Notas del tema

La realidad de la vida, la muerte y el sufrimiento

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Comodidad de lectura

ECR 173.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Por tanto, os digo: no os afanéis demasiado por temor a la escasez. Siempre tendréis lo necesario. No os apuréis demasiado por el futuro. Nadie sabe cuánto futuro tiene por delante. No os preocupéis de qué comeréis para mantener la vida, ni de qué vestiréis para mantener caliente vuestro cuerpo. La vida de vuestro espíritu es mucho más valiosa que el vientre y los miembros, vale mucho más que la comida y el vestido, así como la vida material es más que la comida y el cuerpo más que el vestido. El Padre lo sabe, sabedlo también vosotros. Mirad los pájaros del aire: no siembran ni cosechan, no recogen en los graneros, y, sin embargo, no mueren de hambre, porque el Padre celeste los nutre. Vosotros, hombres, criaturas predilectas del Padre, valéis mucho más que ellos.

¿Quién de vosotros, con todo su ingenio, podrá añadir a su estatura un solo codo? Si no lográis elevar vuestra estatura ni siquiera un palmo, ¿cómo pensáis que vais a poder cambiar vuestra condición futura, aumentando vuestras riquezas para garantizaros una larga y próspera vejez? ¿Podéis, acaso, decirle a la muerte: “Vendrás por mí cuando yo quiera”? No, no podéis. ¿Para qué, pues, preocuparos por el mañana?, ¿por qué ese gran dolor del temor a quedaros sin nada con que vestiros? Mirad cómo crecen los lirios del campo: no trabajan, no hilan, ni van a los vendedores de vestidos a comprar. Y, sin embargo, os aseguro que ni Salomón con toda su gloria se vistió jamás como uno de ellos. Pues bien, si Dios viste así la hierba del campo, que hoy existe y mañana sirve para calentar el horno o como pasto de los rebaños — al final, ceniza o estiércol —, ¡cuánto más os proveerá a vosotros, hijos suyos, de lo necesario!

No seáis hombres de poca fe. No os angustiéis por un futuro incierto, diciendo: “¿Cuando sea viejo, qué comeré?, ¿qué beberé?, ¿con qué me vestiré?”. Dejad estas preocupaciones para los gentiles, que no tienen la sublime certeza de la paternidad divina. Vosotros la tenéis, y sabéis que el Padre conoce vuestras necesidades y que os ama. Confiad, pues, en Él. Buscad primero las cosas verdaderamente necesarias: fe, bondad, caridad, humildad, misericordia, pureza, justicia, mansedumbre, las tres y las cuatro virtudes principales, y todas las demás; de forma que seáis amigos de Dios y tengáis derecho a su Reino. Os aseguro que todo lo demás se os dará por añadidura sin necesidad siquiera de pedirlo. No hay mayor rico que el santo, ni hombre más seguro que él. Dios está con el santo y el santo está con Dios. Por su cuerpo no pide, y Dios le provee de lo necesario; trabaja, antes bien, para su espíritu, y Dios mismo se da a él ya aquí, y después de esta vida le dará el Paraíso.

No os acongojéis, pues, por lo que no merece vuestra aflicción. Doleos de ser imperfectos, no de tener pocos bienes terrenos. No os atormentéis por el mañana: el mañana tendrá su propia preocupación, y vosotros tendréis que preocuparos por el mañana cuando lo viváis. ¿Por qué pensar en el mañana hoy? ¿Es que, acaso, la vida no está ya suficientemente llena de recuerdos penosos del ayer y de pesadumbres del hoy como para sentir la necesidad de cargarla además con las angustias de los “¿qué sucederá?” mañana? Dejadle a cada día su afán. Habrá siempre más penas en la vida de las que querríamos tener. No añadáis penas presentes a penas futuras. Decid siempre la gran palabra de Dios: “Hoy”. Sois sus hijos, creados a su semejanza; decid, pues, con Él: “Hoy”.

Anotación

Mañana pensará en sí mismo. Este pensamiento, que se ha convertido en proverbial, se recoge en Mateo 6:34. Jesús lo menciona de nuevo en EMV 584.15.

Palabras clave

ECR 174.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La vida (...) fluye como arco a caballo entre el pasado y el futuro, entre el mal y el bien. En el centro está el hombre con su voluntad y su libre albedrío. En los extremos están: en una parte, Dios con su Cielo; en la otra, Satanás con su Infierno. El hombre puede elegir. Nadie lo obliga.

Palabras clave

ECR 174.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Fijaos que ello no testifica a favor de vosotros. Una persona que tenga fuerte salud física supera con facilidad los contagios aun no siendo inmune a ellos. Sin embargo, si uno está ya de por sí enfermo, y por tanto débil, es casi seguro que perecerá si cae en una nueva infección, o, si sobrevive, quedará más enfermo que en el estadio precedente, porque no tiene fuerza en su sangre para destruir completamente los gérmenes infecciosos. Pues lo mismo sucede con la parte superior. Si una persona está moral y espiritualmente sana y fuerte, no es que esté exenta de ser tentada, creedlo, pero el mal no echará raíces en ella.

Palabras clave

ECR 174.10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Hijos de Dios, tutelaos contra vosotros mismos. Vigilaos atentamente contra todas las tentaciones. No hay mal en el hecho de ser tentados. El atleta se prepara para la victoria con la lucha. El mal está en ser vencidos por falta de preparación o de atención. Sé que todo puede servir de tentación. Sé que defenderse debilita. Sé que la lucha cansa. De todas formas, ¡ánimo!; pensad en lo que conseguís por estas cosas. ¿Estaríais dispuestos a perder una eternidad de paz por una hora de placer, del tipo que sea? ¿Qué os deja el placer de la carne, del oro y del pensamiento? Nada. ¿Qué conseguís de repudiarlos? Todo. Hablo a pecadores, porque el hombre es pecador. Bien, decidme, de verdad: ¿una vez aquietado el apetito de la carne o el orgullo o la avaricia, os sentís más lozanos, contentos, seguros? ¿En el tiempo que sigue a la satisfacción del deseo — que es siempre tiempo de reflexión — verdaderamente os habéis sentido felices? Yo no he probado este pan de la carne, pero respondo por vosotros: no; lo que habéis sentido es decaimiento, desagrado, incertidumbre, náusea, miedo, desasosiego: ése ha sido el contenido sacado a la hora transcurrida.

Palabras clave

ECR 174.10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No hay mal en el hecho de ser tentados. El atleta se prepara para la victoria con la lucha. El mal está en ser vencidos por falta de preparación o de atención. Sé que todo puede servir de tentación. Sé que defenderse debilita. Sé que la lucha cansa. De todas formas, ¡ánimo!; pensad en lo que conseguís por estas cosas. ¿Estaríais dispuestos a perder una eternidad de paz por una hora de placer, del tipo que sea? ¿Qué os deja el placer de la carne, del oro y del pensamiento? Nada. ¿Qué conseguís de repudiarlos? Todo.

Palabras clave

ECR 174.18 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Es verdad que ha sido dicho que los deformes no podrán seguir sirviendo a Dios en el Templo; pero, pasada esta vida, los deformes de nacimiento santos, o los deformes por virtud, serán más hermosos que los ángeles y servirán a Dios amándole en el gozo del Cielo.

Palabras clave

ECR 174.19 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Se os dijo también: “Quienquiera que repudie a su mujer le dará libelo de divorcio”. Pues bien, esto debe ser reprobado. No viene de Dios. Dios dijo a Adán: “Ésta es la compañera que te he formado. Creced y multiplicaos sobre la tierra, llenadla y dominadla”. Y Adán, lleno de inteligencia superior porque el pecado todavía no había ofuscado su razón — que había salido de Dios perfecta —, exclamó: “¡Por fin el hueso de mis huesos y la carne de mi carne! Ésta se llamará Varona, o sea, otro yo, porque fue sacada del hombre. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y serán los dos una sola carne”. Y la eterna Luz, en un creciente esplendor de luces, aprobó con una sonrisa lo que había dicho Adán, lo cual vino a ser la primera, imborrable ley. Pues bien, el hecho de que, por la dureza cada vez mayor del hombre, el legislador tuviera que estatuir un nuevo código; el hecho de que, por la versatilidad cada vez mayor del hombre, tuviera que poner un freno y decir: “Pero si la has repudiado no puedes volver a tomarla”; ello no cancela la primera, genuina ley, nacida en el Paraíso terrenal y aprobada por Dios.

Anotación

La llamaremos Virago. Esta palabra latina viene de vir (hombre) y se refiere a una mujer que es como un hombre. No se utiliza aquí en el sentido peyorativo francés de mujer estridente.

El legislador humano aquí es Moisés.

Deuteronomio 24, 1 y 24, 3-4

Dt 24,1: Cuando un hombre toma esposa y se casa con ella, y ella deja de serle agradable porque descubre en ella un defecto, le escribirá una carta de repudio y se la entregará, enviándola fuera de su casa.

Dt 24, 3-4: Pero si le desagrada a su último marido y le escribe una carta de repudio y se la da y la despide de su casa, o si muere el último marido que la tomó por mujer, 4 entonces el primer marido que la despidió no podrá repudiarla.Porque es abominación delante de Yahvé, y no pecarás en la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia.

Libro del Génesis 1, 28 y 2, 22-24

Gn 1, 28 : Dios los bendijo y les dijo: "Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla. Dominad a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.

Gn 2, 22-24 : Con la costilla que había tomado del hombre, modeló una mujer y se la trajo al hombre. El hombre dijo: "¡Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! La llamarán Ishsha, la mujer que vino de Ish, el hombre. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán uno solo.

Evangelio de Mateo 5, 31-32

Mt 5, 31-32 : También se ha dicho: "Si alguno despide a su mujer, que le dé acta de divorcio. Pero yo os digo que todo hombre que repudia a su mujer, salvo en caso de unión ilegítima, la induce a adulterio; y si alguien se casa con una mujer repudiada, es un adúltero.

Palabras clave

ECR 174.19 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Os digo: “Quienquiera que repudie a su propia mujer, excepto el caso de probada fornicación, la expone al adulterio”. Porque, efectivamente, ¿qué hará en el noventa por ciento de los casos la mujer repudiada? Se casará de nuevo. ¿Con qué consecuencias? ¡Mucho habría que decir acerca de esto! ¿No sabéis que podéis provocar con este sistema incestos involuntarios? ¡Cuántas lágrimas derramadas por la lujuria! Sí, lujuria. No tiene otro nombre. Sed francos. Todo se puede superar cuando el espíritu es recto, mas todo se presta a ser motivo de satisfacción de la carnalidad cuando el espíritu es lujurioso. La frigidez femenina, la pesadez de ella, la falta de habilidad respecto a las labores de la casa, la lengua criticona, el amor al lujo... todo se supera, incluso las enfermedades, e incluso la irascibilidad, si se ama santamente. Pero, dado que después de un tiempo no se ama como el primer día, lo que es más que posible se ve imposible, y se pone en la calle a una pobre mujer, abocada a la perdición. Comete adulterio quien la rechaza. Comete adulterio quien se casa con ella después del repudio.

Sólo la muerte rompe el matrimonio. Recordad esto. Y, si vuestra elección ha sido desafortunada, cargad con las consecuencias como cruz, siendo dos infelices, pero santos, y sin hacer de los hijos — que, siendo inocentes, son los que más sufren por estas situaciones desgraciadas — unos infelices aún mayores que vosotros. El amor a los hijos debería haceros meditar muchas veces, muchas, incluso en el caso de la muerte del cónyuge. ¡Oh, si supierais contentaros con aquel que habéis tenido y al que Dios ha dicho: “Basta”! ¡Oh, si supierais, vosotros viudos, vosotras viudas, ver en la muerte no una mengua sino una elevación a mayor perfección como procreadores! Ser padre o madre — además de lo que ya se es — en lugar de la madre o el padre muertos. Ser dos almas en una. Recoger el amor hacia los hijos del labio helado del cónyuge agonizante y decir: “Ve en paz. No temas por los que de ti vinieron. Yo los seguiré amando por ti y por mí, amándolos doblemente. Seré padre y madre. No se sentirán infelices bajo el peso de su orfandad, ni sentirán los innatos celos de los hijos de cónyuges unidos en segundas nupcias respecto a aquel, o a aquella, que ocupa el sagrado lugar de la madre, o del padre, que Dios llamó a otra morada”.

Palabras clave

ECR 174.19 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Todo se puede superar cuando el espíritu es recto, mas todo se presta a ser motivo de satisfacción de la carnalidad cuando el espíritu es lujurioso. La frigidez femenina, la pesadez de ella, la falta de habilidad respecto a las labores de la casa, la lengua criticona, el amor al lujo... todo se supera, incluso las enfermedades, e incluso la irascibilidad, si se ama santamente.

Palabras clave