Notas de la palabra clave

Discipulado - Seguir a Jesucristo

Tema: Palabras clave principales y transversales 🌟. · PĂĄgina 2 de 11

Comodidad de lectura

ECR 58.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Pero seremos nosotros solos tus apóstoles?».

«¿Celoso, Pedro? No. No lo seas. VendrĂĄn otros, y en mi corazĂłn habrĂĄ amor para todos. No seas avaro, Pedro. TĂș no sabes todavĂ­a QuiĂ©n es el que te ama. ÂżHas contado alguna vez las estrellas? ÂżY las piedras del fondo de este lago? No. No podrĂ­as. Pues aĂșn menos podrĂ­as contar los latidos de amor de que es capaz mi corazĂłn. ÂżHas podido alguna vez contar cuĂĄntas veces este mar puede besar la orilla con su Ăłsculo de ola en el curso de doce lunas? No. No podrĂ­as. Pues aĂșn menos podrĂ­as contar las olas de amor que de este corazĂłn se derraman para besar a los hombres. EstĂĄte seguro, Pedro, de mi amor».

Palabras clave

ECR 64.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

(...) El Amado del Padre tiene todavĂ­a un jardĂ­n en esta tierra en que impera SatanĂĄs: el jardĂ­n al que va a saciarse de su alimento celeste: amor y pureza; el pensil del que coge las flores que aprecia, en las cuales no hay mancha de sentido, de avaricia, de soberbia: Ă©stos — JesĂșs acaricia a todos los niños que puede, pasando su mano sobre la corona de cabecitas atentas (una Ășnica caricia que apenas los toca y les hace sonreĂ­r de alegrĂ­a) —; Ă©stos son mis lirios.

No tuvo Salomón, en su riqueza, vestidura mås hermosa que el lirio que perfuma la hoya, ni diadema de mås aérea y espléndida gracia que la que tiene el lirio en su cåliz de perla. Y, no obstante, para mi corazón no hay lirio que valga lo que uno de éstos; no hay jardín, no hay jardín de ricos, todo cultivado de lirios, que me valga cuanto uno sólo de estos puros, inocentes, sinceros, sencillos pårvulos.

ÂĄOh hombres, oh mujeres de Israel, oh vosotros, grandes y humildes por riqueza o por cargo, oĂ­d! Vosotros estĂĄis aquĂ­ porque querĂ©is conocerme y amarme. Pues bien, debĂ©is saber cuĂĄl el la condiciĂłn primera para ser mĂ­os. Mirad que no os digo palabras difĂ­ciles, ni os pongo ejemplos aĂșn mĂĄs difĂ­ciles; os digo: tomad a Ă©stos como ejemplo.

¿Quién hay, entre vosotros, que no tenga en casa en la edad de la puericia, de la niñez, a un hijo, a un nieto o sobrino, a un hermano? ¿No es un descanso, un alivio, un motivo de unión entre esposos, entre familiares, entre amigos, uno de estos inocentes, cuya alma es pura como alba serena, cuyo rostro aleja las nubes y crea esperanzas, cuyas caricias secan las lågrimas e infunden fuerza vital? ¿Por qué tienen tanto poder ellos, que son débiles, inermes, ignorantes todavía?: porque tienen en sí a Dios, tienen la fuerza y la sabiduría de Dios, la verdadera sabiduría: saben amar y creer, creer y querer, vivir en este amor y en esta fe. Sed como ellos: sencillos, puros, amorosos, sinceros, creyentes.

No hay sabio en Israel que sea mayor que el mås pequeño de éstos, cuya alma es de Dios y de cuya alma es el Reino. Benditos del Padre, amados del Hijo del Padre, flores de mi jardín, mi paz esté con vosotros y con quienes os imiten por mi amor.

Detalle

JesĂșs estĂĄ entre los niños y ellos hablan de Ă©l a la multitud.

Palabras clave

ECR 65.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Cuando en primavera todo florece, el hombre del campo dice contento: “ObtendrĂ© mucho fruto”, y se regocija su corazĂłn por esta esperanza. Pero, desde la primavera al otoño, desde el mes de las flores al de la fruta, ÂĄcuĂĄntos dĂ­as, cuĂĄntos vientos y lluvias y sol y temporales vendrĂĄn! A veces la guerra, o la crueldad de los poderosos, o enfermedades de las plantas, o del campesino. AsĂ­ es que los ĂĄrboles, que prometĂ­an mucho fruto, — al no cavĂĄrselos o recalzarlos, regarlos, podarlos, sujetarlos o limpiarlos — se ponen mustios y mueren totalmente, o muere su fruto.

Vosotros me seguís. Me amåis. Vosotros, como plantas en primavera, os adornåis de propósitos y amor. Verdaderamente Israel en esta alba de mi apostolado es como nuestros dulces campos en el luminoso mes de Nisån. Pero, escuchad. Como quemazón de sequía, vendrå Satanås a abrasaros con su hålito envidioso de mí. Vendrå el mundo con su viento helado a congelar vuestro florecer. Vendrån las pasiones como temporales. Vendrå el tedio como lluvia obstinada. Todos los enemigos míos y vuestros vendrån para hacer estéril lo que debería brotar de esta tendencia santa vuestra a florecer en Dios. Yo os lo advierto, porque sé las cosas.

Pero, ¿entonces todo se perderá cuando Yo, como el agricultor enfermo — más que enfermo, muerto —, ya no pueda ofreceros palabras y milagros? No. Yo siembro y cultivo mientras dura mi tiempo; crecerá y madurará en vosotros, si vigiláis bien.

Mirad esa higuera de la casa de SimĂłn de JonĂĄs. Quien la plantĂł no encontrĂł el punto justo y propicio. Trasplantada junto a la hĂșmeda pared de septentriĂłn, habrĂ­a muerto si no hubiera deseado tutelarse a sĂ­ misma para vivir. Y ha buscado sol y luz. Vedla ahĂ­: toda retorcida, pero fuerte y digna, bebiendo de la aurora el sol con el que se procura el jugo para sus cientos y cientos de dulces frutos. Se ha defendido por sĂ­ misma. Ha dicho: “El Creador me ha proyectado para alegrar y alimentar al hombre. ÂĄYo quiero que mi deseo acompañe al suyo!”. ÂĄUna higuera! ÂĄUna planta sin habla! ÂĄSin alma! Y vosotros, hijos de Dios, hijos del hombre, Âżvais a ser menos que esa leñosa planta?

Vigilad bien para dar frutos de vida eterna. Yo os cultivo y al final os darĂ© la savia mĂĄs poderosa que existe. No hagĂĄis, no hagĂĄis que SatanĂĄs rĂ­a ante las ruinas de mi trabajo, de mi sacrificio y tambiĂ©n de vuestra alma. Buscad la luz. Buscad el sol. Buscad la fuerza. Buscad la vida. Yo soy Vida, Fuerza, Sol, Luz de quien me ama. Estoy aquĂ­ para llevaros al lugar del que provengo. Hablo aquĂ­ para llamaros a todos e indicaros la Ley de los diez mandamientos que dan la vida eterna. Y con consejo amoroso os digo: “Amad a Dios y al prĂłjimo”; es condiciĂłn primera para cumplir cualquier otro bien, es el mĂĄs santo de los diez santos mandamientos. Amad. Aquellos que amen en Dios, a Dios y al prĂłjimo y por el Señor Dios tendrĂĄn en la Tierra y en el Cielo la paz como tienda y corona».

La gente, despuĂ©s de la bendiciĂłn de JesĂșs, se aleja, pero como no queriendo marcharse. No hay ni enfermos ni pobres.

Detalle

Al comienzo de su vida pĂșblica en CafarnaĂșn, JesĂșs habla de plantas y cosechas, comparĂĄndose con los hombres, y luego habla de la figuer de Pedro, que intentaba sobrevivir. Luego lo aplica a las almas.

Aprendemos que las plantas no tienen alma.

Palabras clave

ECR 66.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Aunque todos te traicionasen yo estaré contigo y te defenderé».

«¿TĂș, Judas? ÂżY en quĂ© basas tu seguridad?».

«En mi honor de hombre».

«Cosa mĂĄs frĂĄgil que una tela de araña, Judas. Es a Dios a quien tenemos que pedirle la fuerza de ser honestos y fieles. ÂĄEl hombre!... El hombre lleva a cabo obras de hombre. Para llevar a cabo obras del espĂ­ritu — y seguir al MesĂ­as en verdad y justicia quiere decir realizar obras de espĂ­ritu — hace falta matar al hombre y hacer que vuelva a nacer. ÂżEres capaz de tanto?».

Palabras clave

ECR 67.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Amad. No os digo mås que eso. Amad a vuestro prójimo como desea el Señor Dios de Israel. No seåis siempre de la sangre de Caín. Y, ¿por qué lo sois?: vosotros, que podríais ser ya homicidas, por pocas monedas; otros, por unos pocos palmos de tierra, por un puesto mejor, por una mujer. ¿Qué son estas cosas? ¿Son cosas eternas? No. Duran mucho menos que la vida, la cual, a su vez, dura un instante de eternidad. ¿Y qué perdéis si las seguís?: la paz eterna prometida a los justos, la que el Mesías os traerå junto con su Reino. Venid por el camino de la Verdad, seguid la Voz de Dios. Amaos. Sed honestos. Sed continentes. Sed humildes y justos. Marchaos y meditad.

Palabras clave

ECR 70.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Éste se despoja incluso de su modo de pensar y juzgar para ser “el discĂ­pulo”. Juan es aquel que se dona sin querer retener de sĂ­, del sĂ­ mismo anterior a la elecciĂłn, ni siquiera una molĂ©cula. Judas, sin embargo, es aquel que no se quiere despojar de sĂ­ mismo: la suya es, por tanto, una donaciĂłn irreal; lleva consigo su yo enfermo de soberbia, de sensualidad, de avidez; conserva su modo de pensar; neutraliza, por tanto, los efectos de la donaciĂłn y de la Gracia.

Judas: primero de la serie de todos los apĂłstoles frustrados. ÂĄY son tantos...! Juan: arquetipo de los que se hacen hostia por mi amor: tu arquetipo.

Yo y mi Madre somos las Hostias excelsas. Alcanzarnos es difícil, es mås, imposible, porque nuestro sacrificio fue de una aspereza total. ¥Pero mi Juan!... Es esa hostia que pueden imitar mis amantes de todas las clases: virgen, mårtir, confesor, evangelizador, siervo de Dios y de la Madre de Dios, activo y contemplativo; él dispone de un ejemplo para todos: es aquel que ama.

Observa los distintos modos de razonar. Judas investiga, cavila, opone resistencia, y, aunque externamente parezca que cede, en realidad conserva su forma mental. Juan se siente nada, acepta todo, no pide razones, se siente satisfecho con hacerme feliz. Éste es el ejemplo.

Detalle

JesĂșs le habla a MarĂ­a de Juan y le dice:

Palabras clave

ECR 71.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cuanto peor formado estĂĄ uno, mĂĄs necesidad tiene de cuidados. Los otros... ÂĄoh!, los otros se forman incluso por sĂ­ mismos, por el solo contacto. Yo no quiero hacer todo solo. Pido la voluntad del hombre y la ayuda de los demĂĄs para formar a un hombre. Os llamo a ayudarme... y os agradezco la ayuda.

Palabras clave

ECR 76.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

76.6 ¿Quieres ser mi discípulo, Isaac?».

«¥No voy a servir!».

«¿Sabrås confesar mi presencia en el mundo?, ¿confesarlo contra las burlas y las amenazas?, ¿y decir que Yo te he llamado y has venido?».

«Aunque TĂș no quisieras, dirĂ­a todo eso. En esto te desobedecerĂ­a, Maestro. Perdona que lo diga».

JesĂșs sonrĂ­e. «¿Ves como eres capaz de ser discĂ­pulo?».

«¥Oh, si sĂłlo es para hacer esto!... CreĂ­a que era mĂĄs difĂ­cil, que se necesitase ir a aprender con los rabĂ­es para servirte a ti, RabĂ­ de los rabĂ­es... E ir a aprender cuando se es anciano...» — efectivamente, el hombre tiene al menos cincuenta años.

«TĂș ya has aprendido todo lo que se enseña en una escuela, Isaac».

«¿Yo? No».

«TĂș, sĂ­. ÂżNo has seguido creyendo y amando, respetando y bendiciendo a Dios y al prĂłjimo, evitando tener envidias, o desear lo ajeno, e incluso lo que era tuyo y ya no tenĂ­as? ÂżNo has seguido diciendo sĂłlo la verdad, aunque ello te perjudicase? ÂżNo has evitado fornicar con SatanĂĄs cometiendo pecados? ÂżNo has hecho todo esto en estos treinta años de desventura?».

«Sí, Maestro».

«¿Ves? Ya has concluido los estudios. Sigue así y añade la manifestación de mi presencia en el mundo. No hay nada mås que hacer».

Detalle

JesĂșs le pide a Isaac que le siga y sea su discĂ­pulo, pero Isaac piensa que no sabrĂĄ actuar correctamente.

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