“Yo actúo, pero éste ama más que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sé hacer y como Jesús ha dicho: ‘... dentro de la propia habitación con la puerta cerrada para orar en secreto’. Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir: ‘Yo soy instrumento activo; éste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como está en Dios, me es canal de celeste fuerza’ ”.
Detalle
Jesús lo dijo de antemano en la Obra: Cuando consigas hacer algo bien, no te jactes de ello como si el mérito fuera sólo tuyo. Alabad a Dios, patrono de los trabajadores apostólicos. Tened ojos claros y corazón sincero para notar y dar la alabanza que le es debida. Ojos claros para discernir a los apóstoles que se ofrecen en sacrificio y son las primeras palancas reales en el trabajo de los demás. Sólo Dios puede verlos, los tímidos que parecen no hacer nada y que son, por el contrario, los que roban al Cielo el fuego que impulsa a los audaces. Un corazón sincero debe decir:
“¡Gracias, Dios mío, por esta moneda, por estos sembrados y plantas y ovejas, por estas compraventas! ¡Gracias, ovejas, plantas, prados, transacciones, que tan bien me servís! ¡Benditos seáis todos, porque por tu bondad, oh Eterno, y por vuestra bondad, oh cosas, puedo hacer mucho bien a quien tiene hambre o está desnudo o no tiene casa o está enfermo o solo!... El año pasado proveí a las necesidades de diez. Este año — dado que, a pesar de que haya distribuido mucho como limosna, tengo más dinero y más pingües son las cosechas y numerosos los rebaños — daré dos o tres veces más de cuanto di el año pasado, a fin de que todos, incluso quienes no tienen nada propio, gocen de mi alegría y te bendigan conmigo Señor Eterno”. Ésta es la oración del justo, la oración que, unida a la acción, transfiere vuestros bienes al Cielo, y, no sólo os los conserva allí eternamente, sino que os los aumenta con los frutos santos del amor.