«¡Oh..., los muertos! ¿Por qué sentir pena por ellos, sino porque no tienen ya a sus hijos y todavía no tienen a su Padre y Dios?».
«¿Hace mucho que se te ha muerto tu padre?».
«Tres años. Y siete que se me murió mi madre... Pero ya hace algo de tiempo que no los compadezco... Yo mismo quisiera estar donde espero que estén ellos aguardando el Cielo».
«No tendrías, entonces, como huésped al Mesías».
«Es cierto. Ahora yo soy más que ellos porque te tengo... y el corazón se aplaca con esta alegría.»