¿Podrá, acaso, palabra humana alguna mutar el juicio de Dios? ¿Podrá apología humana alguna borrar lo que está escrito en el libro de la Vida? No, no puede. Lo juzgado juzgado está, lo escrito escrito está.
Quisiera poderos ayudar a todos, incluso materialmente, pero no puedo. Éste es mi pesar. Sólo puedo señalaros el Cielo; sólo puedo enseñaros la gran sabiduría de la resignación y prometeros el Reino futuro. (...) Es mejor ser Lázaros que Epulones, creedme. ¡Bienaventurados seréis, si llegáis a creer esto!
No odiéis jamás, por ninguna razón. El Odio es fuerte en el mundo, pero tiene siempre un límite; el Amor no tiene límite ni de potencia ni de tiempo. Amad, pues, para poseer el Amor, como protección y consuelo en la tierra y como premio en el Cielo.
Un padre o una madre, sana y santamente tales, no dan sólo alimento y caricias a la carne de su hijo, sino que también nutren y aman su mente y su espíritu.
El amor a Dios hace a Dios amigo y enseña el amor; quien no ama a Dios, que es bueno, no puede ciertamente amar al prójimo que en su mayoría es defectuoso.
[María] es la Flor del Cielo y de la creación, es la Perla del Paraíso, es la Paz de Dios... Sí, la Paz. Yo soy el Pacífico porque soy Hijo del Padre e hijo de María: la Paz infinita y la Paz suave.