54.6 «¿Maestro... por qué tu primo, aun sabiendo dónde habitas, no ha venido?».
«¡Pedro mío!... Tú serás una de mis piedras, la primera. Pero no todas las piedras son fáciles de usar. ¿Has visto los mármoles del palacio pretorio?: arrancados fatigosamente del seno montano, ahora son parte del Pretorio. Mira por el contrario esos cantos que resplandecen allí, bajo el rayo de luna, entre las aguas del Cedrón. Procedentes de aquéllos, ahora están en el lecho del torrente, y si uno los quiere, ¿ves?, en seguida se dejan coger. Mi primo es como las primeras piedras de que hablo... El seno del monte, que es la familia, me lo disputa».
«Yo quiero ser en todo como los cantos del torrente. Por ti estoy dispuesto a dejarlo todo: casa, esposa, pesca, hermanos. Todo, Rabí, por ti».
Tenemos necesidad los unos de los otros en la tierra, y los buenos están mezclados con los malvados como las flores en el campo. La cicuta está al lado de la salutífera malva.
«La santidad no dispensa de la obediencia. Más aún, la perfecciona. Además de todo, hay que dar ejemplo. ¿Qué dirías de un padre, de un hermano mayor, de un maestro, de un sacerdote que no dieran buen ejemplo?».
Bienaventurados los que tienen voluntad sincera y tenaz. Benditos vosotros. Me sois más que parientes, porque me sois hijos y hermanos, no según la sangre, que muere, sino según la voluntad de Dios y vuestra voluntad espiritual. Y Yo digo que no tengo pariente más cercano que quien hace la voluntad del Padre mío, y vosotros la hacéis, porque queréis el bien».