Notas del tema

Atributos de Jesucristo

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Comodidad de lectura

ECR 80.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo, como Dios, sabía todo, con mi inteligencia, incluso, Yo podía comprender las luchas del hombre, por poder intelectivo e intelectualmente. Pero un día algún pobre amigo mío, algún pobre hijo mío, habría podido decir y decirme: “Tú no sabes qué es ser hombre y tener sentido y pasiones”. Habría sido un reproche justo. Vine aquí, o mejor, allí, a aquel monte, para prepararme... no sólo a la misión... sino también a la tentación. ¿Veis? Aquí, donde vosotros estáis, Yo fui tentado. ¿Por quién? ¿Por un mortal? No. Demasiado débil habría sido su poder. Fui tentado por Satanás directamente.

Palabras clave

ECR 80.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La Tentación — no vencida por mi respuesta: “no sólo de sentido vive el hombre” — me habló entonces de mi misión. Quería seducir al Mesías después de haber tentado al Joven, y me incitó a aniquilar a los indignos ministros del Templo con un milagro... No se rebaja el milagro, llama del cielo, a hacer de él un círculo de mimbre con que coronarse... No se tienta a Dios pidiendo milagros para fines humanos. Esto quería Satanás. El motivo presentado era el pretexto, la verdad era: “Gloríate de ser el Mesías”; para llevarme a la otra concupiscencia, la del orgullo.

No vencido por mi “no tentarás al Señor tu Dios”, me insidió con la tercera fuerza de su naturaleza: el oro.

Palabras clave

ECR 80.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El Hombre había vencido la triple batalla. El hombre sabía qué quería decir ser hombre, y había vencido; estaba exhausto, la lucha había sido más agotadora que el largo ayuno... Mas el espíritu descollaba en gran medida... Yo creo que ante este completarme como criatura dotada de cognición se estremecieron los Cielos. Yo creo que desde ese momento vino a mí el poder de milagros. Había sido Dios. Yo me había hecho el Hombre. Ahora, venciendo al animal que estaba unido a la naturaleza del hombre, he aquí que Yo era el Hombre-Dios, lo soy. Como Dios todo lo puedo, como Hombre todo lo conozco. Haced también vosotros como Yo si queréis hacer lo que Yo hago, y hacedlo en memoria mía.

Detalle

Tras la tentación de Cristo por parte de Satanás en el Evangelio:

Palabras clave

ECR 80.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No dudéis nunca viéndome fuerte en todas las tentaciones de la vida, victorioso en las batallas de los cinco sentidos, del sentido y del sentimiento, sobre mi naturaleza de verdadero Hombre (la que tengo además de mi naturaleza de Dios). Recordad todo esto.

Palabras clave

ECR 80.11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Los primeros contactos con el mundo me habían nauseado y desilusionado; es demasiado feo. Ahora mi alma está nutrida de la médula del león: de la fusión con el Padre en la oración y en la soledad. Puedo volver al mundo para coger de nuevo mi cruz, mi primera cruz de Redentor, la del contacto con el mundo, con el mundo en el que demasiado pocas son las almas cuyo nombre es María, cuyo nombre es Juan...

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ECR 81.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«José [uno de los pastores] nos ha dicho que fuiste donde el Bautista. Nosotros no estábamos allí ese día; quizás habíamos ido, por él, a alguna parte. Le servíamos con mucho amor en los servicios de alma que él nos pedía, como con amor le escuchábamos, aunque fuera muy severo, porque no eras Tú-Verbo; pero decía siempre palabras de Dios».

Detalle

Matías, Simeón y Juan, pastores de Belén, le dicen a Jesús:

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ECR 83.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

83.7 Jesús dice luego:

«Pequeño Juan, ¡cuántas veces he llorado, rostro en tierra, por los hombres! ¿Y vosotros quisierais ser menos que Yo?

También para vosotros, los buenos están en la proporción que había entre los buenos y Judas. Y cuanto más bueno es uno, más sufre por ello. Pero también para vosotros — y esto lo digo especialmente para aquellos que han sido designados para el cuidado de los corazones — es necesario aprender estudiando a Judas. Todos sois “Pedros”, vosotros, sacerdotes, y debéis atar y desatar; pero, ¡cuánto, cuánto, cuánto espíritu de observación, cuánta fusión en Dios, cuánto estudio vivo, cuántas comparaciones con el método de vuestro Maestro debéis hacer para serlo como debéis!

A alguno le parecerá inútil, humano, imposible cuanto ilustro. Son los de siempre, los que niegan las fases humanas de la vida de Jesús, y de mí hacen una cosa tan fuera de la vida humana que soy sólo cosa divina. ¿Dónde queda entonces la Santísima Humanidad, dónde el sacrificio de la Segunda Persona vistiendo una carne? ¡Pues verdaderamente era Hombre entre los hombres! Era el Hombre, y por tanto sufría viendo al traidor y a los ingratos, y por tanto gozaba con quien me quería o a mí se convertía, y por tanto me estremecía y lloraba ante el cadáver espiritual de Judas. Me estremecí y lloré ante el amigo muerto, pero sabía que le llamaría a la vida y gozaba viéndole ya con el espíritu en el Limbo. Aquí... aquí estaba frente al Demonio. Y no digo más.

Tú sígueme, Juan. Demos a los hombres también este don. ¡Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y se esfuerzan en cumplirla! ¡Bienaventurados los que quieren conocerme para amarme! En ellos y para ellos, Yo seré bendición».

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ECR 83.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«A alguno le parecerá inútil, humano, imposible cuanto ilustro. Son los de siempre, los que niegan las fases humanas de la vida de Jesús, y de mí hacen una cosa tan fuera de la vida humana que soy sólo cosa divina. ¿Dónde queda entonces la Santísima Humanidad, dónde el sacrificio de la Segunda Persona vistiendo una carne? ¡Pues verdaderamente era Hombre entre los hombres! Era el Hombre, y por tanto sufría viendo al traidor y a los ingratos, y por tanto gozaba con quien me quería o a mí se convertía, y por tanto me estremecía y lloraba ante el cadáver espiritual de Judas. Me estremecí y lloré ante el amigo muerto, pero sabía que le llamaría a la vida y gozaba viéndole ya con el espíritu en el Limbo. Aquí... aquí estaba frente al Demonio. Y no digo más.

Tú sígueme, Juan. Demos a los hombres también este don. ¡Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y se esfuerzan en cumplirla! ¡Bienaventurados los que quieren conocerme para amarme! En ellos y para ellos, Yo seré bendición».

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