Notas de la palabra clave

Profecías de Jesucristo

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Comodidad de lectura

ECR 78.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Judas, ¿qué has hecho? ¿Tan poco me has entendido hasta aquí? ¿Por qué disminuirme hasta el punto de hacer de mí sólo un poderoso de la tierra, o, peor aún, uno que brega por ser poderoso? ¿No entiendes que es una injuria a mi misión, exactamente un obstáculo? Sí, no digas que no; obstáculo. Israel está sujeto a Roma. Tú sabes qué ha sucedido cuando ha querido alzarse contra Roma alguien en actitud de caudillo del pueblo levantando sospechas de que estaba creando una guerra de reconquista. Has oído, justamente en estos días, cómo se ensañaron con un Párvulo porque se le supuso rey según el mundo. ¡Y tú..., y tú!... ¡Oh! ¡Judas! ¿Pero qué esperas de una soberanía mía de carne?, ¿qué esperas? Te he dado tiempo de pensar y decidir. Te he hablado bien claro ya desde la primera vez. Incluso te rechacé, porque sabía... porque sé, sí, porque sé, leo, veo lo que hay en ti. ¿Por qué deseas seguirme, si no quieres ser como Yo quiero? Vete, Judas. No te perjudiques a ti ni me perjudiques a mí... Vete. Es mejor para ti. No eres obrero apto para esta obra... Está demasiado por encima de ti. En ti hay soberbia, hay codicia de las tres especies, arrollas a quien te encuentras por delante... Incluso tu madre te debe temer... Hay tendencia a la mentira... No. Así no debe ser mi seguidor. Judas, Yo no te odio, Yo no te maldigo, sólo te digo — y con el dolor de quien ve que no puede cambiar al que ama — te digo sólo: Ve por tu camino, hazte paso en el mundo, puesto que es esto lo que quieres, pero no estés conmigo. ¡Mi vía!... ¡Mi palacio! ¡Oh, qué pequeñez contienen! ¿Sabes dónde seré Rey?, ¿cuándo seré proclamado Rey? Cuando me levanten en un madero infame y por púrpura tenga mi Sangre, por corona una guirnalda de espinas, por enseña un cartel burlón, por trompas y címbalos y órganos y cítaras saludando al Rey proclamado las blasfemias de todo un pueblo, de mi pueblo. ¿Y sabes por obra de quién todo esto? De uno que no me habrá entendido, que no habrá entendido nada. Corazón de bronce hueco, en el que la soberbia, la sensualidad y la avaricia, para entonces, ya habrán destilado sus humores, y éstos habrán engendrado una maraña de serpientes que servirán como cadena para mí y... y maldición para él. Los demás no conocen tan claramente mi suerte. Te ruego que no la manifiestes. Esto quede entre tú y Yo. Y esto que te he dicho es una amonestación... ¡Y guarda silencio y no digas: “Fui amonestado...”! ¿Entendido, Judas?».

Detalle

Judas preparó a su ciudad y a su madre para recibir a Jesús como Rey de Israel. Pero el Salvador no estaba contento. Le dieron sandalias nuevas, un vestido muy cómodo y la oportunidad de refrescarse, pero no estaba contento con todos estos favores. Cuando oye decir a la madre de Judas que no conoce los caminos de los reyes, pide hablar a solas con Judas. Cuando los dos están solos, le dice:

Palabras clave

ECR 81.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«(...) Cuando le veáis al Bautista — le veréis aún y todavía le serviréis hasta la hora signada — decidle que no es él el último en el corazón del Cristo. No tanto por la sangre cuanto por la santidad, a él le quiero como a éste. Y vosotros acordaos de esto. Si la humildad del santo se proclama “última”, la Palabra de Dios le proclama compañero del discípulo que amo. Decidle que amo a éste porque tiene su nombre y porque en él encuentro los signos del Bautista, preparador de corazones para Cristo».

«Se lo diremos... Pero, ¿le volveremos a ver?».

«Le veréis».

Detalle

La omnisciencia de Jesús. Jesús habla con los discípulos de Juan el Bautista, que en ese momento se encuentra encarcelado en casa de Herodes Antipas.

Palabras clave

ECR 83.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

83.5 Tú lloras, Maestro, porque ha habido uno que te ha disgustado. Desde hace días tu rostro es como Sol ensombrecido por nubes. Yo te observo. Tu bondad cela tu herida, para que nosotros no odiemos al que te hiere; pero esta herida duele y te produce náusea. Dime, Señor mío: ¿Por qué no alejas de ti la fuente del dolor?».

«Porque es inútil humanamente y además sería anticaridad».

«¡Ah! ¡Te has dado cuenta de que hablo de Judas! Es por él por quien sufres. ¿Cómo puedes Tú, Verdad, soportar a ese embustero? Él miente y no cambia de color; es más falso que un zorro, más compacto que un peñasco. Ahora se ha ido. ¿A hacer qué? Pero, ¿cuántos amigos tiene? Me duele dejarte; si no, querría seguirle y ver... ¡Oh! ¡Jesús mío! Ese hombre... Aléjale de ti, Señor mío».

«Es inútil. Lo que debe ser será».

«¿Qué quieres decir?».

«Nada especial».

«Tú no te has opuesto a que se marche porque... porque te has asquedado de su modo de actuar en Jericó».

«Es verdad, Simón. Yo te sigo diciendo: Lo que debe ser será. Y Judas es parte de este futuro. Debe estar también él».

«Juan me ha dicho que Simón Pedro es todo autenticidad y fuego... ¿Le podrá soportar a éste?»

«Le debe soportar. También Pedro está destinado a ser una parte, y Judas es el cañamazo en el que debe tejer su parte; o, si lo prefieres, es la escuela en que Pedro más madurará. Ser bueno con Juan, entender a los espíritus como Juan, es virtud hasta de los tontos. Pero ser bueno con quien es un Judas, y saber entender a los espíritus como los de Judas, y ser médico y sacerdote para ellos, es difícil: Judas es vuestra enseñanza viviente».

«¿La nuestra?».

«Sí. La vuestra. El Maestro no es eterno sobre la Tierra. Se irá después de haber comido el más duro pan y haber bebido el más agrio vino. Pero vosotros os quedaréis para continuarme... y debéis saber. Porque el mundo no termina con el Maestro, sino que continúa después, hasta el retorno final del Cristo y el juicio final del hombre. Y, en verdad te digo que por un Juan, un Pedro, un Simón, un Santiago, Andrés, Felipe, Bartolomé, Tomás, hay al menos otras tantas veces siete Judas. ¡Y más, más aún!…».

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