Notas del tema

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Comodidad de lectura

ECR 208.10 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Sufres pero es porque has sufrido sola. Tu dolor y tĂș, tĂș y el dolor. AsĂ­ no puede soportarse. ÂżNo recuerdas las palabras de esperanza a nuestros difuntos?: “Os sacarĂ© de los sepulcros y os conducirĂ© a la tierra de Israel, y sabrĂ©is que soy el Señor cuando abra vuestras tumbas y os saque de vuestros sepulcros. Cuando infunda en vosotros mi espĂ­ritu vivirĂ©is”. La tierra de Israel, para los justos que se han dormido en el Señor, es el Reino de Dios: Yo lo abrirĂ© y se lo darĂ© a los que esperan.

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JesĂșs habla a una madre viuda afligida por la muerte de sus dos hijos.

Palabras clave

ECR 209

El Evangelio como me ha sido revelado

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TĂ­tulo del capĂ­tulo : La fecundidad del sufrimiento en el discurso de JesĂșs cerca de la casa de Elise en Bet-Çur.

Fecha de la visiĂłn: Jueves 5 de julio de 1945.

Calendario: viernes 7 abril 28 (25 Nissan 3788)

Lugar (mapa): Bet-Çur

Ciclo: Apostolado en Judea

Resumen: Los habitantes de Bet-zur se enteran de que Elisa se ha recuperado de su enfermedad y quieren verla, tanto por amistad como por curiosidad. JesĂșs los reprime suavemente, como sĂłlo Ă©l puede hacerlo, y va a ver a su Madre y a Elisa. Las dos mujeres estaban en el huerto, pero Ă©ste se habĂ­a descuidado, y la Virgen les prometiĂł que lo devolverĂ­an a su antiguo esplendor. AsĂ­ que le permitieron quedarse unos dĂ­as con su amiga. Cristo fue entonces a ver a los pastores y les dijo que querĂ­a que fueran sus discĂ­pulos, pero que para ello tendrĂ­an que dejar sus trabajos actuales. Como no serĂ­a justo dejarlo todo en la estacada, acordaron con JesĂșs que seguirĂ­an cuidando de sus rebaños hasta que su patrĂłn supiera cĂłmo contratar a nuevos pastores.

Resuelto este punto, el Señor dio una charla cerca de la casa de Elisa, en un lugar donde ella pudiera oírle sin ser vista por los aldeanos. Después de mencionar discretamente el dolor de Marziam como huérfano y la triste viudez de Elisa, prometió llamar a muchos hombres para que le siguieran, pues él ya no era suficiente para satisfacer las infinitas necesidades de sus hermanos y hermanas, y tenía el deber de consolarlos llevåndoles el conocimiento exacto de Dios. Invita así a las almas a venir, por medio de sus discípulos y apóstoles, para encontrar consuelo en sus sufrimientos.

A continuaciĂłn, JesĂșs evoca el Libro de Rut y el dolor de NoemĂ­, que habĂ­a perdido a su marido y a sus hijos. Rut, su nuera, se negĂł a abandonarla, porque se dio cuenta de que su dolor de joven viuda era mĂĄs leve que el de NoemĂ­ por la pĂ©rdida de sus hijos. El sufrimiento es, pues, una cruz, "pero tambiĂ©n es un ala", y el Redentor insiste especialmente en el valor de la caridad, en salir de uno mismo, de las propias tinieblas, del propio egoĂ­smo. Nos anima a tender la mano a los huĂ©rfanos, a los enfermos, a los solitarios, a olvidarnos de nosotros mismos en medio de los olvidados. De este modo, los que ya no tenĂ­an nada podrĂĄn un dĂ­a bendecir al Señor gracias a estas personas que les habrĂĄn sacado de su desgracia, de su soledad y de su sufrimiento.

JesĂșs concluye con las consecuencias de la bondad, que puede "provocar tal marea de amor". Termina ahĂ­ su discurso, mientras Elisa llora, y no deja entrar a nadie en el jardĂ­n donde se encuentra.

Contenido del capĂ­tulo: 209.1: La curaciĂłn de Elisa despierta la curiosidad de los habitantes de Bet-Çur. 209.2: Respeto a la convalecencia de Elisa. 209.3: JesĂșs entra en el jardĂ­n de Elisa. MarĂ­a se quedarĂĄ con ella unos dĂ­as. 209,4: JesĂșs invita a los tres pastores a seguirle. 209,5: SĂłlo Dios alivia el sufrimiento. Venid a mĂ­ a travĂ©s de mis discĂ­pulos. 209,6: Medita sobre el dolor de NoemĂ­ y el amor de Rut. 209,7: El dolor es una cruz y un ala. Los efectos insospechados de la bondad. JesĂșs protege a Elisa.

EdiciĂłn anterior: Volumen 3, capĂ­tulo 71

Palabras clave

ECR 209.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La sirviente abre. JesĂșs entra mientras la mujer repite una y otra vez sus reverencias.

«¿Dónde estå tu patrona?».

«Con tu Madre... ¥Fíjate, ha bajado al jardín! ¥Es una cosa...!, ¥una cosa...! Y ayer por la noche fue al comedor... Lloraba, pero volvió. ¥Intenté que comiera, en vez de tomar el consabido sorbo de leche, pero no lo conseguí!».

«Ya comerå. No insistas. Sé paciente también en el amor hacia tu patrona».

«Sí, Salvador. Haré todo lo que dices».

En efecto, yo creo que la mujer estĂĄ tan convencida de quiĂ©n es JesĂșs y de que todo lo que Él hace estĂĄ bien hecho, que harĂ­a las mĂĄs extrañas cosas si JesĂșs se lo dijera.

Por el momento le acompaña a un vasto huerto-jardĂ­n lleno de ĂĄrboles frutales y flores. Pero, si bien los ĂĄrboles frutales se han encargado por sĂ­ mismos de vestirse de hojas y florecer, de formar los pequeños frutos y hacerlos crecer, las pobres plantas de flores, abandonadas desde hace mĂĄs de un año, se han transformado en un bosque enano y enmarañado en que las plantas de tallo mĂĄs dĂ©bil y corto estĂĄn sofocadas bajo el peso de las mĂĄs fuertes. Los cuadros, los senderos... confundidos en una Ășnica, caĂłtica maraña. Solamente en el fondo, donde la necesidad de la sirviente ha sembrado verduras y legumbres, hay un poco de orden.

MarĂ­a estĂĄ con Elisa, bajo una pĂ©rgola, una enredadĂ­sima parra que deja caer, hasta tocar el suelo, sarmientos y zarcillos. JesĂșs se detiene y mira a su joven Madre, que, con finĂ­simo arte despierta y dirige la mente de Elisa a cosas muy distintas de las que hasta ayer habĂ­an sido los pensamientos de esta desconsolada mujer.

La sirviente se acerca a la patrona y dice: «Ha venido el Salvador».

Las mujeres se vuelven y van a su encuentro: una con su dulce sonrisa, la otra con su rostro cansino y desorientado.

«Paz a vosotras. Este jardín es bonito...».

«Era bonito...» dice Elisa.

«Y la tierra fértil. ¥Mira cuånta fruta en vías de maduración!, ¥mira cuåntas flores tienen estos rosales! ¿Y allí? ¿Son azucenas?».

«Sí, alrededor de un estanque donde jugaban mucho mis hijos. Entonces estaba ordenado... Ahora aquí todo estå desastrado, ya no lo veo como el jardín de mis hijos».

«En pocos dĂ­as volverĂĄ a tener el aspecto de entonces. Te ayudarĂ© yo, Âżverdad, JesĂșs? DĂ©jame unos dĂ­as aquĂ­ con Elisa. Tenemos muchas cosas que hacer...».

«Todo lo que tĂș quieres Yo lo quiero».

Elisa le mira y susurra: «Gracias».

JesĂșs acaricia su cabeza canosa y luego se despide para ir con los pastores.

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ECR 209.5-7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«La paz sea con vosotros.

Ayer he oĂ­do hablar a dos personas muy desdichadas: el uno, en la aurora de la vida; la otra, en el ocaso: dos almas que lloraban su desolaciĂłn. Y he llorado en mi corazĂłn con ellos, al ver cuĂĄnto dolor hay en la tierra, y cĂłmo sĂłlo Dios lo puede aliviar, sĂłlo el conocimiento exacto de Dios, de su grandeza e infinita bondad, de su constante presencia y sus promesas. He visto cĂłmo el hombre puede ser torturado por sus semejantes y cĂłmo la muerte le puede arrastrar a estados de desolaciĂłn en los que SatanĂĄs trabaja para aumentar el dolor y devastar. Entonces me he dicho: “No deben sufrir los hijos de los hombres esta tortura añadida a las otras torturas. Demos el conocimiento de Dios a quien no lo tiene, devolvĂĄmoselo a quien lo ha olvidado en medio de tempestades de dolor”. Pero tambiĂ©n he visto cĂłmo Yo solo no doy abasto a cubrir las infinitas necesidades de mis hermanos; y he decidido llamar a muchos, para que todos los que tienen necesidad del consuelo del conocimiento de Dios lo puedan recibir.

Estos doce son los primeros; son segundos Cristos, y, como tales, capaces de conducir a mĂ­, y, por tanto, al consuelo, a todos los que se sienten oprimidos bajo pesos de dolor demasiado grandes. En verdad os digo: Venid a mĂ­ los que estĂ©is afligidos, desazonados, los que tengĂĄis el corazĂłn herido o estĂ©is cansados, que compartirĂ© con vosotros vuestro dolor y os darĂ© paz; venid a travĂ©s de mis apĂłstoles, a travĂ©s de mis discĂ­pulos y discĂ­pulas, que cada dĂ­a aumentan con nuevas personas voluntariosas: encontrarĂ©is consuelo en vuestras penas, compañía en vuestras soledades, el amor de vuestros hermanos con que olvidar el odio del mundo; encontrarĂ©is, por encima de todos, consolador por encima de todos, compañero perfecto, el amor de Dios; ya no dudarĂ©is de nada; no volverĂ©is a decir: “¡Todo estĂĄ acabado para mĂ­!”, sino: “Ahora todo empieza para mĂ­ en un mundo sobrenatural que cancela toda distancia y separaciĂłn”; y los hijos huĂ©rfanos volverĂĄn a unirse con sus padres, ya sublimados en el seno de Abraham, y padres y madres, esposas y viudos, encontrarĂĄn a los hijos o al consorte perdidos.

209.6

En esta tierra de Judea, no lejos de BelĂ©n de NoemĂ­, os recuerdo que el amor alivia el dolor y devuelve la alegrĂ­a. Pensad, vosotros que llorĂĄis, en la desolaciĂłn de NoemĂ­ despuĂ©s de que su casa se hubo quedado sin hombres. Escuchad sus palabras de desconsolado adiĂłs a OrpĂĄ y Rut: “Volved a casa de vuestra madre. El Señor se muestre misericordioso con vosotras, como vosotras lo habĂ©is sido con los que han muerto y conmigo...”. Escuchad cĂłmo no se cansaba de insistir. La que habĂ­a sido NoemĂ­, la bella, y que ahora no era sino la desdichada NoemĂ­, quebrantada por el dolor, ya no esperaba nada de la vida; solamente querĂ­a volver, para morir, a los lugares en que habĂ­a sido feliz, cuando era joven, rodeada del amor de su marido y de los besos de sus hijos. DecĂ­a: “Marchaos, marchaos. Es inĂștil que vengĂĄis conmigo... Yo soy como una muerta... Mi vida ya no estĂĄ aquĂ­, sino allĂĄ, al otro lado de la vida, donde ellos estĂĄn. Dejad ya de sacrificar vuestra juventud al lado de una cosa que muere, porque realmente yo soy ‘una cosa’. Todo me resulta indiferente. Dios ha tomado todo lo que tenĂ­a... Soy pura angustia y sĂłlo angustia os acarrearĂ­a... y ello pesarĂ­a en mi corazĂłn, y el Señor me pedirĂ­a cuentas — Él, que tanto ha descargado su mano sobre mí—; porque teneros a vosotras, que vivĂ­s, junto a mĂ­, que estoy muerta, serĂ­a egoĂ­smo. Id con vuestras madres...”.

Pero Rut se quedĂł, como apoyo de la doliente vejez. Rut habĂ­a comprendido que siempre hay dolores mayores que el propio, y que su pena de joven viuda era mĂĄs ligera que la de esta mujer que habĂ­a perdido a sus dos hijos ademĂĄs del marido. De la misma forma, el dolor del niño huĂ©rfano que se ve obligado a vivir mendigando, privado ya de caricias, privado ya de buenos consejos, es mucho mayor que el de la madre que ha sido despojada para siempre de sus hijos. De la misma forma, el dolor de quien, por diversos motivos, llega a odiar al gĂ©nero humano y ve en todos los hombres un enemigo de quien defenderse y a quien temer, es aĂșn mayor que los otros dolores, porque envuelve no sĂłlo carne, sangre y mente, sino tambiĂ©n al espĂ­ritu con sus deberes y derechos sobrenaturales y le lleva a la perdiciĂłn.

ÂĄCuĂĄntas madres sin hijos para los hijos sin madres hay en el mundo! ÂĄCuĂĄntas viudas sin descendencia, para que ejerzan su piedad para con los ancianos solitarios! ÂĄCuĂĄntos han sido privados de amor para que se den enteramente a los infelices, con su necesidad de amar, y combatan asĂ­ el odio, dando, dando, dando amor a la Humanidad infeliz, que sufre cada vez mĂĄs porque cada vez odia mĂĄs!

209.7

El dolor es cruz, pero tambiĂ©n es ala. El luto despoja, pero para volver a vestir. ÂĄAlzaos, vosotros que llorĂĄis! ÂĄAbrid los ojos, abandonad pesadillas, tinieblas y egoĂ­smos! Mirad... el mundo es la landa donde se llora y se muere. El mundo suplica auxilio por boca de huĂ©rfanos y enfermos, por boca de los que viven en soledad, de los que vacilan, por boca de los que viven prisioneros del rencor por causa de una traiciĂłn o de un acto de crueldad. Id a estos que gritan. ÂĄOlvidaos entre los olvidados! ÂĄSanad entre los enfermos! ÂĄEsperad entre los desesperados! El mundo estĂĄ abierto a las buenas voluntades que desean servir a Dios en el prĂłjimo y conquistarse el Cielo: uniĂłn con Dios, reuniĂłn con aquellos cuya ausencia lloramos. AquĂ­ nos ejercitamos, allĂ­ serĂĄ la victoria. Venid. Estad cerca de todos los dolores, como Rut. Decid tambiĂ©n vosotros: “EstarĂ© con vosotros hasta la muerte”. Persistid aunque oigĂĄis esta respuesta de los desgraciados que se consideran insanables: “No me llamĂ©is ya NoemĂ­, llamadme MarĂĄ, porque Dios me ha colmado de amargura”. En verdad os digo que un dĂ­a, por vuestra persistencia, estas calamidades exclamarĂĄn: “Bendito sea el Señor, que me ha liberado de la amargura, de la desolaciĂłn, de la soledad, por obra de una criatura que ha sabido hacer que su dolor diera un fruto bueno; que Dios la bendiga eternamente por haberme salvado”.

Fijaos: aquella buena acción de Rut hacia Noemí dio al Mesías al mundo, porque de David de Jesé, de Jesé de Obed, viene el Mesías, como Obed de Booz, Booz de Salmón, Salmón de Naassón, Naassón de Aminadab, Aminadab de Aram, Aram de Esrom, Esrom de Fares, para poblar los campos de Belén, preparando los antepasados del Señor: toda buena acción es origen de cosas grandes, que ni siquiera os imaginåis; el esfuerzo de uno contra su propio egoísmo puede provocar una ola de amor tal, que puede subir, subir, llevando entre su transparencia a aquel que la provocó, hasta conducirle a los pies del altar, al corazón de Dios.

Que Dios os conceda la paz».

Y JesĂșs, sin volver al jardĂ­n por la puertecita abierta en el seto, vigila para que nadie se acerque a Ă©ste — del otro lado proviene un largo llanto... Y espera a que todos los de Betsur se hayan marchado para alejarse acompañado de los suyos sin turbar ese llanto saludable...

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El nĂșcleo de esta predicaciĂłn se condensa en la siguiente nota.

AnotaciĂłn

Ayer escuché hablar a dos grandes desgraciados, uno en el alba de la vida, el otro en su ocaso: son dos almas hechas a llorar por el peso de su desgracia. Son Marziam(EMV208,1-4) y Elisa(EMV 208,7-11). Este discurso se dirige a ambas.

En verdad os digo: Venid a mí todos los que eståis afligidos y disgustados, todos los que eståis pusilånimes y cansados; yo compartiré vuestro dolor y os traeré la paz. Cf. mås adelante Mateo 11, 28-29.

Es en esta tierra de Judea, todavía cerca de la Belén de Noemí, donde os recuerdo cómo el amor alivia el dolor y trae la alegría. Cf. el libro de Rut, cap. 1, 1-22.

El MesĂ­as desciende de David, que desciende de JesĂ©, a su vez descendiente de Jobed, y Jobed de Booz y Rut. Booz de SalmĂłn, SalmĂłn de NaasĂłn, NaasĂłn de Aminadab, Aminadab de Aram, Aram de EsrĂłn, EsrĂłn de Fares. Esta es la genealogĂ­a de JesĂșs. Cf. Mateo 1, 1-16 y Lucas 3, 23-38 mĂĄs abajo.

Evangelio de Mateo 11, 28-29

Mt 11, 28-29 : Venid a mí todos los que eståis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fåcil y mi carga ligera.

Libro de Rut 1, 1-22

Rt 1, 1-22 : En los días en que gobernaban los jueces, hubo hambre en el país. Un hombre de Belén de Judå se fue con su mujer y sus dos hijos a vivir a los campos de Moab. El hombre se llamaba Elimelec, y el nombre de su esposa era Noemí, y los nombres de sus dos hijos eran Mahalón y Quelón; eran efrateos de Belén de Judå. Fueron a los campos de Moab y se establecieron allí.

Cuando murió Elimelec, el marido de Noemí, ésta se quedó sola con sus dos hijos. Tomaron esposas moabitas, una de las cuales se llamaba Orfa y la otra Rut, y vivieron allí unos diez años. Murieron también Mahalón y Queljón, y la mujer se quedó sin sus dos hijos y sin su marido. Entonces se levantó, ella y sus nueras, y abandonó los campos de Moab, porque había oído decir en el país de Moab que Yahvé había visitado a su pueblo y le había dado pan. Así que ella y sus dos nueras salieron del lugar donde se había establecido, y se pusieron en camino para regresar a la tierra de Judå. Noemí dijo a sus dos nueras: "Id y volved cada una a casa de su madre. Que el Señor sea benévolo con ustedes, como lo fue conmigo y con los que murieron. Que el Señor haga que cada una encuentre descanso en la casa de su esposo. Y las besó. Ellas alzaron la voz y lloraron, y le dijeron: "No; volveremos contigo a tu pueblo". Noemí dijo: "Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de venir conmigo? ¿Todavía tengo hijos en mi vientre que puedan ser vuestros maridos? Volved, hijas mías, volved. Soy demasiado vieja para volver a casarme. Y cuando digo: tengo esperanza; cuando esta misma noche me casara y tuviera hijos, ¿esperaríais a que crecieran? ¿os abstendríais por eso de volver a casaros? No, hijas mías. Es muy amargo para mí, por vuestra culpa, que la mano de Yahvé haya descendido sobre mí. Y, alzando la voz, volvieron a llorar. Entonces Orfa besó a su suegra, pero Rut se aferró a ella.

NoemĂ­ dijo a Rut: "He aquĂ­ que tu cuñada ha vuelto con su pueblo y con su dios; vuelve con tu cuñada". Rut respondiĂł: "No me presiones para que te deje cuando me aleje de ti. Donde tĂș vayas, irĂ© yo; donde tĂș habites, habitarĂ© yo; tu pueblo serĂĄ mi pueblo, y tu Dios serĂĄ mi Dios; donde tĂș mueras, morirĂ© yo y allĂ­ serĂ© enterrada. ÂĄQue YahvĂ© me trate con dureza si algo que no sea la muerte me separa de ti! Al ver que Rut estaba decidida a acompañarla, NoemĂ­ puso fin a sus sĂșplicas.

Las dos siguieron su camino hasta llegar a Belén. Cuando entraron en Belén, todo el pueblo se conmovió con ellas, y las mujeres dijeron: "¿Es ésta Noemí? "20Ella les respondió: "No me llaméis Noemí; llamadme Marah, porque el Todopoderoso me ha amargado. Me fui con las manos llenas, y Yahvé me trae de vuelta con las manos vacías. ¿Por qué has de llamarme Noemí, después de que Yahvé ha testificado contra mí y el Todopoderoso me ha afligido?".

Así que Noemí regresó, y con ella su nuera, Rut la moabita, que había venido de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada.

Evangelio de Mateo 1, 1-16

Mt 1, 1-16 : Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judå y a sus hermanos; Judå de Tamar engendró a Fares y a Zara; Fares engendró a Esrón; Esrón engendró a Aram; Aram engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Naasón; Naasón engendró a Salmón; Salmón de Rahab engendró a Booz; Booz de Rut engendró a Obed; Obed engendró a Jesé; Jesé engendró al rey David.

David engendró a Salomón, de la mujer de Urías; Salomón engendró a Roboam; Roboam engendró a Abías; Abías engendró a Asa; Asa engendró a Josafat; Josafat engendró a Joram; Joram engendró a Uzías; 9 Uzías engendró a Joatån; Joatån fue padre de Acaz; Acaz fue padre de Ezequías; Ezequías fue padre de Manasés; Manasés fue padre de Amón; Amón fue padre de Josías; Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.

Y despuĂ©s de la deportaciĂłn a Babilonia, JeconĂ­as fue padre de Salatiel; Salatiel fue padre de Zorobabel; Zorobabel fue padre de Abiud; Abiud fue padre de Eliacim; Eliacim fue padre de Azor; Azor fue padre de Sadoc; Sadoc engendrĂł a Achim; Achim engendrĂł a Éliud; Éliud engendrĂł a ElĂ©azar; ElĂ©azar engendrĂł a Mathan; Mathan engendrĂł a Jacob; Y Jacob engendrĂł a JosĂ©, esposo de MarĂ­a, de quien naciĂł JesĂșs, llamado Cristo.

Evangelio de Lucas 3, 23-38

Lc 3, 23-38: JesĂșs tenĂ­a unos treinta años cuando comenzĂł su ministerio; Era hijo de JosĂ©, hijo de HelĂ­, hijo de Matat, hijo de LevĂ­, hijo de MelchĂź, hijo de Janna, hijo de JosĂ©, hijo de MatatĂ­as, hijo de AmĂłs, hijo de Nahum, hijo de Hesli, hijo de Nagge, hijo de Maat hijo de Joanan, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salathiel, hijo de Neri, hijo de Melchi, hijo de Addi, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Her, hijo de JesĂșs, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matthat, hijo de Levi, hijo de SimeĂłn, hijo de JudĂĄ, hijo de JosĂ©, hijo de Jonan, hijo de Eliakim, hijo de Melea, hijo de Menna, hijo de MatatĂĄ, hijo de NatĂĄn, hijo de David, hijo de JesĂ©, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de SalmĂłn, hijo de NaasĂłn, hijos de Aminadab, hijo de Aram, hijo de EsrĂłn, hijo de Fares, hijo de Judas, hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tare, hijo de Nahor, hijo de Sarug, hijo de Reu, hijo de Faleg, hijo de Heber, hijo de SalĂ©, hijo de CainĂĄn, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de NoĂ©, hijo de Lamec, hijo de Mathusaleh, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Malaleel, hijo de CainĂĄn, hijo de EnĂłs, hijo de Set, hijo de AdĂĄn, hijo de Dios.

Palabras clave

ECR 209.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En verdad os digo: Venid a mĂ­ los que estĂ©is afligidos, desazonados, los que tengĂĄis el corazĂłn herido o estĂ©is cansados, que compartirĂ© con vosotros vuestro dolor y os darĂ© paz; venid a travĂ©s de mis apĂłstoles, a travĂ©s de mis discĂ­pulos y discĂ­pulas, que cada dĂ­a aumentan con nuevas personas voluntariosas: encontrarĂ©is consuelo en vuestras penas, compañía en vuestras soledades, el amor de vuestros hermanos con que olvidar el odio del mundo; encontrarĂ©is, por encima de todos, consolador por encima de todos, compañero perfecto, el amor de Dios; ya no dudarĂ©is de nada; no volverĂ©is a decir: “¡Todo estĂĄ acabado para mĂ­!”, sino: “Ahora todo empieza para mĂ­ en un mundo sobrenatural que cancela toda distancia y separaciĂłn”; y los hijos huĂ©rfanos volverĂĄn a unirse con sus padres, ya sublimados en el seno de Abraham, y padres y madres, esposas y viudos, encontrarĂĄn a los hijos o al consorte perdidos.

AnotaciĂłn

Evangelio de Mateo 11, 28-29

Mt 11, 28-29 : Venid a mí todos los que eståis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Palabras clave

ECR 209.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«La paz sea con vosotros.

Ayer he oĂ­do hablar a dos personas muy desdichadas: el uno, en la aurora de la vida; la otra, en el ocaso: dos almas que lloraban su desolaciĂłn. Y he llorado en mi corazĂłn con ellos, al ver cuĂĄnto dolor hay en la tierra, y cĂłmo sĂłlo Dios lo puede aliviar, sĂłlo el conocimiento exacto de Dios, de su grandeza e infinita bondad, de su constante presencia y sus promesas. He visto cĂłmo el hombre puede ser torturado por sus semejantes y cĂłmo la muerte le puede arrastrar a estados de desolaciĂłn en los que SatanĂĄs trabaja para aumentar el dolor y devastar. Entonces me he dicho: “No deben sufrir los hijos de los hombres esta tortura añadida a las otras torturas. Demos el conocimiento de Dios a quien no lo tiene, devolvĂĄmoselo a quien lo ha olvidado en medio de tempestades de dolor”. Pero tambiĂ©n he visto cĂłmo Yo solo no doy abasto a cubrir las infinitas necesidades de mis hermanos; y he decidido llamar a muchos, para que todos los que tienen necesidad del consuelo del conocimiento de Dios lo puedan recibir.

Estos doce son los primeros; son segundos Cristos, y, como tales, capaces de conducir a mĂ­, y, por tanto, al consuelo, a todos los que se sienten oprimidos bajo pesos de dolor demasiado grandes. En verdad os digo: Venid a mĂ­ los que estĂ©is afligidos, desazonados, los que tengĂĄis el corazĂłn herido o estĂ©is cansados, que compartirĂ© con vosotros vuestro dolor y os darĂ© paz; venid a travĂ©s de mis apĂłstoles, a travĂ©s de mis discĂ­pulos y discĂ­pulas, que cada dĂ­a aumentan con nuevas personas voluntariosas: encontrarĂ©is consuelo en vuestras penas, compañía en vuestras soledades, el amor de vuestros hermanos con que olvidar el odio del mundo; encontrarĂ©is, por encima de todos, consolador por encima de todos, compañero perfecto, el amor de Dios; ya no dudarĂ©is de nada; no volverĂ©is a decir: “¡Todo estĂĄ acabado para mĂ­!”, sino: “Ahora todo empieza para mĂ­ en un mundo sobrenatural que cancela toda distancia y separaciĂłn”; y los hijos huĂ©rfanos volverĂĄn a unirse con sus padres, ya sublimados en el seno de Abraham, y padres y madres, esposas y viudos, encontrarĂĄn a los hijos o al consorte perdidos.»

AnotaciĂłn

Ayer escuché hablar a dos grandes desgraciados, uno en el alba de la vida, el otro en su ocaso: son dos almas hechas a llorar por el peso de su desgracia. Son Marziam(EMV208,1-4) y Elisa(EMV 208,7-11). Este discurso se dirige a ambas.

En verdad os digo: Venid a mí todos los que eståis afligidos y disgustados, todos los que eståis pusilånimes y cansados; yo compartiré vuestro dolor y os traeré la paz. Cf. infra Mateo 11, 28-29.

Evangelio de Mateo 11, 28-29

Mt 11, 28-29 : Venid a mí todos los que eståis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Palabras clave