(...) El Amado del Padre tiene todavĂa un jardĂn en esta tierra en que impera SatanĂĄs: el jardĂn al que va a saciarse de su alimento celeste: amor y pureza; el pensil del que coge las flores que aprecia, en las cuales no hay mancha de sentido, de avaricia, de soberbia: Ă©stos â JesĂșs acaricia a todos los niños que puede, pasando su mano sobre la corona de cabecitas atentas (una Ășnica caricia que apenas los toca y les hace sonreĂr de alegrĂa) â; Ă©stos son mis lirios.
No tuvo SalomĂłn, en su riqueza, vestidura mĂĄs hermosa que el lirio que perfuma la hoya, ni diadema de mĂĄs aĂ©rea y esplĂ©ndida gracia que la que tiene el lirio en su cĂĄliz de perla. Y, no obstante, para mi corazĂłn no hay lirio que valga lo que uno de Ă©stos; no hay jardĂn, no hay jardĂn de ricos, todo cultivado de lirios, que me valga cuanto uno sĂłlo de estos puros, inocentes, sinceros, sencillos pĂĄrvulos.
ÂĄOh hombres, oh mujeres de Israel, oh vosotros, grandes y humildes por riqueza o por cargo, oĂd! Vosotros estĂĄis aquĂ porque querĂ©is conocerme y amarme. Pues bien, debĂ©is saber cuĂĄl el la condiciĂłn primera para ser mĂos. Mirad que no os digo palabras difĂciles, ni os pongo ejemplos aĂșn mĂĄs difĂciles; os digo: tomad a Ă©stos como ejemplo.
ÂżQuiĂ©n hay, entre vosotros, que no tenga en casa en la edad de la puericia, de la niñez, a un hijo, a un nieto o sobrino, a un hermano? ÂżNo es un descanso, un alivio, un motivo de uniĂłn entre esposos, entre familiares, entre amigos, uno de estos inocentes, cuya alma es pura como alba serena, cuyo rostro aleja las nubes y crea esperanzas, cuyas caricias secan las lĂĄgrimas e infunden fuerza vital? ÂżPor quĂ© tienen tanto poder ellos, que son dĂ©biles, inermes, ignorantes todavĂa?: porque tienen en sĂ a Dios, tienen la fuerza y la sabidurĂa de Dios, la verdadera sabidurĂa: saben amar y creer, creer y querer, vivir en este amor y en esta fe. Sed como ellos: sencillos, puros, amorosos, sinceros, creyentes.
No hay sabio en Israel que sea mayor que el mĂĄs pequeño de Ă©stos, cuya alma es de Dios y de cuya alma es el Reino. Benditos del Padre, amados del Hijo del Padre, flores de mi jardĂn, mi paz estĂ© con vosotros y con quienes os imiten por mi amor.