Notas del tema

Biblia, tradición y textos sagrados - Antiguo y Nuevo Testamento

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Comodidad de lectura

ECR 217.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Se vuelve a los discípulos: «Venid. Vamos a buscar un lecho entre las arenas, que ya están cercanas. Las estrellas serán nuestras compañeras; nos procurará alivio el rocío. Dios, que mandó el maná para Israel, proveerá a nutrirnos también a nosotros, que somos pobres y le somos fieles».

Y Jesús deja plantado al grupo de rencorosos y se marcha con los suyos mientras declina la tarde con las primeras sombras violetas...

Por fin, encuentran una mata de higos picos, en cuya parte más alta, erizada de palas espinosas, están los frutos, que ya empiezan a madurar. Pero... todo es bueno para quien tiene hambre, y, pinchándose, cogen los más hechos y caminan hasta el punto en que los campos terminan en dunas arenosas. En la lejanía se oye el rumor del mar.

«Nos paramos aquí. La arena es blanda y está caliente. Mañana entraremos en Ascalón» dice Jesús... Y todos caen, derrengados, al pie de una alta duna.

Detalle

Objeción planteada: las chumberas son un anacronismo. Véase la nota.

Contextualización: Jesús se marcha tras haber sido abordado por un grupo de fariseos hostiles.

Anotación

Finalmente encuentran un seto de higueras de India en cuyas copas, erizadas de espinas, empiezan a madurar los higos. Esta mención despierta la curiosidad: se cree que la higuera de India, o higuera de Bárbarie, fue importada de México por Cristóbal Colón. ¿Se trata de un anacronismo flagrante o de un conocimiento poco común de María Valtorta? Consulta el comentario y un vídeo sobre el tema.

Palabras clave

ECR 218.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

A dos kilómetros largos de distancia se ve una bonita ciudad marítima, edificada en la orilla, siguiendo el arrecife de forma de media luna al otro lado del cual el viento y las borrascas han transportado las arenas. El arrecife, ahora que el agua con la baja marea se está retirando, emerge también aquí, obligando a volver a la arena seca para no torturar con los escollos los pies desnudos.

«¿Por dónde entramos, Señor? Por este lado se ve sólo una muralla bien sólida. Por el mar no se puede entrar. La ciudad está en el punto más hondo del arco» dice Felipe.

«Venid. Sé por donde se entra».

«¿Has estado alguna otra vez aquí?».

«Una vez, de niño; no creo que recuerde cómo es, pero sé por dónde se pasa».

«¡Extraño! He notado muchas veces que Tú no yerras nunca el camino; alguna vez te lo hacemos confundir nosotros. ¡Tú... parece como si hubieras estado en todos los sitios por donde te mueves!» observa Santiago de Zebedeo.

Jesús sonríe, pero no responde (...).

Palabras clave