá una formación también para vosotros. Aprenderéis cómo se arrebatan las presas a Satanás: no tanto con las palabras cuanto con el sacrificio... ¡Las palabras!... El estrépito satánico impide oírlas... Toda alma en manos del Enemigo se encuentra envuelta en torbellinos de voces infernales... ¿Queréis quedaros conmigo? Si no queréis, idos. Yo me quedo. Nos volveremos a ver en Tecua, junto al mercado».

«No, Maestro, yo no te dejo» dice Juan, mientras Simón contemporáneamente exclama: «Tú nos dignificas queriéndonos contigo en esta redención». Judas... no me parece muy entusiasta, pero pone buena cara al... destino y dice: «Yo me quedo».

«Tomad entonces los odres y las sacas y llevadlas adentro y, antes de que el sol queme, partid leña y acumuladla junto a la grieta. La noche aquí es rigurosa incluso en verano, y no todos los animales son buenos. Vamos a encender en seguida una rama... ¡Allí!, de aquella planta de acacia gomosa; quema bien. Y vamos a mirar entre las fisuras para echar afuera áspides y escorpiones.  ¡Venga, comenzad!»...

Detalle

Cristo se preparó para su misión.

Tebet: mes que abarca diciembre y enero.

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