Notas de la palabra clave

Dictados de Jesús y la Virgen María en la EMV

Tema: Palabras del Maestro para nuestro tiempo · Página 6 de 7

Comodidad de lectura

ECR 70.8-9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Luego dice Jesús:

«Una comparación más entre mi Juan y otro discípulo, comparación en la que aparece aún más límpida la figura de mi predilecto.

Éste se despoja incluso de su modo de pensar y juzgar para ser “el discípulo”. Juan es aquel que se dona sin querer retener de sí, del sí mismo anterior a la elección, ni siquiera una molécula. Judas, sin embargo, es aquel que no se quiere despojar de sí mismo: la suya es, por tanto, una donación irreal; lleva consigo su yo enfermo de soberbia, de sensualidad, de avidez; conserva su modo de pensar; neutraliza, por tanto, los efectos de la donación y de la Gracia.

Judas: primero de la serie de todos los apóstoles frustrados. ¡Y son tantos...! Juan: arquetipo de los que se hacen hostia por mi amor: tu arquetipo.

Yo y mi Madre somos las Hostias excelsas. Alcanzarnos es difícil, es más, imposible, porque nuestro sacrificio fue de una aspereza total. ¡Pero mi Juan!... Es esa hostia que pueden imitar mis amantes de todas las clases: virgen, mártir, confesor, evangelizador, siervo de Dios y de la Madre de Dios, activo y contemplativo; él dispone de un ejemplo para todos: es aquel que ama.

Observa los distintos modos de razonar. Judas investiga, cavila, opone resistencia, y, aunque externamente parezca que cede, en realidad conserva su forma mental. Juan se siente nada, acepta todo, no pide razones, se siente satisfecho con hacerme feliz. Éste es el ejemplo.

70.9 ­¿Y no te has sentido invadida de paz ante su amor sencillo y encantador? ¡Mi Juan! ¡Y mi pequeño Juan, al que deseo ver cada vez más semejante a mi predilecto! María, acepta todo, diciendo siempre como el Apóstol: “Todo lo que Tú haces está bien hecho, Maestro” para merecer siempre que se te diga: “Eres mi amorosa paz”. También necesito alivio Yo, María. Dámelo. Mi Corazón para descanso tuyo».

Detalle

Dictado vinculado a EMV 70.1-6

Palabras clave

ECR 83.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

83.7 Jesús dice luego:

«Pequeño Juan, ¡cuántas veces he llorado, rostro en tierra, por los hombres! ¿Y vosotros quisierais ser menos que Yo?

También para vosotros, los buenos están en la proporción que había entre los buenos y Judas. Y cuanto más bueno es uno, más sufre por ello. Pero también para vosotros — y esto lo digo especialmente para aquellos que han sido designados para el cuidado de los corazones — es necesario aprender estudiando a Judas. Todos sois “Pedros”, vosotros, sacerdotes, y debéis atar y desatar; pero, ¡cuánto, cuánto, cuánto espíritu de observación, cuánta fusión en Dios, cuánto estudio vivo, cuántas comparaciones con el método de vuestro Maestro debéis hacer para serlo como debéis!

A alguno le parecerá inútil, humano, imposible cuanto ilustro. Son los de siempre, los que niegan las fases humanas de la vida de Jesús, y de mí hacen una cosa tan fuera de la vida humana que soy sólo cosa divina. ¿Dónde queda entonces la Santísima Humanidad, dónde el sacrificio de la Segunda Persona vistiendo una carne? ¡Pues verdaderamente era Hombre entre los hombres! Era el Hombre, y por tanto sufría viendo al traidor y a los ingratos, y por tanto gozaba con quien me quería o a mí se convertía, y por tanto me estremecía y lloraba ante el cadáver espiritual de Judas. Me estremecí y lloré ante el amigo muerto, pero sabía que le llamaría a la vida y gozaba viéndole ya con el espíritu en el Limbo. Aquí... aquí estaba frente al Demonio. Y no digo más.

Tú sígueme, Juan. Demos a los hombres también este don. ¡Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y se esfuerzan en cumplirla! ¡Bienaventurados los que quieren conocerme para amarme! En ellos y para ellos, Yo seré bendición».

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