Notas de la palabra clave

Pedro y Judas

Tema: El séquito de Jesús · Página 1 de 4

Comodidad de lectura

ECR 54.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

54.6 «¿Maestro... por qué tu primo, aun sabiendo dónde habitas, no ha venido?».

«¡Pedro mío!... Tú serás una de mis piedras, la primera. Pero no todas las piedras son fáciles de usar. ¿Has visto los mármoles del palacio pretorio?: arrancados fatigosamente del seno montano, ahora son parte del Pretorio. Mira por el contrario esos cantos que resplandecen allí, bajo el rayo de luna, entre las aguas del Cedrón. Procedentes de aquéllos, ahora están en el lecho del torrente, y si uno los quiere, ¿ves?, en seguida se dejan coger. Mi primo es como las primeras piedras de que hablo... El seno del monte, que es la familia, me lo disputa».

«Yo quiero ser en todo como los cantos del torrente. Por ti estoy dispuesto a dejarlo todo: casa, esposa, pesca, hermanos. Todo, Rabí, por ti».

«Lo sé, Pedro. Por esto te amo. Pero también Judas vendrá».

«¿Quién? ¿Judas de Keriot? Por mí que no venga. Es un señorito, pero... prefiero... me prefiero incluso a mí mismo...». Todos se echan a reír de la salida de Pedro. «¿A qué viene esa risa? Quiero decir que prefiero un galileo genuino, tosco, pescador, pero sin fraude, a... a los de ciudad que... no sé... Bueno, el Maestro entiende lo que quiero decir».

«Sí, entiendo, pero no juzgues. Tenemos necesidad los unos de los otros en la tierra, y los buenos están mezclados con los malvados como las flores en el campo. La cicuta está al lado de la salutífera malva».

Detalle

Pedro preguntó a Jesús por Judas, que estaba ausente, y la conversación derivó hacia Judas, que se había presentado al Maestro por primera vez.

Palabras clave

ECR 70.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

70.5 «Juan, escucha. Te he dicho que me detuve aquí para aleccionar a un nuevo discípulo. Es un joven judío, instruido y conocido».

«Entonces tendrás que trabajar mucho menos que con nosotros, Maestro. Me alegro de que tengas alguno más capacitado que nosotros».

«¿Crees que tendré que trabajar menos?».

«¡Digo yo! Si es menos ignorante que nosotros, te entenderá mejor y te servirá mejor, sobre todo si te ama mejor».

«Exacto. Tú lo has dicho. Pero el amor no está en razón de la instrucción, y tampoco la formación. Quien es virgen ama con toda la fuerza de su primer amor. Esto también vale para las virginidades del pensamiento. Lo amado penetra y se imprime más en un corazón y en un pensamiento vírgenes que no en uno en el que ya haya habido otros amores. Pero, si Dios quiere... Escucha, Juan, te ruego que seas un amigo para él. Mi corazón tiembla ante la idea de ponerte a ti, cordero intonso, junto al experto de la vida; pero, por otra parte, se calma, porque sabe que tú serás, sí, cordero, pero también águila, y si el experto quiere hacerte tocar el suelo, siempre fangoso, el suelo de la cordura humana, tú, con un batir de alas, sabrás liberarte y querer sólo el azul y el sol. Por eso te ruego que... conservándote a ti mismo como eres, seas amigo del nuevo discípulo, que no será muy estimado por Simón Pedro ni por otros, para transfundirle tu corazón...».

«¡Oh, Maestro! ¿Pero no bastas Tú?».

«Yo soy el Maestro. A mí no se me dirá todo. Tú eres el condiscípulo, poco más joven, con quien será más fácil abrirse. No digo que me refieras lo que él te diga. Odio a los espías y a los traidores. Sí te pido que le evangelices con tu fe y caridad, con tu pureza, Juan. Es una tierra contaminada por aguas muertas; hay que secarla con el sol del amor, purificarla con la honestidad de pensamientos, deseos y obras, cultivarla con la fe. Tú puedes hacerlo».

«Si crees que puedo... ¡sí! Si Tú dices que puedo hacerlo, lo haré. Por amor tuyo...».

«Gracias, Juan».

Palabras clave

ECR 71.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Has visto al nuevo discípulo?».

«Le he visto. Es joven y parece inteligente».

«Sí. Lo es. Tú, que eres judío, compadécele por sus ideas, más que a los otros».

«¿Es un deseo o una orden?».

«Es una dulce orden. Tú, que has sufrido, puedes tener más indulgencia. El dolor es maestro de muchas cosas».

«Si Tú me lo ordenas, seré con él todo indulgencia».

«Sí. Así. Quizás mi Pedro — y no sólo él — se escandalizará un poco al ver cómo cuido a este discípulo y me preocupo de él. Pero un día comprenderán... Cuanto peor formado está uno, más necesidad tiene de cuidados. Los otros... ¡oh!, los otros se forman incluso por sí mismos, por el solo contacto. Yo no quiero hacer todo solo. Pido la voluntad del hombre y la ayuda de los demás para formar a un hombre. Os llamo a ayudarme... y os agradezco la ayuda».

«Maestro, ¿estás suponiendo que te va a defraudar?».

«No. Pero es joven, y ha crecido en Jerusalén».

«¡Oh! A tu lado se corregirá de todos los vicios de esta ciudad... Estoy seguro de ello. Yo, viejo y seco por el rencor, he quedado completamente renovado desde que te vi...».

Jesús susurra: «¡Que así sea!». Luego dice fuerte: «Ven conmigo al Templo. Voy a evangelizar al pueblo».

Y la visión tiene fin.

Detalle

Jesús habla con Simón el Zelote sobre Judas y Simón Pedro.

Palabras clave

ECR 83.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

83.5 Tú lloras, Maestro, porque ha habido uno que te ha disgustado. Desde hace días tu rostro es como Sol ensombrecido por nubes. Yo te observo. Tu bondad cela tu herida, para que nosotros no odiemos al que te hiere; pero esta herida duele y te produce náusea. Dime, Señor mío: ¿Por qué no alejas de ti la fuente del dolor?».

«Porque es inútil humanamente y además sería anticaridad».

«¡Ah! ¡Te has dado cuenta de que hablo de Judas! Es por él por quien sufres. ¿Cómo puedes Tú, Verdad, soportar a ese embustero? Él miente y no cambia de color; es más falso que un zorro, más compacto que un peñasco. Ahora se ha ido. ¿A hacer qué? Pero, ¿cuántos amigos tiene? Me duele dejarte; si no, querría seguirle y ver... ¡Oh! ¡Jesús mío! Ese hombre... Aléjale de ti, Señor mío».

«Es inútil. Lo que debe ser será».

«¿Qué quieres decir?».

«Nada especial».

«Tú no te has opuesto a que se marche porque... porque te has asquedado de su modo de actuar en Jericó».

«Es verdad, Simón. Yo te sigo diciendo: Lo que debe ser será. Y Judas es parte de este futuro. Debe estar también él».

«Juan me ha dicho que Simón Pedro es todo autenticidad y fuego... ¿Le podrá soportar a éste?»

«Le debe soportar. También Pedro está destinado a ser una parte, y Judas es el cañamazo en el que debe tejer su parte; o, si lo prefieres, es la escuela en que Pedro más madurará. Ser bueno con Juan, entender a los espíritus como Juan, es virtud hasta de los tontos. Pero ser bueno con quien es un Judas, y saber entender a los espíritus como los de Judas, y ser médico y sacerdote para ellos, es difícil: Judas es vuestra enseñanza viviente».

«¿La nuestra?».

«Sí. La vuestra. El Maestro no es eterno sobre la Tierra. Se irá después de haber comido el más duro pan y haber bebido el más agrio vino. Pero vosotros os quedaréis para continuarme... y debéis saber. Porque el mundo no termina con el Maestro, sino que continúa después, hasta el retorno final del Cristo y el juicio final del hombre. Y, en verdad te digo que por un Juan, un Pedro, un Simón, un Santiago, Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, hay al menos otras tantas veces siete Judas. ¡Y más, más aún!…».

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