Tema: Virtudes, cualidades cristianas y cualidades humanas
Comodidad de lectura
ECR 5.10
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Nada le faltaba a la alegría de Dios, nada necesitaba Dios. Él se basta a sí mismo. No tiene sino que contemplarse para deleitarse, nutrirse, vivir y descansar. Toda la creación no ha aumentado ni en un átomo su infinidad de alegría, de belleza, de vida, de potencia. He aquí que todo lo ha hecho para la criatura a la que ha querido poner como rey de la obra de sus manos: para el hombre.
Aunque sólo fuera por ver una obra divina de tal magnitud y por manifestarle reconocimiento a Dios, que os la otorga, merecería la pena vivir. Y debéis sentir gratitud por el hecho de vivir. Gratitud que deberíais haber tenido aunque no hubierais sido redimidos sino al final de los siglos, porque, a pesar de que hayáis sido, en los Primeros, y ahora aun individualmente, prevaricadores, soberbios, lujuriosos, homicidas, Dios os concede todavía gozar de lo bello del universo, de lo bueno del universo, y os trata como si fuerais personas buenas, hijos buenos a los cuales todo se enseña y todo se concede para hacerles más suave y sana la vida. Cuanto sabéis, lo sabéis por luz de Dios. Cuanto descubrís, lo descubrís porque Dios os lo señala. Esto, en el Bien. Los otros conocimientos y descubrimientos que llevan el signo del mal vienen del Mal supremo: Satanás.
Cuando la Bondad divina os dé una gracia, usad el bien recibido para dar gloria a Dios. No seáis como esos insensatos que de un objeto bueno se hacen un arma dañosa, o como los gastadores que de la abundancia acaban haciendo miseria.
Este rebaño os enseña una gran virtud, es más, muchas grandes virtudes: es manso y obediente; se conforma con poco y agradece lo que tiene; sabe amar a quien le cuida y reconocer a quien le quiere. Haced vosotros lo mismo, diciendo: “Dios es nuestro Padre; nosotros, sus ovejas. Su ojo vela por nosotros. Nos tutela. Nos concede no lo que es fuente de vicio, sino lo que es necesario para la vida”.
Meditad además esto: el hombre está obligado a conocer a Dios por deber de gratitud y por respeto a su propia inteligencia.
Por gratitud. Dios ha creado al hombre y le ha dado el don inefable de la vida; además le ha provisto del regalo superinefable de la Gracia, que el hombre perdió por su culpa. He aquí que éste recibe una gran promesa: “Te restituiré la Gracia”. Dios, el ofendido, habla en este modo al ofensor, casi como si Dios fuera el culpable, obligado a dar satisfacción. Y Dios ha mantenido su promesa: Yo estoy aquí para restituir la Gracia al hombre. Dios no se limita a dar lo sobrenatural, sino que incluso rebaja su Esencia divina a proveer a las gravosas necesidades de la carne y sangre del hombre, y ofrece el calor del sol, el alivio del agua, cereales, vino, árboles y animales de todas las especies. Así, el hombre ha recibido de Dios todos los medios para la vida. Es el Benefactor. La gratitud es obligada, y hay que mostrarla esforzándose en conocerle.
Por respeto a la propia razón. El imbécil, el estúpido, no muestran gratitud hacia quien los cuida, porque no comprenden el verdadero valor de esas atenciones, y odian a la persona que los lava y acerca la comida a su boca, que los guía a la cama o los acuesta, porque, siendo, como son, animalescos a causa de su desgracia, confunden los cuidados con las torturas. El hombre que falta en este sentido para con Dios se deshonra a sí mismo, que es un ser dotado de razón. Sólo un estúpido o demente no logra distinguir a su padre de un extraño, al benefactor del enemigo. El hombre inteligente conoce a su padre y a su benefactor y se complace en conocerlos cada vez más, incluso en las cosas que ignora por haber sucedido antes de que él naciera de su padre o fuera beneficiado por su benefactor. Pues así debemos actuar para con el Señor, para mostrar que somos inteligentes, y no mentecatos.
Sucede que en Israel demasiados son como estos dementes que no reconocen a su padre o a su benefactor.