Notas del tema

Hechos sobre la vida pública de Jesucristo

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Comodidad de lectura

ECR 81.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«José [uno de los pastores] nos ha dicho que fuiste donde el Bautista. Nosotros no estábamos allí ese día; quizás habíamos ido, por él, a alguna parte. Le servíamos con mucho amor en los servicios de alma que él nos pedía, como con amor le escuchábamos, aunque fuera muy severo, porque no eras Tú-Verbo; pero decía siempre palabras de Dios».

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Matías, Simeón y Juan, pastores de Belén, le dicen a Jesús:

Palabras clave

ECR 81.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«(...) Cuando le veáis al Bautista — le veréis aún y todavía le serviréis hasta la hora signada — decidle que no es él el último en el corazón del Cristo. No tanto por la sangre cuanto por la santidad, a él le quiero como a éste. Y vosotros acordaos de esto. Si la humildad del santo se proclama “última”, la Palabra de Dios le proclama compañero del discípulo que amo. Decidle que amo a éste porque tiene su nombre y porque en él encuentro los signos del Bautista, preparador de corazones para Cristo».

«Se lo diremos... Pero, ¿le volveremos a ver?».

«Le veréis».

Detalle

La omnisciencia de Jesús. Jesús habla con los discípulos de Juan el Bautista, que en ese momento se encuentra encarcelado en casa de Herodes Antipas.

Palabras clave

ECR 82.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús llega por una calle, mira a su alrededor, no ve todavía a nadie. Pacientemente se apoya en un tronco y espera, encontrando la manera de hablar a los gamberros, sobre la caridad que comienza en Dios y desciende del Creador a todas las criaturas.

«No seáis crueles. ¿Por qué queréis disturbar a los pájaros del aire? Tienen nidos ahí arriba, tienen a sus pequeñas crías, no hacen daño a nadie, nos proporcionan cantos y limpieza, comiéndose los desperdicios que el hombre deja y los insectos que perjudican las cosechas y la fruta. ¿Por qué herirlos y matarlos, privando a los pequeñuelos de sus padres y de sus madres, o a éstos de sus pequeñuelos? ¿Os agradaría que un malvado entrase en vuestra casa y os la destruyera, o que os matara a vuestros padres o que os llevara lejos de ellos? No, claro que no os agradaría. Entonces, ¿por qué hacer a estos inocentes lo que no querríais que os hicieran a vosotros? ¿Cómo podréis el día de mañana no hacer mal al hombre, si, de niños, os endurecéis el corazón con criaturitas inermes y delicadas como los pajaritos? Y ¿no sabéis que la Ley dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”? Quien no ama al prójimo tampoco puede amar a Dios. Y quien no ama a Dios, ¿cómo puede ir a su Casa a pedirle algo? Dios podría decirle, y lo dice en los Cielos: “Vete, no te conozco. ¿Hijo, tú? No. No amas a tus hermanos, no respetas en ellos al Padre que los creó; por tanto, no eres ni hermano ni hijo, sino un bastardo: hijastro para Dios, hermanastro para los hermanos”. ¿Veis cómo ama Él, el Señor eterno? En los meses más fríos hace que sus pajaritos puedan encontrar llenos los heniles, para que aniden en ellos. En los meses calurosos les da las sombras de las hojas para protegerlos del sol. Durante el invierno, en los campos, apenas está el trigo cubierto de tierra y es fácil sacar la semilla y comerla. En verano, alivian la sed con las frutas jugosas, y pueden hacer los nidos bien sólidos y calientes con las pajitas de heno y con la lana que las ovejas dejan en las zarzas. Y es el Señor. Vosotros, pequeños hombres, creados por Él como los pájaros, por tanto hermanos suyos de creación, ¿por qué queréis ser distintos de Él, creyendo que os es lícito comportaros cruelmente con estos pequeños animales? Sed misericordiosos con todos y no privéis de lo justo a ninguno; para con los hombres hermanos y para con los animales, vuestros siervos y amigos; y Dios…».

«¿Maestro?» dice Simón. «Judas está llegando».

«... y Dios será misericordioso con vosotros, dándoos todo cuanto os hace falta, como se lo da a estos inocentes. Marchaos y llevad con vosotros la paz de Dios».

Palabras clave

ECR 83.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

83.5 Tú lloras, Maestro, porque ha habido uno que te ha disgustado. Desde hace días tu rostro es como Sol ensombrecido por nubes. Yo te observo. Tu bondad cela tu herida, para que nosotros no odiemos al que te hiere; pero esta herida duele y te produce náusea. Dime, Señor mío: ¿Por qué no alejas de ti la fuente del dolor?».

«Porque es inútil humanamente y además sería anticaridad».

«¡Ah! ¡Te has dado cuenta de que hablo de Judas! Es por él por quien sufres. ¿Cómo puedes Tú, Verdad, soportar a ese embustero? Él miente y no cambia de color; es más falso que un zorro, más compacto que un peñasco. Ahora se ha ido. ¿A hacer qué? Pero, ¿cuántos amigos tiene? Me duele dejarte; si no, querría seguirle y ver... ¡Oh! ¡Jesús mío! Ese hombre... Aléjale de ti, Señor mío».

«Es inútil. Lo que debe ser será».

«¿Qué quieres decir?».

«Nada especial».

«Tú no te has opuesto a que se marche porque... porque te has asquedado de su modo de actuar en Jericó».

«Es verdad, Simón. Yo te sigo diciendo: Lo que debe ser será. Y Judas es parte de este futuro. Debe estar también él».

«Juan me ha dicho que Simón Pedro es todo autenticidad y fuego... ¿Le podrá soportar a éste?»

«Le debe soportar. También Pedro está destinado a ser una parte, y Judas es el cañamazo en el que debe tejer su parte; o, si lo prefieres, es la escuela en que Pedro más madurará. Ser bueno con Juan, entender a los espíritus como Juan, es virtud hasta de los tontos. Pero ser bueno con quien es un Judas, y saber entender a los espíritus como los de Judas, y ser médico y sacerdote para ellos, es difícil: Judas es vuestra enseñanza viviente».

«¿La nuestra?».

«Sí. La vuestra. El Maestro no es eterno sobre la Tierra. Se irá después de haber comido el más duro pan y haber bebido el más agrio vino. Pero vosotros os quedaréis para continuarme... y debéis saber. Porque el mundo no termina con el Maestro, sino que continúa después, hasta el retorno final del Cristo y el juicio final del hombre. Y, en verdad te digo que por un Juan, un Pedro, un Simón, un Santiago, Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, hay al menos otras tantas veces siete Judas. ¡Y más, más aún!…».

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ECR 83.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«A alguno le parecerá inútil, humano, imposible cuanto ilustro. Son los de siempre, los que niegan las fases humanas de la vida de Jesús, y de mí hacen una cosa tan fuera de la vida humana que soy sólo cosa divina. ¿Dónde queda entonces la Santísima Humanidad, dónde el sacrificio de la Segunda Persona vistiendo una carne? ¡Pues verdaderamente era Hombre entre los hombres! Era el Hombre, y por tanto sufría viendo al traidor y a los ingratos, y por tanto gozaba con quien me quería o a mí se convertía, y por tanto me estremecía y lloraba ante el cadáver espiritual de Judas. Me estremecí y lloré ante el amigo muerto, pero sabía que le llamaría a la vida y gozaba viéndole ya con el espíritu en el Limbo. Aquí... aquí estaba frente al Demonio. Y no digo más.

Tú sígueme, Juan. Demos a los hombres también este don. ¡Bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y se esfuerzan en cumplirla! ¡Bienaventurados los que quieren conocerme para amarme! En ellos y para ellos, Yo seré bendición».

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ECR 83.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Pues verdaderamente era Hombre entre los hombres! Era el Hombre, y por tanto sufría viendo al traidor y a los ingratos, y por tanto gozaba con quien me quería o a mí se convertía, y por tanto me estremecía y lloraba ante el cadáver espiritual de Judas. Me estremecí y lloré ante el amigo muerto, pero sabía que le llamaría a la vida y gozaba viéndole ya con el espíritu en el Limbo. Aquí... aquí estaba frente al Demonio. Y no digo más.

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ECR 84.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Qué esperamos nosotros, los israelitas, sino a ti?».

«¿Y tú crees que Yo soy el Esperado?».

«Simón no ha mentido jamás, y no es un muchacho que se exalte por quimeras. La edad y el dolor le han hecho maduro como un sabio. Y, además... aunque él no te hubiera conocido por la verdad de tu ser, tus obras habrían hablado y te habrían llamado “Santo”. Quien hace las obras de Dios debe ser hombre de Dios. Y Tú las haces. Y las haces de un modo que dice cuánto eres Tú el Hombre de Dios. Él, mi amigo, fue a ti por la fama de milagros y obtuvo un milagro. Y sé que tu camino está marcado con otros milagros. ¿Por qué no creer entonces que eres el Esperado? ¡Oh, es tan dulce creer lo bueno! De muchas cosas que no son buenas debemos fingir creer que lo son, por amor a la paz, por no poderlas cambiar; debemos mostrar que creemos muchas palabras falsas, que parecen halagos, alabanzas, benignidad, y son por el contrario sarcasmo y censura, veneno recubierto de miel; debemos mostrar que las creemos aun sabiendo que son veneno, censura y sarcasmo..., debemos hacerlo porque... no se puede actuar de otra manera y somos débiles contra todo un mundo que es fuerte, y estamos solos contra todo un mundo que, como enemigo, está contra nosotros... ¿Por qué, entonces, tener dificultad en creer lo bueno? Pero es que, además, estamos en la plenitud de los tiempos y los signos de los tiempos se dan. Y cuanto pudiera faltar para robustecer la fe y hacerla impasible ante la duda, lo pone nuestra voluntad de creer y de aplacar nuestro corazón en la certeza de que la espera ha terminado y de que el Redentor está entre nosotros; está entre nosotros el Mesías... Aquel que devolverà la paz a Israel y a los hijos de Israel, Aquel que... hará que muramos sin angustia, sabiendo que hemos sido redimidos, y que vivamos sin ese aguijón de nostalgia por nuestros muertos... ¡Oh..., los muertos! ¿Por qué sentir pena por ellos, sino porque no tienen ya a sus hijos y todavía no tienen a su Padre y Dios?».

«¿Hace mucho que se te ha muerto tu padre?».

«Tres años. Y siete que se me murió mi madre... Pero ya hace algo de tiempo que no los compadezco... Yo mismo quisiera estar donde espero que estén ellos aguardando el Cielo».

«No tendrías, entonces, como huésped al Mesías».

«Es cierto. Ahora yo soy más que ellos porque te tengo... y el corazón se aplaca con esta alegría.»

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