Notas de la palabra clave

Simón el Zelote (apóstol)

Tema: Personajes del Evangelio tal como me fue revelado · Página 4 de 21

Comodidad de lectura

ECR 83.3-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cae la tarde sobre la campiña, que se hace silenciosa. Simón observa cómo trabajan los hortelanos regando sus parcelas.

83.4 Jesús permanece un tiempo en donde estaba. Luego se levanta, va hacia la parte de atrás de la casa, se adentra entre los árboles frutales, se aísla. Va hasta una parte muy tupida en la cual robustos granados se entrecruzan con matas bajas — yo diría que son de uva crespa, pero no lo sé con seguridad, porque ya no tienen frutos y conozco poco la hoja de esta planta —. Jesús se esconde detrás, se arrodilla, ora... y luego se inclina hacia la hierba, con el rostro contra el suelo, y llora (me lo dicen sus suspiros profundos y quebrados): es un llanto desconsolado; sin sollozos, pero muy triste.

Pasa el tiempo. La luz es ya crepuscular, pero aún no hay tanta oscuridad como para no poder ver. En este marco de escasa luz, se ve sobresalir por encima de una mata la cara fea pero honesta de Simón. Mira, busca, y distingue la forma replegada sobre sí del Maestro, todo cubierto por el manto azul oscuro que le confunde casi con las sombras del suelo; sólo resaltan la cabeza rubia, apoyada sobre las muñecas, y las manos unidas en oración, que sobresalen por encima de aquélla. Simón mira con esos ojos suyos un tanto saltones. Comprende que Jesús está triste, por los suspiros que emite, y su boca de labios abultados y violáceos se abre: «¡Maestro!».

Jesús alza el rostro.

«¿Lloras, Maestro? ¿Por qué? ¿Me permites acercarme?». El rostro de Simón está lleno de asombro y pena. Es, decididamente, un hombre feo. A las facciones no bellas, al colorido olivastro oscuro, se une el bordado azulino y hoyado de las cicatrices que su mal le ha dejado. Pero tiene una mirada tan buena, que desaparece la fealdad.

«Ven, Simón, amigo».

Jesús se ha sentado en la hierba. Simón se sienta cerca de Él.

«¿Por qué estás triste, Maestro mío? Yo no soy Juan y no sabré darte todo lo que te da él. Pero deseo darte todo el consuelo; siento sólo un dolor: el de ser incapaz de hacerlo. Dime: ¿Te he disgustado en estos últimos días hasta el punto de que te abata el tener que estar conmigo?».

«No, amigo bueno. No me has disgustado jamás desde el momento en que te vi. Y creo que nunca serás para mí motivo de llanto».

«¿Entonces, Maestro? No soy digno de que te confíes a mí, pero, por la edad, casi podría ser padre tuyo, y Tú sabes qué sed de hijos he tenido siempre... Deja que te acaricie como si fueras un hijo y que te haga, en esta hora de dolor, de padre y de madre. Es de tu Madre de quien Tú tienes necesidad para olvidar muchas cosas…».

«¡Oh, sí, es de mi Madre!».

«Pues déjale a tu siervo la alegría de consolarte, en espera de poder consolarte en Ella.

83.5 Tú lloras, Maestro, porque ha habido uno que te ha disgustado. Desde hace días tu rostro es como Sol ensombrecido por nubes. Yo te observo. Tu bondad cela tu herida, para que nosotros no odiemos al que te hiere; pero esta herida duele y te produce náusea. Dime, Señor mío: ¿Por qué no alejas de ti la fuente del dolor?».

«Porque es inútil humanamente y además sería anticaridad».

«¡Ah! ¡Te has dado cuenta de que hablo de Judas! Es por él por quien sufres. ¿Cómo puedes Tú, Verdad, soportar a ese embustero? Él miente y no cambia de color; es más falso que un zorro, más compacto que un peñasco. Ahora se ha ido. ¿A hacer qué? Pero, ¿cuántos amigos tiene? Me duele dejarte; si no, querría seguirle y ver... ¡Oh! ¡Jesús mío! Ese hombre... Aléjale de ti, Señor mío».

«Es inútil. Lo que debe ser será».

«¿Qué quieres decir?».

«Nada especial».

«Tú no te has opuesto a que se marche porque... porque te has asquedado de su modo de actuar en Jericó».

«Es verdad, Simón. Yo te sigo diciendo: Lo que debe ser será. Y Judas es parte de este futuro. Debe estar también él».

«Juan me ha dicho que Simón Pedro es todo autenticidad y fuego... ¿Le podrá soportar a éste?».

«Le debe soportar. También Pedro está destinado a ser una parte, y Judas es el cañamazo en el que debe tejer su parte; o, si lo prefieres, es la escuela en que Pedro más madurará. Ser bueno con Juan, entender a los espíritus como Juan, es virtud hasta de los tontos. Pero ser bueno con quien es un Judas, y saber entender a los espíritus como los de Judas, y ser médico y sacerdote para ellos, es difícil: Judas es vuestra enseñanza viviente».

«¿La nuestra?».

«Sí. La vuestra. El Maestro no es eterno sobre la Tierra. Se irá después de haber comido el más duro pan y haber bebido el más agrio vino. Pero vosotros os quedaréis para continuarme... y debéis saber. Porque el mundo no termina con el Maestro, sino que continúa después, hasta el retorno final del Cristo y el juicio final del hombre. Y, en verdad te digo que por un Juan, un Pedro, un Simón, un Santiago, Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, hay al menos otras tantas veces siete Judas. ¡Y más, más aún!…».

Simón reflexiona y calla. Luego dice: «Los pastores son buenos. Judas los desprecia. Yo los amo».

«Yo los amo y los ensalzo».

«Son almas sencillas, como te agradan a ti».

«Judas ha vivido en una ciudad».

«Es su única disculpa. Pero muchos han vivido en una ciudad y sin embargo...

83.6

¿Cuándo piensas venir donde mi amigo?».

«Mañana, Simón. Y con mucho gusto, porque estamos tú y Yo solos. Creo que será un hombre culto y experimentado como tú».

«Y sufre mucho... en el cuerpo y, más aún, en el corazón. Maestro... quisiera pedirte una cosa: si no te habla de sus tristezas, no le preguntes sobre su casa».

«No lo haré. Yo soy para quien sufre, pero no fuerzo las confidencias; el llanto tiene su pudor…».

«Y yo no lo he respetado... Pero es que me has dado tanta pena…».

«Tú eres mi amigo y ya le habías dado un nombre a mi dolor. Yo para tu amigo soy el Rabí desconocido. Cuando me conozca... entonces... Vamos. La noche ha llegado. No hagamos esperar a los huéspedes, que están cansados. Mañana al alba iremos a Betania».

Detalle

Simón está a solas con Jesús en el campo. Y Jesús se retira a orar, tras la marcha de Judas, quien mintió en Jericó para vender descaradamente las joyas de Aglaé,

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ECR 83.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Lloras, Maestro? ¿Por qué? ¿Me permites acercarme?». El rostro de Simón está lleno de asombro y pena. Es, decididamente, un hombre feo. A las facciones no bellas, al colorido olivastro oscuro, se une el bordado azulino y hoyado de las cicatrices que su mal le ha dejado. Pero tiene una mirada tan buena, que desaparece la fealdad.

«Ven, Simón, amigo».

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ECR 84

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús llega a Betania. Es su primer encuentro con Lázaro. Lázaro le confirma rápidamente que tiene fe en Cristo: cree que es el Mesías. Poco después, los tres hombres estaban comiendo: Lázaro le dice a Simón que su casa ha sido comprada por alguien anónimo (Mateo). El zelote sólo quería que su viejo criado pudiera quedarse en su casa, y el comprador accedió. Lázaro pregunta entonces al Maestro si utiliza palabras duras o palabras de misericordia, y Jesús responde que utiliza el amor. Menciona brevemente el Olimpo y las arenas movedizas que atrapan a los culpables, pero una palabra de amor puede ayudarles a salir. Lázaro habla entonces de sus lecturas, pues lee obras griegas y romanas para compararlas con sus libros judíos y ver en ellos la Doctrina de Dios. Jesús dice que no hay mal en leer sus libros, mientras no se altere en él la idea de Dios. Nos recuerda que toda acción no es pecado si actuamos santamente.

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ECR 84.1-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús y Simón andan por un camino que se aleja de la calzada principal haciendo una V. Se dirigen hacia unos magníficos huertos de árboles frutales, y espléndidos campos de lino tan alto como un hombre, ya cercano a la siega; otros campos, más lejanos, muestran sólo un gran rojear de amapolas entre la amarillez de los rastrojos.

«Estamos ya en la propiedad de mi amigo. Como puedes ver, Maestro, la distancia estaba dentro de la prescripción de la Ley. Jamás me habría permitido un engaño contigo. Detrás de aquel pomar está el muro que circunda el jardín; dentro está la casa. Te he traído por este atajo precisamente para no salirnos de la milla prescrita».

«¡Es muy rico tu amigo!».

«Mucho. Pero no es feliz. Su casa tiene propiedades en otros lugares».

«¿Es fariseo?».

«Su padre no lo era. Él... es muy observante. Ya te lo he dicho: un verdadero israelita».

Andan un poco más. Se ve un alto muro. Luego, al otro lado, árboles y más árboles, entre los cuales apenas si se ve la casa. El terreno aquí se eleva un poco, pero no tanto como para permitirle a la vista penetrar en el jardín, tan vasto que podríamos llamarle “parque”.

Dan la vuelta a la esquina. El muro prosigue igual, dejando descender desde su parte alta ramas despeinadas de rosas y jazmines llenas de fragancia y esplendor en sus corolas bañadas de rocío.

84.2 Llegan a la sólida puerta de hierro forjado. Simón golpea con el pesado aldabón de bronce.

«Es una hora muy temprana para entrar, Simón» objeta Jesús.

«¡Pero si mi amigo, que sólo encuentra alivio en su jardín o entre los libros, se levanta nada más salir el Sol! La noche es para él un tormento. No tardes más, Maestro, en darle tu alegría».

Un criado abre la puerta.

«¡Hola, Aseo! Dile a tu jefe que Simón el Zelote ha venido con su Amigo».

El criado los invita a entrar diciendo: «Vuestro siervo os saluda. Entrad, que la casa de Lázaro está abierta para los amigos». Luego se marcha corriendo.

Simón, que conoce bien el lugar, se dirige no hacia el paseo central sino hacia un sendero que entre rosales lleva a una pérgola de jazmines.

Y de allí, en efecto, sale Lázaro poco después. Éstá delgado y pálido, como siempre le he visto; alto, pelo corto ni tupido ni rizado, barba rala apenas limitada a la barbilla. Viste de lino blanquísimo y anda con dificultad, como si le dolieran las piernas.

Cuando ve a Simón, hace un gesto de afectuoso saludo, y luego, como puede, corre hacia Jesús y se hinca de rodillas, y se inclina profundamente para besar el borde del vestido de Jesús, diciendo: «No soy digno de tanto honor, pero, puesto que tu santidad se humilla hasta mi miseria, ven, mi Señor, entra, y sé dueño en mi pobre ­ca­sa».

«Levántate, amigo. Recibe mi paz».

Lázaro se levanta y besa las manos de Jesús y le mira con veneración no exenta de curiosidad. Caminan hacia la casa.

«¡Cuánto te he esperado, Maestro! Cada alba decía: “Hoy vendrá”, y cada noche decía: “¡Tampoco hoy le he visto!”».

«¿Por qué me esperabas con tanta ansia?».

«Porque...

84.3 ¿qué esperamos nosotros, los israelitas, sino a ti?».

«¿Y tú crees que Yo soy el Esperado?».

«Simón no ha mentido jamás, y no es un muchacho que se exalte por quimeras. La edad y el dolor le han hecho maduro como un sabio. Y, además... aunque él no te hubiera conocido por la verdad de tu ser, tus obras habrían hablado y te habrían llamado “Santo”. Quien hace las obras de Dios debe ser hombre de Dios. Y Tú las haces. Y las haces de un modo que dice cuánto eres Tú el Hombre de Dios. Él, mi amigo, fue a ti por la fama de milagros y obtuvo un milagro. Y sé que tu camino está marcado con otros milagros. ¿Por qué no creer entonces que eres el Esperado? ¡Oh, es tan dulce creer lo bueno!»

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ECR 87

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Leví, José y los pastores están sin duda presentes en este capítulo, pero apenas intervienen. Isaac afirma que los mejores son los humildes y los pequeños de Yutta. Hay mucha resistencia a la evangelización, pero el pastor quiere continuar su labor de discípulo. Le da a Judas una hermosa lección: no te desanimes, no mires al pasado. Da gracias a Dios si has conseguido hacer algo hoy; si no, pídele ayuda mañana. Jesús continúa diciendo que lo más importante es seguir adelante, sin cansarse ni desanimarse, lo que ya es una forma de orgullo. Judas pregunta entonces cuándo será conocido en el mundo, y Jesús le explica que nunca lo será, porque el mundo no quiere salvarse. De momento, el Iscariote intenta ser bueno. Jesús da entonces su bendición a Isaac, que evangelizará Judea, y que por tanto abandona el grupo.

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