ECR 70.5
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
70.5 «Juan, escucha. Te he dicho que me detuve aquí para aleccionar a un nuevo discípulo. Es un joven judío, instruido y conocido».
«Entonces tendrás que trabajar mucho menos que con nosotros, Maestro. Me alegro de que tengas alguno más capacitado que nosotros».
«¿Crees que tendré que trabajar menos?».
«¡Digo yo! Si es menos ignorante que nosotros, te entenderá mejor y te servirá mejor, sobre todo si te ama mejor».
«Exacto. Tú lo has dicho. Pero el amor no está en razón de la instrucción, y tampoco la formación. Quien es virgen ama con toda la fuerza de su primer amor. Esto también vale para las virginidades del pensamiento. Lo amado penetra y se imprime más en un corazón y en un pensamiento vírgenes que no en uno en el que ya haya habido otros amores. Pero, si Dios quiere... Escucha, Juan, te ruego que seas un amigo para él. Mi corazón tiembla ante la idea de ponerte a ti, cordero intonso, junto al experto de la vida; pero, por otra parte, se calma, porque sabe que tú serás, sí, cordero, pero también águila, y si el experto quiere hacerte tocar el suelo, siempre fangoso, el suelo de la cordura humana, tú, con un batir de alas, sabrás liberarte y querer sólo el azul y el sol. Por eso te ruego que... conservándote a ti mismo como eres, seas amigo del nuevo discípulo, que no será muy estimado por Simón Pedro ni por otros, para transfundirle tu corazón...».
«¡Oh, Maestro! ¿Pero no bastas Tú?».
«Yo soy el Maestro. A mí no se me dirá todo. Tú eres el condiscípulo, poco más joven, con quien será más fácil abrirse. No digo que me refieras lo que él te diga. Odio a los espías y a los traidores. Sí te pido que le evangelices con tu fe y caridad, con tu pureza, Juan. Es una tierra contaminada por aguas muertas; hay que secarla con el sol del amor, purificarla con la honestidad de pensamientos, deseos y obras, cultivarla con la fe. Tú puedes hacerlo».
«Si crees que puedo... ¡sí! Si Tú dices que puedo hacerlo, lo haré. Por amor tuyo...».
«Gracias, Juan».