Notas de la palabra clave

Sacerdotes

Tema: Características, elementos y símbolos de la vida cristiana · Página 2 de 6

Comodidad de lectura

ECR 80.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Mísero aquel siervo del Señor que piensa en su triunfo y no en el de Dios; que trata de sacar partido, que sueña con ponerse en alto en un trono hecho... ¡oh!, hecho con los intereses de Dios rebajados hasta el suelo (éstos, que son celestes)! Ya no es siervo, éste, aunque externamente lo parezca; es un mercader, un traficante, un falso que se engaña a sí mismo, que engaña a los hombres y que querría engañar a Dios... un desalmado que se cree píncipe y es esclavo...; es del Demonio, su rey de embuste.

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ECR 83.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

83.7 Jesús dice luego:

«Pequeño Juan, ¡cuántas veces he llorado, rostro en tierra, por los hombres! ¿Y vosotros quisierais ser menos que Yo?

También para vosotros, los buenos están en la proporción que había entre los buenos y Judas. Y cuanto más bueno es uno, más sufre por ello. Pero también para vosotros — y esto lo digo especialmente para aquellos que han sido designados para el cuidado de los corazones — es necesario aprender estudiando a Judas. Todos sois “Pedros”, vosotros, sacerdotes, y debéis atar y desatar; pero, ¡cuánto, cuánto, cuánto espíritu de observación, cuánta fusión en Dios, cuánto estudio vivo, cuántas comparaciones con el método de vuestro Maestro debéis hacer para serlo como debéis!

A alguno le parecerá inútil, humano, imposible cuanto ilustro. Son los de siempre, los que niegan las fases humanas de la vida de Jesús, y de mí hacen una cosa tan fuera de la vida humana que soy sólo cosa divina. ¿Dónde queda entonces la Santísima Humanidad, dónde el sacrificio de la Segunda Persona vistiendo una carne? ¡Pues verdaderamente era Hombre entre los hombres! Era el Hombre, y por tanto sufría viendo al traidor y a los ingratos, y por tanto gozaba con quien me quería o a mí se convertía, y por tanto me estremecía y lloraba ante el cadáver espiritual de Judas. Me estremecí y lloré ante el amigo muerto, pero sabía que le llamaría a la vida y gozaba viéndole ya con el espíritu en el Limbo. Aquí... aquí estaba frente al Demonio. Y no digo más.

Tú sígueme, Juan. Demos a los hombres también este don. ¡Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y se esfuerzan en cumplirla! ¡Bienaventurados los que quieren conocerme para amarme! En ellos y para ellos, Yo seré bendición».

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