Notas del tema

Palabras clave principales y transversales 🌟.

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Comodidad de lectura

ECR 173.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No deseéis acumular en la Tierra vuestros tesoros, viviendo para ellos, siendo crueles por ellos; que no os maldigan el prójimo y Dios a causa de ellos. No merece la pena. Aquí abajo están siempre inseguros. Los ladrones pueden siempre robaros; el fuego puede destruir las casas; las enfermedades de las plantas o del ganado, exterminaros los rebaños, destruiros los pomares. ¡Cuántos peligros se celan contra vuestros bienes! Ya sean estables y estén protegidos, como las cosas o el oro; ya estén sujetos a sufrir lesión en su naturaleza, como todo cuanto vive, como son los vegetales y los animales; ya se trate, incluso, de telas preciosas... todos ellos pueden sufrir merma: las casas, por el rayo, el fuego y el agua; los campos, por ladrones, roya, sequía, roedores o insectos; los animales, por vértigo, fiebres, descoyuntamientos o mortandades; las telas preciosas y muebles de valor, por la polilla o los ratones; las vajillas preciadas, lámparas y cancelas artísticas... Todo, todo puede sufrir merma.

Mas si de todo este bien terreno hacéis un bien sobrenatural, se salvará de toda lesión producida por el tiempo, por los propios hombres o la intemperie. Atesorad en el Cielo, donde no entran ladrones ni suceden infortunios. Trabajad sintiendo amor misericordioso hacia todas las miserias de la Tierra. Acariciad, sí, vuestras monedas, besadlas incluso si queréis, regocijaos por la prosperidad de las mieses, por los viñedos cargados de racimos, por los olivos plegados por el peso de infinitas aceitunas, por las ovejas fecundas y de turgentes ubres... haced todo esto, pero no estérilmente, no humanamente, sino con amor y admiración, con disfrute y cálculo sobrenatural.

“¡Gracias, Dios mío, por esta moneda, por estos sembrados y plantas y ovejas, por estas compraventas! ¡Gracias, ovejas, plantas, prados, transacciones, que tan bien me servís! ¡Benditos seáis todos, porque por tu bondad, oh Eterno, y por vuestra bondad, oh cosas, puedo hacer mucho bien a quien tiene hambre o está desnudo o no tiene casa o está enfermo o solo!... El año pasado proveí a las necesidades de diez. Este año — dado que, a pesar de que haya distribuido mucho como limosna, tengo más dinero y más pingües son las cosechas y numerosos los rebaños — daré dos o tres veces más de cuanto di el año pasado, a fin de que todos, incluso quienes no tienen nada propio, gocen de mi alegría y te bendigan conmigo Señor Eterno”. Ésta es la oración del justo, la oración que, unida a la acción, transfiere vuestros bienes al Cielo, y, no sólo os los conserva allí eternamente, sino que os los aumenta con los frutos santos del amor.

Tened vuestro tesoro en el Cielo para que esté allí vuestro corazón, por encima, y más allá, del peligro, no sólo de infortunios que perjudiquen al oro, casas, campos o rebaños, sino también de asechanzas contra vuestro corazón, y de que sea expoliado o agredido por el óxido o el fuego, asesinado por el espíritu de este mundo. Si así lo hacéis, tendréis vuestro tesoro en vuestro corazón, porque tendréis a Dios en vosotros, hasta que llegue el día dichoso en que vosotros estéis en Él.

Anotación

Evangelio de Mateo 6, 19-21

Mt 6, 19-21 : No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el gusano los devoran y donde los ladrones traspasan las paredes para robar. En cambio, haceos tesoros en el cielo, donde no hay polillas ni gusanos que devoren, ni ladrones que traspasen las paredes para robar. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Palabras clave

ECR 173.4 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Para no disminuir el fruto de la caridad, poned atención a ser caritativos con espíritu sobrenatural. Lo que he dicho respecto a la oración y al ayuno valga para la beneficencia y para cualquier otra obra buena que podáis hacer.

Proteged el bien que hagáis de la violación de la sensualidad del mundo, conservadlo virgen respecto a toda humana alabanza. No profanéis la rosa perfumada — verdadero incensario de perfumes gratos al Señor — de vuestra caridad y recto actuar. El espíritu de soberbia, el deseo de ser uno visto cuando hace el bien, la búsqueda de alabanzas, profanan el bien: las babosas del saciado orgullo ensucian con su secreción la rosa de la caridad y la van excavando con su boca; en el incensario caen hediondas pajas de la cama en que el soberbio, cual atiborrada bestia, retoza.

¡Ah, esas limosnas ofrecidas para que se hable de nosotros!... Mejor sería no darlas. El que no las da peca de insensibilidad; pero quien las ofrece dando a conocer la suma entregada y el nombre del destinatario, mendigando además alabanzas, peca de soberbia (al dar a conocer la dádiva, porque es como si dijera: “¿Veis cuánto puedo?”), pero peca también contra la caridad, porque humilla al destinatario de la limosna al publicar su nombre; y peca también de avaricia espiritual al querer acumular alabanzas humanas... que no son más que paja, paja, sólo paja. Dejad a Dios que os alabe con sus ángeles.

Palabras clave

ECR 173.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cuando deis limosna, no vayáis tocando la trompeta delante de vosotros para atraer la atención de los que pasan y recibir alabanzas, como los hipócritas, que buscan el aplauso de los hombres (por eso dan limosna sólo cuando los pueden ver muchos). Éstos también han recibido ya su compensación y Dios no les dará ninguna otra. No incurráis vosotros en la misma culpa y presunción. Antes bien, cuando deis limosna, sea ésta tan pudorosa y celada que vuestra mano izquierda no sepa lo que hace la derecha; y luego olvidaos. No os detengáis a remiraros el acto realizado, hinchándoos con él como hace el sapo, que se remira en el pantano con sus ojos velados y, al ver reflejadas en el agua detenida las nubes, los árboles, el carro parado junto a la orilla, y a él mismo — tan pequeñito respecto a esas cosas tan grandes —, se hincha de aire hasta estallar. Del mismo modo vuestra caridad es nada respecto al Infinito que es la Caridad de Dios, y, si pretendierais haceros como Él convirtiendo vuestra reducida caridad en una caridad enorme para igualar a la suya, os llenaríais de aire de orgullo para terminar muriendo.

Olvidaos. Del acto en sí mismo, olvidaos. Quedará siempre en vosotros una luz, una voz, una miel, que harán vuestro día luminoso, dichoso, dulce. Pues la luz será la sonrisa de Dios; la miel, paz espiritual — Dios también—; la voz, voz del Padre-Dios diciéndoos: “Gracias”. Él ve el mal oculto y el bien escondido, y os recompensará por ello.

Palabras clave

ECR 173.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Perdonad, como Yo perdono. Porque si perdonáis a los hombres sus fallos también vuestro Padre del Cielo os perdonará vuestros pecados; pero si sois rencorosos y no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas. Todos tienen necesidad de perdón.

Anotación

Evangelio de Mateo 6, 14-15

Mt 6, 14-15 : Si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Palabras clave

ECR 173.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Os decía que Dios os recompensará aunque no le pidáis que premie el bien que hayáis hecho. Ahora bien, no hagáis el bien para obtener una recompensa, para disponer de un aval para el futuro. Que vuestras buenas obras no tengan la medida y límite del temor de si os quedará algo para vosotros, o de si, quedándoos sin nada, no va a haber nadie que os ayude a vosotros, o de si encontraréis a alguien que haga con vosotros lo que vosotros habéis hecho, o de si os seguirán queriendo cuando ya no podáis dar nada. (...) No temáis, por tanto: aunque perdáis el poder del dinero, os bastará el amor y la santidad para poder favorecer al pobre, al cansado o al afligido.

Palabras clave

ECR 173.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Mirad: tengo amigos poderosos entre los ricos y amigos entre los pobres de este mundo. En verdad os digo que no son los amigos poderosos los más amados; a éstos me acerco no por amor a mí mismo o por interés personal, sino porque de ellos puedo obtener mucho para quienes nada tienen. Yo soy pobre. No tengo nada. Quisiera tener todos los tesoros del mundo y convertirlos en pan para quienes padecen hambre, o en casas para quienes carecen de ellas; en vestidos para los desnudos, en medicinas para los enfermos. Diréis: “Tú puedes curar”. Sí, y más cosas. Pero no siempre tienen fe, y no puedo hacer lo que haría, lo que quisiera hacer de encontrar en los corazones fe en mí. Quisiera agraciar incluso a estos que no tienen fe; quisiera, dado que no le piden el milagro al Hijo del hombre, ayudarlos como hombre que soy Yo también. Pero no tengo nada; por ello tiendo la mano a quienes tienen y les pido ayuda en nombre de Dios. Por eso tengo amigos entre los poderosos. El día de mañana, una vez que haya dejado esta Tierra, seguirá habiendo pobres; Yo no estaré ya aquí para realizar milagros en favor de quien tiene fe, ni podré dar limosna para guiar hacia la fe; pero mis amigos ricos, para entonces, ya habrán aprendido por el contacto conmigo el modo de ayudar a los necesitados; y mis apóstoles, igualmente por el contacto conmigo, habrán aprendido a solicitar limosna por amor a los hermanos. Así, los pobres siempre tendrán una ayuda.

Palabras clave

ECR 173.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Diréis: “Tú puedes curar”. Sí, y más cosas. Pero no siempre tienen fe, y no puedo hacer lo que haría, lo que quisiera hacer de encontrar en los corazones fe en mí.

Palabras clave

ECR 173.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Por tanto, os digo: no os afanéis demasiado por temor a la escasez. Siempre tendréis lo necesario. No os apuréis demasiado por el futuro. Nadie sabe cuánto futuro tiene por delante. No os preocupéis de qué comeréis para mantener la vida, ni de qué vestiréis para mantener caliente vuestro cuerpo. La vida de vuestro espíritu es mucho más valiosa que el vientre y los miembros, vale mucho más que la comida y el vestido, así como la vida material es más que la comida y el cuerpo más que el vestido. El Padre lo sabe, sabedlo también vosotros. Mirad los pájaros del aire: no siembran ni cosechan, no recogen en los graneros, y, sin embargo, no mueren de hambre, porque el Padre celeste los nutre. Vosotros, hombres, criaturas predilectas del Padre, valéis mucho más que ellos.

¿Quién de vosotros, con todo su ingenio, podrá añadir a su estatura un solo codo? Si no lográis elevar vuestra estatura ni siquiera un palmo, ¿cómo pensáis que vais a poder cambiar vuestra condición futura, aumentando vuestras riquezas para garantizaros una larga y próspera vejez? ¿Podéis, acaso, decirle a la muerte: “Vendrás por mí cuando yo quiera”? No, no podéis. ¿Para qué, pues, preocuparos por el mañana?, ¿por qué ese gran dolor del temor a quedaros sin nada con que vestiros? Mirad cómo crecen los lirios del campo: no trabajan, no hilan, ni van a los vendedores de vestidos a comprar. Y, sin embargo, os aseguro que ni Salomón con toda su gloria se vistió jamás como uno de ellos. Pues bien, si Dios viste así la hierba del campo, que hoy existe y mañana sirve para calentar el horno o como pasto de los rebaños — al final, ceniza o estiércol —, ¡cuánto más os proveerá a vosotros, hijos suyos, de lo necesario!

No seáis hombres de poca fe. No os angustiéis por un futuro incierto, diciendo: “¿Cuando sea viejo, qué comeré?, ¿qué beberé?, ¿con qué me vestiré?”. Dejad estas preocupaciones para los gentiles, que no tienen la sublime certeza de la paternidad divina. Vosotros la tenéis, y sabéis que el Padre conoce vuestras necesidades y que os ama. Confiad, pues, en Él. Buscad primero las cosas verdaderamente necesarias: fe, bondad, caridad, humildad, misericordia, pureza, justicia, mansedumbre, las tres y las cuatro virtudes principales, y todas las demás; de forma que seáis amigos de Dios y tengáis derecho a su Reino. Os aseguro que todo lo demás se os dará por añadidura sin necesidad siquiera de pedirlo. No hay mayor rico que el santo, ni hombre más seguro que él. Dios está con el santo y el santo está con Dios. Por su cuerpo no pide, y Dios le provee de lo necesario; trabaja, antes bien, para su espíritu, y Dios mismo se da a él ya aquí, y después de esta vida le dará el Paraíso.

No os acongojéis, pues, por lo que no merece vuestra aflicción. Doleos de ser imperfectos, no de tener pocos bienes terrenos. No os atormentéis por el mañana: el mañana tendrá su propia preocupación, y vosotros tendréis que preocuparos por el mañana cuando lo viváis. ¿Por qué pensar en el mañana hoy? ¿Es que, acaso, la vida no está ya suficientemente llena de recuerdos penosos del ayer y de pesadumbres del hoy como para sentir la necesidad de cargarla además con las angustias de los “¿qué sucederá?” mañana? Dejadle a cada día su afán. Habrá siempre más penas en la vida de las que querríamos tener. No añadáis penas presentes a penas futuras. Decid siempre la gran palabra de Dios: “Hoy”. Sois sus hijos, creados a su semejanza; decid, pues, con Él: “Hoy”.

Anotación

Mañana pensará en sí mismo. Este pensamiento, que se ha convertido en proverbial, se recoge en Mateo 6:34. Jesús lo menciona de nuevo en EMV 584.15.

Palabras clave

ECR 174

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: Sexto Sermón de la Montaña: elegir entre el bien y el mal, el adulterio y el divorcio. Llegada intempestiva de María Magdalena.

Fecha de la visión: martes 29 de mayo de 1945 (174.1-10); sábado 12 de agosto de 1944 (EMV 174.11-14); martes 29 de mayo de 1945 (174.15-22).

Calendario: viernes 18 de febrero 28 (5 Adar I 3788)

Lugar (mapa): Los Cuernos de Hattin

Ciclo: Sermón de la Montaña

Resumen: Hay una multitud. Tomás y Judas la dividen en varios grupos: uno para los enfermos, otro para los que esperan un centavo, otro para los que esperan las enseñanzas de Jesús. Pedro está con los niños, a algunos de los apóstoles les gusta llevar al Señor a los enfermos, Andrés y Juan recogen limosnas de los fieles. Les aborda una mujer que necesita hablar con el Maestro de asuntos personales, que nada tienen que ver con la salud o la enfermedad. Así que Juan la lleva a una tienda mientras Andrés va a contárselo al Maestro, y otros dos desgraciados se unen a la mujer para exponerle sus miserias. Antes de acudir a ellos, el Maestro curó a los enfermos y a una niña con una lesión en la columna. Luego fue a escuchar a estas tres almas que le esperaban. La primera tenía un marido que se había ido con una prostituta: consiguió su conversión. La segunda tenía una hija que se había vuelto lasciva después de una visita a Tiberíades: el padre fue a ver a Juana de Kouza y ella le invitó a encontrar a Jesús. El padre consiguió la conversión de su hija, pero tuvo que encargarse de perdonarla. Por último, el tercero cuenta una disputa con sus hermanos por la herencia. Le acusaron de haber robado el dinero, pero había sido el padre, ya fallecido, quien había trasladado el cofre sin avisarles. Jesús le dice que sus hermanos encontraron el dinero mientras él estaba fuera y que se han arrepentido. Pero el hombre prefiere escuchar a Jesús antes que marcharse de inmediato.

Jesús da entonces un sermón. El hombre puede elegir entre tomar el camino que lleva hacia arriba, es decir, hacia Dios, o tomar el camino que lleva hacia abajo, es decir, hacia Satanás. Tiene libre albedrío. Por supuesto, Satanás tienta, pero Dios también tienta a las almas con su Palabra, con sus promesas, con su amor. Si alguien dice que quería convertir a un alma, pero se dejó corromper por el mal de su prójimo, es porque su corazón estaba dispuesto a aceptar ese mal o ese pecado. Por eso Cristo nos anima a resistir a la sensualidad, al mundo, a la ciencia y al demonio. Debemos procurar no ser incoherentes y elegir un solo Amo, porque no podemos servir a Dios o a las riquezas.

Tras describir brevemente a Eva y su corrupción, Cristo habla de la lámpara del cuerpo. Si nuestro ojo es puro, todo será puro. En cuanto a la tentación, no es un mal: sufrimos por resistirla, pero con la victoria adquirimos una eternidad de paz. Dicho esto, debemos ser siempre misericordiosos con nuestros hermanos que han caído.

Jesús es interrumpido por la llegada intempestiva de María Magdalena, entonces una gran pecadora. La acompañan varios hombres, entre ellos un romano al que parece preferir. La hermana de Lázaro se comporta realmente de forma escandalosa y, tras mirarla un momento, Jesús aparta la cabeza y ya no la mira. Al contrario, reanuda su discurso: habla de adulterio e impureza, y reprocha a los ricos y a los que se divierten. María Magdalena, ofendida, se marcha entre los murmullos de la multitud, y Cristo anuncia que van a abandonar los Cuernos de Hattin, ya que llevan dos días perturbados por los silbidos de Satanás. Sin embargo, indica que hablará una vez más, después de que la multitud se haya refugiado del calor y haya comido. A continuación, Jesús habla brevemente a Pedro, luego a Judas, a quien renueva su promesa de ir a Judea. Por último, Simón de Jonás obliga a su Maestro a comer.

Mientras Bartolomé recuerda que dentro de unas horas es sábado, Jesús exhorta a marcharse a los que no confían en la Providencia del Padre. Cincuenta personas se marchan y él reanuda su discurso. Vuelve a insistir en el adulterio, el divorcio y el repudio, recordándoles que sólo la muerte puede romper un matrimonio. Además, son sobre todo los hijos los que sufren cuando su padre o su madre se vuelven a casar, por lo que el Señor nos exhorta a ser fieles a nuestro marido o a nuestra mujer.

Finalmente, para concluir sus palabras, Cristo anima a las almas a la caridad y a la prudencia: no se trata de dar verdades eternas a hombres que las tergiversarían y jugarían al profeta. No hay que echar perlas a los cerdos. Por último, concluyó diciendo que quien pone en práctica sus palabras construye su casa sobre roca, y que quien no le escucha construye sus cimientos sobre arena. Luego se despidió de la multitud, pero ésta le siguió y no le abandonó...

Contenido del capítulo: 174.1: El horizonte en una mañana de primavera. 174.2: Jesús pide a los apóstoles que reúnan a los que piden ayuda. 174.3: Los apóstoles se agitan entre la multitud. 174.4: Andrés advierte a Jesús que tres personas en particular quieren verlo. 174,5: Jesús tranquiliza a una mujer abandonada por su marido. 174,6: Promete a un padre la conversión de su hija. 174.7: Guía hacia una solución una disputa por una herencia. 174.8: No se puede pertenecer por igual a Dios y a las riquezas. 174.9 : Cómo Satanás sedujo a Eva. 174.10 : No te dejes llevar por la tentación y sé misericordioso con el pecador. 174.11: La misma mañana floreció en la montaña. 174.12 : La llegada pomposa y provocativa de María Magdalena. 174.13: ¡Ay de vosotros, ricos y adinerados! 174.14: Bajo un reproche indirecto, María Magdalena huye. 174.15: Jesús da tiempo a la multitud para descansar. 174.16: Judas, turbado por la Magdalena, es consolado por Jesús, que va a ver a su madre en Judea. 174.17: Pedro hace beber un huevo a Jesús. 174.18: Enseñanza sobre el adulterio. 174.19 : Quien despide a su propia mujer la expone al adulterio. 174.20 : Grabad en vuestros corazones el Sermón de la Montaña, es vuestra guía. 174.21 : Escuchen mis palabras y pónganlas en práctica. 174.22 : Jesús baja a Cafarnaún con la multitud.

Edición antigua: Tomo 3, capítulo 34

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